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Todas las ciudades históricas de Flandes parecen sacadas de un cuento de hadas, moldeadas por edificios históricos, calles, plazas y canales que apenas han cambiado desde hace cinco siglos. Una vez en el corazón histórico de aquellas, uno tiene la sensación de retroceder en el tiempo, a la época en que Flandes era una de las principales regiones comerciales del norte de Europa. Y esta sensación crece aún más en los meses de invierno, cuando todas ellas se liberan de las hordas de turistas que las atestan durante el buen tiempo.

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Cuando la bruma invade los canales medievales y las calles de las ciudades flamencas se sumergen en una atmósfera de misterio es cuando vale la pena hacer caso a los consejos que hemos recibido de la propia Oficina de Turismo: hay que caminar despacio, saborear sus rincones, conocer la historia de estos románticos escenarios. Porque todas ellas son ciudades propicias al deambular reposado, a pie, en bicicleta o en barca, navegando por canales bordeados de casas de silueta medieval y surcado por cisnes.

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Una vez finalizado nuestro paseo, nada como reconfortarse en alguno de sus renombrados restaurantes, cuyos chefs, herederos de los antiguos cocineros borgoñeses, experimentan con el famoso chocolate para elaborar sorprendentes platos.

“Los flamencos son unos gourmets y comer es el pasatiempo nacional”, dice Angeles, de la Oficina de Turismo. Que los flamencos aman la buena mesa salta a la vista solo con ver la calidad de los ingredientes que entran en las cocinas, la buena mano que tienen en la elaboración de los platos y el toque repetido de tradición e innovación en que se inspiran. Se dice que la gastronomía flamenca combina la exquisitez de la comida francesa con la abundancia de la cocina alemana, pero dicho así resulta una apreciación demasiado escueta. La gastronomía es, pues, una muy buena excusa para descubrir Flandes.

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Pero no es la única. Desde luego que no. Tiene Flandes ecos de gestas imperiales y los trazos nacidos de la paleta de los maestros flamencos. Tiene, además, el honor de ser solar de Bruselas, la gran capital de Europa, y de Amberes, que conserva las joyas de sus ilustres hijos –Rubens, Van Dyck…- Pero eso no es todo. Hábil jugador, Flandes esconde la carta para ganar la partida de la belleza y la historia: la espléndida Gante, con el permiso, claro, de la gran dama del norte, Brujas.

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Efectivamente, Gante atrapa. Gante, enamora. Atrapa por su exquisita belleza; enamora por su capacidad sorpresiva. Porque de sorprendernos, créanme, lo hace y mucho. Porque es mucho lo que se puede hacer en esta ciudad de cuento. Aquí todos quedan satisfechos: los que buscan una escapada gastronómica, los que vienen de negocios, los apasionados a la historia, los que quieren probar buenas cervezas. Por cierto, estos últimos están en el paraíso: en Flandes encontraremos la mayor variedad de cervezas del mundo. Sus 120 empresas cerveceras elaboran 800 tipos distintos de cerveza.

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Gent, como la llaman los flamencos, o Gand, los francófonos, es un mundo aparte entre todas las ciudades históricas flamencas. Su nombre proviene de la palabra confluencia, pues aquí convergen los ríos Escalda y Lys. Los amantes de la historia no pueden haber elegido mejor lugar. De entrada, su vinculación con España viene de lejos: Corría el año 1500 cuando una fría noche de febrero una joven princesa llamada Juana daba a luz en el castillo de Gante. Con el tiempo Juana sería recordada como Juana la Loca, mientras su vástago se convertiría en el emperador Carlos I de España y V de Alemania.

Ya no existe aquel castillo que vio nacer a Carlos I pero sí el barrio en el que hundía sus cimientos, Prisenhof, un tranquilo vecindario bañado por el canal que une Gante y Brujas, antaño una de las más importantes rutas comerciales de Europa. En el pasado fue una ciudad inmensamente rica, gracias a sus telares y al ingenio de sus comerciantes, como lo demuestran las increíbles mansiones medievales y renacentistas que aún se conservan en el casco antiguo.

