Llega la niebla y el mundo desaparece detrás de un velo. Las montañas aparecen y desaparecen, como por arte de magia. También los huipiles de vivos colores de las mujeres se pierden en lontananza, entre los lívidos tonos del maíz. Para los mayas, la llegada de la espesa niebla anuncia la estación de las lluvias. Aquí, entre esas montañas accidentadas, llenas de cañadas y despeñaderos, en las denominadas Tierras Altas que se alzan de improviso más allá de la zona de Palenque, la realidad se convierte en fantasía.
A diferencia de otras poblaciones, los indios de la región del Chiapas nunca se han alejado de sus tierras. Y en este preciso lugar su mundo está todavía lleno de vida. En los Altos de Chiapas viven todavía un millón de mayas, en lo que con razón ha sido calificado como su última trinchera.

En Chiapas, los mayas se nunca se han alejado de su tierra

En Chiapas, los mayas se nunca se han alejado de su tierra

Ya desde antes de la llegada de los Conquistadores, las grandes ciudades de las llanuras del Yucatán estaban siendo abandonadas. Los motivos de esta rápida decadencia no han sido nunca identificados con suficiente precisión: hambre, escasez, revueltas, exceso de población o un cúmulo de varias causas como las citadas. En las regiones montañosas del Chiapas, en cambio, pequeños centros mayas, marginales respecto al centro del imperio, conservaron sus tradiciones clásicas durante siglos, protegidos por el aislamiento y por una relativa prosperidad económica debida sobre todo a la extracción del ámbar y a las plantaciones de cacao.
Un viaje hacia ese mundo fantástico, hecho de sensaciones y de paisajes diferentes, significa descubrir un México totalmente desconocido.
LA IMPRONTA COLONIAL
Efectivamente, ya en el mismo momento en que se pisa el aeropuerto estatal –a 30 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, y a 70 de San Cristóbal de las Casas, la excapital- se percibe un mundo que permanece ajeno al resto de México.
Tras dejar atrás Tuxtla Gutiérrez, la carretera converge con la célebre Panamericana y desemboca en una gran meseta en el fértil valle de Jovel, rodeado de montañas y en cuyo centro se encuentra San Cristóbal de las Casas.

Iglesia de Santo Domingo (San Cristóbal de las Casas)

Iglesia de Santo Domingo (San Cristóbal de las Casas)

No es una ciudad con un gran tesoro monumental; su encanto reside más bien en esta atmósfera enrarecida, en el aire limpio de la montaña, en el perfume de la leña quemada en las chimeneas, en el colorido de los vestidos de las mujeres tzotzil –rosa, azul, negro, blanco-, en el encanto algo misterioso de los pueblos indígenas desparramados por los valles circundantes. Uno tiene la nítida impresión de hallarse en una realidad suspendida entre dos mundos. En efecto, aunque San Cristóbal sea un centro de estilo típicamente colonial, la presencia de los mayas es, sin embargo, constante e impregna todos los aspectos de la vida cotidiana.

San Cristóbal de las Casas. Mercado indígena

San Cristóbal de las Casas. Mercado indígena

Por lo demás, esta ciudad, que se desarrolló como centro administrativo y de control político-militar sobre las poblaciones locales, ha vivido literalmente durante siglos sobre los indígenas. Todavía hoy, a primera hora de la mañana, la carretera que va desde la estación de autobuses hasta el mercado está llena de mujeres que transportan mercancías para venderlas allí: frutas, verduras, maíz y objetos de artesanía. Y por la tarde, la misma carretera la recorren en dirección contraria las mismas mujeres de regreso a sus aldeas, cargadas esta vez con toda clase de objetos procedentes del mundo “occidental”.

San Cristobal de las Casas es una joya

San Cristobal de las Casas es una joya

Pero es en la plaza que hay frente a Santo Domingo donde San Cristóbal muestra todo su encanto. A la sombra de la antigua iglesia construida por los dominicos cientos de mujeres venden toda clase de mercancías. Sus vestidos de vivos colores, los huipiles, son su verdadera tarjeta de identidad.
Entre los mayas del Chiapas, en efecto, se puede identificar inmediatamente la procedencia de un individuo observando su forma de vestir: incluso cuando una persona cambia de lugar de residencia se ve obligada a ponerse las ropas del pueblo al que se ha trasladado a vivir. Aquí, frente a Santo Domingo, los colores dominantes son el azul y el rojo, típicos de los pueblos de San Juan Chamula y de Zinacantán. En lo alto de la iglesia, y ofreciendo un fascinante contraste histórico, domina, majestuosa, el águila habsbúrgica de Carlos V, en cuyo imperio “no se ponía nunca el sol”. Junto a ella, en el viejo convento, se encuentra la sede de “Sna Jolobil”, la “Casa del Tejido”, una cooperativa de mujeres indígenas que se han organizado para recuperar y preservar las antiguas tradiciones y defenderse así mejor de la explotación a que las someten los comerciantes ladinos. En su interior, una serie de bellísimos y multicolores tejidos narran las antiguas creencias de esta tierra. Los motivos aparentemente abstractos de los huipiles sostienen, de hecho, una auténtica cosmogonía, una especie de Biblia escrita sobre la tela. Serpientes, ranas, dioses, escorpiones, mariposas, imágenes de los antepasados y el omnipresente sol son mimetizados entre los dibujos. Durante muchos siglos esta ha sido la única forma de perpetuar las antiguas creencias sin despertar las sospechas de los dominadores españoles.

