Plitvice

Hemos tenido el privilegio de volver una vez más a Croacia, el país infinito… no por su tamaño, sino porque las maravillas que atesora parecen no acabarse jamás. Fantásticas playas mediterráneas, historia, arquitectura monumental, cultura, gastronomía, diversión… y también, aunque quizás esta faceta sea más desconocida, parques nacionales de hermosa naturaleza.

Nuestro viaje empezó en Zagreb, la capital, y de allí descendimos hacia el sur. Bordeando una costa de hermosos pueblos costeros, llegamos hasta el parque nacional Plitvice y, desde allí, de nuevo junto al mar, seguimos hasta Split, que fue nuestro fin del viaje.

Zagreb

Aunque la historia reciente de la capital croata está ligada a momentos dolorosos y sombríos, debe reconocerse que pocas ciudades han sabido salir de la oscuridad con tanta decisión como Zagreb, que en pocos años se ha posicionado como uno de los destinos más turísticos de los Balcanes, gracias al interés y belleza de su particular y rico patrimonio cultural. Un patrimonio que vale la pena descubrir con calma, sin agobios, destinando al menos un par de días a pasear tranquilamente por la ciudad y visitar sus numerosos parques y edificios más emblemáticos.

Para entender bien Zagreb, hay que remontarse atrás en el tiempo. La ciudad actual surgió de la fusión de dos poblaciones medievales, Kaptol y Grade, separadas por el río Medvescak, que ejercía de frontera natural. Curiosamente, hoy su cauce es la concurrida calle Tkalciceva, cuyas abundantes y animadas terrazas y cafés unen, más que separan, a los habitantes de estas dos antiguas poblaciones.

Zagreb

La ciudad, pese a ser relativamente pequeña, cuenta con una gran variedad de museos, terrazas y rincones entrañables, así como con numerosos parques y jardines. Basta pasear por la céntrica calle Praska para que el visitante quede gratamente sorprendido por la amplitud de los parques que la jalonan, y que forman uno de los brazos de lo que se ha dado en llamar La Herradura Verde.

Estos parque son, en realidad, zonas naturales de abundante vegetación en las que se cobijan  palacios, utilizadas a menudo como museos al aire libre, y en las que croatas y turistas se sientan en cualquiera de sus bancos, distribuidos  a lo largo de varias manzanas en las que se levantan teatros, museos y otros edificios dedicados a la cultura y al ocio.

Zagreb

El visitante no puede abandonar Zagreb sin haber paseado de noche por los alrededores de la torre de Lotrščak y haber contemplado, por el paseo de Josep Jurja Strossmayer, las impresionantes vistas de la ciudad baja.

Son muchas las tradiciones que se conservan en Zagreb, pero sin duda la que más llama la atención de sus visitantes es el disparo de un cañón, cada día a las doce, para que los habitantes de la ciudad puedan comprobar si sus relojes funcionan con exactitud. Y de entre los relojes de la ciudad, el más conocido es el de la torre de Lotrščak, cuyo nombre significa literalmente “la campana de los ladrones”, ya que en la antigüedad se tañía al anochecer, anunciando el cierre de las puertas de la ciudad, momento a partir del cual todos sus habitantes se recogían en sus casas y solo merodeaban por sus calles maleantes y ladrones.

Zagreb. Iglesia de San Marcos

Otra parada obligatoria en la visita a esta ciudad es la Iglesia de San Marcos (Crkva sv. Marka), que se ha convertido en el estandarte de la ciudad y un punto muy concurrido a diario tanto por visitantes como por locales.

Ubicada en la plaza San Marcos, esta parroquia es original del siglo XIII, al menos su estructura inicial, ya que por diferentes incendios que asolaron la ciudad alta, la Iglesia de San Marcos tuvo que ser reconstruida en varias ocasiones. Así, sus distintos pórticos de estilo gótico datan de entre los siglos XIV y XV. Uno de ellos, la entrada de la Sacristía, es ahora también la entrada al Museo de la ciudad de Zagreb. Otros elementos tienen un estilo neogótico, fruto de la restauración iniciada en el año 1876 por Friedrich Shmidht, y que fue la restauración más completa jamás realizada en Croacia

Y a pesar de su espectacular arquitectura, sus maravillosas vidrieras y algunas esculturas de gran valor artístico que alberga su interior, lo cierto es que el elemento más relevante de San Marcos de Zagreb, el más reconocible es, sin duda, su colorido tejado, de estilo neogótico, en el que distinguen los escudos de armas de Croacia y de la propia ciudad de Zagreb bajo un fondo con los tres colores (rojo, blanco y azul) de la bandera nacional.

