Es imposible estar algún tiempo en Andalucía, último bastión de la civilización árabe en Europa occidental, sin darse cuenta de dos cosas: que muchos hombres han luchado en estas tierras, y que hay en ella mucho por lo que combatir.
Aparentemente se enfrentaban por la religión, pero cabría preguntarse si estas facciones opuestas hubieran luchado tan ferozmente y durante tanto tiempo por una tierra menos acogedora que ésta. Los placeres que ofrece Andalucía son ecuménicos: valles lozanos, fértiles campos… Para los árabes y bereberes procedentes de África esta tierra ofrecía agua en abundancia. Para los castellanos que venían del norte, un sol ardiente y un suelo rico. Tal como cuenta el poeta García Lorca, cuando cae sobre Andalucía, “la noche busca llanuras porque quiere arrodillarse”, por qué es tal la belleza del paisaje, tan cálida e intensa la luz que lo baña, que uno experimenta un sentimiento de devota exaltación con sólo asomarse al valle del Guadalquivir.

Vista de Granada

Vista de Granada

En 1246, Jaén fue el escenario de un célebre encuentro entre cristianos y musulmanes. El ejército castellanoleonés había acampado bajo las murallas, dispuesto a apoderarse de la ciudad antes de proseguir hacia el sur, cuando el rey Fernando III recibió a un emisario inesperado, Mohamed I ben-al-Ahmar, rey de Granada. “No deseo convertirme en vuestro enemigo”, dijo Mohamed. “Confío en vuestra lealtad y me pongo bajo vuestra protección. Consideradme un vasallo más de vuestra Majestad”. Dicho esto se arrodilló y besó la mano del rey Fernando. Éste quedó tan sumamente conmovido que le pidió a su enemigo que se levantara y le abrazó. Fue así como se evitó la guerra y la cultura islámica continuó prosperando en el reino de Granada, donde Mohamed I inició la construcción de la Alhambra, el único edificio medieval árabe que ha llegado casi intacto (Carlos V modificó una de sus alas) hasta nuestros días y tal vez la obra maestra más decisiva del arte morisco.

Los palacios de Al Andalus eran una especie de réplica de las ciudades que los circundaban: patios rectangulares en libre sucesión, con una fuente en el centro y las habitaciones a los lados, de acuerdo con el esquema oriental del iwan o pabellón tradicional de Persia y Asia Central. La Alhambra no es una excepción. Es un rectángulo abierto por uno de los lados y con el techo en forma de cúpula.

Cúpula Sala de las Dos Hermanas. palacio Leones

Cúpula Sala de las Dos Hermanas. palacio Leones

Comparada con otros palacios reales como Versalles o El Escorial puede parecer una residencia modesta, pero resulta infinitamente mucho más atractiva gracias a la disposición casual, imprevisible y misteriosa de los edificios, en los cuales vivía una extensa corte de científicos, músicos, poetas y, claro, muchos miembros de la familia real.

Palacio Carlos V, Palacio Mexuar y Alcazaba

Palacio Carlos V, Palacio Mexuar y Alcazaba

GLORIA DE LOS NAZARIES
Sí, la Alhambra es como un poema musical, un lugar creado para el amor, la sabiduría, la plegaria… el lugar más elevado y sublime para vivir según los cánones de la tradición caballeresca islámica en España. También en la Alhambra el agua juega un papel importante. En Granada no hay plaza sin una fuente que te sorprenda. Y por si fuera poco, dos ríos, el Darro y el Genil, la bañan y suman sus voces al mágico sonido de los múltiples caños. Pero el agua tiene muchos sonidos diferentes. A veces suena melancólica, como la cuerda de aquellas guitarras gitanas que García Lorca escuchaba en las frías madrugadas: “Llora monótona/como llora el agua,/como llora el viento/sobre la nevada” . Otras veces se escucha limpia… Otras, profunda.

Generalife. Patio de la Acequia

Generalife. Patio de la Acequia

La Alhambra no es un palacio de piedra: nada más frágil que su arquitectura de agua y encajes. La Alhambra es el sueño de un pueblo que en su origen fue nómada. Nada más lejos de la arquitectura cristiana de la época, presidida por la idea de castillo-fortaleza. Los príncipes que levantaron la Alhambra, en los siglos de la baja Edad Media, crearon un palacio fugaz, como los sueños de un pueblo del desierto que había surgido en la historia igual que el viento.

