Amberes es una de esas pequeñas capitales que seducen de inmediato. Es una ciudad dinámica, con muy buen ambiente, que se renueva continuamente. Plagada de diseño, esta ciudad tiene duende, es cosmopolita y romántica. Pero, claro, eso es algo que debe descubrirse poco a poco, pateando sus hermosas calles.

¡Qué difícil es aburrirse en una ciudad como Amberes! Difícil, sí, porque tiene la mayor concentración de bares, restaurantes y tiendas de ropa de todo Bélgica y es, sin duda, la ciudad más vanguardista de todo el país, con un barrio rojo de lo más animado que se extiende  por ambas riberas del Escalda. Amberes ofrece, también, un centro histórico excepcional donde se encuentra una de las catedrales góticas más grandes y monumentales de Europa.

En las grandes ciudades europeas siempre ha vivido un ilustre personaje. En Amberes éste es, sin lugar a dudas, Rubens. Visitar la ciudad sin toparse con un cuadro suyo es prácticamente imposible. Nacido en esta ciudad, las huellas de este genial pintor pueden seguirse en cualquier rincón. En 1611, tras su regreso a Amberes (Rubens pasó ocho años en una corte ducal italiana) adquirió una vivienda que remodeló a su gusto. Instaló una tribuna en el taller para que los aficionados pudieran contemplar sus cuadros; diseñó un pórtico barroco entre el jardín y el patio italo-flamenco; y colgó su retrato en el comedor, junto a una estufa de cerámica. Esa es la imagen que se nos presenta en la Casa Museo de Rubens, comprada y restaurada en el siglo XX. Pero las huellas de Rubens reaparecen por doquier: en el gran salón del Museo Plantin-Moretus (la casa de un impresor que marcó su época); en la iglesia de San Pablo, restaurada tras varios incendios; en la iglesia San Carlos Borromeo, en la que el fuego convirtió en cenizas treinta y nueve pinturas que decoraban el techo; y, sobre todo, en la iglesia de San Jacobo, que alberga la tumba del pintor.

La catedral de Notre Dame también sirve de relicario a las obras de Rubens. Aquí se conservan dos de sus cuadros más famosos: “La Ascensión a la Cruz” y “el Descendimiento de la Cruz”. El exterior de la catedral es, asimismo, impresionante. Los125 metrosde altura de la torre constituyen un récord y un milagro de ligereza. Elogiando el campanario, un poeta belga dijo que era “recto como un grito, bello como un mástil y claro como un cirio”.

La catedral es un magnífico punto de partida para ir descubriendo las principales plazas de Amberes. La más importante es Grote Markt, rodeada de típicos edificios flamencos de época renacentista en cuyos bajos se encuentran algunas populares cervecerías.

A la derecha del suntuoso Ayuntamiento, las casas de los gremios medievales están rematadas con estatuas de oro. Sus fachadas escalonadas sirven de telón de fondo a la estatua de Brabo, un héroe mítico cuyas hazañas dieron nombre a la ciudad. En el siglo XVI nació una leyenda que exaltaba el coraje de un joven que libró a la región de un cruel déspota. Dicen que el gigante Druoon Antiguo se había instalado en el recodo del río Escalda y exigía tributos desorbitados a cambio del derecho a navegar por el río. A los navegantes que se negaban a pagar, les cortaba una mano. La historia cuenta que un día, un soldado romano llamado Silvius Brabo, se enfrentó con éxito al gigante y le castigó con la misma moneda. Tras vencer al gigante, Brabo le cortó la mano y la lanzó al río. La mano y el gesto de lanzar que se llaman respectivamente hant y werpen, en neerlandés, sirvieron para crear la palabra Hantwerpen que se transformó luego en Antwerpen (Amberes, en el idioma vernáculo). Las proezas del pequeño soldado romano estimularon el sentido de la creatividad de los pasteleros, que idearon los Handjes de Amberes, unos pasteles con masa de manteca o de chocolate que tienen forma de mano.

Y así es. Amberes huele a río y a leyendas. Enseña historia e invita a perderse por las callejuelas recónditas de Vlaeykensgang y los aledaños del Ayuntamiento y la Grote Markt, creada por los sinjoren (señores) que bajo el reinado de España, entre los siglos XVI y XVIII, hicieron de la ciudad una de las más grandes e importantes de Europa. Más que belga, Amberes parece una ciudad mediterránea y enamoradiza. En ella conviven en perfecta armonía la población belga con una de las mayores comunidades judías del mundo, que explota el negocio de los diamantes hasta alcanzar el 60 por ciento del total de la producción mundial en sólo un kilómetro cuadrado de espacio, situado al lado de la Estación Central. Eso sí, sin sacarse la kiba, sin cortarse las barbas y sin mudarse las levitas negras por ropas más modernas, expuestas hoy por toda la ciudad. Porque hay que recordar que desde hace unos quince años la moda es un asunto muy serio en esta parte de Flandes. Amberes, de hecho, cuenta con una de las escuelas más prestigiosas del mundo y sus diseñadores gozan de una muy bien ganada reputación. Las tiendas más vanguardistas y originales se encuentran en el barrio de san Andrés.

