Joven kuna

Joven kuna

La avioneta había despegado veinte minutos antes del aeropuerto de Bocas del Toro y se zarandeaba como un avión de papel a merced del temporal. Ascendía y descendía a golpes de aire, el motor sonaba perezoso y agotado mientras atravesábamos una zona tormentosa y la lluvia golpeaba con fuerza la ventanilla. No las tenía todas conmigo y para acabar de arreglar el panorama, un chorro de aire acondicionado proveniente de la parte delantera del avión y situado sobre la puerta de la cabina, me daba directamente en la cara. El susto duró algunos minutos. Salimos de la tormenta; la avioneta se estabilizó y en el interin me cambié de sitio. La azafata, que tampoco hacía demasiada buena cara, me atravesó con la mirada. Ahora estaba sentado en la fila seis o siete y en los dos asientos del otro lado del pasillo había una pareja; la mujer lloraba con grandes lágrimas mientras el hombre le asía la mano con fuerza. Después, contra todo pronóstico, empezó de nuevo el baile y me pareció  que llevaba horas dentro del avión.

 Ciudad de Panamá es una ciudad donde convive lo viejo con lo moderno. Arriba, los grandes rascacielos del centro

Ciudad de Panamá es una ciudad donde convive lo viejo con lo moderno. Arriba, los grandes rascacielos del centro

Al fin divisamos a lo lejos el canal y a los pocos minutos aterrizamos en la pista de Albrook, en Ciudad de Panamá, justo cuando el sol volvía a acariciar el lugar. Todos respiramos aliviados. El vuelo había sido corto, pero inacabable.

Cuando llegamos, vi al piloto descender tranquilo y sonriente. Lo que para mí había sido un suplicio, para él había sido un vuelo entretenido. Así  son las cosas, y así es la ley de la relatividad que en los viajes se multiplica por mil.

EN EL PAÍS DE LAS MARIPOSAS

Estaba otra vez en Ciudad de Panamá, la capital de un país todavía joven, que emerge de siglos de colonialismo, algunos años de democracia, dictaduras y también de dominación americana en la zona del canal. Panamá –que no se sabe muy bien si quiere decir “tierra de mariposas” o de “abundancia de peces” (las versiones son distintas y nadie se pone de acuerdo)– es un lugar apetecible para el viajero no convencional, para quien sabe que la belleza y la originalidad no siempre van de la mano del lujo y la opulencia. No quiero decir que el país no esté preparado para recibir al turismo, pero sí es cierto que todavía está lejos del turismo masificado y de sus devastadores efectos.

Plaza de la Indepencia (Ciudad de Panamá)

Plaza de la Indepencia (Ciudad de Panamá)

Territorio de los indios chocoes o emberá, kuna, ngobe, teribe, bokota, bri bri y parará, entre otros –varias de estas etnias sobreviven en la actualidad–  el istmo de Panamá fue descubierto para el mundo occidental por Rodrigo de Bastidas en el año 1501, un año antes de que Cristóbal Colón, en su cuarto y último viaje a América, recalase en la costa caribe del mismo. Más tarde, en 1513, Vasco Núñez de Balboa descubrió  el océano Pacífico.

Durante los siglos de dominación española, el istmo se convertiría en un importante centro de comercio y lugar estratégico, sobre todo por la Ruta del Oro proveniente de América de Sur. El Camino Real, la principal ruta del oro, transcurría entre los puertos de Panamá, en el Pacífico, y Portobelo en el Atlántico. En 1671, Henry Morgan atacó Portobelo y Panamá fue quemada por el propio gobernador antes de que llegasen los ingleses; eso sí, antes cubrieron el altar de oro de la catedral con una capa de betún negro para engañar a los piratas y hacerles creer que también había sido destruido por el incendio. El complejo de Panamá La Vieja muestra lo poco que queda de la anterior ciudad. La nueva ciudad fue edificada unas dos millas hacia el sudoeste, alrededor de lo que hoy se conoce como Casco Viejo.

Ciudad de Panamá  es en la actualidad una ciudad donde convive lo moderno y lo antiguo, los rascacielos del centro con los antiguos edificios del Casco Viejo.