Alcazaba

Alcazaba

EL SUEÑO DEL SULTÁN
Mohamed ben Al-Hamar (Mohamed I, 1238-1273), el fundador de la dinastía nazarí en el reino de Granada estableció su residencia en la Alhambra en la segunda mitad del siglo XIII. Su posición estratégica, desde la que se domina toda la ciudad y la vega de Granada, hace pensar que allí existían ya construcciones anteriores. Se tiene constancia documental de ello ya en el siglo IX, cuando en 889 un dirigente granadino, Sawwar ben Hamrun, se refugió en la entonces una primitiva alcazaba, mientras tomaba parte en las luchas civiles que azotaban al Califato cordobés.

A partir del siglo X el recinto amurallado empezó a ensancharse y a poblarse hasta que tres siglos después se convirtió en residencia real. Fue entonces, en el siglo XIII cuando se edificaron almacenes, depósitos y comenzó la construcción propiamente dicha del palacio. Las obras continuaron con Mohamed II (1273-1302) y Mohamed III (1302-1309), que edificaron también un baño público y una mezquita base de la actual iglesia de Santa María. Sus descendientes, Yúsuf I (1333-1353) y Mohamed V (1353-1391) acabaron de remodelar el palacio con la Puerta de la Justicia, la Sala de la Barca, el Patio de los Leones y sus dependencias anexas. También ampliaron y decoraron el recinto amurallado. De los reyes nazaríes posteriores no se conserva prácticamente nada.

Las fuentes de agua están siempre presentes en todo el conjunto palaciego

Las fuentes de agua están siempre presentes en todo el conjunto palaciego

Actualmente, en la parte más alta, junto a la entrada del palacio nazarí se encuentra también el palacio que el emperador Carlos V hizo construir en 1526. Inspirado en el Renacimiento romano, es indudablemente hermoso, pero su clásica austeridad renacentista no acaba de encajar muy bien con el contexto oriental.

Palacio Carlos V

Palacio Carlos V

DE MORA A CRISTIANA
Granada fue, durante varios siglos, la sede del último reino islámico de la península Ibérica. En el año 1013, Zawi ben ziri había convertido Granada en un reino independiente, y su familia (los Ziríes) gobernó la taifa hasta que en 1238, fueron substituidos por otra dinastía, los nazaríes. En total unos veinte sultanes que consiguieron sobrevivir al acoso cristiano gracias a la orografía de su territorio (las barreras montañosas del sistema penibético); la ayuda de los benimerines, unos guerreros musulmanes mercenarios llegados de África; así como los problemas internos y las guerras civiles que sufrió Castilla durante el siglo XIV.

Vista Catedral de Granada

Vista Catedral de Granada

Finalmente, la ciudad de Granada fue conquistada en 1492 y, milagrosamente, Isabel y Fernando no tocaron la Alhambra. Su nieto, Carlos V, se enamoró de ella y quiso edificar junto al palacio moro una residencia hecha a su conveniencia. Para ello hizo demoler una de sus alas y enganchó el antiguo alcázar a un nuevo palacio imperial. Y es que, dicen, que Carlos V, al asomarse al mirador de las sala de los Embajadores, mientras contemplaba el prodigioso espectáculo de la vega, exclamó: “¡Desgraciado el hombre que perdió todas estas riquezas”!

Detalle Palacio Carlos V

Detalle Palacio Carlos V

Efectivamente, desde las ventanas de sus aposentos, Carlos V veía no sólo los jardines y los patios en los que vivían los soberanos árabes con sus sabios y sus harenes, sino también la torre en la que sus abuelos izaron el pendón de Castilla cuando Boabdil, el último rey de los moros, abandonó Andalucía. La literatura romántica ha encontrado un tema fácil en las lágrimas de Boabdil, que lloró la pérdida de Granada. Dicen que su madre, la ambiciosa Aixa, le gritó amargamente: “Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre”. Era la mañana del 2 de enero de 1492. Boabdil rendía el último baluarte de Al-Andalus ante el rey Fernando, pronunciando estas caballerescas y dolientes palabras: “Tuyos somos, rey poderoso y ensalzado; éstas son, señor, las llaves de este paraíso; esta ciudad y este reino te entregamos, pues así lo quiere Alá, y confiamos que usarás de tu triunfo con generosidad y clemencia”. Luego, quitándose su anillo, lo entregó al conde de Tendilla, nuevo gobernador de la ciudad diciendo: “Con este sello he gobernado Granada; tomadle para que gobernéis, y que Dios os dé más ventura que a mí”.

