El Périgord forma parte de la región francesa de Aquitania, a medio camino entre los Pirineos y París. Alguien tuvo la ocurrencia de dividirlo en colores: el Perígord blanco, el rojo, el verde y el negro. Negro por la espesa sombra de sus bosques de encina; rojo por llamear sus viñedos; blanco por el calcáreo candor de sus piedras; y verde por la relajante dulzura de sus extensas campiñas. Pero no termina aquí la lista: es, también, el País del Hombre ¿Por qué? Porque aquí habitaron nuestros predecesores, el Hombre de Cromagnon, el Musteriense y el Magdaleniense, configurando una de las zonas prehistóricas más importantes de la Tierra. Tras ellos vinieron los romanos (quienes fundaron Vesuna, hoy Périgeux, la capital) y después, visigodos, árabes…

Toda una turbulenta historia de pillajes, guerras y luchas religiosas. Sin embargo, aquellos siglos turbulentos sólo son hoy un vago recuerdo del pasado.
En www.espirituviajero.com hacía ya mucho tiempo que queríamos desplazarnos a esta región para conocer algunos de sus más bellos e interesantes rincones. Y puesto que la región da mucho de sí y es muy extensa nos hemos decidido por una parte, el Périgord negro.

Huellas del hombre primitivo

Aquí hunde sus raíces la historia del hombre y de ahí proceden las primeras imágenes de su vida. El punto de partida para ir en busca de las pinturas rupestres es Montignac, cerca de las famosísimas cuevas de Lascaux. Descubiertas como siempre suceden estas cosas, por casualidad, en 1940, las pinturas rupestres de Lascaux se muestran ante el viajero como un extraordinario escenario prehistórico donde desfilan con increíble realismo renos, caballos, cuervos… Es imposible no mostrar el menor atisbo de emoción ante tal maravilla. Y es que nos encontramos frente a una panorámica espectacular sobre el pasado de la humanidad.
Las grutas de Lascaux que se visitan son una reproducción idéntica a pocos pasos de las originales, para preservar las pinturas antiguas, fácilmente deteriorables por la luz y el calor. Hay que decir, sin embargo, que su reproducción ha sido inteligente e impecable. Lascaux disputa a Altamira el calificativo de Capilla Sixtina del Arte Paleolítico.
Desde Montignac se puede bajar por las carreteras que bordean el río Vézère e ir en busca de otros lugares prehistóricos como Le Moustier o Les-Eyzies-de-Tayac, la patria de la más antigua gruta que se conoce, la del Hombre de Cromagnon. En Les Eyzies existe un muy completo museo, didáctico y fácil de visitar.
Quien prefiera viajar en kayak en vez de en coche (una óptima organización se encarga de suministras estas embarcaciones en Montignac) puede descender por el suave y majestuoso curso del río Vézère, entre orillas abruptas frecuentemente dominadas por las altas paredes de las falaises, como en la Roque Saint Christophe, cerca de Le Moustier, donde se encuentra una de las más extraordinarias aldeas trogloditas excavadas en la roca.

Roque Saint Christophe

Roque Saint Christophe

Pero también una densa red de carreteras y caminos permite recorridos con las bicicletas marcando el ritmo de la ruta, en la que, a cada trecho, aparecen granjas con increíbles cantidades de ocas y patos. O se puede optar por los paseos en calesa, a caballo y a pie por senderos bien señalizados.

La ruta de los mil castillos

La abundancia de castillos en el Périgord puede extrañar al viajero. Se dice que hay 1.001. No son, desde luego, tan conocidos como los de Loira, ni tan ricos y refinados, pero su situación es siempre perfecta, y muchos se pueden visitar gracias al interés de sus propietarios.
El caso es que desde tiempos remotos los valles de Dordoña y sus afluentes han sido el camino real entre el Limousin y Burdeos. Era una zona muy rica, y claro, esto atraía también a los bandoleros. Por lo tanto, la población que vivía en esta zona, cansada ya de tanto asalto y pillaje, necesitaba protegerse. Este es el motivo de por qué por todas partes se ven torreones y pequeñas fortalezas.
Espléndido es el castillo de Hautefort, un poco más al norte de Montignac, con sus jardines del Renacimiento estilo francés y bellísimas vistas sobre el valle. Salignac, uno de los más antiguos; Monfort, Beynac

Beynac

Beynac

La lista es larga, muy larga, por lo que lo mejor es disfrutar de su contemplación cuando surgen en el camino.
De castillo en castillo, desde el de Las Milandes al de Castelnaud (ambos muy cerca de Sarlat) pasando por el pintoresco pueblo de La Roque Gageac (uno de los pueblos más bonitos de Francia, considerado como tal después de Saint Michel y Rocamadur), junto al Dordoña, un encuentro totalmente inesperado es el que tiene lugar con las bastides.

Castelnaud

Castelnaud

Milandes

Milandes

Roque Gageac

Roque Gageac

Las bastides, son unas ciudades construías entre los años 1100 y 1300, durante el largo periodo de hostilidades que siguió al matrimonio, celebrado en 1152, entre Eleonor de Aquitania y Enrique Plantagenet, futuro rey de Inglaterra, y que creó una larga sucesión de enfrentamientos con la corona de Francia. Estos pueblos, con las calles en ángulo recto, con torres de defensa en las cuatro esquinas de la ciudad, nacieron gracias a la colaboración de los campesinos, quienes contribuían a su construcción a cambio de ventajas fiscales y una pequeña propiedad extramuros.

