Los suizos presumen de que la vida en su país se ve pasar a través de la ventanilla de un tren. Y es cierto. Tal es la importancia que le dan a este medio de locomoción que, ya desde el mismo aeropuerto, te permite acceder, empalmando vías férreas, hasta cualquier parte del país pese a su complicada orografía, plagada de montañas, valles y lagos. Pero con la misma minuciosa precisión que aplican a sus prestigiosos relojes han sabido tejer una tupida y flexible red vial que les permite sortear los obstáculos naturales, logrando obras de arte de la ingeniería ferroviaria como el cremallera que asciende a la Jungfrau (la estación de tren más alta de Europa…¡a 3.454 metros de altitud!) o el Glaciar Express, una serpiente roja que zigzaguea sobre los Alpes suizos permitiéndonos vivir una apasionante aventura ‘a cámara lenta’: la de disfrutar de los paisajes suizos invernales cómodamente sentados en sus confortables vagones panorámicos.

El inicio de esta aventura lo hacemos en Zermatt, estación invernal peatonal del cantón del Valais, donde los carruajes de caballos y los taxis eléctricos han destronado a los coches, lo que le confiere un aire de pueblo de ‘cuento de hadas’, especialmente en  invierno, revestido del manto blanco de las nieves. Subir a una de sus calesas y dar una vuelta por Zermatt es un placer único, difícilmente imaginable en pleno siglo XXI, marcado por la alta tecnología. Pero por unos días vale la pena olvidarse del ordenador y la navegación por Internet para recrearse en un sencillo paseo al trote mientras caen los copos de nieve, como en un cuento…

Zermatt está agazapada en un coqueto valle protegido por cumbres que superan los cuatro mil metros, como el Monte Rosa (4.634 m.), el Liskamm (4.527 m.) o el Dom (4.545 m.)… aunque todos ellos están eclipsados por la majestuosidad del Cervino, el auténtico rey de los Alpes, bautizado por los alemanes como Matterhorn. Un escarpado pico de 4.478 metros de altitud, en forma de pirámide dentada, que constituye uno de los iconos naturales del país helvético.

El pitido inicial del Glaciar Express es a las 10.00 de la mañana, con precisión suiza. Allí encontramos ya la primera mezcla de turistas, esquiadores y lugareños que van buscando acomodo en los confortables asientos del tren.  Se inicia el descenso desde los 1.604 metros del altitud de Zermatt hasta los 670 de Brig (con su famoso palacio Stockalperschloss), dejando ver pequeñas aldeas con las tradicionales casitas de madera del Valais arropando sus iglesias barrocas. Allí comienza un lento  pero progresivo ascenso por el valle del Ródano.

El primer suspiro llega con un túnel Furka-Basis. Un viaje en la oscuridad a través de las montañas de unos veinte minutos, el tiempo que se tarda en recorrer sus 15 km hasta volver a ver la luz natural.  El glaciar Express continúa su lenta ascensión, cada vez mas vertiginosa, hacia su techo, Oberalppass (2033). Desde allí se inicia un nuevo descenso hacia Disentis, entre bellos paisajes. Algunos los inmortalizan con sus cámaras fotográficas o de video; otros simplemente se dejan llevar por el espectáculo que presencian sus ojos, saboreando una grapa servida con gran destreza por los camareros, que emulan a nuestros escanciadores de sidra. Los vagones panorámicos acristalados permiten sumergirte en la naturaleza alpina, embriagándote de ella mientras descendemos por el impresionante desfiladero del Rin hasta Chur.

Chur presume de ser la ciudad más antigua de Suiza, por lo que es una buena excusa para hacer parada y fonda antes de abordar la segunda parte de la ruta del Glaciar Express. Un pueblo con un casco antiguo medieval por el que parece que el tiempo se haya detenido. A destacar su Catedral (s. X III), las iglesias de St Martin y Santa Régula, el viejo ayuntamiento (Rathaus),  el Castillo Episcopal o el Museo Rätisches. Chur es también la puerta de entrada al montañoso cantón de los Grisones, el mayor de Suiza. Y una curiosidad para cinéfilos: aquí nació H. R. Giger, mundialmente reconocido creador de efectos especiales, autor del monstruoso ‘Alien’ de Spielberg.