Palacio Comares

Palacio Comares

Se cumplía así la extraña profecía de la Torre de la Justicia, donde aparecen una mano y una llave esculpidas sobre los arcos. La mano de los cristianos había caído al fin sobre las llaves de Granada. Boabdil se refugió en las Alpujarras, donde, según las crónicas, llevó una vida despreocupada hasta que el rey Fernando, temeroso de su influencia decidió expulsarlo de España. El último rey moro de Granada se embarcó en Adra (Almería), en octubre de 1493, con los restantes miembros de su familia; la bella Moraima, su esposa, había muerto de dolor y de vergüenza pocos meses antes.

Patio de los Arrayanes del Palacio Comares

Patio de los Arrayanes del Palacio Comares

En Granada, desde luego, la joya de la corona se llama Alhambra. Es a la Alhambra a donde hay que acudir enseguida, preferentemente al final de la tarde, para asistir, en un incomparable marco de montañas, en medio del espeso verdor que hace cantar el cinturón de torres almenadas, al alumbramiento de ese sueño de sultana, grandioso e íntimo, magnificado por la luz del poniente. Entonces sí, entonces la Alhambra sorprende, desconcierta y conmueve por la belleza de sus artesonados, los juegos de luz que se filtran entre las celosías, la orgía de color de sus cerámicas… Y sorprende también como esta pequeña ciudad regia, un conjunto de edificios construidos dentro de un entorno amurallado, ha sobrevivido a tantas y tan adversas pruebas.

UN PASEO POR LA ALHAMBRA
El nombre de la Alhambra procede del árabe Qal´at al-Hamra, que significa “el castillo rojo”, denominación que a buen seguro le viene del color de la Sabika, colina donde se erige altiva. Así la veía el poeta árabe Ibn Zamrak en el siglo XIV: “La Sabika es una corona sobre la frente de Granada, en la que querrían incrustarse los astros. Y la Alhambra -¡Dios vele por ella!- es un rubí en lo alto de esa corona”.

Patio de la Lindraja

Patio de la Lindraja

El conjunto que ha sobrevivido hasta nuestros días (excepción de la ciudadela, que es anterior, del siglo IX) comprende la Alcazaba (fortaleza) y el Alcázar (palacio de los sultanes) y fue construido entre los siglos XIII y XV en la colina que domina Granada.
El acceso más común es por la Cuesta de Gómerez, que parte de la Plaza Nueva. Por la Puerta de las Granadas se entra en los jardines de la Alhambra, que datan del siglo XVI. Las murallas que rodean todo el conjunto estaban unidas originalmente a las que protegían la ciudad; cuentan con 22 torres repartidas irregularmente en todo su perímetro. Fuera del recinto se encuentra la pequeña fortaleza de las Torres Bermejas.

El Partal

El Partal

De todo el conjunto palaciego, el Mexuar (estancia destinada a los asuntos de gobierno) es el más antiguo. En él está el Cuarto Dorado, a través del cual se accede al Palacio de Comares (reservado al ceremonial público) con rica decoración de azulejos y estucos. Es difícil saber cómo se construyó originalmente el Mexuar, ya que ha sido objeto de muchas restauraciones hasta nuestros días. Tanto las reformas realizadas tras la ocupación cristiana como la explosión en 1590 de un polvorín que causó grandes destrozos, han producido grandes modificaciones.

El Peinador de la Reina

El Peinador de la Reina

La Torre de Comares –con 45 metros, la más alta de la Alhambra- alberga el Salón de Embajadores, un prodigio de escenografía decorativa. El Salón de los Embajadores, es la sala más grande de la Alambra y los vanos de sus ventanas, abiertos en los muros macizos, son verdaderas habitaciones. El Palacio de Comares contiene también los Baños Reales, fechados en el periodo de Yusuf I. El Patio de los Arrayanes (en el centro de patio, cuyo pavimento es de mármol, hay un gran estanque) separa la Torre de Comares del Palacio de Carlos V, de estilo renacentista y planta cuadrada. Su gran patio circular cuenta con 32 columnas de mármol de estilo dórico. Este palacio, que no necesitó destruir nada de la Alhambra para su construcción, alberga hoy día los museos Arqueológico de la Alhambra, de bellas Artes e Hispano-Musulmana, así como la Biblioteca y Archivos de la Alhambra.

