Me encuentro en un viejo fortín en el monte Srdj. Es mi primera impresión de Dalmacia, inmediatamente después de desembarcar en el aeropuerto de Dubrovnik. Frente a mi se extiende la inmensa superficie azul del mar Adriático, sembrado de islas de relieves redondeados y de color verde oscuro. El mar está bordeado por una delgada llanura costera atestada de edificios con los tejados rojizos, de palmeras y cipreses con la copa sutilmente difuminada, de playas salpicadas de sombrillas y de pequeños puertos llenos de veleros, barcos de pesca y yates. Allá abajo, exactamente a mis pies, la ciudad de Dubrovnik se destaca compacta, perfectamente enmarcada por sus murallas medievales de piedra: un ovillo casi inextricable de iglesias, palacios, torres y campanarios en un mosaico de cables y plazas abiertas.
Sí, este maravilloso panorama mediterráneo es Dalmacia, en Croacia.

Las ciudades dálmatas se apoyan sobre el azul del Adriático

Las ciudades dálmatas se apoyan sobre el azul del Adriático

La pregunta que uno debe hacerse cuando llega a Croacia es ésta: ¿Qué Croacia quiero visitar? Para mí, la respuesta es muy sencilla: la de Dalmacia, la zona turística y marítima por excelencia. Y es que ésta reúne todas las condiciones y requisitos ideales para complacer al viajero. El paisaje es hermoso, la historia de sus ciudades y pueblos amplia, la arquitectura y el arte abundantes, la gastronomía excelente y la hospitalidad incuestionable. La historia de la costa dálmata es, en pocas palabras, la historia de pequeños estados, de pequeñas ciudades amuralladas, a veces aliadas, otras enfrentadas entre ellas, pero siempre con una clara vocación mediterránea. Dubrovnik, sin duda una de las ciudades amuralladas más bellas de Europa, se enmarca perfectamente en este escenario y es, por tanto, un buen punto de partida para iniciar una fascinante ruta buscando los atractivos de este idílico rincón de nuestro viejo continente.

Calle principal de Dubrovnik

Calle principal de Dubrovnik

RESURGIR DEL AVE FENIX
Una buena manera de entrar en Dubrovnik es hacerlo por la Puerta de Ploce, y mejor aún si es de noche y yendo a pie. Tras pasar un puente levadizo de madera, se atraviesan una serie de antiguas puertas de piedra, alumbradas por las luces de los faroles, para luego seguir, por un tortuoso camino empedrado, el sendero de las altas murallas de la ciudad. Y precisamente cuando uno empieza a maravillarse del espesor de estas fortificaciones, atraviesa otra de las puertas de piedra de la ciudad y va a parar al corazón de la vieja Dubrovnik.

De pronto, frente a ti se extiende la abarrotada Placa o Stradun, como la llama la gente del lugar, una ancha calle cerrada al tráfico flanqueada por dos hileras de casas de piedra de estilo barroco, e inundada por una luz blanquecina. A la izquierda se encuentran la iglesia de San Blas, y tras ella la cúpula de la Catedral. Caminando entre la multitud llegas a pensar que es ahí donde reside el encanto que la ciudad y sus gentes ejercen sobre quien los visita.
No hace falta mucho tiempo para darse cuenta de que no todos los actores de esta representación son originarios de Dalmacia. Basta echar una ojeada a tu alrededor. Como otras ciudades de la costa, Dubrovnik atrae a muchos turistas de muchas nacionalidades: italianos, franceses, españoles, alemanes, portugueses… Efectivamente, los habitantes de Dubrovnik (o Ragusa, nombre que tenía la ciudad hasta 1808) están acostumbrados desde hace siglos a compartirla, y con extranjeros no siempre tan bien dispuestos como hoy día. A pesar de que durante cuatro siglos y medio (entre 1358 y 1808) Dubrovnik fue oficialmente una república independiente y neutral, de hecho las grandes potencias mediterráneas se disputaron su control. La ciudad estuvo durante un tiempo bajo el control de Venecia, después bajo la del reino de Hungría, bajo los turcos otomanos…

