“¡Soy el rey del mundooo!” proclamaba a los cuatro vientos Leo DiCaprio desde la proa del Titanic en una de las escenas más vibrantes del oscarizado filme. Y era cierto. Preso de la emoción que le embargaba, con los brazos extendidos al cielo, parecía levitar sobre el Atlántico. Algo parecido es lo que se siente desde lo alto de la sierra del Montsec (Lleida), uno de los fenómenos geológicos más rutilantes y bellos de España. Allí, asomados a una pared natural de más de 1.000 metros de caída, con el frondoso valle de Àger a los pies, los amantes del parapente, auténticos ícaros humanos, se entregan al vacío en una liturgia casi celestial, asidos a sus alas (velas en forma elíptica) de colores, meciéndose al compás del viento.

El cielo del Montsec es escenario de interesantes actividades, como el parapente

El cielo del Montsec es escenario de interesantes actividades, como el parapente

Pero no es la única manera de disfrutar del cielo en esta región natural que abarca dos comarcas leridanas –la Noguera y el Pallars Jussà– y parte de Huesca. Hay otra menos activa, menos física, más lúdica, sobre todo nocturna, que consiste en la observación del firmamento. Y es que el Montsec tiene también un cielo privilegiado, de los mejores del mundo, lo que le ha valido –en mayo de este año– la distinción, por parte de una fundación vinculada a la Unesco, de Reserva Starlight (luz de estrellas); es decir, espacio natural protegido (en once de sus municipios) donde se establece un compromiso para la defensa de la calidad del cielo nocturno y el acceso a la luz de las estrellas. Un privilegio que hasta ahora solo ostentaban otros dos lugares de nuestro planeta: la isla de La Palma, en el archipiélago canario, y el lago Tekapo, en Nueva Zelanda. Este reconocimiento unánime por los especialistas en Astronomía avala la calidad y nitidez del cielo nocturno del Montsec, sin la contaminación lumínica no solo de las grandes urbes sino de entornos rurales menos favorecidos por la caprichosa naturaleza.

“A diferencia de lo que ocurre en una noche en la ciudad, en que podemos ver 30 o 40 estrellas, aquí vemos miles a simple vista. Es impactante”, afirma Salvador Ribas, director científico del Parque Astronómico del Montsec. La inauguración de este parque hace casi cinco años (enero de 2009) significó el primer paso para dotar a esta zona, otrora frecuentada casi exclusivamente por los amantes de los deportes aéreos (parapente, ala delta, globos aerostáticos…), de un valor añadido. Un aliciente especial que ha devenido un potente imán para atraer a otros visitantes no tan preparados –ni física ni mentalmente– para las emociones fuertes y el desafío al vértigo de los ‘adictos’ al vuelo sin motor.

A hombres, mujeres y niños, sin límite de edad, movidos por el lúdico, sano y romántico afán de, sin dejar de pisar con los pies en la tierra, dejarse llevar por la imaginación hasta el infinito y más allá. Todo ello, siguiendo la estela del científico italiano Galileo Galilei quien hace algo más de cuatro siglos (1609) inventó el telescopio, un curioso artilugio que permitía observar la luna y las estrellas.

Centro de Observación del Universo (COU)

Centro de Observación del Universo (COU)

UN GRAN OJO HACIA EL CIELO
“¡Ooohhh!”, exclaman de forma casi unánime los 68 asistentes a una de las sesiones nocturnas del planetario digital multimedia del COU (Centro de Observación del Universo) cuando un potente ‘ojo’ de 12 metros de diámetro se va abriendo parsimoniosamente hacia el cielo. Tras un audiovisual de 50 minutos que recrea en 180 grados los principales hitos de la conquista del espacio, el gigantesco ‘Ull del Montsec’ (así han bautizado a esta gigantesca cúpula) despereza a los más somnolientos, pasándoles de la ficción a la realidad… en un abrir y cerrar de ojos. Ojos que observan con asombro que el llamado Starlight es real como la vida misma.

Ojos terrícolas que recuerdan al caricaturizado por el cineasta francés Georges Méliès en el cartel de la más famosa de sus películas, ‘Viaje a la luna’ (1902). Es entonces, y solo entonces, cuando hasta el más escéptico en temas de Astronomía empieza a comprobar que quizá son ciertas esas hipotéticas figuras geométricas que dibujan ficticiamente las constelaciones con las que los astrónomos han unido a las estrellas de la Vía Láctea. Como la de la Osa Mayor, comúnmente llamada ‘el carro’, como aprendimos de niños cuando estudiábamos en la escuela. Hay también una pequeña abertura central que permite ver un poco del Montsec, para no perder la referencia terrestre del entorno en el que nos hallamos.