RASTOKE

Rastoke

Entre Zagreb y Ptitvice se encuentra Rastoke, uno de los pueblos más icónicos de Croacia, en el que es imperdonable no pararse al menos unas horas.

Con más de cincuenta cascadas y saltos de agua que lo atraviesan, Rastoke -llamado también el pequeño Plitvice y la perla de Slunj-, es muy conocido por los tricentenarios molinos de agua que jalonan los dos ríos que en este pueblo convergen: el Slunjcica y el Korana.

Slunj

 

Plitvice para los amantes de la naturaleza

Plitvice

El Parque Nacional de los Lagos de Plitvice es una de las joyas naturales de Croacia, su parque nacional más grande y también el más antiguo. Este extenso pulmón verde fue declarado zona protegida en 1929, y posteriormente, en 1979, Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco. Está ubicado en la región de Lika-Karlovac, uno de los lugares más visitados del país, que atrae a más de millón y medio de visitantes al año.

Plitvice

El área protegida cuenta con 300 kilómetros cuadrados, aunque solo está permitido visitar una pequeña parte de la misma.

Se caracteriza por sus 16 lagos a diferentes alturas, agrupados en los Lagos Superiores y los Lagos Inferiores, conectados a través de cascadas y saltos de agua que origina la acumulación de sedimentos de un tipo especial de mineral calcáreo llamado sedra.

La entrada 1 del parque da acceso directo a la Gran Cascada y a los lagos Inferiores.

Plitivice

El agua de los lagos Plitvice adquiere un sorprendente rango de colores azules y verdes, que varía dependiendo de la composición del agua y del reflejo de la luz en cada momento.

“Durante el invierno, se tiñe de blanco formando maravillosas escenas de postal. Después del deshielo, sus ríos, cascadas y lagos están en todo su esplendor, mientras que los mágicos colores ocre que adquiere en el otoño cautivan a los visitantes”.

ZADAR

En nuestro recorrido por Dalmacia también hicimos parada en la ciudad de Zadar, una población que ha sido víctima de un convulso pasado (casi destruida varias veces a lo largo de guerras y confrontaciones) pero que ha recuperado un vibrante ambiente juvenil y cultural, y que mantiene arraigadas tradiciones y rituales, como el que tiene lugar cada atardecer en el puerto.

Zadar fue un viejo asentamiento Iliriano surgido hace más de 3.000 años. Las distintas capas de las murallas de la ciudad, sus monumentos góticos, renacentistas y barrocos, atestiguan el pasado tumultuoso de la ciudad. Hoy el centro administrativo, turístico y cultural de la región de Dalmacia. Sus alrededores incluyen cuatro parques nacionales y 1.200 kilómetros de una costa muy pintoresca, salpicada de 300 islas e islotes, bahías tranquilas y totalmente vírgenes.

El istmo donde se asienta la vieja Zadar aún preserva su antigua y gruesa muralla, flanqueada por impresionantes puertas, tales como la puerta del puerto y la puerta del continente, esta última fechada en el s. XVI. Dentro creció una ciudad romana y aún se conservan las ruinas de su viejo foro romano, junto a la iglesia prerrománica de San Donato (s. IX), que es indudablemente el símbolo de la ciudad. Sin embargo, la ciudad también destaca por tener las más hermosas iglesias románicas de Croacia, como lo atestigua la catedral de Santa Anastasia (s.XIII), de marcado gusto italiano, levantada sobre las ruinas de una basílica anterior.

Zadar

La Iglesia de San Donato es el monumento más relevante de la ciudad de Zadar y en realidad está dedicada a la Santísima Trinidad. Sin embargo, se le conoce con el nombre de san Donato en honor al obispo Donato, de quien se cree que a principios del s. IX, erigió esta iglesia. Fue construida siguiendo los cánones de la tradición bizantina, a principios de la Edad Media. Tiene planta circular pero su apariencia original no ha sido conservada y en la actualidad tiene varios edificios anexados al mismo. Hoy se utiliza como Sala de Conciertos.

A pesar de su importante patrimonio histórico y cultural, seguramente lo que más recordará el visitante cuando prosiga su viaje, es el ritual que cada atardecer se celebra en las escalinatas del paseo marítimo, y que congrega por igual a locales y turistas. Podría decirse que las citadas escalinatas, con ayuda del mar, ejercen también de instrumento musical, un enorme Órgano de Mar cuyos tubos emiten sonidos según el vaivén de las olas y la marea; una melodía casi hipnótica, genésica, que crea un ambiente de sosegada felicidad mientras el sol va poniéndose en el horizonte.

