La antigua capital imperial es hoy una ciudad que se balancea sin complejos entre el pasado y el futuro. Entre la tradición y la vanguardia. Con los ojos puestos en el siglo XXI pero sin perder de vista su historia. Una caja de sorpresas que seduce desde el primer día. Bienvenidos a la ciudad de los contrastes.

Kyoto es hoy una moderna metrópoli salpicada de templos con siglos de antigüedad.

Ya es medianoche en el viejo distrito de Gion. La tenue luz de una lámpara de papel apenas ilumina la entrada de la okiya. Al fondo del callejón, como una sombra del pasado, se vislumbra la silueta delicada de una maiko. Sus pies diminutos, más que caminar, parecen flotar sobre los adoquines de la calle empedrada. No parece humana. Más bien parece una muñeca, blanca e imperturbable, que se dirige hacia la casa donde tendrá lugar la ceremonia del té.

Las okiya son las casas donde, todavía hoy, tienen lugar las ceremonias del té.

Las okiya son las casas donde, todavía hoy, tienen lugar las ceremonias del té.

Todas las noches se produce la misma escena en el corazón de Kyoto. El ‘mundo de los sauces y las flores’, como antiguamente se conocía al idílico mundo que rodeaba a las geishas, cobra vida de la mano de las maiko, jóvenes aprendices de geisha, que protegen con orgullo un legado con siglos de antigüedad.

Las maiko son aprendices de geisha, expertas en distintas artes japonesas.

Las maiko son aprendices de geisha, expertas en distintas artes japonesas.

Apenas dos calles más abajo, entre modernas avenidas y edificios iluminados por gigantescos paneles de neón, se levanta una ciudad vertical y bulliciosa, donde los sauces y las flores desaparecieron hace mucho tiempo bajo el asfalto. Kyoto es así. Un lugar donde los extremos se tocan. Donde pasado y futuro, tradición y modernidad, se dan la mano sin complejos.

ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO

Decir Japón hoy en día es decir modernidad, tecnología punta, alta velocidad. Mucha gente asocia el país nipón al vértigo de sus grandes ciudades, a la telefonía móvil, a la robótica o al tren bala. Japón es, a ojos del mundo, un país de última generación. Sin embargo los japoneses tienen una imagen muy distinta de su país. Para ellos, mirar al futuro no significa renunciar al pasado. ¿Por qué conformarse con una si pueden tener ambas cosas? En occidente entendemos el progreso como un rechazo a todo lo que huele a tradición. Los japoneses no. Ellos han encontrado la manera de avanzar sin abandonar sus orígenes. Y eso es lo que hace único a este país, donde el kimono convive con la moda más vanguardista, el monje con el ejecutivo, el manga con el origami, el tatami con el hotel cápsula y el zen con la sociedad de consumo.

A diferencia de occidente, los japoneses han encontrado la manera de avanzar sin renunciar al pasado.

A diferencia de occidente, los japoneses han encontrado la manera de avanzar sin renunciar al pasado.

Este contraste permanente sorprende, y hasta confunde, a quien visita por primera vez el país, pero finalmente cautiva. Como cautiva Kyoto, la ciudad que ha logrado unir ambos extremos y que reúne como ninguna otra la esencia del verdadero Japón.

Los jardines japoneses compiten en belleza con los majestuosos templos.

Kyoto no se ha quedado atrás. Vista desde el aire sería como cualquier otra ciudad contemporánea, una moderna metrópoli atravesada por largas avenidas llenas de tráfico, zonas comerciales y centros de negocios. Pero bajo la inmensa capa de cemento todavía se escuchan los latidos de la antigua capital imperial, una huella del pasado que toma forma en las estrechas calles del centro histórico, flanqueadas por decenas de okiyas, casas de té, tiendas y restaurantes con siglos de antigüedad, y donde es muy fácil imaginar óomo era Japón antes de abrirse al mundo occidental.

