Sepultada en la arena durante siglos, Jerash, que entre los siglos II y III d.C. fue un poderoso centro romano, nos sorprende hoy por el aspecto escenográfico de su urbanismo y por su excelente estado de conservación.

Cardo Maximus

 

No es Jordania un país en el que quedarse unos pocos días. Ciertamente, pocos países son hoy tan agradecidos como éste para dedicarle una intensa visita. Y es que, aún teniendo en cuentra que nos encontramos en un territorio hasta cierto punto reducido, nos encontramos que en el llamado reino del desierto la impronta del pasado se nos ofrece generoso en cada rincón. Sí, así es Jordania, un poco el “museo del Desierto”. Efectivamente, el número de yacimientos arqueológicos y lugares históricos son más que suficientes como para satisfacer a todos aquellos amantes del pasado.

Las ruinas de la Jerash romana se encuentran junto a la ciudad moderna

 

El gran abanico de tesoros que nos aguardan van desde el inmortal valle del Jordán, habitado ya de forma continua 6.500 años antes de que llegaran los romanos, pasando por los magníficos vestigios que dejaron las sofisticadas civilizaciones de griegos, romanos y bizantinos, hasta la pesencia más contemporánea de árabes y turcos, sin olvidar la excepcional cultura de la civilización de los nabateos, habitantes del desierto y artífices de la fascinante ciudad de Petra.

Arco de Triunfo, levantado en homenaje a la visita del emperador Adriano

 

Y una prueba de ello lo encontramos a menos de una hora de Amman, la capital del país. Efectivamente, una visión espectacular sorprende a todo el mundo y en especial a los apasionados por la arqueología. Se trata de la inmensa columnata de Jerash que surge del desierto como para recordar que aquí se elevaba antaño una ciudad greco-romana, la antigua Gerasa de la Decápolis de Palestina y Siria, rival de Palmira.

El término Decápolis significa “Diez Ciudades” en griego, y durante la época en que Alejandro Magno consolidaba su poder en Oriente Medio, estaba formada por un grupo de diez ciudades importantes de la región. Con toda probabilidad esta liga de ciudades tenía una doble función: unir las posesiones romanas y potenciar el comercio. En Jordania las principales ciudades que formaban la Decápolis fueron Filadelfia (hoy Amman), Gadara (Umm Quais), Gerasa (Jerash) y Pella (Taqabat Fahl).

Restos de un antiguo teatro romano

 

Quienes visitan Jordania saben que, aunque eclipsada por Petra, Jerash es uno de los grandes atractivos del país, porque se trata de una de las ciudades provinciales romanas mejor conservadas del mundo. Paseando por Jerash uno se “deja llevar” y trata de imaginarse cómo era la vida allí hace dos mil años, con el centro abarrotado de tiendas y comerciantes y flanqueado por fuentes de agua fresca y fachadas espectacularmente pintadas.

Jerash se ubica en un valle fértil en el que nunca falta el agua, lo que permitió la existencia de asentamientos humanos desde la Edad de Piedra. Prueba de ello son las hachas de mano del Paleolítico, los numerosos instrumentos de sílex del Neolítico, los túmulos funerarios y las cerámicas de las Edades del Bronce y del Hierro hallados dentro del recinto urbano o en su entorno.

Grandes y poderosas columnas se elevan aún hacia el cielo

 

Pero la antigua Gerasa no adquirió relevancia hasta la época de Alejandro Magno, en 333 a.C. Una inscripción romana hallada en la zona afirma que un grupo de griegos macedonios de esa época se instalaron allí. No debe sorprendernos este hecho si tenemos en cuenta que la ciudad se encuentra en una zona perfectamente habitable, con suministro de agua todo el año y estratégicamente situada en una pequeña colina a 500 metros de altitud, lo que sin duda le confería un clima templado y, sobre todo, una excelente visibilidad.
Sin embargo, la época gloriosa de Gerasa se da con el periodo de la dominación romana. Efectivamente, la ciudad fue anexionada a la provincia romana de Siria en 63 a. C., bajo el reinado de Pompeyo. Como parte de la Decápolis, Gerasa realizó un fructífero comercio con los nabateos, iniciando así un largo periodo de prosperidad que se vio incrementado con la anexión del reino nabateo por Trajano en 106 d.C.

Algunos templos no han resistido bien los embates del tiempo

 

El declive de Petra causado por esta anexión, junto con la construcción de la Vía Nova Trajana que unía el mar Rojo con Damasco y con la opulenta Antioquia en el Orontes (la actual Anatakya turca), pasando por Gerasa, convirtió esta ciudad situada la salida del desierto en un centro comercial de primer orden. Gracias a esta incrementada actividad comercial, que se sumaba a los beneficios que ya obtenían desde antiguo de sus abundantes productos agrícolas y de las cercanas minas de hierro, los habitantes de Gerasa pudieron reemplazar sus antiguos templos por otros más grandiosos en cuya construcción se utilizó incluso granito procedente de la lejana Asuán, en el sur de Egipto.

