Ruta de los cátaros, Francia: En el país de los hombres buenos

Les Routes des Cathares. Pays des Cathares… Da que pensar. Desde el mismo momento en que uno se adentra en el Departamento francés del Aude el cartel que más se lee en los márgenes de las carreteras son precisamente estos. Pero, ¿existe realmente un país cátaro? Rotundamente, no. En realidad se trata –y de esto los franceses saben un rato- de un reclamo turístico, una forma de vender al viajero los bellos paisajes y las románticas ruinas empapadas de leyendas que salpican esta región.

Efectivamenete, entre Carcasona y Perpiñán, aprovechando los picachos, en lo alto de auténticos nidos de águila, más cerca del cielo que de la tierra, se elevan las ruinas de los castillos cátaros, uno de los mayores atractivos de la zona.

Los castillos cátaros se levantan como auténticos nidos de águila

Los cátaros fueron borrados de la faz de la tierra hace unos setecientos años, más o menos. El último clérigo o perfectus cátaro, Guilhem Belibaste, consiguió escapar a Torroella de Montgrí, en Cataluña, donde vivió en compañía de una pequeña comunidad de creyentes exiliados, y más tarde se trasladó a Morella.

Los cátaros no eran guerreros. La suya era una fe basada en una absoluta renovación moral: el mundo estaba dividido entre los dos principios fundamentales, el Bien y el Mal. Dios es el creador del espíritu; Satanás, de la materia. Traducido al plano ético, este dualismo se transformó en una especie de duro ascetismo que condenaba el matrimonio y la procreación, prohibía la propiedad privada y el uso de las armas. Sin embargo, fueron la causa desencadenante de una de las más sangrientas campañas y cruzadas de la Edad Media. Una vaga memoria de toda esta historia permanece todavía viva en el Midi, el sur de Francia.

Canal del Midi

Los cátaros compartían pacíficamente sus tierras y sus vidas con los habitantes católicos de la región. ¿Por qué, pues, fueron sometidos a una persecución tan furiosa? Básicamente, podría decirse que la causa era que los “herejes” cátaros eran mucho mejores cristianos que los propios católicos. Eran muy populares y también muy respetados por los habitantes de las poblaciones locales, que se convertían en multitudes simplemente por el ejemplo de la forma cátara de vida.

Organizados en una auténtica jerarquía eclesiástica, se definían “buenos hombres” o “buenos cristianos”. Para algunos ilustres de la época eran, sin embargo, “los apóstoles de Satanás”. Al extenderse y refozarse cada vez el catarismo en el Languedoc, aumentaron las preocupaciones del Papa Inocencio III, que en esta herejía advertía una posible amenaza a la unidad cristiana. La muerte del legado papal Pierre de Castelnau, acaecida en 1208 en Saint-Guilles en circunstancias misteriosas, fue el pretexto para desencadenar la represión armada contra los herejes cátaros y todos aquellos que, por motivos religiosos o por intereses políticos, los apoyaban. Fueron largos años de lucha feroz, caracterizados por asedios y batallas, matanzas y represalias, masacres y torturas; largos años iluminados tan sólo por los oscuros resplandores de las hogueras en las que quemaban a los herejes.

Utilizando nuevas técnicas, los vinos de la zona son cada vez mejores

Montségur, Peyrepertuse, Quéribus, Carcasona, Termes, Puyvert, Puylaurens… Los cátaros buscaron refugio en estas fortalezas, sufrieron y perecieron en ellas y, de un modo real o imaginario, sus espíritus aún rondan por allí. La mayoría de estos castillos son sólo ruinas, pero no cuesta imaginarlos en su papel de celosos guardianes celestiales de lo que ocurría en la tierra, y a los cátaros viviendo en ellos según sus estrictas normas, tocando el cielo con las manos y con los pies separados del suelo.

Castillo de Queribus

CASTILLOS DE LEYENDA

Inicio mi particular itinerario visitando el castillo de Quéribus, cerca de Cucugnan, una de las fortalezas más fascinantes de la ruta. Emplazado a 730 metros de altura, en el corazón de la Corbières, Quéribus parece una prolongación natural de la masa rocosa de la que emerge a viva fuerza con su imponente torreón. El interior no tiene desperdicio: ofrece la llamada “sala del pilar”, de estilo gótico. Es una maravilla. Último bastión de la resistencia cátara, Quéribus se rindió en el año 1255, once años después de que el legendario castillo de Montségur fuera conquistado.

La visión de Quéribus impresiona, sin duda. Hay que subir una pequeña cuesta –no más de diez minutos- y de inmediato se encuentra uno en el interior de una inmensa e inquietante masa rocosa. Si el interior parece estar llena de extraños fantasmas occitanos y cargado con una atmósfera misteriosa y espectral, la visión que se disfruta desde la parte más alta del mismo es de una belleza pasmosa. A tus pies se extienden las verdes y doradas llanuras del Rosellón. Más allá, a lo lejos, la superficie azul del Mediterráneo. También se contemplan, imponentes, las cumbres nevadas de los Pirineos.