Casco antiguo de San Cristóbal (paseo con soportales)

Casco antiguo de San Cristóbal (paseo con soportales)

No muy lejos de allí, el mercado, uno de los más hermosos de México, es el reino indiscutible de las mujeres chamula. Cuando llega la hora de comer, todo el mundo se moviliza y se dirige hacia su aldea. Y es a las aldeas donde hay que ir si se quiere tener una percepción mínimamente aproximada de lo que es el mundo actual de los mayas., Aunque un muro invisible impide a cualquiera que no sea indígena penetrar realmente en la esencia de un universo cuya existencia solamente se puede intuir.

UN MUNDO SAGRADO
Muy cerca de San Cristóbal, a poco más de quince minutos de trayecto en coche, está la aldea de San Juan Chamula. En su plaza, el templo principal es, en su apariencia externa, una iglesia católica. Pero en su interior, envuelto en el humo, la luz cálida y el aroma de centenares de velas, se esconde todo un mundo de simbología y de rituales indígenas que sorprenden tanto como sobrecoge. Y es que los mayas de Chiapas han desarrollado un verdadero mundo paralelo para poder sobrevivir a la secular explotación y a las tentativas de integración forzosa a que han sido sometidos. Los grupos principales en que se dividen –tzeltal y tzotzil- son considerados aún hoy ciudadanos de segunda categoría. Superficialmente, la sociedad indígena parece haber sido cristianizada y occidentalizada, pero junto a esta “fachada” vive y se perpetúa un mundo que ha mantenido su propia autonomía religiosa y cultural. Y la iglesia de San Juan Chamula es probablemente el ejemplo más conocido de esta doble división del Universo.

Iglesia de San Juan Chamula

Iglesia de San Juan Chamula

Muchísimos santos colocados uno junto al otro cubren las paredes de los cuatro lados de la edificación. Si los santos se portan mal –y eso quiere decir que la comunidad ha sufrido alguna desgracia- los feligreses pueden castigarlos. Entonces se opta por girar al santo y colocarlo contra la pared. Así permanecen días, semanas, incluso meses, hasta que la autoridad de la aldea levanta la pena.

Mercado de san Juan Chamula, frente a la misma iglesia de la ciudad

Mercado de san Juan Chamula, frente a la misma iglesia de la ciudad

IMPERIOS EN LA SELVA
Llegó el momento de afrontar las que para muchos son las etapas más interesantes de un viaje por Chiapas y a remontarse a sus orígenes. Y remontarse a sus orígenes significa, en este caso, ir a Palenque, a Bonampak, a Yaxchilán, en el corazón de la selva lacandona.
Esta selva, considerada durante largo tiempo como un lugar inexpugnable, es el hábitat natural del jaguar y recibe oficialmente el nombre de selva lacandona por sus pocos conocidos pobladores humanos. Los que todavía siguen viviendo allí hablan una lengua estrechamente emparentada con la de los antiguos mayas, y viven en pequeñas comunidades, generalmente diseminadas en torno a los profundos lagos azules de la selva. Sin haber sido nunca un grupo numeroso, hoy día los pobladores de esta selva se reducen a unos cuantos centenares de personas, y su forma de vida está cambiando progresivamente a medida que la repoblación y los proyectos de desarrollo van reduciendo la superficie de la vasta selva que lleva su nombre. Lamentablemente, muy pocos de estos pobladores conservan los ritos religiosos originales de su cultura, esencialmente precolombina, y pocos lucen los tradicionales vestidos de algodón blanco hasta los tobillos; la mayoría se han convertido al cristianismo y visten ropas occidentales.

