Por Guillem Serra y Miriam Pugés

 

Al fin! De nuevo en Perú. Habíamos llegado esta vez otra vez aquí, en pleno altiplano peruano, para realizar el viaje de una búsqueda que nos había perseguido toda nuestra vida, en el lago Titicaca.

Y aquella tarde lo vimos por primera vez. Se extendía en todas direcciones con un intenso color azul turquesa, y la superficie de sus aguas era tan lisa que, de no ser por la chicha de jara, hubiéramos jurado que se trataba de un espejismo más que de una realidad.

Aunque pueda achacarse fácilmente a la altura, mientra cruzaba el lago Titicaca, esa tarde inmóvil, no dejaba de pensar que éste tiene una cualidad muy parecida a lo prodigioso. Con sus 8.300 kilómetros cuadrados -de los que 5000 pertenecen a Perú y el resto a Bolivia- , el Titicana es un gran mar interior de aguas dulces e intensamente azules.

Situado a una altura de 3.820 metros sobre el nivel del mar, se le considera el lago navegable más alto del mundo. A todo esto habría que añadir su carácter sagrado.

Isla de Amantaní

El lago Titicaca ha desempeñado un papel muy significativo en las creencia andinas durante más de dos milenios. Cerca de él surgió la población y el centro ceremonial de Tiahuanaco, capital de una de las más importantes civilizaciones de Sudamérica. Lugares de culto fueron levantados a lo largo de sus orillas y durante la época de la conquista española, uno de los más importantes del Imperio Inca fue edificado en la Isla del Sol, en el lado boliviano del lago. De sus heladas profundidades emergió la deidad creadora inca, Viracocha, y la leyenda dice que el el dios Sol concibió a sus hijos  -Manco Capac y Mama Ocllo- en las aguas del lago, para que fundaran Cuzco y la dinastía de los grandes reyes incas.

ISLAS FLOTANTES DE TOTORA

Las mañanas en el lago Titicaca son tan asombrosamente claras y diáfanas que uno podría creer fácilmente que aquí no existe el aire. Contrariamente a lo esperado, no sentíamos pesadez ni mareo. La ligereza con la que nos movíamos tal vez se debiera a la insconciente seguridad de que en las islas de los Uros andamos sobre islas que de hecho flotan. El por qué de este fenómeno resulta tan extraño como fascinante.

Se supone que debido a las constantes presiones de pueblos vecinos, en tiempo petéritos los Uros acabaron por refugiarse en las mismas aguas del Titicaca, optando por crear ellos mismos sus propias islas.  Mediante el ingenioso trenzado del fuerte junco de totora que crece en el fondo del lago, los Uros crearon amplias plataformas sobre las que asentarse y perpetuar  en ellas sus antigua tradiciones.

Y no solo sus islas son de totora, sino también sus viviendas y embarcaciones. Hay cerca de unas treinta islas flotantes en las que viven aproximadamente unos 3.800 Uros. Por desgracia, el auténtico idioma uro se perdió para siempre y que, como resultado de sarse con otros pueblos del altiplano hoy en día los uros hablan el idioma aymará, la lengua de otra etnia del lago.

Por cierto, no hay  casa ni choza en las islas de los Uros que no nos recibieran con auténtica amabilidad y respeto.

BIENVENIDOS A TAQUILE

La escarpada isla de Taquile resulta de una belleza austera pero impresionante, y alberga una de las comunidades indígenas más agradecidamente tradicionales de todo Perú. Ello se aprecia en la colorida ropa de sus gentes; la graciosas polleras  (faldones andinos), chales y sombreros de las mujeres, y los ponchos, cinturones y gorros o chuyos de los hombres.

La habilidad tejedora de los taquileños  es tal que cada familia posee como mínimo cuatro tipos de trajes diferentes: uno para el trabajo, otro para el descanso, otro para bodas y uno más para los festivales.

Sin embargo, lo que más me atrae es la capacidad de sus habitantes  -heredada de los antiguos incas- para establecer sus relaciones con la Naturaleza. Como para la mayor parte de los pueblos andinos , Pachamama -o la Madre Tierra-, ocupa un lugar de absoluto privilegio en la cultura de los isleños del Titicaca, puesto que se cre que ella es la fuente primordial de toda vida.  El hombre fue creado a partir de la Tierra y por tanto ésta está fraternalmente unida a todos los seres que la comparten. La Tierra es nuestra madre y es de acuerdo con este conocimiento con el que el hombre siempre debe organizarse, manteniendo las normas y las leyes cósmicas. En consecuencia, nuestro deber está en cuidar  y respetar Pachamama -en lugar de explotarla- porque así nos respetamos todos.

Isla de Amantaní. Los incas viven en armonia con la naturaleza y la Madre Tierra

Hoy, observamos el trabajo en las chacra o huertos de los campesionos: aquí la propiedad privada de la tierra se considera un pecado. La tierra es para todo el mundo, y los cultivos -así como el fruto de los mismo- se comparten según las necesidades de cada familia.

Ojalá nuestro mundo funcionara también así. ¿No les parece una genial idea?

Y AHORA… HACIA AMANTANÍ

Una noche particularmente estrellada se improvisó en una casa una fiesta con baile, una especialidad en todas las islas del Titicaca. Aparece la quena, el arpa, la guitarra y el silki o flauta de pan. Alrededor de una gran hoguera alguien pasaba cañazo, el fuerte aguardiente local.

Isla de Amantani. Más salvaje pero igualmente bella

La hermandad y la alegria, a pesar de ser futo de la insólita cultura quechua, no es excluyente, y esa noche incluso nos olvidamos de que en realidad nosotros procedemos del otro extremo del mundo. De hecho, algo de una naturaleza tan arcana y misteriosa  como las aguas del Titicaca se me aparece ahora ante los ojos con toda claridad.

Cuando a la mañana siguiente partimos con otros isleños hacia la isla de Amantaní, el día era nublado y había oleaje. Todo el mundo sabe que, cuando hace mal tiempo, las olas de este mar de agua agua dulce pueden alcanzar el medio metro y que las barcas pueden zozobrar.

Entonces me acuerdo de la histroia que dice que cuando llegaron aquí los primeros conquistadores españoles, los isleños tiraron al lago todos sus tesoros para evitar que aquellos se los llevaran. Y de pronto, un peruano señala con la mano la isla que se nos acercaba, y comprendí que si pudiéramos conseguir lo que queremos, cuando creemos que lo necesitamos, la vida perderia todo su misterio y significado.

Exactamente como sucede en este prodigioso y onírico mundo del lago Titicaca.

El Titicaca está compartido por Bolivia y Perú y tiene unas treinta islas.  Los Uros, Taquile y Amantaní son las tres islas más importantes de la parte peruana, que desprenden una energía mística y enigmática. Amantaní y Taquile son islas naturales y las Uros está hecha artificialmente, a base de cañas de totora, el material autóctono por excelencia.

Cómo desplazarse. El aeropuerto más cercano se encuentra en Arequipa. Desde Lima es muy fácil conectarse. Desde Arequipa se puede viajar a Puno, el principal puerto de Titicaca y capital de su Departamento, en tren  (con conexión en Juliaca), o en autobús. Desde Puno, las opciones varias: ferrys, lanchas barcas…

Clima. Todas las época son buenas para viajar a Perú pero la mejor época es de mayo a septiembre.

Dónde dormir. Para preservar su cultura y forma de vida, los habitantes de las islas se niegan a que se levanten hoteles. Pero es facil encontrar alojamiento en las propias casas de los isleños.