En el siglo X a.C., sobre una colina situada a tres km de las ruinas actuales, Androclo, hijo del último rey de Atenas, fundó la colonia de Éfeso en el lugar predicho por un oráculo de Apolo. La pitia le había dicho al príncipe que un pez y un jabalí le indicarían el emplazamiento de la nueva ciudad, y he aquí que un anochecer, cuando sus hombres freían un pescado, éste dio un salto y arrastró un tizón encendido que prendió fuego a un zarzal. De la mata ardiente salió un jabalí que fue muerto por Androclo y el príncipe, al interpretar esta curiosa coincidencia como el vaticinio de la pitia, fundó allí su ciudad.
Pese a sus detalles fantasiosos, esta leyenda se acerca más a la verdad, por lo menos en cuanto al siglo de fundación de la ciudad griega.

Durante el siglo V a C (es decir, 500 años después de su fundación), Éfeso vivió un período de esplendor. Muy avanzada en sus relaciones sociales, permitía la integración de los extranjeros y dio gran importancia a la educación y a la cultura. Así pues, no es extraño que diera cuna a figuras de tanta importancia como el poeta Calino, el pintor Parrasio y el gran filósoofo Heráclito. En Éfeso hubo incluso mujeres artistas, algo insólito en la Antigüedad clásica, quizás porque los efesios siempre tuvieron debilidad por una mujer, la diosa Artemisa, a la que dedicaron un templo que fue una de las siete maravillas de la Antigüedad.
Con el tiempo, la ciudad no tardó en caer bajo el dominio de Roma. De aquel tiempo, Éfeso fue escenario de algunos sucesos dramáticos, como el asesinato, ordenado por Marco Antonio e instigado por Cleopatra, de la hermana menos de ésta última, Arsinoe IV.

Cabeza del emperador Augusto (Museo de Éfeso)

Cabeza del emperador Augusto (Museo de Éfeso)

Con el reinado de Augusto las cosas mejoraron notablemente. El primer emperador de Roma decidió que fuera Éfeso la capital de la provincia de Asia. Su decisión trajo una gran prosperidad a la ciudad.
En su apogeo, hacia 100-150 d.C., Éfeso debía tener unos 500.000 habitantes, lo que la convertía en la segunda ciudad del Imperio después de Roma.

VIDA COTIDIANA
El día a día de un ciudadano acomodado de la Éfeso romana no es difícil de imaginar. Su casa bien podía ser una de las que se han exhumado en la ladera del monte Koressos, con sus dos o tres pisos abiertos al atrio y al peristilo, sus instalaciones de calefacción y de agua corriente, sus triclinios engalanados con frescos y mosaicos, su cocina y sus oscuros cubículos.

Tras enfilarse la túnica, el rico ciudadano descendía hasta la calle de los Curetes y entraba en una de sus numerosas tabernas para tomar la primera colación del día. Desde allí se dirigía a las termas más próximas –las que llevan el nombre de Escolástica, en honor a la rica cristiana que las restauró en el siglo IV-, donde disfrutaba de sus baños tibios, calientes y fríos y conversaba con sus amigos. Si necesitaba aliviar su cuerpo, sólo tenía que cruzar la calle y dirigirse a los váteres públicos, pero no antes de que uno de sus esclavos se sentara y le calentara la silla de piedra.

Detalle de los váteres públicos

Detalle de los váteres públicos

Una vez bañado, el rico efesio se dirigía a la biblioteca de Celso, un espléndido edificio orientado al sol naciente que, además de la monumental tumba de Tiberio Julio Celso Polemaeno -el poderoso efesio que la financió-, contenía más de 12.000 rollos y era una de las bibliotecas más importantes del Imperio. Al salir de allí, nuestro potentado podía recorrer la espléndida calle de Mármol y dirigirse al estadio o al gimnasio de Vedius o, si tenía ganas de andar y de cultivar su espíritu, encaminarse hacia el templo de Artemisa.

