A primera vista el Plató del Tassili es una inmensa explanada. Una meseta inhóspita con un horizonte interminable que parece trazado con regla. Aquí, en Argelia, en este desierto pétreo dominado por los tuaregs, los primeros pobladores del planeta plasmaron su historia sobre la piedra dejándonos un tesoro artístico de dimensiones colosales. Y, de regalo, un misterio apasionante que está aún por aclarar.

Avanzamos acompañados sólo por nuestra sombra. El sol aprieta y el camino se adentra en un mar de piedras, rocas y largas cuestas de muy difícil acceso. Nos encontramos en el desierto del Sáhara, subiendo al Plató del Tassili.
El paisaje cambia continuamente. Para salvar los 800 metros de desnivel que nos separan del punto donde nos dejaron los vehículos 4×4 hasta la cima de la meseta tendremos que invertir más de 8 horas de caminata.
Estamos en la zona sur oriental de Argelia, muy cerca de la frontera con Libia, en pleno Tassili n’Ajjer, que en la lengua tuareg significa “meseta entre dos rios”, una agrupación de montañas en pleno desierto de Sáhara.

Por supuesto, y como pudimos comprobar a lo largo del viaje, es totalmente imposible ir en vehículos motorizados, así que mientras nosotros ascendíamos caminando, todas nuestras provisiones y equipamiento iban a lomos de pequeños burros, único medio de transporte posible en esta aventura apasionante. Es entonces cuando me doy realmente cuenta de mi total dependencia hacia los guías tuaregs, auténticos guardianes de las pinturas y de la meseta que las cobija –y verdaderos señores de estas tierras–.

Tuareg oteando el horizonte. Son los dueños en esta inhóspita tierra.

Tuareg oteando el horizonte. Son los dueños en esta inhóspita tierra.

La meseta del Tassili ha sido descrita como uno de los paisajes desoladores más increíbles del planeta. ¿Dónde está la magia de este lugar? ¿Qué esconde este inhóspito océano de piedra en mitad del desierto, a más de mil quinientos kilómetros de la costa mediterránea, para agitar las mentes y los corazones de tantos y tantos viajeros? La respuesta requiere remontarse muchos miles de años atrás en el tiempo.

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Aunque parezca increíble, hace más de ocho mil años en esta zona bullía la vida. El paisaje era entonces muy similar al de la actual sabana, y tanto plantas como animales podían conquistar aún los dominios del Tassili. Junto a ellos vivieron y evolucionaron diferentes civilizaciones prehistóricas, pueblos que pintaron en cuevas y paredes al aire libre los más de 8.000 dibujos que hoy pueden admirarse en esta región –aunque se estima que aún puede haber más de 10.000 imágenes sin catalogar o descubrir–, convirtiendo este conjunto de pinturas rupestres en “la Capilla Sixtina del Paleolítico”.

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Uno de los lugares más espectaculares es Jabarem donde loclizamos un conjunto de pinturas en las que se muestran extraños seres que podríamos calificar, como mínimo, de intrigantes: seres antropomorfos de extrañas cabezas que, a veces, incluso flotan en el aire. Son los “Dioses de Cabeza Redonda”, frescos de gran tamaño –pintados hace unos ocho mil años– cuyas figuras no recuerdan a nada conocido. Y entre ellas destaca, sin duda, el “Dios Marciano”. Un ser de más de seis metros de altura, con una extraña especie de escafandra en la cabeza y una serie de tubos que salen de su cuerpo. Está claro que nos encontramos ante algo especial.

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A dos días más de caminata encontramos otra maravillosa rareza, otro ser increíble, con cuernos en la cabeza y grandes brazos extendidos, conocido como “el Diablillo del Tassili”. Este fresco, de más de tres metros de altura, contiene múltiples imágenes superpuestas entre las que destacan unos pequeños seres en postura de adoración hacia la imagen principal, así como un gran antílope en la parte derecha de la imagen. En cualquier caso, la lista de pinturas misteriosas del Tassili es interminable: objetos circulares que parecen estar volando, personas que sobrevuelan a otras, y así un largo etcétera.

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Tratando de buscar explicación a estos enigmáticos dibujos en inolvidables charlas nocturnas junto al fuego, nuestro tiempo en el Tassili se va agotando. Debemos partir, comenzar a caminar de nuevo, esta vez de regreso a nuestro propio mundo. Mientras el Sol se esconde ceremonioso tras un horizonte infinito, llegamos al borde del Plató. Y allí, sentado e inmóvil como una piedra más, encontramos a nuestro guía tuareg. Observando desde su lugar privilegiado la inmensidad del desierto.

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Texto y Fotos de Andrés Magai (www.fotoviajes.es)