Palacio de Diocleciano

Palacio de Diocleciano

Hace poco más de 25 años cuando, con mi destartalado Renault me dedicaba a recorerr las carreteras de media Europa, conducía por la costa del Adriático y me paraba varios dias en algunos campings de la costa Dálmata. Poco podía imaginar entonces que algún tiempo después ese mismo lugar protagonizaría una guerra cruel y absurda.

Es difiicil imaginar el sufrimiento de una guerra cuando ya ha pasado. Uno pasea por pueblos y calles que parecen haber recobrado la normalidad. Escucha a niños y adolescentes jugar y divertirse en el puerto o en las calles de Dubrovnik o Split, y se pregunta cómo es posible que hace tan sólo unos pocos años tuviesen que refugiarse del fuego de los morteros que caía sobre ellos.

Los pueblos que salpican la costa dálmata, antes de llegar a Split, son espectaculares

Ahora, cuando la gente habla de la guerra su voz deviene angustiosa, los músculos se tensan… Pero también es necesario reconstruir, labrar un nuevo destino. Para que esto ocurra, nada mejor que regresar a la normalidad que proporciona el turismo, esos viajeros que llegamos a la costa Dálmata para disfrutar de la caricia del Adriático. Y Croacia en general, y Dalmacia en particular, reúnen todas las condiciones y requisitos ideales para complacernos. El paisaje es hermoso, la historia de sus pueblos y ciudades amplia, la arquitectura y el arte abundantes, la gastronomía excelentes y la hospitalidad incuestionable.

Costa Dálmata, la caricia del Adriático

Si uno dirige su mirada hacia este hermoso rincón de Europa reconocerá inmediatamente que Croacia atesora una gran cantidad de atractivos. Ahí están , por ejemplo, Dubrovnik; Sibenik; Trogir; y, sobre todo, ese maravilloso rosario de islas (Hvar, Korkula, Brac…) por la que hoy es conocida popularmente el país. Lamentablemente la mayoría se olvida de Split. Craso error.

SPLIT, REFUGIO DE DIOCLECIANO

Si Dubrovnik es la reina del mar Adriático, entonces la ciudad de Split , también junto a la costa pero a unos 170 kilómetros más al norte, es seguramente su delfín, un príncipe heredero de modales exuberantes. Split es una ciudad de dimensión mediana y con sus 250.000 habitantes es seis veces más grande que Dubrovnik.

Busto del emperador Diocleciano

El centro de Split –la antigua Spalato– fue construido por Diocleciano, el emperador romano que, según parece, nació en Dalmacia. Aquí fue donde se retiró Diocleciano (para curar sus dolencias reumáticas, cultivar coles y olvidarse de las preocupaciones del imperio, según la tradición), instalándose en el enorme palacio que él mismo había hecho erigir y que fue terminado en el año 305 d C., tras diez años de continuos trabajos.

Así era el palacio que Diocleciano erigió para retirarse

A la muerte de Diocleciano, el palacio pasó a ejercer las funciones de residencia para gobernadores o emperadores en el exilio, hasta que fue abandonado y cayó en ruinas. Cuando a comienzos del siglo VII, una ciudad vecina fue conquistada por los invasores bárbaros, la gente que había conseguido salir indemne buscó refugio en el palacio y comenzó a habitarlo, convirtiendo sus enormes habitaciones en moradas y sus largos corredores en calles. Y con el transcurso de los siglos, un nuevo núcleo de población fue creciendo progresivamente en torno al palacio.

Interior de palacio. Galerías internas

Lo que hoy se puede ver de este núcleo es una de las colecciones más extraordinarias de arquitectura romana que existen en el mundo, aunque ciertamente no sea una de las más puras desde el punto estilístico e histórico: bajo sus arcadas de piedra antigua se abren modernas galerías iluminadas con luces de neón y pequeñas tiendas, y por momentos la impresión dominante es la de que te encuentras en un foro romano transformado en centro comercial. Existen todavía algunas partes del palacio, sin embargo, como por ejemplo el peristilo a cielo abierto, en la que la atmósfera de la época de Diocleciano no se ha difuminado en absoluto.

