En Fez siempre me siento como un brujo. Para ello nada mejor que acercarme al atardecer al souk El Henna y poner en práctica mis más veladas intenciones. Fez me impone. En un valle en forma de taza se alza como un sueño la ciudad magrebí más hermosa de la región. Sus habitantes son especialistas en seguirte el juego, pero hay que saber cómo hacerlo, claro. Para los marroquíes la vida es básicamente teatro. Si a ello añadimos que los fassi son una combinación de lo más sofisticado y epicúreo del reino, el resultado jamás defrauda.

Fez

Fez

Aunque de entrada la plaza del souk el Henna no parece nada especial, en realidad es un auténtico botín para nigromantes y taumaturgos. A primera vista, los tenderetes exhiben todo un colorido de productos cosméticos tradicionales, pero si uno levanta la barbilla al cielo,  chasquea la lengua y resopla como un mulo, los comerciantes te entenderán de inmediato: estás buscando magia.

Fez

Fez

Bajo sacos y cajas aparece un festival de frascos, botes y bolsas con productos tan insospechados como huesos de rana, lagartos disecados o escarabajos difuntos. Pero, ¿porqué quiero un escarabajo seco?  Pues porque dicen que es el mejor antídoto  del caminante… El souk me atrae especialmente porque representa el espíritu medieval de la ciudad.

Fez. Trabajadores vestidos de gris faenan con telas. Zoco de los tintes

Fez. Trabajadores vestidos de gris faenan con telas. Zoco de los tintes

Como todo turista, he pasado un par de días perdiéndome por la red laberíntica de la Fez el Bali, la antigua medina, pero esta vez esto no ha sido suficiente.  Me dirijo hacia el Gran Sur, siguiendo la mítica ruta de las caravanas que lleva al Sahara.

Y para ello he decidido desafiar mi propia identidad: me he convertido en un viajero medieval. La mayoría de viajeros que parte hacia el sur, simplemente toma un bus directo hasta Er Rachidia, donde se inicia el gran desierto y las rutas de los ksour o alcazabas. No es una mala idea para acortar tiempo; pero, amigos, no hay ningún otro país en el mundo que requiera de más tiempo que Marruecos. No sólo porque el reino alauita es bellísimo, sino porque su riqueza está en su variedad paisajística, y emocional. Las aldeas bereberes que salpican las laderas de las montañas, las oníricas medinas y los valles perdidos en el tiempo seducen al visitante. Aunque el mayor reclamo para el occidental es, sin duda, el desierto.

Mujer bereber. Son gentiles y muy hospitalarios

Mujer bereber. Son gentiles y muy hospitalarios

ANTIGUA TRAVESIA COMERCIAL

El antiguo camino real o “trek es Sultan” esconde rincones de gran belleza. Se trata de la vieja ruta de caravanas que traían oro, sal y esclavos desde los mercados que se encontraban más allá del gran desierto, en el país de los negros. La primera joya que encontramos es Sefrou.

Siempre a la sombra de la imperial Fez, es una ciudad aún más antigua, rodeada de murallas medievales. Al mercado de los jueves acuden bereberes de todos los pueblos circundantes, una buena ocasión para vivir de cerca la cultura de la región. Innumerables curvas cruzan los puertos del Medio Atlas. Por esta zona aparecen campamentos bereberes y pueden observarse las primeras muestras de la arquitectura en adobe. Por una llanura inhóspita se llega a Midelt y, si continuamos por la carretera  progresivamente desértica que lleva a Rich, cruzaremos el paso del Alto Atlas de Tizi  n,Talrhmeht o “Paso de camellos hembras”. Pero eso no es todo: nos adentramos en una región conocida por los continuos ataques que las antigua tribus bereberes hacían a viajantes y comerciantes. Por ello a los pozos de agua que salpican la ruta se les llama Aïn Jrob ou Hrob o “bebe y sal corriendo”…

Rich es un bonito palmeral pero el gran atractivo de la zona son las gargantas de de Ziz. Los desfiladeros son impresionantes y provocan cierta inquietud. La población de Er Rachidia fue escogida por los franceses como su cuartel general de la egión, con fuerte incluido. Ahora la obsesión es llegar al desierto. Por ello se recorren los palmerales de Meski y de Ziz en una exhalación, hasta llegar a la villa de Erfoud. Aquí ya se presiente el hálito del cercano Sahara.

Erfoud ya huela a Sahara

Erfoud ya huela a Sahara

LA DUNA MÁS ALTA

Llegados a este punto, los más impacientes lo único que quieren es acercarse cuanto antes a las dunas de Merzouga. Se trata de uno de los escenarios naturales más espectacuares de Marruecos. Situada junto al hotel Merzouga, es la duna más alta del país (algunos dicen que es la más alta del mundo). Los hoteles de Erfoud ofrecen autobuses lanzadera. Una opción aceptable es apuntarse a una excursión en dromedario.

Dunas de Merzouga. El desierto es el gran atractivo de la ruta,

Dunas de Merzouga. El desierto es el gran atractivo de la ruta,

Otra buena alternativa es explorar el gran oasis de Tafilalt, el típico valle ribereño que define a la perfección el espíritu del Gran Sur marroquí, sin olvidar los valles del Draa, Dadés, Todra y Ziz. Todos ellos tienen en común sus largos cinturones de oasis inundados de palmeras datileras, sus majestuosas kasbahs de adobe y sus pueblos fortificados. Si se viaja en todoterreno es una idea maravillosa cruzar el desierto desde Tafilalt o Merzouga hasta Zagora, cabecera meridional del valle de Draa. La belleza desolada del Draa ha sido descrita por infinidad de viajeros , como tantas veces han sido fotografiadas las alfombras que cuelgan sobre las arcadas de Agdz. En una de sus tiendas, madame Harira me dejó por un bereber y tuve que dedicarme a la ornitología. ¿Cuántas tardes de invierno habré pasado mirando el vuelo de las cigüeñas en el valle de Ouarzazate?

Agdz

Agdz

Ouarzazate, al pie del Atlas

Ouarzazate, al pie del Atlas

La ciudad posee una excelente kasbah. Aït Benhaddou es  la kasbah más bien conservada y fotografiada por las dramáticas perspectivas que ofrece del Alto Atlas; sin embargo, a mi me gusta más la de Teleulet, residencia de un antiguo señor feudal.

Ait Benhaddou, una de las kasbahs más bellas del sur

Ait Benhaddou, una de las kasbahs más bellas del sur

Una vez aquí suelo acariciar el escarabajo seco que llevo en el bolsillo y sé que esa noche ya estaré en Djemma el Fna de Marrakech, acunado de nuevo por un mundo de sueños y vanidades.

QUÉ HAY QUE SABER

Formalidades de entrada. Pasaporte en regla.

Cuándo ir. Ahora, en invierno, es ideal. La época más agradable es de octubre a abril/mayo.

DÓNDE DORMIR

En Marrakech y en Fez no hay problemas de alojamiento.Si vuestro viaje finaliza en la ciudad de Marrakech, recomiendo Hotel La Mamounia

En Ait Benhadou: Hotel La Kasbah. Ofrece vistas espectaculares sobre la ciudad fortificada.

En Ouarzazate: Hotel La Valleé. Situado en la carretera de Zagora, a las afueras de Ouarzazate. Buen restaurante

MÁS INFORMACIÓN

www.visitmorocco.com