Ermita románica de la Pertusa

Ermita románica de la Pertusa

En el exterior, junto al citado ‘Ull’, está el Parque de Telescopios, dos edificios con pequeñas cúpulas dotados de sendos aparatos para escudriñar el cielo. También hay un conjunto de telescopios portátiles para visitas vespertinas. Hay aun una tercera área del COU, más didáctica, que encontramos al principio del recorrido, donde se recibe al visitante. Se trata de una exposición permanente donde, a través de paneles, se da a conocer qué es el universo, sus orígenes (el famoso Big Bang) y la formación del sistema solar. Se complementa con una descripción del medio natural en el que se encuentra ubicado, el Montsec, donde se hace incidencia en la geología, flora y fauna de la zona.

También hay una gigantesca maqueta en la que, a base de un juego de luces, se ubican sus principales atractivos (pueblos, embalses, montañas, desfiladeros…).
Para los niños, que a través del audiovisual han empezado a descubrir lo que hay de real más allá de la ficción cinematográfica de ‘Star Trek’, y a familiarizarse con nombres como la perrita Laika (primera viajera espacial, en 1957), Yuri Gagarin (primer astronauta, en 1961) o Neil Armstrong (primer hombre que pisó la Luna, en 1969), el COU les tiene reservada una sorpresa especial. Se trata de un Taller de Cohetes en el que, tras una breve introducción sobre cómo funcionan, realizan cada uno el lanzamiento de uno pequeño en una torre a escala, un mini Cabo Cañaveral situado en el exterior.

RUMBO A LAS NUBES
La misma carretera comarcal que conduce hasta el Centro de Observación del Universo continua ascendiendo de forma serpenteante hasta alcanzar la cima de los colosos rocosos del Montsec. Entramos en ‘territorio flyer’, donde los practicantes de deportes como el parapente o el ala delta, auténticos surfistas del aire, se disponen a desafiar las leyes de la gravedad. Es el espectáculo diurno del cielo del Montsec que –al igual que ocurre de noche con las estrellas– también es privilegiado para la práctica del vuelo sin motor gracias a disponer de unas rampas naturales de gran altura y de vientos que dan mucho juego a sus practicantes, tanto a los más avezados como a los novatos, dispuestos a vivir con emoción su ‘bautizo celestial’.

Calle de Àger

Calle de Àger

Para los menos atrevidos, ver la liturgia parapentista ya es, en sí mismo, un espectáculo digno de contemplar. Primero, desplegando y extendiendo con esmerado mimo la vela del parapente; luego, sujetando al arnés el entramado de cuerdas que permiten su control. Antes de lanzarse a correr hacia el acantilado, el monitor comprueba que el alumno ha aprendido bien la lección con varias pruebas de arrancada sobre la misma cima. Una vez seguros de sí mismos, aprietan a correr como posesos hacia el precipicio. Lo hacen con la misma vehemencia con la que Thelma y Louise se lanzaban al abismo del Four Corners americano con su Ford Thunderbird descapotable en el épico ‘the end’ del filme… pero conscientes de que les espera algo bien distinto: la satisfacción de mecerse en las nubes gracias a la seguridad que les transmite un ‘columpio de tela’ que controlan descargando el cuerpo de un lado a otro o manipulando los frenos para girar y planear por los aires hasta aterrizar sobre el verde tapiz del valle de Àger. “¡Ooohhh!”, exclaman quienes les observan acercarse a la tierra dando cabriolas. Y ellos se sienten como auténticos ‘reyes del mundo’ tras levitar durante unos minutos sobre el Montsec, en su cielo ‘5 estrellas’. Un destino… ¡Starlight!

MONT-REBEI, UN DESFILADERO MARAVILLOSO… ¡Y VERTIGINOSO!
Dejando el cielo aparte, el Montsec, gracias a su particular orografía, tiene otro gran aliciente para los amantes de la naturaleza: el senderismo, cuya ‘ruta sagrada’ de peregrinaje es Mont-Rebei.

Se trata de un fascinante desfiladero, con paredes de 500 metros de caída, formado por el río Noguera Ribagorzana (afluente del Segre) al cruzar el Montsec, cortándolo como una fina daga. Es el único gran desfiladero de Catalunya que se mantiene más o menos virgen (sin que lo cruce ninguna carretera, ferrocarril o línea eléctrica) y sirve de frontera natural entre Lleida y Huesca, por donde continúa otro tercio de la sierra, denominado Montsec de Montgai.

Hay cuatro rutas senderistas que tienen su punto de partida en el parking de la Masieta. Antes de emprender cualquiera de ellas vale la pena seguir la carretera que lleva hacia Pont de Montanyana (Huesca) y, a un kilómetro, disfrutar de un espectacular mirador panorámico, Les Llúdrigues (nutrias), que ofrece una soberbia panorámica del río antes de perderse por las entrañas del desfiladero.