Castillo de Peyrepertuse

 A un tiro de piedra está el de Peyrepertuse, al que se llega tras cruzar las impresionantes gargantas de Galamus. Posiblemente sea el más bello de todos los castillos cátaros. Casi inaccesible, a 800 metros de altura, Peyrepertuse es el baluarte feudal más vasto de toda la región y el que mejor se conserva. Al contrario de otras fortificaciones, no fue asediado, sino que prefirió rendirse al rey de Francia en 1240. Dentro de su doble cerco de murallas, el castillo de San Jordi parece casi una fortaleza dentro de otra fortaleza, con su increíble escalinata tallada en la roca, como suspendida en el vacío. Peyrepertuse se ve mejor desde abajo, desde el pueblo de Rouffiac-des-Corbières, pero hay que subir. Es una experiencia muy recomedable. Lo cierto es que cuando uno se encuentra allí dentro se pregunta qué clase de determinación hizo que esas gentes construyeran algo tan colosal a esta altitud. Penetrar en este silencioso mundo es algo difícil de olvidar.

Castillo de Puylaurens

La ruta sigue hacia el oeste, conduciendo por la D117. Lo que viene a continuación es el reconstruido castillo de Puylaurens y las ruinas del castillo de Puyvert. Caracterizado por una hermosa muralla almenada interrumpida por torres redondas, el castillo de Puylaurens pertenecía a Chabert de Barbaira, un cátaro de sólidas convicciones religiosas, que lo defendió denodadamente hasta que le obligaron a capitular en 1256. El castillo desempeñó después una función de protección en los confines de Francia y España, y sufrió numerosas remodelaciones. Pero la fascinación de sus poderosas ruinas se mantiene intacta: se dice que merodea por él el fantasma de una Dama Blanca… Puyvert, en lo alrededores de Quillan, cayó en manos de los cruzados tras tres días de asedio.

La joya de los cátaros. Carcasona

Continuando siempre en dirección oeste, y saliendo de Puyvert, se llega a Montségur, tal vez el menos espectacular de los castillos de nuestra ruta, pero también el más famoso debido a los trágicos acontecimientos de marzo de 1244. En la fortaleza se atrincheraron setecientas personas, entre las que había un grupo de 200 cátaros notables, que resistieron heroicamente el asedio de un ejército al mando de Raymond VII, conde de Tolouse, durante casi un año, y, una vez rendidos, ardieron en una inmensa pira en el Camp dels Cremats, situado a los pies del castillo.

Carcasona, un cuento de hadas

Una visita al país cátaro no puede olvidar Carcasona. Ciudad-fortaleza desde los comienzos de la historia, Carcasona ha visto pasar a lo largo de los siglos a galos, romanos, visigodos, árabes, francos, cátaros, y ahora, durante todo el año, como se apresuran a decir en la misma oficina de Turismo de la Cité, a los turistas.

Férreas murallas protegen la ciudad vieja de Carcasona

Carcasona es como una pequeña aldea de cuento de hadas que vale la pena explorar y recorrer sin rumbo fijo, sentándose en sus cafeterías, comprando en sus tiendas y disfrutando de la buena comida que sirven en alguno de sus restaurantes.

La Cité, como se llama la ciudad intramuros, sufrió muchos desperfectos durante los ataques de la cruzada albigense, pero más tarde fue reconstruida y restaurada por los monarcas franceses, un proceso que se ha ido repitiendo interminablemente desde entonces. Lo cierto es que para los estudiosos de las guerras medievales, la Cité es un verdadero paraíso. Constituye un perfecto ejemplo de los más sofisticados métodos  bélicos de la época, con sus veintiséis torres, , sus altos torreones,  sus aspilleras, y con los aposentos de los condes, un castillo dentro del castillo. La vista que se obtiene de todo el conjunto desde fuera de la ciudad, desde el mismo puente medieval que conecta la ciudad-fortaleza con la moderna Carcasona es de postal.

Pero no todo es arquitectura castrense en Carcasona, y la basílica de Saint Nazaire es prueba de ello. Su interior, bañado por la luz que entra a raudales por los hermosos rosetones de la Virgen y de Cristo, delatan la altura de las naves, los impresionantes vidrieras (las más bonitas que he visto en mi vida y, créanme, he visto muchas) y la piedra sepulcral bajo la que reposan los restos de Simon de Monfort.

Para quienes, como yo, quieren explorar el país de los cátaros, Carcasona se encuentra ubicada en una posición privilegiada y constituye la base operaciones perfecta para explorar la región en todas direcciones.

