Siento una predilección especial por Grecia. Cada vez que viajo a este país todo mi cuerpo entre en estado de excitación. La luz griega seduce mi mirada; los dioses del Olimpo y otros más antiguos en forma de titanes pueblan mi cabeza; la música melódica de Yorgos Dalaras suena en mi mente; y mi paladar añora la amargura de la retsina –una variedad de vino- y el sabor a pulpo puesto a secar al sol. No puedo negarlo. Grecia me atrae.
En este viaje mis pasos me llevaron a Mikonos y Delos, dos de las islas más conocidas de las Cícladas, en el Egeo.
Mikonos y Delos forman el binomio más extraño del mar Egeo. Mikonos, la isla excéntrica y turística. Delos, el pequeño islote solitario sólo cubierto por las ruinas de su pasado. He viajado a Mikonos varias veces; la he visto crecer, explotar y convertirse en un avispero, y aún así sigo deseando regresar.

La primera vez que desembarqué en Mikonos corría el año 1975 y la isla ya se había convertido en uno de los principales centros del Egeo. Con tres amigos, una guitarra española y ganas de pasarlo bien, la estancia estival en la isla resultó ser excepcional. Pasaron algunos años hasta la segunda ocasión que visité la isla.
La isla había y no había cambiado. Había más hoteles, más restaurantes, más boutiques, menos jóvenes, más gente… pero también había cambiado yo, y albergaba otras necesidades. Fui a la isla de Delos por primera vez y me prometí que no sería la última. Delos seduce y aprisiona, a la primera.

Era primavera y tanto Mikonos como Delos escapaban a su aridez estival mostrando tupidas alfombras amarillas y grana. Me alojé durante tres días en un pequeño hotel que estaba frente al puerto de Mikonos. Escribí en mi cuaderno de viajes, hice algunas fotografías …
Así las cosas, en mi tercer viaje hacia Mikonos y Delos, sabía perfectamente hacia dónde me dirigía, y qué iba a ver y fotografiar.
Las islas Cícladas, cuyo centro de gravedad es precisamente Delos, son probablemente las más turísticas de Grecia. Y si Delos fue el epicentro del Egeo en la antigüedad, Mikonos es la isla turística por excelencia en la Grecia del siglo XXI.

No hace falta esperar mucho para que Mikonos te aprisione. El primer atardecer en la isla es rosado, dulce, casi empalagoso, con la música que suena por doquier y una boca que se hace agua tan sólo pasear al lado de las múltiples tabernas.

A la capital de Mikonos se la conoce con el nombre de Hora que en realidad quiere decir ciudad. Hora reluce con sus centenares de iglesias, las pequeñas casas cúbicas y un laberinto de calles estrechas capaz de extraviar y hacer perder el sentido de orientación a cualquiera. A veces para encontrar una pensión se va a parar al extremo del pueblo o se regresa al lugar de partida… No es de extrañar que los piratas que asolaban las Cícladas durante los siglos anteriores no tivieran demasiado éxito en Mikonos.

Al lado de barrio de Scarpa, sobre un pequeño promontorio, se encuentra la iglesia de Panagia Paraportiani, la edificación más importantee de la isla. Todo un simbolo para los griegos. Las paredes encaladas y su forma irregular son una muestra más de la arquitectura mediterránea.
Alrededor de la isla hay playas tranquilas y solitarias, aunque la soledad en Mikonos, sobre todo en verano, siempre será un término relativo.
Mikonos está formada por bajas colinas rocosas que ocultan playas en cualquiera de sus costas.

Al sur de Hora, el puerto de Ornos es un lugar tranquilo, donde hay algunos hoteles y un pequeño puerto pesquero. Las tabernas que se alinean a lo largo de la bahía son acogedoras, sobre todo durante la noche.
Una carretera conduce también por el norte hasta Ano Mera, la segunda población de la isla, situada en el interior, aunque las playas más conocidas, Paradise y Superparadise, se hallan en la costa sur, no lejos de Platis Gialos.
También al norte de Hora, Agios Stefanos (una agradable playa de arena fina con una atmósfera muy familiar), que toma su nombre de una pequeña iglesia de 500 años de antigüedad situada en el centro de la bahía, se ha desarrollado turísticamente.
Pero en realidad, pueblos y playas como las de Mikonos las hay –y muchas- en Grecia, y aunque siempre resulta divertido explorar con un ciclomotor el resto de la isla, lo verdaderamente diferente y significativo es Hora, la capital de Mikonos. En Hora hay que tomar algo en la Pequeña Venecia mientras contemplamos la puesta de sol, para luego pasear un rato y sentarse a cenar en cualquier taberna…
Y a la mañana siguiente, partir hacia Delos.

HACIA LA ISLA DESIERTA
¿Cómo debía ser Delos en la antigüedad? Si el santuario de Delfos, en la Fócida, era el ombligo del mundo, Delos debía ser el ojo o el corazón del mundo.
Cada mañana parten cuatro o cinco barcos desde el puerto de Mikonos en dirección a Delos.
Las horas que el viajero puede permanecer en Delos pasan en un santiamén, son un pedazo de eternidad. Uno se siente invadido por algo que estuvo, que todavía está allí, quizá escondido entre las ruinas, suspendido en el aire.

Delos vale por sí misma un viaje a Grecia. Lo mejor es madrugar y tomar el primer barco en dirección a la isla. De esta manera se puede disfrutar, al menos durante las primeras horas, de una cierta soledad, reencontrar el espíritu de Grecia, y transportarse por un lapso de tiempo a un mundo antiguo.
Amapolas, margaritas y ruinas trazan el mapa del lugar donde, dicen, nació Apolo. Su madre, Leto, seducida por Zeus y perseguida en un ataque de celos por la esposa de éste, Hera, llegó a la isla donde dio a luz a Apolo y a Artemisa.

Tal leyenda convirtió a delos en el principal santuario del Egeo. Delos tiene, además, una particularidad especial: es una isla sin muertos. En el siglo VI a C, Pisistrato, que a la sazón gobernaba en Atenas y tenía bajo su jurisdicción la isla de Delos, decidió purificar el lugar de nacimiento de Apolo y dictú una ley conforme a la cual nacimientos y defunciones quedaban excluidos en la isla. A tal efecto se trasladaron las tumbas existentes, y es de suponer que también a ancianos y mujeres embarazadas, de manera que la isla quedara a salvo de nuevos nacimientos y difuntos.
En cuanto a palacios y localizaciones es relativamente sencillo seguir las instrucciones de cualquier guía y tratar de imaginar cómo era la isla.

Sin embargo, os aconsejo que caminéis por libre, sobre todo durante las horas en que en la isla hay menos visitantes. Subid hasta la cima de la montaña, situada al sur, aspirad el aire limpio e imaginad una isla llena de gente, con sus correspondientes templos y dejaros transportar.
Más tarde, cuando el barco enfila la bahía de Mikonos, el viajero se siente renovado, entregado a la magia del viaje.
El sol cae lento, monótono y el horizonte deviene rosado, ferozmente rosado. Estás dentro de una cúpula rosada. Te sientes bien, extrañamente bien. No sabes qué pasa. No temas, no te preocupes. Delos ha dejado su huella en ti. Estás dentro de la luz griega, dentro de la esfera de un mundo especial.