Las actividades constructoras volvieron a avivarse en 129 d.C., cuando Adriano visitó la ciudad. Esta visita se conmemoró con la erección del imponente Arco de Triunfo, a la que siguieron la reconstrucción del Cardo Maximus, la construcción de la Plaza Oval, del Teatro Norte y de los templos de Artemisa y de Zeus.

La magnífica plaza Oval

 

A principios del siglo III Gerasa alcanzó su apogeo, en gran parte gracias a la influencia de la dinastía oriental de los Severos, en particular de Séptimo Severo, que engalanó la ciudad con suntuosos edificios, y de Caracalla que le otorgó el rango de Colonia Romana. Tras la destrucción de Palmira en 273 d.C, y con ello la desaparición de las rutas terrestres de caravanas y el desarrollo del comercio marítimo, la ciudad comenzó un lento declive hasta la época del emperador bizantino Justiniano (527-565), bajo cuyo reinado se erigieron numerosas iglesias, la mayoría de ellas construidas con piedras de los antiguos templos romanos.

En 614 los persas invadieron Gerasa y causaron su ruina, pero tras la conquista musulmana de 636 la ciudad se convirtió en un importante centro regional del califato omeya y gozó de un nuevo período de prosperidad. Con el terremoto de 746, que redujo su población a una cuarta parte y devastó la ciudad, el brillo de Gerasa se apagó por completo. Aparte de una breve ocupación en el s. XII por una guarnición de cruzados, la ciudad no despertó el interés de Occidente hasta su redescubrimiento, en 1806, por el explorador y erudito alemán Ulrich Jasper Seetzen.


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Rescatada del olvido

Seetzen fue sin duda el personaje ideal para realizar este descubrimiento. Tras una estancia de dos años en Alepo que le permitió aprender las costumbres y el idioma árabe con la suficiente soltura para viajar como un lugareño, emprendió un largo periplo por Siria, Palestina y Arabia durante el cual localizó varios antiguos yacimientos. Una de las etapas más fructíferas de este periplo fue el viaje que realizó en torno al mar Muerto, en solitario y vestido de mendigo, y fue poco antes de emprender este vagabundeo cuando Seetzen descubrió las ruinas de Jerash.

Restos del templo de Artemisa

 

Al descubrir estos vestigios, comparables según él a los de Palmira, en Siria, Seetzen se extrañó de que “un lugar tan magnífico hubiera podido escapar durante tanto tiempo al conocimiento de los amantes de la Antigüedad”. Después de visitar La Meca y Medina y de realizar largos viajes por la península Arábiga, el atrevido explorador alemán fue hallado muerto en 1811, según parece envenenado por orden del imán de Saná.

Un año después de la muerte de Jasper, J. L. Burckhardt, el famoso descubridor de Petra, visitó Gerasa, pero hubo que esperar a 1925 para que se iniciaran las primeras excavaciones, a cargo del arquitecto y arqueólogo George Horsfield. El equipo de Horsfield empezó a reconstruir el Teatro Norte, el Templo de Artemisa, y otros monumentos que iban surgiendo, completamente sepultados, tras tantos y tantos años de abandono. Fueron años magníficos para el mundo de la arqueología pues diversos equipos arqueológicos se iban turnando en la dura tarea de desenterrar lo que a la postre ha resultado ser una de las ciudades romanas mejor conservadas, más espectaculares y más fáciles de explorar de todo el Oriente Medio.

Teatro romano. Éste está muy bien conservado

 

Las excavaciones continúan. Y nuevos tesoros verán la luz del sol. Mientras tanto ahí está Jerash, imponente, en un valle fértil con arroyos permanentes. Una ciudad que en su apogeo tenía una población de 20.000 habitantes y que hoy, aunque poco a poco, despierta de su largo letargo. Las ambiciosas restauraciones de sus singulares edificios e hitos urbanísticos atraen, en efecto, a miles de viajeros y desmienten por completo lo que afirmaban los beduinos de antaño, de que no existía nada tan ruinoso como la antigua Jerash.

Texto y fotos de Oriol Pugés

CÓMO LLEGAR

Royal Jordanian (www.rj.com) ofrece varios vuelos semanales directos desde Madrid y Barcelona a Amman por unos 350 euros. Una vez en Amman, puerta de entrada al país, es aconsejable alquilar un automóvil y moverse libremente por el país. Jordania es un país tranquilo, con las distancias relativamente cercanas entre unas ciudades y otras, y las carreteras están en bastante buen estado.

MOVERSE POR JORDANIA

Desde Amman hay una abundante y barata red de comunicaciones a los principales puntos del país en autobuses locales y services o taxis compartidos, que salen una vez que se llenan todas o casi todas sus plazas.
También se puede alquilar un automóvil y moverse libremente por el país.