Palacio del Rector

Palacio del Rector

La mirada se extiende, a la derecha, por la serie de arcos del Palacio del Rector, erigido en el siglo XV y que fue sede del gobierno durante la república. A su lado se levanta la Catedral, monumental en su grandiosidad y bajo cuyos fundamentos fueron descubiertos, tras el último de los terremotos que tan frecuentes azotan esta costa, los restos de una iglesia más antigua. Un poco más lejos se divisan los dos monasterios, el franciscano y el dominicano. El primero merece una visita algo más pormenorizada. Conserva un bellísimo claustro rodeado por una serie de dobles columnas tardo-románicas, coronados por estatuas y relieves de animales fantásticos y grotescas cabezas humanas. En el centro del patio hay un jardin, de donde en otro tiempo los frailes sacaban las hierbas para su farmacia, que se encuentra exactamente bajo el arco de la entrada. Todavía hoy expende medicamentos y con más de 650 años es una de las farmacias en activo más antiguas de Europa.

Catedral  de Dubrovnik

Catedral de Dubrovnik

Saliendo del monasterio hay que pasear por el dédalo de casas e iglesias, muy bien conservadas, que constituye la ciudad vieja de Dubrovnik.
En la parte opuesta de Dubrovnik, el otro lugar que merece ser visitado con cierto detalle es el Palacio del Rector, antigua sede de los rectores, que es como eran llamados los regidores del gobierno republicano. El pórtico renacentista te lleva al atrio, un patio abierto desde el que unas escalinatas conducen a la parte superior, a los despachos, a las salas de recepción. Aquí vivían los rectores –que ocupaban el cargo durante solamente un mes- prácticamente como reclusos, hasta que finalizaba su tiempo de gobierno. El reloj que hay en la pared está parado a las 17,45, la hora exacta a la que la república de Ragusa se rindió a Napoleón.

SPLIT, REFUGIO DE DIOCLECIANO
Si Dubrovnik es la reina del mar Adriático, entonces la ciudad de Split , también junto a la costa pero a unos 170 kilómetros más al norte, es seguramente su delfín, un príncipe heredero de modales exuberantes.
Split es una ciudad de dimensión mediana y con sus 250.000 habitantes es seis veces más grande que Dubrovnik.

El centro de Split –la antigua Spalato- fue construido por Diocleciano, el emperador romano que, según parece nació en Dalmacia. Aquí fue donde se retiró Diocleciano (para curar sus dolencias reumáticas, cultivar coles y olvidarse de las preocupaciones del imperio, según la tradición), instalándose en el enorme palacio que él mismo había hecho erigir y que fue terminado en el año 305 d C., tras diez años de continuos trabajos. A la muerte de Diocleciano, el palacio pasó a ejercer las funciones de residencia para gobernadores o emperadores en el exilio, hasta que fue abandonado y cayó en ruinas. Cuando a comienzos del siglo VII, una ciudad vecina fue conquistada por los invasores bárbaros, la gente que había conseguido salir indemne buscó refugio en el palacio y comenzó a habitarlo, convirtiendo sus enormes habitaciones en moradas y sus largos corredores en calles. Y con el transcurso de los siglos, un nuevo núcleo de población fue creciendo progresivamente en torno al palacio.

Lo que hoy se puede ver de este núcleo es una de las colecciones más extraordinarias de arquitectura romana que existen en el mundo, aunque ciertamente no sea una de las más puras desde el punto estilístico e histórico: bajo sus arcadas de piedra antigua se abren modernas galerías iluminadas con luces de neón y pequeñas tiendas, y por momentos la impresión dominante es la de que te encuentras en un foro romano transformado en centro comercial. Existen todavía algunas partes del palacio, sin embargo, como por ejemplo el peristilo a cielo abierto, en la que la atmósfera de la época de Diocleciano no se ha difuminado en absoluto.

Maqueta del antiguo Palacio de Diocleciano

Maqueta del antiguo Palacio de Diocleciano

Korkula

Korkula

EN LA ISLA DE MARCO POLO
Entre la antigua Spalato y Dubrovnik yacen dispersos otros tesoros, grupos de islas, grandes y pequeñas, que salpican toda la costa dálmata. Para llegar a ellas basta con coger uno de los numerosos transbordadores que atraviesan las aguas de la zona.