Indio de la selva lacandona. Hoy quedan muy pocos

Indio de la selva lacandona. Hoy quedan muy pocos

Pero la selva custodia también magníficos tesoros del pasado: ocultas bajo las elevadas bóvedas que forman los árboles existen cientos y cientos de ruinas. Algunas, como las tres mencionados, son impresionantes ciudades que pertenecen al periodo clásico maya (año 250 y 900 d C)
Cuando los lacandones buscaron refugio en la selva, los antiguos habitantes de la zona dejaron abandonadas la mayor parte de sus campos y ciudades en manos de la naturaleza. En cierto modo, los lacandones se convirtieron en los guardianes de los vestigios, y aún hoy visitan de vez en cuando un templo, el llamado Templo del Pájaro Jaguar, en Yaxchilán. Allí, en el húmedo interior, encienden velas y las depositan en el suelo, frente a los restos milenarios de una estatua a la que dirigen sus oraciones.

Ruinas de Yachilán

Ruinas de Yachilán

Palenque no es más que la punta del iceberg de las ruinas mayas del lugar. El resto del iceberg sigue estando sepultado en la selva, como sepultados permanecen también muchos de los misterios que encierra este magnífico lugar.
El núcleo central está formado por un palacio laberíntico y el llamado Templo de las Inscripciones. Bajo esta pirámide se encontró una cámara secreta con el sepulcro intacto de un soberano llamado Pakal. La tumba de Pakal, el rey sacerdotre que vivió en torno al 600 de nuestra era, está cubierta por una losa enorme, totalmente historiada. La interpretación corriente pretende que en ella está representado Pakal con “el árbol de la vida”; pero en realidad parece el piloto de una nave espacial, con casco incluído, sentado sobre un vehículo del que parece salir algo así como una lengua de fuego.

Palenque

Palenque

Igual que nos pasa con las pirámides egipcias, cuando uno se halla frente a las ruinas de esta inmensa ciudad se plantea el usual e inquietante misterio: ¿cómo lograron los antiguos mayas construir edificios tan impresionantes?

Tumba de Pakal

Tumba de Pakal

Una vez dejado atrás Palenque, la carretera empieza a encaramarse por entre una vegetación tropical hasta llegar a las cascadas de Agua Azul , sin lugar a dudas uno de los lugares más hermosos de México. Un auténtico mar de agua baja desde lo alto de las montañas en decenas de rápidos y saltos de agua que finalmente convergen en una gran cascada. Más allá de ese mar de espuma, una especie de plácidas lagunas reflejan los colores del cielo. Luego, la carretera empieza a trepar por una serie de estrechos recodos y llega a Occocingo, tierra de rancheros y última zona predominantemente “blanca”. Dejando a la izquierda un sendero que lleva a las encantadoras ruinas mayas de Toniná se sube por un paisaje cada vez más montañoso, entre pinos y rocas escarpadas. Empiezan a aparecer las mujeres tzeltal y tzotzil que viven en estas tierras. Van cargadas de haces de leña y el duro trabajo que llevan a cabo contrasta con los alegres colores de sus vestidos. Cada pequeño fragmento de tierra cultivable ha sido aprovechado para crear una milpa, un campo de maíz.

Cascada Azul

Cascada Azul

Desde Palenque es fácil desplazarse a Bonampak y Yaxchilán. Una cómoda pista nos acerca sin problemas al primero; al segundo se accede en lancha por el río Usumacinta
El templo de las pinturas de Bonampak alberga los más célebres frescos precolombinos encontrados hasta hoy: un pequeño mundo de músicos, de danzantes y de servidores que preparan tocados con plumas de quetzal, el pájaro sagrado que muere si se le captura; guerreros y prisioneros desfilan por los muros de piedra, llenos de frescura y movimiento. Al igual que Palenque, Bonampak permaneció durante años oculta del mundo exterior gracias a la tupida vegetación de la selva.

Pinturas de Bonampak

Pinturas de Bonampak

Río Usumacinta. Rumbo a Palenque

Río Usumacinta. Rumbo a Palenque

Yaxchilán es fascinante. Ascendiendo desde el río hasta donde se ocultan las ruinas, por una jungla espesa, el viajero se siente a menudo sorprendido por el rugido estremecedor de los monos zaraguatos, por el acecho de los jaguares. Pero la aventura merece la pena y la sensación es impagable. Llegados a destino, el interés arqueológico es considerable, por las estelas, los dinteles finamente labrados.
Cualquier viaje a Chiapas debería finalizar aquí. Rodeados de estas fascinantes ruinas, a la hora del alba, antes de la llegada de los primeros turistas, se puede realmente respirar un aire mágico, con los vestigios mayas rodeados de una espesa jungla en la que se insinúa una niebla que da al lugar una dimensión absolutamente irreal.

Por Angels Mas

CÓMO LLEGAR
Primero a México DF. Desde allí existe un vuelo diario de Aeroméxico hacia la capital de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez.

DATOS DE INTERÉS
Formalidades de entrada. Imprescindible el pasaporte en regla.
Clima. No hay una estación particularmente aconsejada, aunque las lluvias son más frecuentes entre los meses de mayo a octubre.
Idioma. Castellano. En muchas de las aldeas la población autóctona habla lenguas mayas.

