Estoy en el corazón de Baviera, en la ciudad amurallada de Rothenburg ob der Tauber, la ciudad medieval construida al margen del río Tauber.
A través de la ventana llega una luz intensa, blanca. Afuera, la luz brilla con fuerza.

Desde donde me encuentro diviso la techumbre de varios edificios, triangulares, escalonados otros, teñidos de plata, y a lo lejos, la silueta de una de las torres de la ciudad, la Kligentor, del siglo XV.
Abajo, la calle adoquinada apenas iluminada por las farolas públicas, vacía, solitaria, sin un alma. Pienso que si esas luces fueran sustituidas por la de teas ardientes y apareciera una tropa a caballo ataviada con indumentaria de la Edad Media, no me extrañaría. Porque la ciudad parece transportada en el tiempo.

Con suerte es posible callejear en solitario

Con suerte es posible callejear en solitario

La atmósfera de esta ciudad te envuelve de inmediato. Tan solo con atravesar por alguna de sus puertas los más de 2000 metros de muralla, se recibe la grata impresión de conocer un lugar donde la historia ha dejado su huella.
Rothenburg es uno de los enclaves del medievo mejor conservados de Europa, y eso a pesar de las guerras que ha sufrido.
Los orígenes de la ciudad se remontan al siglo XII. En 1142 se construye el Rothe burg, el castillo rojo que da nombre a la ciudad.

Puerto de acceso al recinto amurallado

Puerto de acceso al recinto amurallado

Ya dentro, todo nos recuerda que estamos en el medievo

Ya dentro, todo nos recuerda que estamos en el medievo

La ciudad a vista de pájaro

La ciudad a vista de pájaro

En 1356 sufre un terrible terremoto, después del cual renace hasta convertirse en una sólida fortaleza. Durante la Guerra de los Treinta Años, la ciudad sufre los ataques de las tropas católicas. Un episodio interesante: el 31 de octubre de 1631 puede considerarse una fecha clave en la historia de la ciudad. El comandante imperial Tilly conquistó Rothenburg y estaba decidido a pasar por las armas la ciudad entera y posteriormente prenderle fuego.

Las mujeres imploraron misericordia y ofrecieron los mejores vinos a los vencedores. Cuenta la leyenda cómo el comandante, azuzado por sus propias tropas trató de beber de un solo trago el contenido de una de las grandes copas de vino. No lo consiguió y Tilly prometió perdonar de la destrucción a la ciudad si alguien lo conseguía. El alcalde Nusch, engulló sin pestañear y de un solo golpe el contenido del enorme caliza de vino (más de tres litros), salvando de esta manera la destrucción de la ciudad.

Pequeño museo donde se recrean algunos de los episodios históricos más importantes que ha sufrido Rothenburg

Pequeño museo donde se recrean algunos de los episodios históricos más importantes que ha sufrido Rothenburg

Tras este episodio la ciudad pasó totalmente desapercibida y ajena a todos y a todo. Pero ha sido pecisamente este abandono la que le ha permitido llegar prácticamente intacta hasta nuestros días.
En realidad no fue hasta hace algunos años después de acabada la Segunda Guerra Mundial cuando Rothenburg seria redescubierta para el turismo y empezaría a ser considerada como una de las joyas de la Edad Media.

Vestido con el atuendo típico de Baviera, un bávaro observa la belleza de la ciudad

Vestido con el atuendo típico de Baviera, un bávaro observa la belleza de la ciudad

Hoy, la ciudad recobra toda su magia cuando cae la noche, cuando las calles están desiertas y en medio del silencio se puede disfrutar de una visión sosegada del recinto. Es entonces cuando uno puede imaginarse cómo era esta ciudad en la Edad Media.

CÓMO IR
Los aeropuertos más cercanos son el de Nuremberg y Munich. Desde allí , en coche, a través de la popular ruta romántica se llega a esta bella y antigua ciudad.

QUÉ VER
El Reichsstadt Museum. En el centro de la ciudad. Aquí se encuentra el famoso cáliz, gracias al cual la ciudad se salvó de la destrucción.
La empedrada Hofronnengsse llega hasta la Markplatz, sede de una adornada fuente renacentista, la Herterlichbrunnen. La Iglesia de San Jaime, también en el centro, y la iglesia de San Wolfang, al lado de las murallas, son dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad. La primera alberga en su interior una cápsula de cristal con, dicen, la sangre de Cristo.

Plaza del Mercado, corazón de la Rotenburg

Plaza del Mercado, corazón de la Rotenburg

Interior de la Iglesia de San Jaime

Interior de la Iglesia de San Jaime

El museo de las torturas y el de las muñecas son curiosos y merecen una visita. Ambos están cerca de las murallas, que se pueden recorrer y permiten visiones fabulosas de la ciudad.

MÁS INFORMACIÓN

www.germany.travel
www.germany.travel/es/ciudades-turismo-cultural/ciudades/rothenburg.html