Barrio de Prisenhof

Barrio de Prisenhof

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Tres torres destacan en el perfil de Gante: el campanario de la catedral de San Bavón, la torre Befort y la torre de la iglesia de San Nicolás.
En la Catedral de San Bavón fue bautizado Carlos I de España, y en su baptisterio se encuentra la “Adoración del Cordero Místico” (1432) obra de los hermanos Van Eyck, a quienes se considera precursores de la nueva pintura flamenca. El campanario fue erigido en 1314 para simbolizar el poderío de los gremios. Hay que subir casi cien metros pero el esfuerzo vale la pena: arriba se despliega uno de los mejores carillones del mundo.

Catedral de San Bavón (al fondo de la imagen)

Catedral de San Bavón (al fondo de la imagen)

Todas las ciudades tienen su encanto particular y todas tienen sus rincones mágicos y especiales. En Gante ese lugar es el muelle de Graslei. Con sus elegantes palacios gremiales, siempre ofrece una gran animación. Aquí se descargaban las fragantes hierbas que escondían los secretos de las cervezas, que las familias guardaban como un tesoro.

Graslei

Graslei

Otro lugar recomendado es el barrio que rodea el “corpulento” castillo de los condes de Flandes. Inspirado en un castillo sirio de las Cruzadas impone, y mucho. Aquí se reencuentran algunas de las cervecerías más populares de la ciudad.

Castillo de los Condes

Castillo de los Condes de Flandes

Muy cerca, el barrio medieval de Patershol es una joya urbanística. Este laberíntico mundo de calles estrechas es el barrio perfecto para saborear el pasado. Hoy ha cambiado totalmente su fisonomía de antaño y muestra orgulloso los restaurantes y tiendas de lujo.

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Así es Gante, una ciudad hermosa donde las haya, una ciudad que se niega rotundamente a ser considerada un museo al aire libre porque se siente joven, vibrante y dinámica, tremendamente dinámica.

Cierre los ojos y acomódese en una de las numerosas terrazas del barrio histórico. Prepárese a beber la mejor cerveza que haya probado jamás. Olvídese de la dieta y regálese un dulce de chocolate. Y sueñe. Gante se lo permite…

 

Si quieres saber algo más sobre Gante:  http://milviatges.com/2015/que-ver-en-gante-en-1-dia

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CÓMO IR

Primero hasta Bruselas que está a 50 kilómetros de Gante. Una magnífica red de ferrocarriles une ambas ciudades en poco más de 1 hora.

QUÉ NO DEBES PERDERTE

Catedral de San Bavón. También es una importante pinacoteca. Aquí está La Adoración del cordero místico, de los hermanos Van Eyck.

Ayuntamiento. Empezó su construcción en el siglo XVI y terminó las obras en el XVIII. Eso explica que tenga dos fachadas tan diferentes.

Castillo de los Condes. Domina el corazón histórico de Gante. Alberga un museo con una gran colección de objetos de tortura. Panorámica excelente de la ciudad desde la Torre del Homenaje.

Graslei. Es el antiguo puerto. Su hilera de casas románicas, góticas y renacentistas explica la importancia de la ciudad a lo largo de su historia.

Patershol. Es el barrio más antiguo, un autentico laberinto medieval de estrechas callejas.

Puente de San Miguel. Vista completa de las tres torres de Gante: la de la catedral, la del Ayuntamiento y la de la iglesia de San Nicolás.

Museo del Diseño. Inaugurado en 1999. Una de las mejores colecciones art deco del continente.

Museo de Arte Contemporáneo. Dedicado al arte del siglo XX.

MÁS INFORMACIÓN

www.flandes.net

www.visitgent.be

En esta misma web (www.espirituviajero.com) hay varios reportajes dedicados a diferentes ciudades flamencas (Bruselas, Amberes…)