Pese a que en Amberes tienen más de 2.500 pubs rebosantes de juventud por la noche, donde se degustan mejillones con patatas fritas –el aperitivo estrella-, ginebra –que la hacen buenísima- y cerveza, sus habitantes gustan decir que ellos no la beben, “sólo” la prueban. Eso sí, comer se come de fábula en más de 400 restaurantes de todos los gustos y estilos; y se cultiva el intelecto en cualquiera de los más de 30 teatros o en los 25 museos que recogen la historia de la ciudad, que de noche se vuelve casi habanera, cantarina, sonriente y humana.

Si paseamos por las calles cercanas al gran puerto junto al río Escalda o contemplamos el paisaje desde los torreones del castillo Het Steen, descubriremos que el mejor diamante de Amberes es la ciudad en sí misma, y la amabilidad y la modestia de las personas que la conforman.

Cualquier ruta por la ciudad de Amberes debe incluir el alucinante barrio sur, allí llamdo Zud o “pequeño Paris”. Éste era el barrio más elegante de la ciudad. Se construyó a base de casas con fachadas afrancesadas, romanas, bíblicas, floreadas, en forma de diablo unas, de árbol otras, acicaladas y maquilladas de nuevo tras estar tantos años abandonadas… Y todas agrupadas en las calles Cogels-Osyley, Zuidkwartier, Leopold, Trasvaal o Waterloostraat, donde una casa cuya fachada imita el casco de un galeón español se levantó en memoria de la batalla de Waterloo, y compite con otra que representa el Partenón y ésta, con un Petit Trianon construido en memoria de Maria Antonieta de Francia, y como escenario para ubicar los muebles afrancesados de su dueña, al más puro Art Nouveau.

Nuestro paseo por Amberes debe incluir también la visita a las esculturas del parque de Middelheim. Está en el Nachtegalenpark, el parque por excelencia de Amberes. Este museo escultórico al aire libre cobija 300 obras de Auguste Rodin, Henry Moore, Alexander Calder y Ossip Zadkine, entre otro muchos, esparcidas por los prados y las zonas boscosas.

Es, sin duda, el mejor colofón de una ciudad que es un verdadero museo al aire libre.

Por Francesc Tur


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CÓMO LLEGAR

La opción más rápida es volar a Bruselas.

Una vez en Bruselas, las distancias a otras ciudades –Amberes, Gante, Brujas…- son muy cortas y el transporte público es excelente.

CUÁNDO IR

Cualquier época del año es buena para descubrir Flandes.

DÓNDE DORMIR

Theater Hotel (Arenbergstraat, 30). Buen hotel y, además, muy bien situado, en pleno corazón histórico de la ciudad.

DÓNDE COMER

Pomphuis. En un antiguo edificio industrial. En el mismo barrio del pùerto. Ideal para ver y dejarse ver.

En Siberiastraat. www.hetpomphuis.be

Lux. También en el barrio del puerto. En la planta baja del mismo restaurante se sirven copas en un ambiente muy relajado. www.luxantwerp.be

QUÉ SE DEBE VER

Casa de Rubens. Casa del pintor con un patio interior y cuadros. (Wapper, 9-11. Tranvías 2,3 y 15)

Museo Real de Bellas Artes. Siglo XIV hasta hoy. (Leopold De Wael´laats).

Museo del Diamante (Lange Herentalsesraat, 31-33). Muy cerca de la Estación Central.

Catedral. Del siglo XII y torre de120 m de altura e iglesia de San Jacobo, con la tumba de Rubens)

Barrio Cogels-Osy (Cogels-Osiley. Tranvía 11). Neoclasicismo.

Barrio Judío (Frankrijklei, 166)

Vlaeykensgang. Calles del siglo XVI. (tranvías 2,3 y 15).

Grote Markt. Plaza del Ayuntamiento. (Tranvías 2,3 y 15).

Schuttershofstraat. Donde están las mejores tiendas. (Tranvías 7 y 8).

Moda flamenca. Las mejores pasarelas llevan años rindiendo tributo al buen gusto de “Los Seis de Amberes”, un grupo de diseñadores reconocidos hoy en todo el mundo. Comprar en Amberes es sinónimo de comprar bien, especialmente para aquellos que les gusta marcar tendencia. Visite el barrio latino y el Wilde Zee, donde localizará las piezas más extravagantes; en la calle Meir descubrirá piezas únicas y exclusivas.

MÁS INFORMACIÓN

www.flandes.net