Palacio de Diocleciano. Lo que en su día fueron corredores, hoy son calles abiertas al público

Por muy antiguo que sea el palacio de Diocleciano, Split conserva algo todavía más antiguo, a pocos minutos de coche del centro. En el suburbio de Solin (que se levanta en el lugar que ocupaba la romana Salona) todavía son visibles las ruinas de época romana, muchas de las cuales tienen más de 2.000 años, desparramadas por una colina.

Ruinas romanas de la antigua Salona

Iván, un guardián me acompaña por el lugar donde se encontraban las basílicas y las tumbas, atento a señalarme cualquier cosa que pueda tener el más mínimo interés, desde los restos del anfiteatro romano hasta un sarcófago roto lleno de huesos polvorientos, ilustrando la historia del lugar en un incomprensible inglés.
Todavía más distante de Split, pero siempre dentro del radio de las pequeñas excursiones en coche por los alrededores de la ciudad, se encuentra Trogir, la más interesante de las muchas y bien conservadas ciudades amuralladas de la costa.

Muy cerca de Split, otra parada imperdible: la ciudad amurallada de Trogir

Es uno de estos lugares que hacen las delicias de todo turista, una ciudad en la que, saliendo de una pequeña plaza que ni siquiera está señalada en los mapas, uno se puede encontrar ante un espléndido palacio de color salmón del más puro estilo veneciano. La auténtica obra maestra de esta pequeña ciudad es la Catedral, de finales del siglo XIII, y particularmente su portón principal, con sus elaboradas esculturas: animales fantásticos, gente común trabajando, una serie de figuras religiosas coronadas en la parte alta por varias escenas de la vida de Cristo, constituyen en su conjunto una expresión muy concisa de la visión medieval del mundo.

Texto y fotos: Oriol Pugés

CÓMO IR

Croacia se acerca a España con dos rutas directas a Split. Vueling (www.vueling.com) e Iberia – Air Nostrum (www.iberia.com) abren tres frecuencias semanales, desde Barcelona y Madrid. Vueling lo hará a partir del 23 de junio hasta finales de octubre desde la ciudad condal. Air-Nostrum, a partir del 1 de julio hasta el 16 de septiembre, desde Madrid.

QUÉ VER

El mayor reclamo de Split, una ciudad de 300.000 habitantes, es el Palacio de Diocleciano, cuyos cimientos, descubiertos hace tan sólo unos cuantos años, se conservan perfectos. El emperador Diocleciano se hizo construir un precioso y enorme palacio de 38.500 metros cuadrados de superficie y de planta rectangular a orillas del Adriático. Lo increíble es que gran parte de esta estructura ha llegado intacta hasta nuestros días. Los cimientos del edificio, que reproducen el plano del piso principal, se descubrieron hace sólo unas décadas y están bien conservados. Con el tiempo, en el mismo palacio fue construyéndose una ciudad intramuros, una verdadera ciudad de callejuelas tortuosas bordeadas de magníficas fachadas de palacios góticos y renacentistas (Palacio Augubio, del siglo XV; Palacio Papaliç, hoy sede del Museo Municipal que es de obligada visita para comprender la ciudad de Split…)

DÓNDE DORMIR

Hotel Vestibul Palace. (Iza Vestibula, 4. Grad (Split)) Se trata de un pequeño hotel boutique de cuatro estrellas situado en el mismo palacio de Diocleciano. www.vestibulpalace.com

DÓNDE COMER

Konoba Sperun (Sperun, 3. Split). El simpático y políglota dueño, Sr. Banovik, nos alegrará la estancia con sus historias. Es un pequeño restaurante, rústico, muy popular, que ofrece excelente cocina mediterránea y especialidades croatas.

MÁS INFORMACIÓN

www.croatia.hr