Kyoto fue la capital de Japón durante más de mil años. Durante aquel período, conocido como Heian, el país se aisló por completo de cualquier influencia exterior, lo que dio lugar a una cultura insólita, muy influenciada por la filosofía zen y el sintoísmo. Del zen aprendieron que el camino más directo hacia la perfección es la simplicidad. Del sintoísmo, heredaron el culto a la naturaleza. Y el resultado fue el nacimiento del ikebana, los jardines karesansui, el teatro kabuki, la ceremonia del té o la cocina kaiseki, disciplinas que fueron creadas a partir de las cosas más sencillas y que hoy asombran al mundo por su refinamiento y belleza.

Sólo los japoneses son capaces de convertir las cosas más sencillas en una obra de arte.

Sólo los japoneses son capaces de convertir las cosas más sencillas en una obra de arte.

Hoy, la populosa ciudad que se extiende a lo largo del río Kamo, es muy diferente a la antigua capital imperial, pero sus habitantes siguen empeñados en transmitir a sus hijos la sabiduría que aprendieron de sus padres. Para el japonés actual, Kyoto es una referencia, un lugar que le conecta con sus orígenes, y por esta razón, cada año visitan la ciudad millones de turistas procedentes de todos los rincones del país. Por su parte, el viajero occidental se siente cada vez más atraído por los encantos de una ciudad que, además de reunir como ninguna otra la esencia de Japón, es una rara muestra de que tradición y modernidad no tienen por qué estar reñidas, y que es posible proyectarse en el futuro sin dejar de mimar el pasado.

En otoño, los jardines que adornan los templos se tiñen de colores tan intensos que parecen pintados.

En otoño, los jardines que adornan los templos se tiñen de colores tan intensos que parecen pintados.

Texto y fotos de Agustín Ibáñez

CÓMO LLEGAR

Lo más fácil es volar primero a Osaka. Desde el mismo aeropuerto salen trenes directos a Kyoto (‘Haruka Limited Express’). El ticket cuesta unos 2000 yen y llegan en una hora. También se puede ir en autobús, aunque si hay tráfico pueden tardar más de dos horas. Si se llega desde Tokio, existen autobuses y trenes directos a cualquier hora del día. La forma más rápida, aunque también la más cara, es en el famoso tren bala (shinkasen).

QUÉ SABER

  • Formalidades de entrada: Pasaporte en vigor.
  • Cuándo ir: Cuatro estaciones. Cuatro ciudades diferentes. Si nos gusta el calor, el verano japonés es cálido, aunque muy húmedo. El invierno es frío y la nieve es habitual. Las dos estaciones más bellas son primavera (marzo y abril) y otoño (octubre y noviembre). Las temperaturas son suaves, los días, soleados y podremos disfrutar de alguna de las dos exhibiciones que cada año regala la naturaleza a los habitantes de Kyoto. La primera (sakura), tiene lugar a finales de marzo con la floración de los cerezos. No menos espectacular es el koyou, la explosión de colores que se produce a finales de octubre.
  • Moneda: Yen (¥, JPY). 1 euro equivale aproximadamente a 130 JPY

CÓMO MOVERSE

Aunque parezca lo contrario, en Kyoto es fácil moverse sin tomar un taxi. Los servicios de autobús y de metro son excelentes, y en cualquier hotel u oficina de turismo se puede conseguir un mapa con todas las rutas. El nombre de las paradas está en caracteres occidentales, de gran ayuda si no se sabe japonés. Los autobuses llegan a todas partes pero en horas punta el tráfico es muy denso, especialmente los fines de semana, por lo que es más rápido y cómodo el metro. La línea principal (Keihan) tiene paradas cerca de las principales atracciones.

Conocer Kyoto no es fácil. En la ciudad hay más de 1.500 templos budistas y otros 400 sintoístas, además de centenares de palacios y jardines. Como dicen con orgullo sus habitantes, si durante cinco años visitáramos cada día un templo, no llegaríamos a conocerlos todos. Sin embargo, con un buen mapa y una idea clara, cinco días pueden ser suficientes. Las claves son: no querer ver demasiado y centrarse cada día en una zona. Si lo hacemos así y no pretendemos abarcar todos los monumentos del mapa, nos daremos cuenta de que es una ciudad perfecta para perderse y descubrir rincones llenos de encanto.

