Iniciamos nuestro viaje en Zurich, la ciudad más poblada del país. Repleta de museos, galerías y teatros, el centro de esta ciudad, el Lindenhof, tiene unas vistas de lujo desde una pequeña colina natural junto al río Limmat. No nos quedaremos en estas tierras mucho tiempo, estamos de paso, nuestro rumbo nos lleva hacia al sur, en busca del magnetismo de las montañas. El trayecto del primer tren que cogemos nos indica la magnitud de nuestro viaje, empezamos a ver la majestuosidad del paisaje. Nuestra primera parada es Brienz, pequeña comuna suiza del cantón de Berna, situada en el distrito de Interlaken.

Lago Brienzers desde el Rothorn Kulm, Brienz

Lago Brienzers desde el Rothorn Kulm, Brienz

Llegamos por la tarde y paseando por el lago Brienz que rodea la ciudad, nos tomamos nuestro primer baño rodeados por montañas de más de 4000 metros. Agua fría pero agradable, un baño tranquilo en compañía de varias familias que cenan viendo el atardecer.

Monte Monch desde Murren

Monte Monch desde Murren

Este mismo lago nos desea las buenas noches y los buenos días. Nos levantamos pronto y cogemos el siguiente tren. No es uno cualquiera, es el Brienzer Rothorn Bahn, el tren cremallera de vapor más antiguo de Suiza. Desde 1892 va dejando su estela de vapor hasta coronar el Brienzer Rothorn, situado a 2.145 m de altitud. Con su inconfundible traqueteo se adentra en un cambiante paisaje donde se alternan frescos y frondosos bosques con verdes pastos y agrestes peñascos hasta llegar a la cumbre. En un momento este tren supera una diferencia de altura de 1678 metros. La vista es impresionante, estamos rodeados de montañas y con el lago Brienz a nuestros pies. Una excursión más que recomendable. Se puede dedicar medio día, si se viaja en tren, o jornada completa si se hace a pie desde Brienz.

Tren Brienzer Rothorn Bahn, Brienz

Tren Brienzer Rothorn Bahn, Brienz

Llueve y hace frío, dejamos Brienz y nos dirigimos hacia Wengen. Esta vez, cogemos un barco que recorrerá el lago y nos dejará en la otra punta, en Interlaken-Ost. Desde allí, cogemos otro tren a Lauterbrunnen y de allí otro más a Wengen. En dos días, ya van 5 pero ni se nota, en estos trenes los huesos no nos crujen, son rápidos y cómodos. Wengen nos gusta, pequeña pero con encanto. Tiene una ubicación parecida a Andorra la Vella, sumergida en medio de las montañas y con unas vistas que quitan la respiración.

Macizo del Jungfrau desde Wengen

Macizo del Jungfrau desde Wengen

El despertar allí no tiene precio, sale el sol y quema las montañas, parece que se abre el telón, el primero en salir es el Silberhorn, 3.695 m., el artista queda totalmente iluminado en unos segundos, su arista afilada le asemeja a una duna de nieve, pocos minutos más tarde es el Mönch, 4.107 m. que brilla sin control. Despertamos en el corazón de los Alpes.

Treking al monte Moch

Treking al monte Moch

Hoy sentimos el mundo a nuestros pies. Subimos al Jungfraujoch, el top of Europe, la estación de tren más alta de Europa, una obra que se construyó entre el 1898 y el 1912. Este tren atraviesa literalmente las montañas. De repente, entras en un túnel de 7 km. y notas que la inclinación aumenta, no vemos la luz y la temperatura empieza a bajar. Sensación claustrofóbica pero merece la pena. A lo largo del recorrido el tren se detiene y por las aperturas uno puede contemplar la pared norte del Eiger.

Festival folclorico de Murren

Festival folclorico de Murren

Al llegar, un laberinto de túneles y ascensores, te conducen a lo largo y ancho de la montaña. Optamos por subir a la Esfinge, la terraza panorámica con una vista de 360º. Allí vemos parte de la región del Oberland Bernés y el glaciar del Aletsch con sus 22 km. y más de 120 km2.  de corriente de hielo, la más larga de los Alpes. La altura, unos 3571m., deja sin aire pero respiras como nunca. Esto si que es aire puro. Uaaahhhhhh!!!!

Tirolina en el Jungfrau

Tirolina en el Jungfrau

Del Jungfrau nos vamos al Matterhorn, la pirámide europea de 4.478 m. La montaña más mítica de Suiza, la última de las montañas principales de los Alpes en ser escalada. Esta joya de la naturaleza comparte frontera con Italia, de ahí que muchos la conozcan como monte Cervino.

