Tak’alik Ab’aj, antigua metrópoli hanseática, se encuentra anidada en el espectacular paisaje de las fértiles laderas de la cadena volcánica de la Sierra Madre centroamericana, parte del “cinturón de fuego” de las cordilleras volcánicas a lo largo de las costas del Pacífico y que mantiene, cual columna vertebral, unido América del Norte y América del Sur.

Esta posición geográfica privilegiada fue determinante para que fuera parte de un sistema de rutas de intercambio, que pulsó a lo largo de este cinturón, por donde se movían los productos especiales de cada región para ser intercambiadas, por donde fluían las ideas y filosofías que le otorgaban valor especial a éstos, y por donde sucedían también las migraciones de los pueblos. Esto le otorgó un sello especial e único, tan único porque engloba lo diverso, a la historia cultural de Tak’alik Ab’aj y de las otras ciudades que iluminaban con sus vibrantes manifestaciones este cinturón.

 

En las primeras páginas de su historia, Tak’alik Ab’aj, a partir de 800 antes de Cristo, formaba parte de la esfera de interacción de la cultura hegemónica mesoamericana Olmeca del Preclásico Medio que acuñó los conceptos ancestrales de cómo se explicaba el mundo (cosmovisión) en símbolos universales y particular estilo artístico entusiastamente compartidos.

Luego, al registrarse los signos del ocaso de esta gran cultura alrededor de 500 antes de Cristo, los líderes inteligentes, primeros reyes de Tak’alik Ab’aj, decidieron, junto con otros, buscar y desarrollar nuevos conceptos, siempre construidos sobre los elementos ancestrales medulares, que fueron los cimientos de la cultura Maya. Esto dio lugar a una nueva era floreciente del Preclásio Tardío, que representa los primeros logros culturales de la cultura Maya en esta región llamada Área Maya Sur, como el sistema de contar el tiempo por períodos muy largos hacia el pasado y el futuro, la cuenta larga, y por supuesto nuevas expresiones de estilo artístico, particularmente notorio en el arte escultórico, y más especial todavía en el arte lapidario trabajado con un grado de refinamiento y precisión sin precedentes en el material más precioso, el jade.

En las épocas posteriores, el epicentro del desarrollo de la cultura Maya pasó hacia las Tierras Bajas Mayas, no obstante, Tak’alik Ab’aj y los otros centros, continuaron floreciendo en esta importante región, hasta alrededor de 900 después de Cristo, un poco antes de la llegada de los españoles.

Actualmente el Parque Arqueológico Nacional Tak’alik Ab’aj, que alberga este diverso y rico legado cultural y que sigue siendo el lugar sagrado para las comunidades indígenas, ofrece un potencial igual de diverso y novedoso que permita al visitante hacer un viaje mágico por el tiempo, redescubriendo y recreando estos contenidos culturales únicos y a la vez universales.

Texto y fotos de: Christa Schieber de Lavarreda
Parque Arqueológico Nacional Tak’alik Ab’aj, enero 2018