En Perú existe la leyenda de la ciudad perdida de los incas, la mítica Vilcabamba que buscaba Hiram Bingham cuando le llevaron a Machu Picchu. También perdura el mito de la “Ciudad de Oro” del Paititi, escondida en la selva con todos los tesoros de los incas. Pero aún existen muchas otras ciudades entre el mito y la realidad. Recintos arqueológicos, ciudades, templos o necrópolis de épocas anteriores a la civilización inca… Uno de estos lugares mágicos, escondido entre la espesa selva, es Chachapoyas.

Chachapoyas se encuentra al norte del país. Precisamente aquí, entre los ríos Marañón y Huallaga, se desarrolló la cultura de los shachapuyu, anterior a los incas, que tuvo su esplendor alrededor del 900 d C. Su nombre proviene de dos vocablos: Shacha (monte) y Puyu (nubes).
Los shachapuyu se asentaron en terrenos fundamentalmente entre los 2000 y los 3000 metros de altura, lo que provocó un relativo pero prolongado aislamiento, propiciando la creación de una confederación de pequeños reinos: Paellas, Motilones, Chillaos y Chachapoyas. La convivencia entre todos ellos –hoy agrupados bajo el nombre común de Chachapoyas- no debió ser pacífica, como demuestran las fortificaciones realizadas, armas, cráneos trepanados por traumatismos en la batalla, etc.

El territorio está lleno de ciudades de piedra, algunas monumentales, como Kuelap, con unas 400 viviendas circulares a 3000 metros de altura, rodeada por dos murallas de 12 y 20 metros de alto. Precisamente Kuelap coincide en el tiempo con la época de mayor esplendor de esta civilización, entre los siglos X y XI.

¿Cómo y porqué desapareció esta cultura? Los investigadores coinciden: cuando los tumultuosos ejércitos del Inca Tupac Yupanqui llegaron a esta región, aproximadamente durante la segunda mitad del siglo XV, los shachapuyu demostraron una tenaz resistencia frente a ellos. Finalmente fueron dominados en 1470. Los incas, con la lamentable intención de atenuar su identidad, recurrieron a la deportación y traslado de pueblos y comunidades indígenas a otros lugares, como Carmenca, en los alrededores de Cuzco. A su vez, fieles al Inca fueron destinados a la tierra de los shachapuyu. Con el tiempo, claro, aquella mágica civilización desapareció de la faz de la tierra.

Si impresionantes son lo que queda hoy de aquellas ciudades, más lo son las necrópolis de esta cultura, en los farallones de las montañas. Un ejemplo de estos recintos funerarios es el de Kajaría, en una pared vertical, a más de 150 metros de altura, en medio de la cual hay seis grandes sarcófagos cuyos rostros parecen escudriñar el infinito. Cómo se transportaron hasta allí es un enigma. Lo cierto es que las momias, junto a sus ajuares, permanecen intactas.

La puerta de entrada al insólito mundo de los chachapoyas es la población de Leimebamba, a 2.200 metros de altitud. En 1996, un grupo de vaqueros que buscaban nuevos terrenos para su ganado encontró en la laguna de los Cóndores (hoy la laguna de las Momias) un importante centro funerario de los shachapuyu o chachapoyas. El lugar es espectacular. Aquí se encontraron siete casas funerarias de los con más de 300 momias. Lamentablemente, los vaqueros no tenían ni idea del valor del hallazgo y durante meses se dedicaron a saquear las tumbas… Hasta que la noticia llegó a oídos de las autoridades que tomaron cartas en el asunto.

Inmediatamente se puso en marcha una expedición arqueológica bajo las órdenes de la arqueóloga doctora Guillén. Se recuperaron unas 200 momias y multitud de objetos, cerámicas y textiles. Todo ello fue transportado a lomos de mula hasta el llamado Centro Mallqui, en Leimebamba. El material reunido es una interesante muestra de la civilización Chachapoyas. Lo curioso del asunto es que todo el material encontrado se encuentra en perfecto estado, seguramente debido al microclima del abrigo rocoso, ubicado tras una caída de agua que como si de una cortina se tratara aislaba el botín de la humedad de la selva y creaba un ambiente seco.

Ya lo ven, Kuelap, la laguna de las momias, los sarcófagos de Karajía, la Selva Nubosa… Todos ellos son nombres lo suficientemente estimulantes para quienes quieran conocer las otras caras de Perú. No se lo pierdan!!!

La ruta es para los que se consideran aventureros. Es dura, pero magnífica para todos aquellos apasionados de las civilizaciones antiguas.
En Leimebamba no deje de visitar el Museo y la pintoresca iglesia. Desde Leimebamba puede organizaarse una excursión a la Laguna de las Momias y visitar los sarcófoagos de Kajaría.
Durante la ruta hacia la Laguna se sortean rebaños de cabras y vacas cebúes. El camino está plagado de barro y, poco a poco, la selva va cerrándose. Es importante adentrarse en este mundo acompañado de un guía experimentado.
Desde la laguna se vislumbra la necrópolis. Una vez allí, se entra de lleno en el Uku Paccha (mundo oculto) de los schachapuyu. Cuatro tumbas parecen decoradas con pinturas rojas, blancas y amarillas. El recinto tiene ventanas hacia el este… para que las momias vean amanecer y en un balcón algunas momias guardan el lugar. Hay momias intactas, con pelos, dientes, piel y mantos, que han sido imposibles de rescatar, y cráneos en las paredes.

DÓNDE DORMIR
En Chachapoyas hay varios hoteles y en Leimebamba hay varios albergues.