Pero ese apelativo, que además de reiterativo -Ámsterdam, Brujas o Copenhague también se describen de esa forma-, no es lo necesariamente preciso a la hora de representar a esta ciudad que nada tiene que envidiarle a París o Madrid.
Es una ciudad fluvial, levantada muy cerca del mar báltico sobre un archipiélago de 14 islas que se unen por 57 puentes. Sus ciudadanos han sabido sacarle provecho a esta situación, ocupando sus canales por cientos de años para el transporte y el comercio. Es en esta característica náutica donde existen las coincidencias con la ciudad italiana, pero por lo demás, la capital de Suecia ha crecido bajo su propio carácter.

Fue hace uno poco más de 700 años atrás cuando se levantó como un importante centro de comercio de la liga Hanseática, una congregación de comerciantes que unía marítimamente las ciudades más importantes del norte de Europa. Cuando la pobreza azotó los países escandinavos, miles y miles de sus residentes emigraron hacia el nuevo mundo, desplazando a Estocolmo del eje mundial. Años después, gracias a la neutralidad de Suecia en la Segunda Guerra Mundial, esta ciudad se erigió intacta frente a la devastada Europa, convirtiéndose nuevamente en un importante centro de comercio hasta el día de hoy.

Es en Gamla Stan, o ciudad vieja, donde se puede apreciar el pasado de Estocolmo. Es la isla que se ubica en el centro del radio urbano, donde la mayoría de sus edificios son de piedra, de unos 3 a 5 pisos, los cuales han sido pintados de llamativos colores y levantados uno al lado del otro a través de estrechas y enmarañadas calles de adoquines. Aquí se pueden encontrar a cientos de turistas que recorren las pequeñas tiendas y almuerzan en los restaurantes que atienden en la calle o en los antiguos pero remodelados salones subterráneos que antes servían de bodegas o almacenes. Otra de las zonas destacadas es Slussen, en Södermalm, al sur de Gamla Stan. Aquí se pueden encontrar bares, restaurantes y discotecas para todos los gustos y estilos. Por su parte, al ubicarse en las colinas de Estocolmo, la hace poseedora de los mejores vistas de la ciudad.

Al oeste se encuentra Östermalm, o zona oeste, la zona más cara de la ciudad. Aquí es donde se encuentran las Embajadas, junto con los comercios y restaurantes más exclusivos de Suecia. Tiendas como Prada y Gucci se emplazan en esta zona, lo cual, junto con el esmerado aseo de las calles, lo cuidado de sus jardines y sus elegantes edificios de estilo parisino, dan un aire de distinción que nada tiene que envidarle a la de cualquier gran capital europea. Sin ir más lejos, a sólo pasos de esta zona, se encuentra el Palacio Real de Suecia al igual que el Riksdag, el edificio del Congreso. También en esta zona están las discotecas más caras y exclusivas de la ciudad, y si tiene pensado ir a conocerlas, mejor ir con la mejor vestimenta posible, ya sea terno o ropa de marca, porque si no, es muy probable de que le negarán la entrada.

Por su parte, Estocolmo es una ciudad bastante agradable para caminar. Las vías peatonales y carriles bici recorren casi toda la ciudad, y con un par de buenas zapatillas, una buena chaqueta para la lluvia y un mapa, es suficiente. Además es posible alquilar una bicicleta y recorrer la ciudad a tu antojo ya que todos los carriles bici están bien señalizados y la mayoría de los suecos respeta tanto a los peatones como a los ciclistas.

Existen cientos de jardines y parques donde la gente sale a trotar, caminar, andar en bicicleta o realizar actividades al aire libre. También hay varios centros culturales, óperas, festivales y museos, incluyendo un museo recientemente inaugurado dedicado al grupo ABBA. Sin embargo, una de las mayores atracciones de la ciudad, es el museo Vasa. En este museo se preserva el buque insignia de la realeza sueca del 1600. Eran tiempos de gloria y esplendor, y se decidió construir el barco más grande y lujoso jamás creado por la armada sueca.

Sin embargo, el día de la inauguración, el Vasa, la joya de la corona, cuyo nombre fue dado en honor a la dinastía que gobernaba Suecia en ese entonces, sucumbió ante fuertes ráfagas de viento y el peso extra de nuevos cañones, escorándose y hundiéndose ante la mirada atónita de toda la realeza y población local. Pasaron cientos de años hasta que, en 1960, los suecos unieron voluntades y pudieron reflotar este barco al cual, hoy en día, muestran orgullosos a sus visitantes. Al entrar, impresiona lo grande y bien preservado del barco, y si uno mira de cerca, puede apreciar los miles de detalles tallados en su madera que se cuidan esmeradamente con temperaturas controladas y constantes y modernos controles de humedad. Es como una verdadera máquina del tiempo, donde existe información y ciclos de documentales en varios idiomas, incluido el español, proyectándose la historia y todos los detalles posibles de esta joya de la humanidad.

Por los canales ya no se ven buques mercantes, sino cruceros, ferrys y barcos de turismo que enseñan a los visitantes los parques, palacios, museos e historia de la ciudad. También es normal ver en verano a los habitantes desplazarse por los canales en botes, yates o modernas lanchas. Algunos inclusive pescan desde sus embarcaciones, orillas o puentes, ya que casi no hay contaminación, lo cual, junto con su moderno y eficiente sistema de transporte, las cientos de áreas verdes y esparcimiento, carriles para bicicletas, museos, ópera y palacios, hacen de Estocolmo una de las ciudades con la mejor calidad de vida del mundo.

Más información: www.visitstockholm.com/es

www.visitsweden.com

 

Texto: Xavi Diaz
Fotos: Francisco Ubilla