Biblioteca de Celso

Biblioteca de Celso

Escultura de una diosa en la fachada de la biblioteca de Celso

Escultura de una diosa en la fachada de la biblioteca de Celso

Si, por el contrario, lo que le movía era el afán financiero, nuestro prócer podía dirigirse al Ágora estatal, situada al final de la calle de los Curetes. Al atardecer, si el espectáculo programado en el Gran Teatro era de su agrado, lo contemplaría cómodamente sentado en uno de los asientos con respaldo destinados a los patricios. Y de vuelta a casa, al pasar por la calle de Mármol, intentaría evitar el reclamo del primer anuncio que se conoce: el de la huella de un pie, uno de cuyos dedos indicaba la entrada del burdel.

Los ciudadanos pobres, obviamente, no se daban esta gran vida –y menos aún los esclavos-, pero algunos de los numerosos panaderos, pequeños tenderos y artesanos lograban enriquecerse y engrosar la creciente y cada vez más pudiente clase media formada por comerciantes, médicos, juristas y otros profesionales de prestigio. La importancia de los artesanos, y en especial de los que dependían comercialmente del templo de Artemisa, quedó bien patente a mediados del s. I, cuando reaccionaron airados contra el sermón anti-pagano de san Pablo, que ponía en duda sus privilegios, y forzaron al santo a abandonar la ciudad.

Casa de la Virgen María

Casa de la Virgen María

Mensajes a la Virgen María

Mensajes a la Virgen María

Dos siglos después, sin embargo, el templo de Artemisa fue parcialmente destruido por los godos y en 401, lo que quedaba del edificio fue destruido por una turba de cristianos liderada por san Juan Crisóstomo. Durante los siglos V y VI, Éfeso fue uno de los grandes centros de esta nueva religión que según la tradición habría acogido también a la madre del profeta Jesús (la virgen María) y otro de sus principales discípulos, san Juan. Según esa misma tradición, la primera ascensió a los cielos desde Éfeso y el segundo fue enterrado aquí. Éfeso pasó a ser desde entonces uno de los principales centros de devoción mariana de la Cristiandad.

Tumba de san Juan

Tumba de san Juan

Es lo que queda del Templo de Artemisa

Es lo que queda del Templo de Artemisa

Hoy somos los viajeros, venidos desde todas partes del mundo, quienes paseamos aturdidos por este magnífico yacimiento arqueológico.

Para acercarse a Éfeso hay que volar hasta Estambul, donde se ofrecen conexiones diarias a los aeropuertos próximos a nuestro destino: Izmir o Bodrum.
Para dormir, la turística localidad de Kusadasi y la coqueta ciudad costera de Bodrum concentran la oferta hotelera más interesante de la zona. El Ada Hotel (www.adahotel.com), en Bodrum, es una de las mejores opciones. Buan servicio y el restaurante ofrece cocina internacional y cocina típica de la región.
Lo mismo sucede con los restaurantes. Los mejores están en Kusadasi y Bodrum. Sin embargo, hay una opción interesante muy cerca de las ruinas: el restaurante del Hotel Kalehan.

LO MEJOR DE ÉFESO
Antes que nada conviene saber que la visita a Ëfeso dura aproximadamente unas tres horas y que el calor aprieta de verdad. Por lo tanto, es aconsejable llevarse crema solar y un sombrero para evitar insolaciones.
Ya en la entrada al recinto de la ciudad antigua, las calles principales van dejando a cada lado un entramado de pequeñas calles secundarias que nos dan una idea muy clara de lo importante que fue esta ciudad antaño.
Junto a la Puerta Magnesia, levantada por el emperador Vespasiano, se encuentran el gimnasio y las termas. Muy cerca veremos el odeón y el ágora, que era el lugar donde solían reunirse los senadores para discutir los temas del día, y los templos de Domiciano y Adriano.
Al final de la vía principal de los Curetos se levanta el monumento más espectacular de la ciudad, o lo que queda de él, la biblioteca de Celso. Espectacular, en el siglo II albergaba más de 10.000 pergaminos que atesoraban todo el saber de aquel tiempo.
Un poco alejada de ésta, otra parada ineludible: el Gran Teatro (podía albergar más de 15.000 personas) y la Iglesia de la Virgen María.
Y por fin, entre un puñado de ruinas, fuentes y cimientos, la solitaria columna que sobrevivió del fabuloso Templo de Artemisa, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

MÁS INFORMACIÓN
www.turismodeturquia.com

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