El Périgord ofrece paseos en barco para contemplar bellos panoramas

El Périgord ofrece paseos en barco para contemplar bellos panoramas

Castillo y pueblo de Beynac

Castillo y pueblo de Beynac

En la cima del pueblo del mismo nombre, El castillo de Beynac

En la cima del pueblo del mismo nombre, El castillo de Beynac

Calle de Beynac

Calle de Beynac

De entre todas las bastides que encontramos en Périgord merece un párrafo aparte Domme, pues encarna un perfecto equilibrio entre la Naturaleza y la arquitectura. Domme fue construida en 1280 gracias a la astucia del rey Felipe el Atrevido quien, además, tuvo la ingeniosa idea de acuñar una moneda que solamente tenía valor dentro de la ciudad. El objetivo de las bastides era muy claro: se trataba de construir una pequeña fortaleza autosuficiente en la que poder defenderse ante cualquier ataque.

Sarlat, la joya del Périgord negro

No sólo es la capital del Périgord negro, sino también su mejor representación urbana, una de las ciudades más bellas de Francia.

Sarlat

Sarlat

Se trata de una auténtica joya de calles estrechas medievales y casas góticas renacentistas en fascinante concentración que una ley de 1962, de Malraux (del mismo modo que Mérimée se enamoró de Carcasona, Malraux se enamoró de Sarlat y se propuso salvar su centro histórico) preservó y cuidó. La restauración es magnífica.

sarlat

Sarlat

Sarlat

Sarlat

Los sábados hay un mercado que atrae a gentes de la zona donde ofrecen las más peculiares delicias gastronómicas. Pero Sarlat también tiene una intensa vida cultural. Durante los meses de Julio y Agosto se celebra en ella un importante festival de teatro que sabe sacar muy buen partido de la excelente escenografía que ofrece la plaza de la catedral en la que se levanta el escenario.

Sarlat

Sarlat

Antes de partir en dirección a Grecia, abandonando el Périgord, Henry Miller escribió:

“Périgord es la tierra del encantamiento, celosamente guardada por los poetas y que sólo ellos pueden reivindicar… Creo que esta gran y pacífica región de Francia está destinada a permanecer como un lugar sagrado para el hombre y que, cuando la gran ciudad haya acabado con los poetas, sus sucesores encontrarán aquí refugio y alimento. Puede que un día Francia deje de existir, pero el Périgord sobrevivirá como sobreviven los sueños de que se nutre el alma de los hombres”.

Hombre, yo no creo que Francia deje algún día de existir. Tampoco el Périgord… Pero, por si a caso, sugiero que os acerquéis hasta allí. Aunque toda esta región se muestra reticente a mostrar todos sus secretos, que los tiene ¡y muchos! ofrece todo lo que un viajero busca: una turbulenta historia escrita con letras de sangre, las huellas de un pasado glorioso, una buena gastronomía y, además, las maravillas de una civilización que habitó por aquí hace, nada más y nada menos, que la friolera de 40 millones de años.
¿Qué más podemos pedir?

CÓMO IR
El Périgord, y en concreto el Negro, está a poco más de 500 kilómetros de Barcelona, por la autopista AP-7.

QUÉ VER, QUÉ HACER
Montignac. Hermosa ciudad a orillas del río Vézère, punto de partida para las excursiones en kayak por el río y sobre todo para visitar las grutas de Lascaux, con sus espléndidas pinturas rupestres. Las que se visitan son una exquisita reproducción de las originales.

Domme. Perfecto ejemplo de bastide; del siglo XIII.

La Roque-Gageac. Uno de los pueblos más bonitos de Francia.

En Kayac por el río

En Kayac por el río

Sarlat. La ciudad de los privilegios que en tiempos le fueron otorgados por la Corona como reconocimiento a su lealtad durante la Guerra de los Cien Años, acoge dos tesoros admirables y dignos de visitar: su conjunto de fachadas (las hay medievales, renacentistas y del siglo XVII) que ha sido reconocido como uno de los más ricos de Francia, y su mercado dominical, el más importante del país en cuanto a compras de foie gras se refiere.
En sus calles, diversas flechas indican los recorridos histórico-turísticos más interesantes de la ciudad. No se las pierda.

Lugares prehistóricos que se pueden visitar, situados junto al curso del rió Vézère:
La Roque-Saint Christophe, ubicado en Le Moustier, donde se encuentra una de las aldeas trogloditas más sorprendentes de toda Europa.
Les Eyzies de Tayac, punto central de la zona más rica en yacimientos prehistóricos. Es la cuna del hombre de Cromagnon. Muy interesante el museo de Arqueología.

La ruta de los castillos. A lo largo del Dordoña se encuentran los más hermosos castillos del Périgord: Castelnaud, Beynac, Les Milandes…

DÓNDE COMER
En toda la zona existen muchos y buenos restaurantes. Nosotros descubrimos uno: Au Vieux Moulin, en Les Eyzies de Tayac. Excelente. Es algo caro pero vale la pena.
En el Périgord los reyes de la cocina son el foie gras y la trufa. Le siguen, aunque a cierta distancia, la nuez, el champiñón, la fresa y los espárragos.

DÓNDE DORMIR
La zona está llena de hoteles. Nosotros elegimos L´Hotel du Centenaire, en Les Eyzies de Tayac. Es un buen lugar para tener en cuenta como “cuartel general” de nuestra ruta. Además, el restaurante del propio hotel es también exquisito.

MÁS INFORMACIÓN
www.franceguide.com