Este fenómeno meteorológico del hemisferio norte se observa principalmente en enero y febrero y se produce por la interacción entre el viento, la luz solar y los polos. El resultado es una luminiscencia que puede adquirir varias tonalidades durante la noche. Y no solo eso: una especie de crujido, que los esquimales asocian a los espíritus de los muertos, puede ser apreciado en determinadas ocasiones por el oído humano.
Los mejores lugares del hemisferio norte para observar este fenómeno son Noruega, Finlandia, Islandia, Alaska, Canadá y Groenlandia.
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