Tras nuestra estancia en Chur seguimos vía hacia los dos más espectaculares tramos del trayecto. El primero es el viaducto de Landwasser, emblema del Glaciar Express. Una atrevida curva de 130 metros sobre cinco arcos con una altura de 65 metros.  El segundo, la línea Albula, entre Preda y Bergün, donde se suceden casi ininterrumpidamente seis viaductos, tres túneles en espiral y dos helicoidales. ¡Qué maravilla!  Y casi sin tiempo para digerir tantas emociones, un paraíso blanco, meta del Glaciar Express: Saint Moritz. Podría decirse que pueden verse en ella casi mas abrigos de pieles que anoraks de esquí, lo que habla bien a las claras del glamour que destila esta estación invernal, una de las más sofisticadas del mundo. Y es que su principal arteria comercial, la Vía Serlas, poco o nada tiene que envidiar al Rodeo Drive de Los Ángeles, con un desfile de boutiques a ambos lados de la talla de Chanel, Louis Vuitton, Omega, Cartier, Versace, Chopard, Roberto Cavalli… ¿alguien da más?  De ahí que a nadie pueda sorprender toparse por sus calles con Carolina de Mónaco y sus hijos, Valeria Mazza, Alain Delon, Roger Moore y otros famosos, muchos de ellos acomodados en el legendario y lujoso  Badrutt’s Palace (Via Serlas, 27), que más parece un castillo. Allí, en invierno, dan lecciones de Bridge. Y uno, aunque no pueda permitirse pernoctar, sí puede tomarse un té en su Grand Hall y sentirse como un auténtico príncipe. Saint Moritz tiene una gran vida cultural, la que le proporcionan museos como el Engardiner (Via dal Bagn, 39), Berry (Via Arona, 32) o el Segantini (Via Somplatz, 30). También un casino (Via Menzdi, 29) y, para los amantes de las emociones fuertes, un vertiginoso circuito de bobsleigh.

Pero, lujo y shopping al margen, Saint Moritz es una preciosa villa sobre un lago, que en invierno permite un placer absolutamente gratuito: pasear sobre sus aguas convertidas en una gruesa capa de hielo. Un inmejorable lugar para meditar sobre las experiencias vividas a bordo del Glaciar Express, al que vemos dormitando en la estación, a la espera de un nuevo día y de nuevos pasajeros dispuestos a vivir la apasionante aventura de la serpiente roja alpina. ¡Pasajeros… al tren!

CÓMO IR

En avión (www.swissair.com ) o con el tren-hotel Pau Casals (www.elipsos.com) hasta Ginebra. Allí coger un tren hasta Visp, y desde allí otro hasta Zermatt.

GLACIAR EXPRESS:

Realiza en trayecto entre Zermatt y Saint Moritz (y viceversa). En invierno (del 12 diciembre al 13 de mayo) la salida es a las 10.00 y la llegada a las 17.58 horas. Precios: 147 €/trayecto (1ª clase) y 88 € (2ª clase). Almuerzos: 28 € (3 platos) y 19 € (plato del dia).  www.glacierexpress.ch

 

DÓNDE DORMIR

Hotel Matthiol. En Zermatt. Moosstrasse, 40, a las afueras de la villa. Inaugurado hace un año, con decoración vanguardista que combina tradición y modernidad. Tel. +41 (0) 27 968 17 17. www.matthiol.com

Hotel Freieck. En Chur. Reichsgasse, 44. Antigua posada de caballos, muy acogedor. Tel. +41(0) 81 255 15 15. www.freieck.ch

Hotel La Margna. En Saint Moritz, Vía Serlas, 5 (junto a la estación de tren). Un 4 * ya centenario, remodelado, muy cerca del centro. Tel. +41 (0) 81 836 66 00. www.lamargna.ch

DÓNDE COMER

GramPi’s. En Zermatt. Bahnhofstrasse, 70. Cocina italiana y excelentes pizzas. +41 (0) 27 967 77 75.

Brasserie Süsswinkel. En Chur, Süsswinkelgasse, 1. Excelente carne. Cocina tradicional en ambiente exquisito. Tel. +41 (0) 81 252 28 56

Stüvetta. En Saint Moritz (hotel La Margna). Especializado en carnes, fondues de queso y raclettes.

MÁS INFORMACIÓN

-Turismo de Zermatt: Bahnhofplatz, 5  www.zermatt.ch 

-Turismo de Chur: Bahnhofplatz, 3. www.churtourismus.ch

Turismo de Saint Moritz: Via San Gian 30 www.engadin.stmoritz.ch