Esa misma tarde, después del accidentado vuelo en avioneta, me paseaba por su casco antiguo, donde vetustos edificios recuerdan el pasado colonial y muchos años de dictadura. En el paseo del Pacífico –o paseo de los Enamorados–,  que discurre en el malecón junto al mar, se alza el viejo edificio de los militares, ahora en ruinas, donde Noriega y compañía trataban de imitar a la alta sociedad americana. Sin embargo, el casco antiguo, si exceptuamos el área donde se encuentra la plaza de  la Independencia, la Catedral y el parque Bolívar, sigue siendo un lugar poco transitado. La zona alrededor de la iglesia de San José, donde se muestra el antiguo altar de oro que fue salvado de la quema de Panamá la Vieja, está  rodeada de edificios casi en ruinas. De vez en cuando, un miembro de la policía turística pasa en bicicleta y te acompaña durante el recorrido, siempre dispuesto a explicarte la historia de la ciudad.


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Aquella tarde, sentado en uno de los bancos del malecón, se me acercó un hombre de unos sesenta años; llevaba una cesta colgando y vendía estrellas de azúcar, dulces y pastas. No tenía hambre –todavía me duraba el susto del vuelo– y rechacé con amabilidad su ofrecimiento. El vendedor dibujaba, más allá de su penuria económica, una alegría que nacía en el fondo de su corazón. Le vi alejarse mientras me decía a mí mismo que debería haberle comprado alguna cosa.

Esta tarde, mientras regresaba al hotel El Panamá, en la zona comercial de la ciudad, volví  a pensar en él. Me sentía culpable. Cuando horas más tarde salí  a cenar por los alrededores, me prometí que si en los días que debía permanecer en Panamá volvía a cruzarme con él, intentaría conocerle.

Por la noche, cuando regresaba al hotel, le vi en un chiringuito, todavía con la cesta colgada, bebiendo un refresco. Esperé a que terminase y cuando él me vio en la calle me reconoció de inmediato.

-¿Qué tal le va?- me dijo.

-Paseando -le contesté-. La verdad es que tenía ganas de volver a verle.

Él se alegró y charlamos un rato. Se llamaba Manuel y había pasado toda su vida en Ciudad de Panamá. Me explicó historias de cuando los americanos invadieron el país en 1989. La mayoría de panameños apoyaba la intervención, pero, por desgracia, el número de víctimas supuso una mancha negra en el derrocamiento de Noriega.

Al final le di cuatro Dólares.

-Me cae que ni venido del cielo. Esto me servirá para pagar algunas deudas- dijo con gratitud.

Nos despedimos y supe que a partir de aquel momento todo iría sobre ruedas. En cierta manera, Manuel era la imagen del carácter panameño, un país donde el viajero no se siente extranjero y donde la comunicación es fluida y fácil.

Canal de Panamá

Canal de Panamá

EL CANAL DE PANAMÁ

Al día siguiente Ilka, mi guía, junto a Roberto, el conductor, me recogieron a las siete en la recepción del hotel. Íbamos a visitar el canal, una de las maravillas del mundo, quizá no por su espectacularidad, pero sí por sus efectos prácticos en la navegación entre el Atlántico y el Pacífico.

El canal fue acabado en 1914, aunque los primeros estudios datan de la época de Carlos V, quien por primera vez imaginó la posibilidad de abrir un canal que comunicase los dos océanos.

Un lugar privilegiado para ver el canal es el cerro Ancón, reconocible desde la ciudad por la bandera panameña que ondea en la cima. En la colina, los buitres –o gallotes– campan a sus anchas. Hacia Ciudad de Panamá  se divisa el casco antiguo y la zona moderna; al norte se ve el canal desde la esclusa de Miraflores y su recorrido hacia el Pacífico, con el Puente de las Américas y la carretera Panamericana.

ISLA GRANDE Y KUNA YALA

El país es pequeño (75.517 km2) pero sus posibilidades enormes. A pesar de que había visitado Bocas del Toro, Ciudad de Panamá y el canal, todavía quedaba mucho por ver.

La provincia de Colón y la capital homónima son las segundas en importancia del país. La ciudad de Colón es famosa por su zona de libre comercio y por ser la entrada del canal desde el Atlántico. Sin embargo, para el visitante resultan más atractivas las poblaciones de Portobelo e isla Grande, ubicadas hacia el este de Colón.

Ya en pleno Caribe, se extiende el territorio de los indios kuna, el archipiélalgo de San Blas. En la foto, una de sus islas: Playón Chico

Ya en pleno Caribe, se extiende el territorio de los indios kuna, el archipiélalgo de San Blas. En la foto, una de sus islas: Playón Chico

Entre Colón y Portobelo se encuentra el fuerte de San Lorenzo, en un paraje virgen, a la entrada del río Chagres. A través de este río, Henry Morgan planeó  su ataque sobre las posiciones hispanas a mediados del siglo XVII.