Otro truco es evitar las horas punta, especialmente los fines de semana. A primera hora de la mañana y a última de la tarde, en los templos y jardines se disfruta de una atmósfera muy distinta a la que encontraremos después de las diez. Recuerda que algunos templos reciben 40 millones de visitantes al año, la mayoría japoneses, por lo que, si buscas tranquilidad, visita los templos y jardines menos conocidos, pero no por ello menos bellos. La verdadera esencia de Kyoto no se encuentra en los lugares turísticos, sino lejos de lo que todo el mundo quiere ver y en los callejones que corren paralelos a las calles principales.

QUÉ VER

Gion. Conocido como el distrito de las Geishas, es el barrio más famoso de Japón. Sus calles estrechas y empedradas, donde se suceden las casas de té y los restaurantes centenarios, son el marco perfecto para sumergirse en la bella y enigmática Kyoto.

El templo de Kiyomizudera, Patrimonio de la Humanidad, es uno de los más visitados.

El templo de Kiyomizudera, Patrimonio de la Humanidad, es uno de los más visitados.

Higashiyama es un área que concentra cuatro de los templos más importantes: Sanjusangendo, famoso por las 1001 estatuas de Kannon; Kiyomizudera, construido en el 780 y Patrimonio de la Humanidad; los jardines de Kodaiji y el santuario de Yasaka, en pleno centro histórico y rodeado de edificios milenarios, casas de geishas y tiendas de té.

Daitokuji. Otro recorrido imprescindible se encuentra al norte de la ciudad y empieza en el majestuoso complejo de Daitokuji, formado por varios subtemplos en los que es una delicia perderse. Continúa hacia el famoso Pabellón Dorado de Kinkakuji, el más visitado de Kyoto, y termina en el Ryoanji, cuyo jardín de rocas es el más fotografiado de Japón.

Uji, Al sur de la ciudad, merece una visita el templo de Byodoin, fundado en el 794 y rodeado de preciosos jardines. Justo enfrente, la casa de té Tai-Ho-An es el mejor lugar de Kyoto para disfrutar de una ceremonia del té.

Templos sintoístas: En Kyoto hay más de 300 templos sintoístas. Visita obligada es el de Fushimi Inari, en el que se puede caminar durante más de dos horas a través de miles de puertas torii.

Aunque la mayoría de japoneses son budistas, su religión original, el sintoísmo, sigue muy presente.

Aunque la mayoría de japoneses son budistas, su religión original, el sintoísmo, sigue muy presente.

APRENDE CULTURA JAPONESA

Kyoto es mucho más que sus maravillosos templos y jardines. Es una cultura única que ofrece experiencias únicas. Descubre en primera persona un estilo de vida milenario pero muy vivo. Alójate en una casa tradicional japonesa, duerme en un templo budista, aprende a hacer un ikebana o descubre los secretos del sushi y de la ceremonia del té.

La mejor manera de sumergirse en la cultura japonesa es practicarla.

La mejor manera de sumergirse en la cultura japonesa es practicarla.

Hace quince años, Michi Ogawa tuvo una brillante idea. Conocedor de que el patrimonio cultural se conserva gracias a las personas anónimas, que han transmitido sus conocimientos de generación en generación, decidió crear WAK, una fundación en la que amas de casa con talento enseñan sus habilidades. Gracias a aquella iniciativa más de cien mujeres, con la ayuda de intérpretes, enseñan a los turistas interesados en profundizar en la cultura japonesa, los secretos del ikebana, el sushi, el origami, la danza japonesa, la caligrafía o la ceremonia del té, por citar algunos de los cursos. Éstos pueden ser de diferente duración, privados o en grupos, y se llevan a cabo en casa de la maestra. www.wakjapan.com

DÓNDE DORMIR

El alojamiento en Kyoto es una experiencia en sí misma. Aunque existen hoteles de todas las categorias, nadie debería visitar la ciudad sin alojarse al menos una noche en un ryokan y otra en un shukubo.

En un Ryokan (casa tradicional)

Si crees que lo has visto todo en alojamiento, pasa una noche en un ryokan. Desde el momento en que te quites los zapatos y penetres en el singular laberinto de madera, puertas corredizas y jardines japoneses, te darás cuenta de que este no es un lugar para dormir. Es un lugar para sentir. Para experimentar una forma de vida con siglos de tradición.