Lastours, cuatro fortalezas en medio de un desolador paraje

En dirección a Beziers, al norte de Carcasona, entre les Conques sur Orbiel y Mas Cabárdes, comparten el espolón de la Montaña Negra los cuatro castillos cátaros de Lastours: Cabert, Tour Regine, Surdespine y Quetinheux. Se trata de cuatro fortificaciones que, semejantes a nidos de águila, dominan todo el paisaje que se extiende a sus pies. Nunca se rindieron a los soldados de Simon de Monfort, que en vano trató de conquistarlos: demasiado inexpugnables, demasiado difíciles en un lugar que no permitía la utilización de máquinas de asedio.

El recorrido por las ruinas cátaras debería terminar en Villerouge Termenés, un pequeño pueblo que tiene uno de los castillos mejor conservados. Como he comentado al principio, aquí murió Guilhem Bélibaste, el último hereje de esta secta perseguida hasta el exterminio. Con su quema en la plaza de armas se dio por concluida la cruenta campaña de persecución a la que fueron sometidos los “buenos hombres”. Sus gritos, los lamentos de estas miles de personas que fueron degolladas inmisericordemente aún parecen resonar entre los peñascos de este itinerario de desolación y barbarie.

Por Francesc Tur


CÓMO LLEGAR

El aeropuerto más cercano al país cátaro es el de Tolouse. Una vez en Tolouse, lo mejor es alquilar un automóvil y moverse libremente por la zona.

En coche. Hay que acercarse a Barcelona. Una vez en Barcelona, AP-7 llega a Perpiñán. En esta localidad hay que dirigirse hacia Narbona y desde allí a Carcasona.

QUÉ SE DEBE VER

Foix. Castillo del condado de Foix, uno de los focos más importantes del catarismo. Está muy bien restaurado.

Lastours. Fue un importante núcleo cátaro, destruido en 1230. Restos de los cuatro castillos que hizo construir el rey de Francia.

Montségur. El castillo más emblemático, aunque no el más bonito. Símbolo de la resistencia cátara, donde el 16 de marzo de 1244 fueron quedamos 225 “buenos hombres”. Sus murallas están al borde un precipicio.

Peyrepertuse. Uno de los más grandes, iniciado en 1242. Está en la cima de una montaña, a casi 800 metros de altura.

Puyvert. Castillo residencial que albergaba a la corte y a los trovadores. Fue reconstruido en 1310 tras la caída de los cátaros.

Quéribus. Acogió a gran número de cátaros tras la caída de Montségur.

Villerouge Termenés. Flanqueado por cuatro torres, se puede visitar el museo cátaro que alberga.

GASTRONOMÍA

Cualquiera que visite esta zona del sur de Francia no debe dejar de probar el cassoulet, un plato tradicional a base de carne de cerdo, salchichas, oca y pato, y a veces también cordero y perdiz, cocido durante unas seis horas y acompañado con judías.

Un buen vino que acompañe tan suculento manjar es el Fitou, un vino tinto hecho con uvas carignan de la zona de Corbières.

DÓNDE DORMIR

Hotel du Donjon. Situado en el mismo corazón de la Cité, es un hotel tranquilo, sin grandes lujos, pero con todas las comodidades que un viajero necesita para encontrarse como en casa. Las habitaciones son confortables y el desayuno es muy completo. (2-4 rue du Comte Roger. La Cité. Carcasona) www.hotel-donjon.fr

Hotel de la Cité. Si lo que busca es alojarse en un hotel de lujo, éste es su hotel. Es el mejor de la ciudad. En su interior se han rodado varias películas y muchas estrellas de cine se alojaron en sus amplios aposentos. (Place Saint Nazaire. La Cité. Carcasona).

DÓNDE COMER

Domaine d´Auriac. A poco más de cinco minutos en coche de Carcasona. Miembro de la prestigiosa cadena Relais and Chateau, el restaurante de este hotel es una verdadera maravilla. Platos suculentos presentados en un comedor realmente increíble permiten una cena romántica a la luz de las velas. La cocina, exquisita, ofrece platos típicos de la región. Dispone de una muy variada carta de vinos. El servicio, muy profesional, está en perfecta armonía con el escenario. (Route de Saint Hilaire-BP-554. Tel. 04 68 25 72 22) www.domaine-d-auriac.com

PARA MÁS INFORMACIÓN

Comité Regional de Turismo del Languedoc-Roussillon www.sunfrance.com

Comité Departamental de Aude País Cátaro www.audetourisme.com

Síguenos en las redes sociales

Hazte de la comunidad Espíritu Viajero para mantenerte en contacto con nuestros redactors y últimas noticias.

, , ,

2 Responses to Ruta de los cátaros, Francia: En el país de los hombres buenos

  1. michael kors outlet 29 June, 2013 a 22:45 #

    thank you for share!

  2. Maria Castro 10 November, 2013 a 9:56 #

    Bellas fotos, muy buen artículo.. ¡Muchas gracias!

Leave a Reply

Current day month ye@r *