Portobelo, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1980, es una población variopinta custodiada por dos fuertes. Aquí vive gran parte de la población negra o afrocaribeña del país, descendientes de los antiguos esclavos. Las peculiaridades de su música local, los “Congos”, constituyen uno de los máximos atractivos, así como la imagen del Cristo Negro, muy venerada por los panameños.

Fuerte de San Lorenzo

Fuerte de San Lorenzo

Isla Grande es un centro de vacaciones utilizado sobre todo por el turismo local. Los atardeceres en la isla son majestuosos y la isla es el lugar ideal para descansar durante algunos días en un ambiente auténtico.

Más hacia el este –aunque para llegar es mejor volar en avioneta desde Ciudad de Panamá–, en la misma costa caribeña, se extiende el territorio de los indios kuna, Kuna Yala, la provincia de San Blas. Los kuna viven en las islas del archipiélago, aunque todos los indicios apuntan a que provienen de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia.

Muchos son los lugares de Kuna Yala accesibles en avioneta desde Ciudad de Panamá: Achutupo, Caledonia, Cartí, El Porvenir, Isla Tigre, Mulatupo, Mamitupu, Mansucum, Playón Chico, Puerto Obaldía, Río Azúcar, Río Sidra, Tikantiki o Ustupo, entre otros lugares.

Siendo como es un pueblo orgulloso y luchador, los kuna iniciaron hacia 1925 una revolución  –la Revolución de Tule– que les ha permitido mantener sus tradiciones intactas. Guardan una especial relación con la Tierra, a la que consideran la Gran Madre.

Mujer kuna trabajando una mola

Mujer kuna trabajando una mola

En el equilibrio con el planeta y con sus minerales está la llave del porvenir. Una elección sabia y acertada. La vida social de los kuna transcurre en gran medida alrededor de la hamaca, hasta el punto que las ceremonias nupciales, según sus antiguas creencias, tienen lugar junto a este elemento familiar. Son grandes artesanos y sus vestidos, las molas (telas de algodón artesanalmente labradas), son muy apreciadas en todo el país.

A nivel turístico, los indios kuna tienen aprendida la lección: una foto, un Dólar. Cuentan que un día, uno de los jefes de un poblado vio una fotografía de un indio kuna en la portada de una revista de viajes y desde aquel momento se estableció una cuota de visita para acceder al pueblo –es necesario pedir permiso al jefe de la comunidad– así como pagar por las fotos realizadas.

La isla de El Porvenir, así como Playón Chico, son los principales puntos de entrada al territorio de los indios kuna; cualquiera que sea el lugar que se haya escogido, el viajero podrá visitar islas y cayos vírgenes y acercarse a una cultura ciertamente distinta a la nuestra.

COMUNIDADES INDÍGENAS Y ZONAS DEL INTERIOR

Otro día, junto a Ilka y Roberto, visité una comunidad de indios emberá, desplazada de la provincia y las selvas del Darién hasta el lago Gatún, lugar en el que pueden disfrutar de una existencia más tranquila. No hay que engañarse: estas comunidades sobreviven gracias al turismo, que aún llegando con cuentagotas, es su principal fuente de ingresos. A pesar de esto, la autenticidad de sus gentes no deja lugar a dudas.

Niños de la tribu emberá

Niños de la tribu emberá

Niños de la tribu emberá

Niños de la tribu emberá

Yo permanecí media jornada junto a ellos y me fui del poblado a orillas del río Chagres con la sensación de haber conocido un ritmo de vida diferente. Al poco de llegar, apareció una canoa con un grupo de visitantes que participaban en un congreso en la capital. Estuvieron media hora y siguieron río arriba. Después nos quedamos solos con los emberá. Aquella mañana debatían en la choza común, un enorme patio cubierto con hojas de palmera, la creación de una escuela. Durante todo el tiempo yo anduve a mis anchas, fotografiando a hombres, mujeres y niños, interesándome por su cultura y disfrutando de un plato de plátano verde frito y pescado del lago “sargento”. El pescado estaba exquisito y la naturalidad de la gente me asombró.

Los indios emberá ocupan los territorios cercanos al río Chagres. Sus problemas  se debaten en torno a la choza común

Los indios emberá ocupan los territorios cercanos al río Chagres. Sus problemas se debaten en torno a la choza común

Con Ilka y Roberto recorrimos otros rincones de Panamá. Visitamos la provincia de Coclé y la población de El Valle, que goza de un clima algo más frío. También estuvimos en isla Taboga y en otras esclusas a lo largo del canal. Durante mi visita a Panamá tuve la sensación de que debería regresar para disfrutar de un país que tenía mucho por descubrir.