La ruta más bella y frecuentada, la del Congost de Mont-Rebei, cruza todo el desfiladero y lleva hasta el segundo de los puentes colgantes. Se tardan unas dos horas (ida) y, de sus seis kilómetros, tres transcurren por una estrecho camino tallado sobre la pared del acantilado. Diversos tramos de cuerda asida a la pared rocosa sirven de pasamanos y apoyo para quienes sufren de vértigo. La ruta está salpicada de bancos de piedra, para reposar, hacer fotos o tomar un ligero picnic. Una vez en el segundo puente, tras cruzar a la parte de Huesca, hay un fuerte repechón que conduce hasta las nuevas ‘atracciones’ de Mont-Rebei, inauguradas en mayo: Dos pasarelas de madera adosadas a la pared del acantilado. Una casi en horizontal, de 83 metros, que asciende 33 metros; y otra de 62 metros, en zigzag vertical, que supera un desnivel de 50 metros. Estas dos pasarelas y el puente de hierro colgante, de 36 metros, han vuelto a conectar las dos márgenes del río, separadas desde 1960 a raíz de la construcción de la presa del embalse de Canelles, el mayor de Catalunya. Desde el puente, sin cruzarlo, se puede optar por volver hacia atrás o continuar el camino, sin cruzar el puente, hasta la ermita de La Pertusa, con dos horas más de trayecto.

Hay otras tres rutas desde La Masieta. Una hasta el Mirador de la Plana de Mont-Rebei por la Obaga Gran (4,7 km, 2 h. 30’), otra al mismo lugar, por el yacimiento medieval dels Altimirs (3,4 km, 2 h. 10), y una tercera, desde Alzamora también hasta el mirador (4,8 km, 3 h 15’).

Texto y fotos de M.A. Moliner

CÓMO IR
En coche, desde Lleida, por la C-13, hasta Balaguer. Desde allí continuar por la C-12, vía Os de Balaguer, hasta Àger.

DÓNDE DORMIR
El Monasterio de las Avellanas (www.monestirdelesavellanes.com), junto a Os de Balaguer, abadía del siglo XII reconvertida en hotel, donde se respira una paz espiritual monacal. Las habitaciones, algunas con bellas vistas al entorno natural, carecen de televisor pero no del resto de comodidades. Y uno puede disfrutar de su precioso claustro románico antes de ir al comedor para tomar su Menú Astronómico (27 €). La habitación doble, con desayuno, cuesta 90 €.

Otra alternativa muy interesante es el hotel Terradets (www.hotelterradets.com), en Cellers, casi suspendido sobre el embalse de Terradets. Un hotel familiar remodelado en 2009, con 59 habitaciones, muchas de ellas con vistas al embalse, una gran piscina exterior y un restaurante con cocina de autor, El Llac, donde sirven un menú degustación de 30 €. La habitación doble, con desayuno, desde 93 €

DÓNDE COMER
En Os de Balaguer, el restaurante La Nina (www.restaurantninaos.com ) es un coqueto local con seis mesas, al pie del castillo, donde sirven una sabrosa cocina catalana. A destacar su exquisita sopa de tófona, protegida por un caparazón de crujiente; su chuletón a la piedra o la ternera con ceps. Carta: 25-35 €.

En Àger, el restaurante del hotel Port d’Ager (www.hotelportdager.com), en lo alto de puerto, a 916 metros, con vistas al valle. Cocina casera en la que destacan los embutidos variados y las carnes a la brasa. Carta: 15-20 €.

QUÉ VER, QUÉ HACER
El COU, Centro de Observación del Universo (www.parcastronomic.cat ), abre lunes y martes, de 18.00 a 02.00 h, y de miércoles a domingos, entre las 11.00 y 14.00 h y de 18.00 a 02.00 h. Las visitas guiadas duran 2 horas. Precios: 6,5 € (diurno) y 9 € (nocturno).

La escuela de parapente Entre Núvols (www.entrenuvols.com) ofrece cursillos para quien quiera aprender a volar por su cuenta y ‘bautizos de vuelo’ en biplaza para los que solo deseen experimentar esa sensación sin ningún tipo de aprendizaje. Precios: 85 € (15’) y 95 € (30’)

El castillo de Mur (Tel. 677.701.820) puede visitarse los fines de semana y festivos, a las 11.30 y 13.00. Precio: 5€. El Castillo de Os de Balaguer, incluyendo el museo de las campanas, un paseo por el pueblo, un molino de aceite, una bodega artesanal y comida, puede realizarse en visita guiada por 19.90 € (Tel. 639.772265).

Huellas de dinosaurios. Hace unos 70 millones de años, el Montsec era morada de dinosaurios, que dejaron huella de su paso en yacimientos como los de La Massana, el Mirador de Fontllonga, el de Orcau, Basturs, donde aún pueden verse algunos de sus huevos, o el Museo de la Conca Dellà, con restos óseos. También son testimonio de la vida rupestre rincones como la Cova dels Vilars (Edad de Bronce), junto a Os de Balaguer, con llamativos dibujos como una ‘danza de la fecundación’.

La sierra del Montsec está también salpicada de ermitas, algunas en lugares casi imposibles, como La Pertusa, con una privilegiada vista sobre el embalse de Canelles: o las de la Mare de Déu de la Pedra (junto a Àger) o la del Remei (en Mur), clavadas en la roca.

MÁS INFORMACIÓN
Consorci del Montsec. Plaça Major, 1. Àger. Tel. 973.455.096.

www.montsec.cat
www.lleidatur.com