QUÉ SE DEBE SABER

Para entrar: Pasaporte en regla y visado.
Idioma: el árabe. El inglés está extendido, sobre todo en las zonas más turísticas.
Para llamar: Desde España, 00 962 y nº
Electricidad: 220 V
Clima: muy cálido. En el desierto, las noches suelen ser frescas.
Moneda: El dinar. 1 dinar= 0,87 JD.

Cerca de Petra, en la lista de destinos favoritos de Jordania se encuentra Jerash. Conquistada por el General Pompeyo en el año 63 aC, cayó bajo dominio romano y fue una de las diez grandes ciudades romanas, la Decápolis. La edad de oro de esta ciudad llegó bajo el dominio romano, durante la cual la ciudad fue conocida como Gerasa. Hoy en día es una de las ciudades romanas mejor conservadas de todo el mundo.

QUÉ VER

ANTICIPÁNDOSE AL BARROCO. Bordeada de columnas y situada al pie del imponente templo de Zeus, la plaza oval prefigura la plaza de San Pedro proyectada por Bernini. Al igual que esta obra maestra del Barroco, la imponente plaza ovalada de Jerash era la explanada sagrada del templo de la divinidad principal.

EL CARDO MAXIMUS. Esta avenida de 800 m de longitud, amplia y festoneada de columnas, era la principal arteria de la ciudad. Bordeada de tiendas o tabernae y engalanada con fuentes y hornacinas con estatuas, daba acceso a los monumentos más importantes.

EL TEATRO SUR. Construido por Domiciano hacia el 90 d.C., tenía capacidad para 5.000 espectadores y todavía hoy puede acoger a 3.000 personas y ofrecerles una excelente acústica. Restaurado hasta el primer piso y construido en estilo corintio con piedra blanca y caliza rosa, su frons scenae es una bella colección de columnas superpuestas, frisos decorativos, puertas de entrada de los actores y ventanas destinadas a las apariciones de dioses, fantasmas y dragones.

EL MACELLUM. El ágora de Gerasa destaca por la delicadeza de sus formas y por el complejo trazado de su plaza interior octogonal. Bordeada por columnas dispuestas en octógono y con una fuente monumental en el centro, sorprende por su elegancia y su originalidad.

DÓNDE DORMIR

Grand Hyatt Amman (Hussein Bin Ali Street. Jabal Amman. Amman. Tel.: + 962 6 465 1234).

Situado a tan sólo 30 km del aeropuerto internacional Reina Alta, a cinco minutos del centro de la ciudad, el Grand Hyatt Amman se encuentra en el barrio de Jabal Amman, considerado el distrito financiero y diplomático de la capital. El club Olympus del hotel cuenta con un gimnasio, piscina exterior e interior, saunas, baños turcos y salas de masaje y tratamientos diversos. Cuenta con tres restaurantes: 32 North, donde se sirve marisco fresco; L´Incontro, especialidades italianas; Indochina, con especialidades tailandesas. Precio: 180 euros la habitación doble.

www.grandhyatt.com

Hotel Grand View (Queen Rania Street. Wadi Mousa. Petra.
Tel.: + 962 6 465 2415).

Hotel de cuatro estrellas que cuenta con 133 habitaciones equipadas con las últimas tecnologías y está situado cerca de una maravilla del arte antiguo como es la ciudad de Petra. Todas las habitaciones disponen de baño y ducha, Internet, TV vía satélite, parking propio, bar, restaurante, piscina exterior y unas pocas tiendas. Petra está relativamente cerca de Jerash.
www.grandview.com

DÓNDE COMER

Típica comida árabe, donde los entrantes o mezze juegan un gran papel; hummus (puré de garbanzos); fuul (puré de judías o berenjenas); wara aynab (hojas de vid rellenas de arroz y verduras).

Los platos principales son básicamente de cordero y el pollo.

Abu Ahmad Orient (10 Orient Street. Amman.
Tel.: + 962 6 464 1879).
Comida jordana de alto nivel. De hecho es toda una institución en Amman. Los platos, supervisados por el propio Abu Ahmad que ha estudiado en las mejores escuelas gastronómica europeas, son exquisitos, siempre preparados con los mejores ingredientes.

Al Qantarah (Petra)
Sirve cocina tradicional jordana realmente exquisita.
www.al-qantarah.com

Petra Kitchen (Petra)

Propone la orginal idea de ponerse un delantal y ayudar a preparar algunas de las especialidades que se sirven en la mesa.
www.petrakitchen.com

COMPRAS

Jordania se muestra como un excelente país para todo tipo de compras de artesanía árabe, en especial de alfombras; bordados; tallas de madera; productos de nácar; cerámica y joyería beduina de plata.

MÁS INFORMACIÓN

Turismo de Jordania. www.sp.visitjordan.com