Tren del Gornetgrat con el Matterhorn

Tren del Gornetgrat con el Matterhorn

Nos dirigimos hacia Zermatt, y cogemos nada más y nada menos que 6 trenes, pasamos por Kleine Scheidegg, Lauterbrunnen, Interlaken-Ost, Spiez, Visp y llegamos. El Mattehorn nos da la bienvenida. El panorama corta la respiración, a un lado el macizo Monte Rosa, de 4634 m. y por el otro el monte Matterhorn. Zermatt es una ciudad pequeña, comercial y hostil, aquí se nota el carácter cerrado de su gente. Tu a lo tuyo y yo a lo mío. Sólo circulan coches eléctricos y está prohibido tocar el claxon. Wengen y Zermatt son las dos caras de la moneda suiza.

Zermatt

Zermatt

Monte Matterhorn, 4478 m

Monte Matterhorn, 4478 m

Con los primeros rayos de sol cogemos el tren de montaña Matterhorn Express hacia el Matterhorn Glaciar Paradise, un fantástico balcón situado a 3.000 metros de altitud. La vista es portentosa, por un lado el glaciar del Gornergrat y, por el otro, la elegante pirámide tallada como una piedra preciosa. Esta esbelta cima de los Alpes va cambiando a medida que transcurre el viaje. Son 40 minutos en los cuales se puede admirar la montaña desde todos los ángulos. Nos desviamos para ir a la cima del Gornergrat, allí uno puede hacerse una foto de recuerdo con un perro san Bernardo, uno de los símbolos de Suiza, comprar los típicos recuerdos o empezar una de las numerosas rutas de senderismo. La parada es breve pero intensa, no hay hora de bajada, los ferrocarriles van pasando continuamente.

 Glaciar de Gornetgrat

Glaciar de Gornetgrat

S Bernardo con el Matterhorn

S Bernardo con el Matterhorn

Cuando finalmente uno decide regresar a Zermatt, es obligatorio  detenerse en los tres lagos, especialmente en el lago del Riffelsee, el más grande. Des de allí podremos hacer, si las condiciones meteorológicas lo permiten, la fotografía más típica de Suiza. El reflejo del Matterhorn en el agua del lago. ¿He dicho fotografía? Es un tópico pero aquí también está repleto de japoneses que guardan un orden escrupuloso y perfecto para salir en la foto junto al mítico reflejo.

Al día siguiente el tiempo ha cambiado y el día levanta tranquilo, soleado y no muy frío. Estamos en nuestro sexto día y acumulamos 12 trenes. Hoy conoceremos el rey de los trenes suizos, subimos en el Glacier Express, destino final, Montreux.

Glacier Express, cercanias de Visp

Glacier Express, cercanias de Visp

Imagínense nuestro tren AVE con el techo acristalado y pasando por los Pirineos. Los vagones del Glacier Express son panorámicos permiten contemplar un escenario cambiante. A diferencia de muchos de nuestros trenes, aquí el silencio es riguroso, todos contemplamos la belleza del entorno casi sin pestañear.

Montreux es tierra de contrastes, dejamos las alturas para acercarnos al agua, entramos de lleno en el corazón del Lago Lemán, también conocido como Lago Ginebra. Pasamos de un clima alpino a uno mediterráneo, el paisaje de pinos y vegetación de altura se transforma en uno de palmerales y viñedos. A diferencia de Zermatt aquí la gente es animada y afable, tal vez contagiada por el ambiente de los bares y de la música callejera.

Mientras desayunamos en la terraza con vistas al lago, el camarero, nos recomienda subir a Rochers de Naye. Es la visita más mítica de la zona, y lo hacemos en tren, ¡cómo no. Las vistas desde la cima nos muestran un panorama magnífico, Montreux y el lago Lemán a vista de pájaro, no nos extraña que viendo este espectáculo donde el agua y la montaña rivalizan en belleza, Freddie Mercurie dijese aquello de: This must be heaven, esto debe ser el cielo.

Rochers de Naye, Montreaux

Rochers de Naye, Montreaux

Para los más aventureros se recomienda pasar la noche en la cima dentro de uno de los siete auténticos gers o yurtas, casas típicas que utilizan los nómadas mongoles en compañía de sus ganados. Sin salir del asombro de encontrar una parcela de Mongolia en Suiza, tomamos el tren de bajada y lo hacemos acompañados una entrañable pareja de jubilados. Él, ataviado con bastón y sombrero Panamá,  nos cuenta que han venido expresamente de Seattle, Washington, para reposar unos días en Montreux. Él no es nuevo en esta zona, cuando tenía 20 años, subió al Matterhorn. Setenta años más tarde desprende una fuerza descomunal.

St Saphorin, Valle de Lavaux

St Saphorin, Valle de Lavaux

Así hemos vivido Suiza, paraíso del aire fresco y puro y de los 47 picos de 4000 metros, queda en nuestra memoria como un lugar  estructurado y sereno. Orden, puntualidad y belleza, un cóctel perfecto para viajar.