Los glaciares pirenaicos constituyen ecosistemas únicos de alta montaña. Son excepcionales en nuestras latitudes, de gran fragilidad y vulnerabilidad ante el cambio climático.

El conjunto de geoformas modeladas por los glaciares (circos, ibones y valles) es absolutamente singular y escaso en el contexto de la península Ibérica. Por ello, el conjunto formado por los glaciares, circos e ibones pirenaicos posee un gran valor paisajístico, ecológico, científico y cultural.

Ya en la década de 1980 se empieza reclamar desde diferentes sectores de la sociedad, la protección de los glaciares pirenaicos, ante la proliferación de estaciones de esquí y aprovechamientos hidroeléctricos que los amenazaban. No será hasta 1990, cuando las Cortes de Aragón, declararon los glaciares pirenaicos como Monumentos Naturales. Entre los valles de los Ríos Gállego y Noguera Ribagorzana, se encuentran los ocho macizos montañosos que actualmente albergan los últimos glaciares funcionales de la cordillera.

MACIZO DE BALAITÚS O MOROS

El macizo fronterizo de Balaitús o Moros (3.146 m) sólo conserva, en la vertiente aragonesa, un lentejón de hielo orientado al suroeste, el de Frondellas, clasificado como heleno residual, que escasamente supera las 4 ha de extensión.

Helero de Frondellas

MACIZO DEL INFIERNO

En el macizo del Infierno (3083 m), localizado íntegramente en territorio aragonés, la presencia de una vertiente umbría y abrigada al noreste favorece que haya llegado hasta nosotros el glaciar homónimo, de 6,3 ha que, a pesar de su aspecto cóncavo y biselado, todavía muestran el típico bandeado o estratificación glaciar, rimaya y grietas de tracción.

Glaciar Picos del Infierno

MACIZO DE MONTE PERDIDO O TRES SEROLS

Aunque el Monte Perdido (3.355 m) se encuentran en Pirineo aragonés, una de las ramificaciones también se prolonga como una gran cresta fronteriza entre los Valles de Ordesa y Gavarnie (Francia).

Circo de Gavanie, Brecha de Rolando y Glaciar del Taillón

Como glaciares funcionales sólo sobreviven el oscense de Monte Perdido, orientado al noreste y dividido en dos escalones. Estos glaciares no sólo son los más fotogénicos de la cordillera, también son los mejor documentados fotográficamente, desde el final de la Pequeña Edad de Hielo: el retroceso de la impresionante barrera de Seracs del glaciar de Monte Perdido tiene un seguimiento fotográfico casi anual desde el siglo XIX.

Glaciar Monteperdido. Foto: Javier Lacha

Otros pequeños heleros de carácter residual se adosan a las paredes del circo de Gavarnie y también bajo los escarpes de Marboré, sobre el circo de Pineta.

Por su parte, el helero del Soum de Ramond o Añisclo, al suroeste, se extinguió en la década de 1990. En el fondo de la cubeta glaciar apareció un nuevo lago, bautizado como Ibón de Arrablo, que recogía las aguas de fusión del cuerpo de hielo que allí había.

Ibon de Arrablo. Foto: Carlos Beltrán

MACIZO DE VIGNEMALE O COMACHIBOSA

Vignemale o Comachibosa (3.298m) configura otro macizo fronterizo cuya situación determina las exposiciones más favorables para la dinámica glaciar a septentrión (Francia).

Una única placa de hielo sucio de 1,8 hectáreas, el Clot de la Hount o Forau dera Fuen, próximo a su extinción.

Foto: Carlos Moreno

MACIZO DE LA MUNIA

El Macizo de la Munia (3.134 m), también fronterizo se alza muy próximo a las Tres Serols. El pico Robiñera, situado entre los circos aragoneses de La Larri y Barrosa, alberga el último vestigio de los hielos oscenses en este macizo: el helero de Robiñera, con 1,2 hectáreas testimoniales (alcanzaba 12 hectáreas en 1980), está en inminente extinción.

Foto:  Xadec

MACIZO DE POSETS O LLARDANA

El macizo de Posets o Llardana encierra la segunda cumbre más alta de los Pirineos (3.369 m).

Se sitúa íntegramente en Aragón y alberga todavía tres glaciares en los que se aprecia, más que retrocesos longitudinales del frente de hielo, notables pérdidas del espesor y volumen: el de Llardana, orientado al noroeste con 8,8 ha, el de Paúl, en exposición noreste, con 7,8 que ha y el Posets, glaciar negro o cubierto de Clastos, orientado al este y de cuatro ha de superficie.

Llardana
Glaciar de Posets

MACIZO DE PERDIGUERO – CRABIULES

Más al este se encuentra el macizo de Perdiguero (3219 m), constituido por un rosario de cumbres y crestas fronterizas que imponen una lógica disimetría al desarrollo del fenómeno, con aparatos de cierta envergadura al norte y escasa entidad al sur.

Frente a los glaciares septentrionales de Gourgs Blancs (15 ha), Seil de la Baque (13 ha), Portillón (6 ha), los tres de Cabiules (de unas 4 ha cada uno) y el de Malpás (7 ha), la vertiente sur ha visto como desaparecían sus glaciares o quedaban reducidos a heleros testimoniales: actualmente sólo se catalogan dos diminutos heleros en la Tusse de Remuñé y el recuenco meridional de Malpás, ambos con menos de 1 hectárea de extensión.

Se pueden dar por extintos los otros glaciares de Perdiguero, y Lliterola que en 1980 este glaciar todavía tenía 10 ha. En este lugar han aparecido un conjunto de cuatro ibones blancos (llamados así por el color lechoso de sus aguas).

MACIZO DE LA MALADETA – ANETO

El macizo de la Maladeta, conjunto glaciar más extenso de la cordillera.

Está culminado por el pico Aneto (3.404 m) a cuyos pies se encuentra el glaciar del Aneto,  el de mayor superficie de los Pirineos (67,5 ha).

Glaciar Aneto. Foto: Miguel Santaeulalia

En los glaciares y heleros de este macizo se vislumbran con nitidez los procesos característicos de la deglaciación Pirenaica, tanto más intensos en sus vertientes meridionales donde, a lo largo del siglo XX, han desaparecido los glaciares de Cregüeña y Llosás y han dejado al borde de la extinción al helero de Coronas (3,4ha).

Glaciar de la Maladeta en 1990 alcanzaba 68,9 ha, pero en el año 2000 apareció dividido en dos.

Otros heleros nororientales como Salenques y Alba, son placas residuales que no alcanzan la hectárea de superficie.

Glaciar Maladeta

Más información en: huescalamagia.es