Entre estas islas, Korkula, una de las más grandes, es también la que mejor consigue mantener el equilibrio entre los placeres propios de una localidad de vacaciones y un pasado cargado de historia. Los habitantes de Korkula afirman que fue aquí donde nació Marco Polo, pero aparte de por ser la supuesta cuna de este ilustre personaje, la isla se distingue sobre todo por el carácter absolutamente peculiar de la ciudad vieja, de una belleza antigua y tosca, construida sobre un minúsculo promontorio de tierra que se extiende hacia las agitadas aguas del canal de Peljesac.

Los dos monumentos más interesantes de la ciudad son la quattrocentista catedral de San Marcos, tras cuyo altar mayor se conserva una enigmática pintura que representa a su santo patrón, obra de Tintoretto; y, a un lado de la iglesia, en el antiguo Palacio Episcopal, “el Tesoro del Abad”, una habitación atestada de objetos preciosos y cuadros…

Catedral de San Marcos

Catedral de San Marcos

Pero la principal atracción turística de Korkula es, sin lugar a dudas, la Moreska, una danza de sable tradicional que se lleva a cabo cada jueves al aire libre durante los meses veraniegos. Es una representación popular de un ritualismo extravagante, que pone en escena una gran batalla entre moros y turcos por la posesión de una princesa cubierta con un velo que bien podría representar simbólicamente la propia ciudad de Korkula. Es un espectáculo fascinante y sus bailarines la representan con vivacidad y espíritu participativo.

Torre Revelin

Torre Revelin

En cambio, los espectáculos que ofrece Hvar, una isla situada a dos horas y media de transbordador al norte de Korkula, son de un género muy distinto, y quienes los representan son una infinidad de cuerpos bronceados desparramados por sus ventiladas playas. Aquí la vida de mar puede incluso hacerte olvidar la historia que, sin embargo, está muy presente. Está, por ejemplo, una catedral del siglo XVI y también un monasterio franciscano. Produce igualmente una gran satisfacción subir hasta el fortín del siglo XVI que se encuentra sobre la ciudad vieja, para llegar al cual hay que pasar por un bosquecillo perfumado de pinos, cactus en flor y árboles de áloe en los que destacan las iniciales de muchas parejas de enamorados. Desde la fortaleza se disfruta de una vista completa de la ciudad, también llamada Hvar, un poblado pequeño y de aspecto tranquilo, con casas crema, que parecen querer esparcirse por la colina. La otra ciudad que hay que visitar en esta isla maravillosa es Stari Grad, la antigua capital, y a un tiro de piedra de la misma ciudad de Hvar. Stari Grad está abierta sobre una bella bahía a la que los griegos bautizaron con el nombre de Pharos.

isla de Hvar

isla de Hvar

Hvar también es un lugar ideal para probar la cocina de Dalmacia, rica y muy condimentada. El plato fuerte de la mayor parte de las comidas es el pescado a la parrilla, normalmente servido con una ensalada de verduras frescas. Por lo que respecta a los vinos locales, son muchos y baratos, de un sabor fuerte y muy aromáticos.

Panorámica de Hvar desde lo alto de la fortaleza española

Panorámica de Hvar desde lo alto de la fortaleza española

Aquí doy por finalizado el viaje. En un rincón de la costa, en cualquiera de los lugares descritos en este reportaje, suena la música dálmata que también está plagada de raíces griegas e italianas. Y esta música trasciende el espacio y transforma toda Croacia.
La costa Dálmata sigue siendo tan bella como siempre había sido, pero ahora, alejados los ecos de la guerra y con esa libertad recobrada, la música renace y el paisaje parece brillar con nueva luz y nuevos bríos.

Casco antiguo de Hvar

Casco antiguo de Hvar

Y entonces uno camina, piensa y se siente cómodo en ese pequeño rincón del Mediterráneo. No se lo pierdan. Me lo agradecerán…

