Una calle de San Agustín

En la región montañosa que divide las grandes cuencas del Magdalena y del Cauca, en las estribaciones de los Andes colombianos, a 1.700 metros de altitud, se encuentra el territorio arqueológico de San Agustín. Es una zona de suaves colinas, limitada por profundos cañones en los que discurren con fuerza un joven y tumultuoso río Magdalena y sus primeros afluentes. El clima templado, la gran fertilidad del suelo y la abundante pluviosidad dieron vida a un frondoso bosque subandino del que, a pesar del severo desmonte, pueden verse aún pequeños reductos esparcidos por el paisaje.

El territorio de San Agustín abarca una extensión de más de 500 kilómetros cuadrados y encierra los restos de una antigua y misteriosa civilización megalítica, célebre por sus 400 esculturas de piedra. Estas majestuosas figuras y los monumentos votivos o funerarios que les sirven de contrapunto son anteriores a la cultura chibcha, la más famosa de las culturas colombianas porque en ella se basó la leyenda de El Dorado.

La representaciones de animales,, deidades y seres humanos reales o legendarios adoptan la forma de esculturas aisladas, generalmente en puntos elevados, o bien se encuentran en salas de culto semisubterráneo, formando parte de conjuntos complejos: una escultura central que representa a alguna deidas o personaje importante, flanqueada por guardianes característicamente ataviados.

Este importante yacimiento arqueológico es obra de una misteriosa civilización "agustiniana"

SIGUE EL GRAN MISTERIO
La antigua civilización de San Agustín es uno de los grandes enigmas de la historia precolombina. Los relieves excavados en las rocas de este lugar, cerca de los manantiales y de los arroyos, son tan misteriosos como las estatuas de cuerpo entero.
En 1913 el berlinés Karl Theodor Preuss estudió por primera vez los vestigios agustinianos, sentando así los cimientos para las siguientes investigaciones arqueológicas.
Cuando los hombres de Sebastián de Belalcázar, en su incesante búsqueda del legendario El Dorado, cruzaron la región en 1537 tuvieron que habérselas con los feroces andaquíes, los últimpos pobladores de San Agustín. Quizá por eso no prestaron atención a los restos megalíticos o, sencillamente, no los vieron porque estaban sepultados entre el barro y la maleza.

Uno de los más importantes monumentos: templo adornado con estatuas

El primero testimonio conocido sobre la riqueza artística de la región se remonta a 1758, cuando el fraile español Juan de San Gertrudis describe por vez primera los milenarios monumentos de piedra. Sin embargo, siempre ha quedado la duda.
¿Quiénes eran los hombres que ensamblaron los grandes bloques de piedra y esculpieron las efigies hieráticas que salpican el vasto paraje de San Agustín? ¿Quién puede asegurar con certeza en qué época las construyeron?

Cabe la posibilidad de que estos monumentos megalíticos sean tumbas de personajes famosos

Los husos de barro atestiguan que estos hombres sabían hilar y tejer y los pocos objetos de orfebrería encontrados sugieren estrechos vínculos con la tradición orfebre Calima, que tuvo au auge durante el primer milenio de nuestra era. Los utensilios especiales en los que se guardaban los hojas de coca que masticaban recuerdan a los póporos o bolsas de coca (réplica de la que usan los mayas quichés y los kogis de Sierra Nevada) que se entregaban a los sacerdotes chibchas en el momento de su consagración.

En San Agustín se levantan 400 estatuas que los arqueólogos siguen estudiando

Aunque una densa niebla envuelve aún a la historia de San Agustín, ciertos aspectos de su cronología son de aceptación general: la elaboración de estatuas tuvo su máximo esplendor en fechas anteriores a la llega de los españoles y hubo una ocupación o invasión tardía, en la cual los indígenas elaboraban una cerámica muy diferente a la de los diferentes periodos.

Hay estatuas que representan a animales, probablemente considerados dioses

También se acepta unánimemente que los orígenes de la cultura de San Agustín coinciden con la difusión del cultivo del maiz. Esta garmínea llegó a las regiones del área intermedia hacia 2500 aC, procedente de Mesoamérica o quizás de Perú y, a diferencia de la mandioca, se adaptó perfectamente al terreno.
De lo que no cabe la menor duda es que, cuando el visitante actual visita los monumentos funerarios de San Agustín, tiene la impresión de que algo sagrado se conserva desde hace siglos. Por lo menos así parecen indicarlo algunas de las estatuas, estos severos y mudos testigos del tiempo.

Texto y fotos: Jordi Llorens

 

GUÍA DEL VIAJERO

CÓMO IR

Hay que volar hasta el aeropuerto de «El Dorado», en Santa Fe de Bogotá. Una vez en Bogotá hay que volar hasta Ptalito, una localidad que se encuentra a escasos 30 kilómetros de la población de San Agustín.

También puede irse en autobús. Hay un servicio diario, con varios viajes en uno y otro sentido, desde Santa Fe de Bogotá a San Agustín.

QUÉ HACER

Para visitar las diferentes zonas arqueológicas de San Agustín, con diversos medios de trasnporte (jeep, caballo, etc.) se parte normalmente del Museo Arqueológico, situado a 2,5 kilómetros del pueblo.

DÓNDE DORMIR Y COMER

En San Agustín hay pequeños hoteles y restaurantes donde alojarse y comer la típica cocina de la región colombiana.

 

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