. RUTA HISTÓRICA

Cuenta Rebecca West en su relato de viajes “Cordero negro, halcón gris”, que Dubrovnik es tan preciosa como Venecia y que merecería compararse con la ciudad de Belini. Tal vez no guste a los lugareños tal comparación (dada el tradicional antagonismo que hubo entre ambas ciudades) pero qué duda cabe que para el viajero ajeno a esta rivalidad es todo un piropo.

Vista de Dubrovnik, un verdadero sueño

Vista de Dubrovnik, un verdadero sueño

Otra observación que realiza la británica es que recomienda acercarse a ella por primera vez  cuando el sol se despide en el Adriático y empieza a oscurecer. Tal vez tenga razón. La vieja Ragusa está situada sobre una pequeña península que mira al sur, y si el viajero se acerca a la ciudad desde su aeropuerto (situado en el este) se contempla una extraordinaria puesta de sol con la ciudad, el mar y el sol al fondo.

La ciudad, intramuros

La ciudad, intramuros

Aunque de verdad lo que realmente sorprende al visitante, a todas horas, es la imponente muralla de más de 2 kilómetros que abraza la ciudad junto a 16 torres, 6 bastiones, 5 fuertes, 3 zanjas, 2 esquinas fortificadas y 2 puentes. Ante tal oposición sólo hay 3 maneras de entrar a la ciudad: por mar, tras pedir permiso a las fortalezas de San Lucas y San Juan; y por tierra, tras cruzar las puertas de Pile (Oeste) y Place (este).

Poderosas murallas rodean el perímetro de la ciudad

Poderosas murallas rodean el perímetro de la ciudad

Puerta de entrada a la ciudad intramuros

Puerta de entrada a la ciudad intramuros

EN EL INTERIOR DEL LABERINTO

Dubrovnik se merece una visita a fondo. Pasear con calma, disfrutar del ambiente, perderse por sus callejuelas, entrar en las tiendas, sentarse en sus bares y terrazas y disfrutar de un entorno maravilloso. Vale la pena visitar algunos de sus edificios emblemáticos como el arsenal, el lugar donde se construian las famosas naves ragusas (y hoy convertido en un bello restaurante), el palacio Sponza (antigua aduana), el palacio del Rector (el lugar donde se gobernaba la ciudad), la antigua farmacia y sus numerosas iglesias: San Blas, Jesuitas, la Catedral… Desgraciadamente casi todos los edificios son réplicas del siglo XVII y XVIII pues la ciudad tuvo que reconstruirse casi por completo tras el doloroso terremoto de 1667.

 

Palacio Rector

Palacio Rector

Catedral

Catedral

Dicen las crónicas de la época que el mar se retiró de Ragusa hasta 4 veces, para volver en cada ocasión con unas olas mayores que arrasaron (fue un maremoto) sin perdón a naves, iglesias y palacios. Sin embargo, sabemos cómo era Ragusa antes de la tempestad gracias a una estatua de San Blas que hay en palacio del Rector. El santo tiene en la mano una maqueta en plata de Dubrovnik que nos cuenta cómo era su trazado, su catedral (levantada por el siglo XIII por Ricardo Corazón de León a la vuelta de las Cruzadas) y la avenida de la Placa que cruzaba de levante a poniente la ciudad.

Stradun

Stradun

Hoy Dubrovnik vuelve a oler a nuevo… En los últimos años la ciudad vieja ha tenido que ser otra vez restaurada tras los intensos bombardeos y los desastres que provocó la pasada guerra con Serbia, en 1991.

ABIERTA AL MUNDO

Dubrovnik fue siempre una ciudad declaradamente católica que tuvo siempre el latín como su lengua oficial. Pero además sus habitantes hablaban habitualmente otras lenguas como el dálmata, el italiano y el croata. Ragusa había surgido de las cenizas del Imperio Romano con la unión del enclave grecorromano de Rasium, en la isla de Laus, y de Dubrava, un asentamiento eslavo situado en una colina vecina, en el siglo VII. La hoy peatonal avenida Placa, tan llena de bares y terrazas, fue antaño un canal que separaba ambas comunidades.

En verano la ciudad está muy animada, con numerosas terrazas al aire libre

En verano la ciudad está muy animada, con numerosas terrazas al aire libre

El dominio veneciano de la ciudad durante más de 150 años hicieron que muchos raguseos fueran también italoparlantes hasta inicios del siglo XX.

No fue la única lengua latina que aquí se escuchaba. Al parecer se usaba también el dálmata.

Tras la expulsión de los judíos de España en 1492, la ciudad acogió también a un grupo  importante de sefardies procedentes de nuestro país, por lo que es posible que en las calles de Ragusa se utilizara también el ladino. Gracias a ellos la ciudad conserva una gran tadición artesana ligada a la filigrana (ver la joyería Mateo).

La ciudad invita a ser descubierta poco a poco

La ciudad invita a ser descubierta poco a poco

Hoy los habitantes de Dubrovnik son de habla croata, la lengua eslava presente en la región desde la aparición de este pueblo en los Balcanes, tras la caída del Imperio Romano.

 

CÓMO IR

Vueling ofrece vuelos directos a la ciudad de Dubrovnik desde varias ciudades españolas. Otra conexión aérea pasa por Zagreb con Croatia Airlines.

DÓNDE DORMIR

Hotel Excelsior. Es uno de los más lujosos. Espléndida perspectiva sobre la ciudad vieja. www.hotel-excelsior.hr

Hotel Pucic Palace. Bella mansión aristocrática, en la plaza Gundulic, en el centro histórico. www.thepucicpalace.com

Una opción más económica es el Hotel Tirena. www.valamar.com/tirena-hotel-duvrovnik

 

DÓNDE Y QUÉ COMER

Dalmacia es tierra mediterránea, y como tal, lugar de buena cocina. Hay que probar el guiso de cigalas, los arroces, los calamares fritos, el cordero al horno, el brodetto de anguila, los exquisitos quesos de oveja o los buenos vinos de la región, como el Babic de la cercana península del Peljesac. Un buen lugar para probar estas delicias es el restaurante Mimoza (www.esculap-teo.hr) Después hay que ir a tomar una copa al Trubadour, el local preferido de la jet; escuchar música de jazz en el bar Hemingway o un buen gin tonic en el Boza.

 

MÁS INFORMACIÓN

www.croatia.hr