Belleza, sí. Belleza es el primer adjetivo que me viene a la memoria mientras recorro ese pedazo de tierra maravillosa llamada Toscana.
Situada en el corazón mismo de la península italiana, la Toscana ocupa unos 23.000 kilómetros cuadrados, que representan algo así como un 8 por cien del territorio nacional.
Como en la Atenas de Pericles podría decirse que aquí los hombres, los dioses, la naturaleza y la historia se han aliado para conseguir algo que se parezca lo más posible a la perfección. Aquí, como en Atenas, la concentración de obras maestras ha tenido lugar en medio de continuas luchas civiles y guerras con el extranjero. El decorado donde se implantaron 20 ciudades, cada una de las cuales sería, en otras latitudes, una auténtica capital, y cerca de trescientas comunidades, que ocultan otras tantas pequeñas maravillas, es de una excepcional variedad. Así las cosas, ¿qué poeta puede resistirse a un amanecer en Toscana? Tampoco yo puedo resistirme a los encantos de la Toscana. Así que aquí estoy, al volante de mi flamante Citroën, dispuesto a descubrirla, sobre todo, sus tesoros mejor guardados.
La selección no ha sido fácil, sin duda. Cada viajero tiene sus caprichos, sus gustos. De lo que no cabe duda alguna es que las pequeñas ciudades que se retratan a continuación merecen el galardón a su gracia y a su belleza, y son parada obligada en un viaje completo e inolvidable por la región.
LUCCA
Desde Florencia, al término de un recorrido hacia el este, entre bosques de castaños y hayas, y extendido sobre una gran planicie, destaca Lucca rodeada por unas poderosas murallas construidas entre 1504 y 1645. Según dicen, son las fortificaciones mejor conservadas de Europa.
Lucca es una de las ciudades más melómanas de Italia. El calificativo lo justifican su condición de cuna de Boccherini y Puccini y los festivales musicales que, sobre todo en verano, reúnen a los nombres más prestigiosos de la música sinfónica.
Lucca ha conservado el plan del campo militar romano que originó su creación. Perteneció durante algunos años a Elisa Bonaparte, hermana del Emperador, que hizo trazar en pleno centro la piazza Napoleone. Con sus palacios, sus callejuelas pintorescas y sus diez iglesias, la patria de Puccini ha sabido escapar al tiempo y conservar el perfume del pasado.
Hay mucho que ver en esta ciudad, por ejemplo los restos de un anfiteatro clásico, aunque éste pasa casi desapercibido ante la pureza de formas de su catedral, consagrada a san Martin. Dedicada al soldado romano que compartió su manto con un mendigo, su historia está descrita en la decoración de la iglesia, cuyas pinturas al fresco están separadas por diversos espacios cubiertos con losas de mármol de color rosa, verde y blanco. Sin embargo, está claro que perderse por las callecitas de la ciudad es uno de los mejores modos de conocerla. Tomad como referencia la conocida via Fillungo para descubrir algunas de las mejores iglesias del lugar.
Para continuar la visita a la ciudad sugiero recorrer otra calle, un poco fatigosa, es cierto, pero llena de encanto: el camino de ronda de las murallas fortificadas, que pasa junto a la exuberante campiña. Aquí, en los lugares más bellos y tranquilos de las colinas que rodean Lucca, se levantan más de 300 villas –las famosas villas toscanas-, residencias que los habitantes construyeron a lo largo de cuatro siglos. Surgidas en el siglo XIV como pabellones de caza se convirtieron en grandes villas en el Cinquecento, gracias a las ricas familias burguesas dedicadas al arte y al comercio de seda que dejaron su profunda huella en el paisaje de Lucca y en su historia. Imprescidible es, por ejemplo, visitar el palazzo Pfanner, un imponente edificio reconstruido en 1667, en cuyo interior se esconde uno de los jardines más bellos de Toscana. ¡Qué mejor manera de concluir la visita a la ciudad!
PISA
Pocos kilómetros al sur de Lucca está Pisa. Famosa en el mundo entero por su torre inclinada, uno de los iconos más representativos de Italia, es una ciudad que precisamente por esta particularidad ha sido condenada a ser tan admirada como desconocida. Un inmenso césped de un verde ardiente sobre el cual el Duomo, la Torre Inclinada, el Baptisterio y el Camposanto derivan como grandes icebergs de mármol blanco. Impresión completa de irrealidad, la piazza del Duomo –o piazza dei Miracoli– es pálida como un sueño de escultor.
No podría haber nombre más apropiado para esta extraordinaria plaza que alberga uno de los monumentos más famosos del mundo. En realidad todos los edificios de la plaza están inclinados a causa de los fundamentos poco profundos y del carácter arenoso del subsuelo, pero ninguno de ellos lo está tanto como esta elevada torre que, iniciada en 1173 como campanario de la catedral, comenzó a torcerse antes de que el tercer piso hubiera sido finalizado. Aún así, los trabajos siguieron adelante. Se diría que alguien presintió que tal característica le proporcionaría un lugar destacado en la posteridad. De ser así, está claro que no se equivocó.
No acaba aquí la grandeza de Pisa. Al borde del Arno encontramos una ciudad plagada de iglesias; la de Santa Maria della Spina es una obra maestra del gótico pisano.

QUÉ NO DEBES PERDERTE
EN LUCCA: En esta bella ciudad medieval, que está aún amurallada, hay que visitar su catedral, del siglo XIII.
EN PISA: Los principales monumentos están entorno a la piazza dei Miracoli: la catedral, el Baptisterio y la famosa Torre Inclinada.
DÓNDE DORMIR
EN LUCCA: Hotel Principessa Elisa. En via Nuova per Pisa, 152. Casa rústica reservada, de diez habitaciones.
EN PISA: Hotel d´Azeglio. En piazza Vittorio Emanuelle II. Moderno y con una vista envidiable de la ciudad.
DÓNDE COMER
EN LUCCA: La Buca de Sant, Antonio (via de la Cervia 3). Carta de platos regionales muy variados. Algunos lo consideran el hitel más famoso de la ciudad.
EN PISA: Ristoro dei Vecchi Macelli (via Volturno 499. Local muy acogedor, donde degustar una cocina regional renovada.







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