Los ryokan son lugares pensados para el bienestar.

Los ryokan son lugares pensados para el bienestar.

Antiguamente los ryokan aparecieron como sencillos lugares de reposo para comerciantes y samuráis. Pero con el tiempo, la hospitalidad y el refinamiento de los japoneses dio origen a un nuevo concepto de lujo, un lugar del que uno no se marcharía nunca. Dormir sobre un futon, vestir el yukata o descubrir la exquisita cocina kaiseki, son algunas de las experiencias que ofrecen estos establecimientos que, por si fuera poco, cuentan con sus propios baños de agua termal. Algunos incluyen en sus habitaciones un hermoso jardín japonés, lo que invitará a más de uno a dejar la visita a la ciudad para el día siguiente.

En un Shukubo (templo budista)

La espiritualidad. Los jardines. El olor permanente a incienso. Las oraciones de los monjes al amanecer. El sonido casi imperceptible del gong… Hace mucho tiempo, durante el período Heian, viajar en Japón era muy peligroso. Comerciantes y peregrinos eran asaltados en sus viajes, por lo que algunos monjes decidieron ofrecerles cobijo. Fue así como nacieron los shukubos, que literalmente significa ‘alojamiento del templo’. Aunque hoy Japón es uno de los países más seguros del mundo, en las montañas de Koya San, a dos horas de Kyoto, los monjes siguen ofreciendo sus templos a los peregrinos, pero también a todo aquel que desee experimentar la espiritualidad japonesa. Patrimonio de la Humanidad desde 2004, Koya San es como una pequeña ciudad budista, formada por 135 templos activos, de los cuales 53 ofrecen alojamiento. El dinero sirve para mantener las instalaciones y, a cambio, los huéspedes disfrutan de una experiencia única.

Puedes encontrar una amplia selección de ryokan y shukubos en:

www.japaneseguesthouses.com

www.kyotoguesthouses.com

www.ryokan.or.jp

DÓNDE COMER

En Kyoto hay restaurantes para todos los gustos y bolsillos, pero para los paladares más exigentes es imprescindible regalarse un ‘kaiseki’, una demostración más de que los japoneses convierten en arte todo lo que tocan. El kaiseki es una forma única de preparar y presentar los platos, que tiene sus orígenes en las antiguas ceremonias de los monjes zen, que concebían la comida como una experiencia ligada a la naturaleza. Hoy aquella filosofía se ha convertido en la base de la alta cocina japonesa, que se sirve en los ryotei de Kyoto, famosos en todo Japón. Algunos de los mejores són:

Kitcho Arashiyama www.kitcho.com/Kyoto

Hyo-tei www.hyotei.co.jp

Kikunoi www.kikunoi.jp/english

Kyoto Nanba www.kyotonanba.com

Tempura Endo Yasaka www.gion-endo.com

QUÉ COMPRAR

Salir de tiendas en Kyoto es una experiencia que nadie debería perderse. Lo de menos es si compras o no. Basta con regalarse un paseo por las calles empedradas del centro histórico y dejarse asombrar. Decenas de tiendas y escaparates exquisitamente decorados son una muestra de que los japoneses de hoy han heredado el cuidado por los detalles de la antigua sabiduría zen. No importa si se trata de una joyería, de una tienda de kimonos, incienso, cerámica o dulces para el té. El placer es detenerse y entrar para contemplar el gusto por las cosas bien hechas.

Objetos tradicionales. Las mejores tiendas se encuentran en las calles Shijo y Kawaramachi; y en los alrededores del templo de Kiyomizudera.

Incienso. En los alrededores del templo de Kiyomizudera, y en la calle Sannenzaka.

Té verde (matcha). En Uji, al sur de la ciudad.

Kimonos. Si no queremos imitaciones, las mejores tiendas están alrededor del templo de Kiyomizudera pero preparemos los bolsillos (hasta 20.000€ por un kimono).

Manga En el Shopping Arcade, en la calle Teramachi.

Alimentación. El mercado de Nikishi, con sus 135 tiendas y 400 años de antigüedad, es una visita obligada.

MÁS INFORMACIÓN