Sala de los Baños. Palacio Comares

Sala de los Baños. Palacio Comares

Por otra parte, el Harén de los monarcas nazaríes se ubicaba en el Palacio de los Leones, el de mayor esplendor. Al contrario de lo que popularmente se piensa que era un Harén, éste no es más que el hogar del mandatario. Es decir, el lugar donde el monarca desarrollaba su vida familiar dentro del palacio, muy lejos, por tanto, de la idea que tenemos que el Harén era donde el sultán mantenía a sus esposas alejadas del resto del mundo, constantemente vigiladas por una corte de eunucos, y donde sólo el sultán tenía el acceso permitido. A su famoso patio, centrado con una fuente de doce leones de mármol, se abren la Sala de los Mocárabes, de las Dos Hermanas, de los Abencerrajes y de los Reyes.

Patio de los Leones

Patio de los Leones

Es verdad que el Patio de los Leones es el lugar más conocido de la Alhambra. Mandado construir por Mohamed V, su planta es rectangular, y está rodeado por una galería a modo de claustro cristiano, lejos del estilo del típico patio musulmán andaluz. Destaca la espectacular ornamentación de la Sala de los Abencerrajes: cubierto por una cúpula de base octogonal, sus muros están revestidos de azulejos que son pequeños ladrillos vidriados.

Detalle de los azulejos que decoran las paredes de los palacios

Detalle de los azulejos que decoran las paredes de los palacios

La Sala de los Abencerrajes está frente a la Sala de las Dos Hermanas, y su nombre se debe a que la tradición popular asegura que fue aquí donde fueron degollados los caballeros Abencerrajes, aunque no se sabe con exactitud qué monarca ordenó la ejecución. De hecho, existe una mancha de óxido que cubre parte de la pila de mármol del centro de la sala que la superstición presenta como una mancha de sangre de dichos Abencerrajes. La Sala de los Reyes, dividida en siete alcobas, está decorada a base de entrelazados Geométricos e inscripciones que recogen enseñanzas del Corán.
Para finalizar la visita se puede seguir por las torres de la Cautiva (cuenta la tradición que en esta torre vivió Isabel de Solís, la favorita del padre de Boabdil, el rey Muley Hacén. Unas inscripciones de elogio al príncipe Yusuf I decoran el interior de la torre.), de las Infantas y del Agua para tomar el sendero hacia el Generalife, residencia de verano de los reyes nazaríes, tan bella que parece un lugar fuera del mundo.

El Generalife

El Generalife

CINCO SECRETOS DE LA ALHAMBRA

Torre de los Siete Suelos. Fue una de las entradas más importantes de la Alhambra y, según dice la tradición, por ella salió, por última vez, Boabdil, el último rey nazarí de Granada (1482-1492). Boabdil solicitó a los Reyes Católicos que no se volviera a utilizar jamás. Y así ha sido.

Sala de los Abencerrajes. La tradición señala que aquí fueron cortadas las cabezas a 36 miembros de la familia de los Abencerrajes. La leyenda dice que la sangre derramada no podrá borrarse nunca, tal y como atestiguan las manchas que hay en la fuente central.

Sala del Tesoro. Al lado del patio de los Cipreses hay una habitación donde, desde el siglo XVI, se levantan unas estatuas femeninas de mármol. Es aquí donde Washington Irving ubica la narración en la que el jardinero de la Alambra, Lope Sánchez, descubrió un tesoro oculto por un rey moro. Justo en el lugar al que las estatuas dirigían su mirada.

Torre de la Cautiva. Cuenta la tradición que aquí vivió Isabel de Solís, la favorita del padre de Boabdil, el rey Muley Hacén. Unas inscripciones de elogio al príncipe Yusuf I decoran el interior de la torre.

Torre de las Infantas. Aquí se desarrolla una de las leyendas más hermosas de todos los cuentos. Cuenta la historia de tres hermosas princesas, hijas de Mohamed el Zurdo. Una de ellas, la princesa Zorahaida, al no huir con sus hermanas Zaida y Zoraida, murió joven entre sus almenas

Por Mireia Pugés