BOCAS DEL TORO

El día del vuelo en avioneta con el que empezaba este reportaje, regresaba de Bocas del Toro, uno de los paisajes más idílicos del país que he dejado para el final con el firme propósito de no desencantar al lector, porque el lugar es uno de los paraísos del Caribe.

Playa de las Estrella, Bocas del Toro

Playa de las Estrella, Bocas del Toro

La primera noche dormí  en un anacrónico hotel –parecido a un chalet suizo–, en la ciudad de Bocas del Toro, hasta que al día siguiente descubrí Punta Caracol Resort, el hotel ideado por un joven catalán que se enamoró  del lugar. Primero fue él; después le siguió toda su familia, compuesta por su hermana y sus padres. Su relación con el entorno es tan intensa y apasionada que no es de extrañar que Punta Caracol Resort sea un punto de referencia.

Punta Caracol Resort, hotel en un paraje idílico

Punta Caracol Resort, hotel en un paraje idílico

Isla Colón, donde se ubica la capital, fue descubierta por Colón en su cuarto y último viaje a América, y el archipiélago, formado por centenares de cayos e islas, se concentra alrededor de la laguna de Chiriquí.

En la ciudad, en Bocas del Toro, el viajante se encuentra con la mayoría de la población negra y criolla de Panamá. La United Fruit Company tenía en Bocas del Toro uno de sus principales centros bananeros de América y la mayoría de la población trabajaba en los cultivos.

En Bocas del Toro se da ese mestizaje tan amable y amado del Caribe, ese encuentro de culturas que parece nutrirse de todo lo bueno de cada una de ellas. El negro y el afrocaribeño, y también la gente mestiza y blanca, descendientes de los antiguos propietarios de la United Fruit Company, así como las etnias locales de los guaymíes, forman una comunidad acogedora, suave en la voz y en el trato, con la  que el visitante no se siente extranjero.

La capital de Isla Colón todavía refleja una vida ajena al turismo masificado

La capital de Isla Colón todavía refleja una vida ajena al turismo masificado

Desde aquí se puede visitar Changuinola, Almirante y centenares de islas y cayos en la laguna de Chiriquí. En la isla de los Pájaros, los colores del agua se combinan con el verde que cae de la roca escarpada, mientras que en cayo Zapatilla –lugar donde se realizó alguna de las ediciones de “Supervivientes o Operación Robinson”– las playas de arena blanca rodeadas por palmeras muestran el Caribe en estado puro.

No lejos del hotel Punta Caracol está la playa de las Estrellas, un escenario único.

La isla de los Pájaros, siempre cubierta de vegetación

La isla de los Pájaros, siempre cubierta de vegetación

Si el canal de Panamá  puede ser considerado una de las maravillas del hombre, yo, a título personal, incluiría la playa de las Estrellas entre las maravillas de la Naturaleza que transmiten una sensación especial.

Doce días son insuficientes para conocer el país, pero lugares como la playa de las Estrellas y la gente que allí conocí establecen un vínculo íntimo difícil de olvidar.

 

Texto y fotos de Ramón Villeró

CÓMO IR

Hay vuelos directos desde España, desde Madrid y Barcelona, a Panamá con Iberia (www.iberia.es)

QUÉ SABER

Documentación. Para menos de 90 días los españoles sólo necesitan el pasaporte en regla.

Clima. Tropical con una temperatura media de 26º. La época lluviosa va de mayo a noviembre.

QUÉ VER

En Ciudad de Panamá

Sugerimos pasear tranquilamente por las ruinas de Panamá la Vieja, un interesante recorrido que nos traslada a la época colonial española. Hay que pagar 2 Dólares y se permite la entrada al Museo de Sitio, donde se contempla una maqueta de la primera ciudad reconstruida.

Recomendamos también visitar el Casco Viejo, para fijarse en la arquitectura de sus casas del siglo XIX, las iglesias coloniales, su catedral y los restos de la muralla.

Hay que subir al Cerro Ancón, desde donde se contemplan las mejores vistas de la ciudad y el Canal, al que, por supuesto, recomendamos acercarse.

En las faldas del Cerro Ancón está Mis Pueblitos, un complejo de arquitectura popular donde se localizan algunas de las mejores artesanías del país.

En Colón y Portobelo

A medio camino entre ambas está el fuerte de San Lorenzo en un paraje tranquilo. En Portobelo están los fuertes que custodian el pueblo, así como la iglesia de San Felipe, con el Cristo Negro de Portobelo. El peregrinaje a la iglesia de San Felipe es el 21 de octubre, una festividad religiosa muy importante para los panameños. La comunidad afrocaribeña de la provincia de Colón canta sus propios congos, una música rítmica y desenfrenada que vale la pena escuchar.