QUÉ SE DEBE VER
Al margen de la belleza de las islas y de los paisajes de la costa, Dalmacia es rica en historia y conviene no perderse el centro histórico de las ciudades más importantes:
Dubrovnik. Hay que visitar la ciudad antigua, básicamente la calle Stradun o Placa, que es su columna vertebral. La plaza de la Logia es el centro de la actividad cotidiana. El palacio del Rector, el convento Franciscano, la Catedral, la Torre del Reloj, la columna de Rolando, el fuerte de San Juan y el colegio de los Jesuitas pueden mantenernos ocupados a lo largo de una jornada entera. Sin embargo, la mejor visión la proporciona el paseo por las murallas. El recorrido (más de 2 km) se puede realizar en una hora. Es la mejor visión de Dubrovnik. No olvide acercarse al antiguo puerto situado bajo el fuerte de San Juan.
Korkula. Pasear por entre las calles protegidas por el recinto amurallado es suficiente para disfrutar de la arquitectura de la ciudad. Haga una visita a la casa de Marco Polo. En la catedral de San Marcos puede verse un icono de la virgen que permitió una victoria contra los turcos. El pórtico es obra de Bonino de Milán y la catedral guarda también un cuadro de Tintoretto en el Altar Mayor.
isla de Hvar. En Hvar, la capital homónima, la plaza –Pjaca– delimitada por la catedral de San Esteban, la Logia y el Arsenal es el centro de interés. Algo más alejado está el convento Franciscano, con el cuadro de Mateo Ponzoni, “La última cena”. En Stari Grad no debe perderse el Convento Dominico, que contiene una notable colección de pinturas, entre las que destaca “El entierro”, de Tintoretto.
Split. El palacio de Diocleciano es el epicentro de la visita cultural de Split. No olvide visitar los sótanos del palacio que se conservan prácticamente en su estado original. Desde la colina de Marjan se disfruta de una formidable vista sobre Split. En las afueras de la ciudad es interesante visitar las ruinas de Salona.
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DÓNDE DORMIR
En cualquier pueblo encontrará personas en la calle dispuestas a ofrecerle una habitación, y seguramente a precio asequible. Los hoteles citados a continuación son sólo una simple muestra de la oferta.
En Dubrovnik
Hotel Excelsior. (Frana Supila, 12. Tel. 00 385 20 35 33 53). Es uno de los más caros de la zona con una bella vista sobre Dubrovnik.
Hotel Lero. (Tel. 00 385 20 33 20 22). Es bastante más económico que el anterior, pero dispone de todas las comodidades.
Otra opción es alquilar una habitación en el casco viejo –no hay ningún hotel dentro de las murallas–, o cerca de la ciudad antigua.

En Korkula
Hotel Korcula. Ubicado cerca de las murallas y frente al mar (Teléfono: 00 385 20 72 63 06).
Hotel Marco Polo. (Setaliste F. Krsinica 102). Es el resort más completo de la isla, recientemente renovado. A 3 km del centro. Ofrecen la posibilidad de realizar muchos deportes y actividades acuáticas.

En Hvar
El Hotel Adriatic, (Teléfono: 00 385 21 74 10 24) y el Hotel Palace (Teléfono: 00 385 21 74 19 66) se encuentran frente al puerto.
Hotel Riva. También mirando al puerto. Posiblemente no sea el mejor de Hvar pero es excelente. El restaurante sirve especialidades típicas exquisitas. El precio, razonable. www.suncanihvar.com/riva
También es aconsejable el enorme Hotel Amfora (Teléfono: 00 385 21 74 12 02) que se encuentra al lado del mar y a cinco minutos a pie del centro de Hvar.

En Split
Hotel Marjan. En el paseo marítimo (Teléfono: 00 385 21 30 21 11). Muy cómodo y perfectamente situado, muy cerca del mismo palacio Diocleciano.

GASTRONOMIA
La gastronomía de la costa Dálmata no presenta grandes misterios y es exquisita. Dada su proximidad al mar, la base de esta cocina, evidentemente, es el pescado, por lo que quien aprecie este plato y el marisco pasará unos días inolvidables en esta costa. Lubinas, brancinos, doradas y zubatacs, son algunas de las especies más comunes. También es muy bueno el marisco: cigalas, langostas, mejillones…
El vino propio de la región es más que aceptable y son muy apreciados los que proceden de Korcula. El “Travaritca” es el aguardiente local.
Nosotros sugerimos los siguientes restaurantes:
En Dubrovnik, el restaurante Maestoso ofrece una terraza justo al lado de la ciudad vieja.
En Korcula, Lesic Dimitri Palace. Es el mejor restaurante de la isla. Hay que reservar con antelación.
En Hvar, restaurante Zlatna Skoljka. Está situado junto a la catedral. Ofrece platos muy bien preparados y presentados tanto de cordero como de pescado fresco –dorada o cualquier otra captura del día-, además de ensalada de caracola y un buen queso de cabra. Todo a un precio muy razonable.

PARA MÁS INFORMACIÓN
www.croatia.hr