QUÉ VER Y HACER
San Cristóbal de las Casas. Tranquila ciudad colonial donde destacan los barrios tradicionales de Guadalupe y La Merced, la plaza Mayor, la Catedral (1528), las mansiones coloniales como la casa de Diego de Mazariegos, y la iglesia de Santo Domingo, construida por los dominicos en 1546, donde en sus alrededores se instala cada día un mercado de artesanías. El Museo Na Bolom, situado en una magnífica casa del siglo XIX, está dedicado íntegramente a la cultura de los indios lacandones.
San Juan Chamula. A 11 kilómetros de San Cristóbal. Importante centro ceremonial de la etnia tzotzil. No hay que perderse una visita al interior de la iglesia (donde está estrictamente prohibido tomar fotografías) y disfrutar del extraordinario mercado indígena que se instala en la explanada ubicada frente al templo.
Zonas arqueológicas. Chiapas cuenta con importantes yacimientos arqueológicos mayas. Destacan: Palenque (a tan sólo 8 km de la ciudad de Palenque), sin duda la más hermosa y la mejor conservada; Yaxchilán, a orillas del río Usumacinta (desde Palenque deberá desplazarse hasta Escudo Jaguar donde deberá embarcar en pequeñas barcas); y Bonampak, en la selva lacandona. Éste último ofrece su Templo de las Pinturas que contiene los frescos más bellos de la cultura maya.
Atractivos naturales. A 64 km de Palenque por la carretera a Ocosingo se encuentran las cascadas de Agua Azul, magnífico lugar. La cascada de Misolhá se encuentra a 20 km de la ciudad de Palenque. Son 25 m de altura que, al precipitarse, forma una amplia poza en la que es posible bañarse. Hay cabañas para los que quieran quedarse a dormir. La misma selva lacandona es una exuberante selva tropical donde habitan monos, tucanes, jaguares, etc.
Cañón del Sumidero. Impresionante falla geológica que dio lugar a acantilados que llegan a rebasar los 700 m de altura. A través del cañón se abre paso el río Grijalva que recorre 33 km y culmina en la presa Manuel Moreno Torres.

VISITAS NO INCLUÍDAS
EN EL REPORTAJE

Si tiene tiempo aconsejamos: Chiapa de Corzo (ciudad histórica), Zinacantán (población tzotzil), y Comitán (joya arquitectónica).

DÓNDE DORMIR
En Chiapas (sobre todo en ciudades como San Cristóbal y Palenque) no hay problemas de alojamiento. Hay muchos hoteles, generalmente acogedores y baratos.
Hotel Na Bolom. En San Cristóbal de las Casas. www.nabolom.org
Las habitaciones que ofrece este museo son las más bellas de la ciudad. 15 habitaciones perfectamente amuebladas que dan a un encantador jardin.
Hotel Plaza Santo Domingo. En San Cristóbal de las Casas. www.hotelplazasantodomingo.com
En el barrio de Santo Domingo, este hotel acoge un bello patio del siglo XIX.

En Bonampak es posible alojarse en las casas de los indígenas lacandones, en lugares como Lacanjá Chansayap.
En Yaxchilán se puede pedir alojamiento a los guardias del parque arqueológico.

DÓNDE Y QUÉ COMER
La cocina chiapaneca es muy rica y variada. Destacan: los chiles rellenos, la sopa de pan, y el lomo relleno. Los tamales y los frijoles son muy habituales. También son muy ricas las empanadas, una especie de pasta rellena de queso, setas y calabazas.
Concretamente en San Cristóbal, donde es fácil encontrar buenos embutidos y una gran variedad de frutas (higos, plátanos y naranjas), la presencia continua de turistas ha favorecido el surgimiento de restaurantes de tipo europeo.

COMPRAS
San Cristóbal es un paraíso para las compras. La artesanía indígena goza de una merecida reputación y es en esta ciudad donde se encuentran los precios más convenientes. Los tejidos de mejor calidad se encuentran en la Cooperativa de San Jolobil. A lo largo de la calle Real de Guadalupe y de Utrilla se suceden las tiendas de artesanía. En los alrededores de la iglesia de Santo Domingo, las indígenas venden en improvisados puestos sus productos a precios muy razonables: tallas de madera, objetos de piel, cinturones, cortinas y un largo etcétera. También en el cercano pueblo de San Juan Chamula se instala un mercado en la explanada que hay justo enfrente de la iglesia. Aquí es posible encontrar tejidos, artesanía propios de los indígenas.

MÁS INFORMACIÓN
En España.
Oficina de Turismo.
www.visitmexico.com

En San Cristóbal de las Casas.
Información Turística.
Av. Hidalgo, 2. Local 10. Zona centro, esq. Diego de Mazariegos.