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Toca madrugar. La voz del muecín me despierta con la fuerza de la llamada a la oración. Miro el reloj y me desespero. Apenas son las cinco de la mañana. Así son las cosas en Chaouen. A partir de ahora la ténue luz del alba empezará a bañar las paredes azuladas de la medina regalando al ambiente un matiz extrañamente luminoso. Empezará, también, un festival de colores azulados que variarán su tonalidad según transcurra el día. Preciosa ciudad, sin duda.

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Las calles de la ciudad empiezan a llenarse de gente. Porque en Chaouen, como en general por todo Marruecos, el día nace pronto. Destilan tradición y la forma de vida de los habitantes del Rif se adivina en la indumentaria de las mujeres, vestidas con el traje tradicional de rayas blancas y rojas y sus vistosos sombreros de paja con borlas de lana.

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En la plaza del Mercado, estas mujeres venidas del campo extienden sus productos: hortalizas, fruta y especies se alinean en un festival de color que compite con el de los puestos de artesanía marroquí.

Me encanta  esta ciudad y , al mismo tiempo, me desconcierta un poco. Y es que, aún siendo un foco turístico de primera división, no veo hoy a muchos turistas.
Efectivamente, todo el norte de Marruecos no está ocupado por los turistas. El gran macizo del Rif, que forma un arco iris entre el estrecho de Gibraltar y el valle de la Muluya es, por el contrario, una región injustamente desconocida. Los circuitos turísticos pasan por allí raramente. Sin embargo, algunas de las más bellas ciudades marroquíes se ocultan entre los pliegues de sus montañas. Es el caso de Chaouen.

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Xauen puede ser considerada una ciudad santa ya que es meta de peregrinación a las tumbas de los piadosos personajes que tanto abundan en Marruecos. Los artesanos de la lana hacen negocio con los turistas que pasan, pero la ciudad debe su desarrollo a las grandes agrupaciones que se forman en torno a la sepultura de un descendiente de Mulay Idris, nieto de Mahoma.
Chaouen se recorre a pie. No hay espacio para los coches. Cualquiera que la visite constatará su gran parecido con algunos pueblos de Andalucía. En realidad pordría perfectamente ser uno más en la larga lista de localidades a visitar de la popular «ruta de los pueblos blancos», de las Alpujarras.

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La razón está en su historia. Situémonos. Chaouen fue fundada en 1471 por Mulay Alí Ben Rachid. Desde aquí se organizaban las escaramuzas de las tribus bereberes contra los soldados portugueses, entonces establecidos en Ceuta. Poco después, en 1492, empiezan a establecerse importantes oleadas de inmigrantes musulmanes y sefardíes, que habían sido expulsados de Al Andalus tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos.

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Fueron éstos quienes plamsaron en sus casas los mismos diseños, los mismos detalles, que siempre tuvieron en tierras de Andalucía: paredes encaladas y patios sombreados por naranjos y limoneros. Una notable diferencia: en Chaouen el color dominante no es el blanco sino el azul, un azul precioso, que tiñe casas, ventanas y callejas.
Hoy, esas casas andaluzas forman un dédalo de callejuelas imprevisibles.

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CÓMO MOVERSE. A Xauen se llega por una carretera en buen estado desde Tetuán, de donde salen taxis comunitarios y autocares.

DÓNDE DORMIR. Hay varias opciones. A nosotros nos gusta el Hotel Madrid  (Av. Hassan II). Está decorado con muy buen gusto. Desde su terraza se disfruta de vistas excepcionales de la ciudad.

DÓNDE COMER. Al Kasbah (en la plaza Outa el Hammam). Buena comida tradicional. Tissemlal (Targui, 22). Es el restaurante más destacado en la medina. Ofrece platos francomarroquíes.

QUÉ VER, QUÉ HACER. Xauen es una medina con mucha luz. Sus encalados combinan los tonos azules con los ribetes de piedra blanca. Hay varios hammams, tanto para hombres como para mujeres. A la salida dela plaza Outa El Hammam se sitúa el masculino; en el barrio de los zocos está el femenino. Otro foco muy importante donde se disfruta de lo lindo son los mercados. Recuerda regatear cualquier cosa que te interese, forma parte de la vida marroquí.

La Mellah, el barrio judío, es un fuerte contraste con el resto de la medina. Está detrás del zoco de los joyeros.Se trata de un laberinto de calles estrechas y angostas, que destacan con sus muros pintados de azul.

Otras visitas imprescindibles

Plaza Uta el-Hamman, el lugar más céntrico de la medina antigua.

Kasba. Este recinto defensivo aloja el Museo Etnográfico con bordados y trajes tradicionales.

Gran Mezquita. Es del siglo XVI.

MÁS INFORMACIÓN

www.turismomarruecos.net/chaouen-2/destinos/norte/chaouen.html