En la Costa caribeña

Archipiélago de San Blas y Bocas del Toro. En Bocas del Toro podrá disfrutar los escenarios más hermosos del Caribe. Instálese 3 ó 4 días en un hotel frente al mar y recorra las islas y cayos. Para llegar a Bocas del Toro, la manera más fácil y cómoda es tomar un vuelo desde ciudad de Panamá. Para explorar esta zona lo habitual es tomar como base Bocas del Toro, una bucólica localidad situada en isla Colón, la más desarrollada del archipiélago. En esta localidad se ofrecen varios taxis marinos que llevan a sus clientes a practicar buceo o la pesca de la langosta en playas idílicas. Otra visita interesante en esta zona es la isla de los Pájaros, frente a isla Colón, que sirve de refugio a cientos de aves migratorias.

La provincia de San Blas es territorio de los indios kuna. Desde Ciudad de Panamá puede llegar en avioneta a Achutupo, Caledonia, Cartí, El Porvenir, Isla Tigre, Mulatupo, Mamitupu, Mansucum, Playón Chico, Puerto Obaldía, Río Azúcar, Río Sidra, Tikantiki o Ustupo, entre otros destinos, lo que le acercará a una cultura distinta que ha sabido preservarse. Los vuelos salen todas las mañanas y el viaje dura media hora y cuesta unos 55 Dólares ida y vuelta. En cuanto al paisaje, las islas y pequeños cayos de palmeras, donde llega la brisa del Caribe, son deliciosos.

Moverse por San Blas es muy fácil. Una buena opción es apuntarse a un tour guiado, pero también existe la opción de contratar barqueros individualmente que le acercarán a las islas más bellas.

DÓNDE DORMIR

En Ciudad de Panamá

Una de las mejores opciones –y una de las más caras– es el Hotel El Panamá. Junto a este hotel se encuentra el Hotel Holiday Inn. Precio por precio, y puestos a elegir, vaya al primero. Alrededor de 100 Dólares la habitación doble, ambos.

Otras opciones más económicas:

Hotel Marparaíso y Hotel Caribe. Por último, si le agobia dormir en la ciudad puede desplazarse hasta la isla de Taboga y dormir en el Hotel Taboga, a tan sólo 10 millas de la capital, con tranquilidad garantizada.

 

En Bocas del Toro

Hotel Punta Caracol Resort. Sin duda se trata de la mejor opción. www.puntacaracol.com

 

En Archipiélago de San Blas

Existen multitud de islas pero sólo unas pocas cuentan con alojamiento. Conviene informarse en el Instituto Panameño de Turismo. Tres buenas opciones son:

Sapibenega the Kuna Lodge. Situado en la isla de Iskardup. Cabañas bien acondicionadas. El precio son 75 Dólares por persona.

Eco Resort. En Kwadule. Es el más lujoso.

Hotel Kuna Yala. En Nusatupo.

El precio ronda los 80 Dólares por habitación doble.

 

DÓNDE COMER

La comida panameña, mezcla de comida indígena, criolla, colonial e internacional, es excelente. Podrá darse atracones de pescado, sobre todo corvina, que es buena, bonita y no muy cara, igual que los pargos fritos o la langosta a la plancha que son deliciosos.

En el archipiélago de San Blas pruebe las langostas, langostinos, calamares y pulpos. No se arrepentirá.

Restaurante Las Tinajas. Famoso por sus espectáculos folclóricos. Comida panameña e internacional. Situado en Bella Vista, Calle 51.

Ciudad de Panamá.

Restaurante Angel. Restaurante español especializado en mariscos. Ciudad de Panamá.

El Trapiche. Comida típica por 15 Dólares.  En Vía Argentina,10.  Ciudad de Panamá.

VIDA NOCTURNA

El Pavo Real. Muy popular. Hay música en directo. En Calle 51 Este, Campo Alegre. Ciudad de Panamá.

Blu Room. Famoso entre los panameños por sus excelentes cócteles. En el Casco Viejo, Avenida A, Calle Primera. Ciudad de Panamá.

COMPRAS

Para comprar artesanía acuda al Centro de Artesanías Nacional e Internacional de Ciudad de Panamá, cerca del aeropuerto de Albrook. En las ruinas de Panamá  la Vieja hay tiendas de artesanía con molas o tapices elaborados por los kuna. En el mismo archipiálgo de San Blas también es posible comprar artesanía de los indígenas.

MÁS INFORMACIÓN

www.ipat.gob.pa