El sol desaparece pero su luz, acumulada y transformada en energía, da lugar a un nuevo espectáculo: el Saludo al Sol, una instalación de paneles de vidrio colocada en el suelo, que van cambiando de color según el ritmo de las olas y el sonido del órgano marino.

 

SIBENIK

Esta ciudad se sitúa en una bahía frente a las islas Kornati.

El río Krka alcanza el Adriático cerca de la bella Sibenik. Defendida por tres fortalezas, esta estratégica ciudad ha vivido numerosos episodios de batallas e invasiones a lo largo de su historia. Por suerte, en la actualidad se recuerda más su pasado como próspero enclave comercial de la Costa Dálmata.

Sibenik

Conocida por sus murallas y torres y por ser lugar que vio nacer a Faust Vrančić, el inventor del paracaídas, la ciudad de Šibenik es, sin lugar a dudas, reconocible por su más grande y más valioso monumento sagrado: la Catedral de Santiago, una edificación gótico-renacentista construida durante los siglos XV y XVI, cuya cúpula de piedras blancas, como una corona, se distingue como elemento dominante en la arquitectura de la ciudad.

Esta catedral, construida durante más de 100 años por las laboriosas manos de los maestros, exclusivamente con piedras de las islas de Brač y Korčula, ha sido reconocida como patrimonio de la UNESCO no solo por su original manera de construcción (mediante el montaje de grandes placas de piedra), sino también por la belleza de su baptisterio, la elegante fachada renacentista y la célebre cornisa compuesta de numerosas cabezas, ubicada en las paredes externas del ábside de la catedral. Todo ello hace que esta catedral sea muy especial y haya sido proclamada, con toda razón, como la catedral más hermosa de Dalmacia y la construcción sagrada más bella de Croacia.

TROGIR

 

A unos 50 kilómetros al este de Sibenik, justo cuando se llega al término de una gran curva que forma el litoral, el viajero empiezan a sentir los latidos del corazón de la Costa Dálmata:  acaba de llegar a la sugestiva ciudad de Trogir.

Ciudad erigida sobre un islote, los griegos fueron los primeros en poblarlo y fortificarlo, un enclave que siglos después llegó a ser un destacado puerto veneciano.

Bajo el rojo de los tejados, Trogir se abre blanca y brillante, recordando la riqueza que la hizo famosa entre los siglos XIII y XV. Pero si la ciudad es hermosa durante el día, al anochecer los faroles fijados en las paredes proyectan sobre el pavimento una luz tenue que recuerda su pasado veneciano. Por ese motivo, puede resultar un acierto esperar a que caiga la noche para adentrarse en el casco antiguo a través de alguna de las puertas de las murallas; si además se tiene la suerte de que llueva, el viejo núcleo va a lucir resplandeciente y esmaltado, como un cofre de nácar. Por todo ello, Trogir ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad.

SPLIT

Split

Al igual que Trogir, durante el siglo XV la vecina Split fue un valioso puerto de la República de Venecia.
Aunque la ciudad está llena de bellos edificios, monumentos y preciosos rincones, la visita más obligada es el Palacio de Diocleciano, un templo construido entre los siglos III y IV d.C. con la intención de que el emperador romano pasara allí sus últimos días. El edificio llegó a albergar a casi 9.000 personas y una de las fachadas daba directamente al mar. Con el tiempo, en el mismo palacio fue construyéndose una ciudad intramuros, un dédalo de callejuelas tortuosas bordeadas de magníficas fachadas de palacios góticos y renacentistas. Hoy en día el Palacio ha quedado rodeado por el resto de edificios de la ciudad, en pleno corazón de Split. Ello permite disfrutar de una cena tradicional a las puertas de un templo milenario.

Split

Lo que hoy se puede ver de este núcleo es una de las colecciones más extraordinarias de arquitectura romana que existen en el mundo, aunque ciertamente no sea una de las más puras desde el punto estilístico e histórico: bajo sus arcadas de piedra antigua se abren modernas galerías iluminadas con luces de neón y pequeñas tiendas, y por momentos la impresión que puede tener el visitante es la de que se encuentra en un foro romano transformado en centro comercial.

Split

Por suerte, existen todavía algunas partes del Palacio, como por ejemplo el peristilo a cielo abierto, en la que la atmósfera de la época de Diocleciano no se ha difuminado en absoluto.

 

MÁS INFORMACIÓN.  www.visitacroacia.es

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