A casi 200 kilómetros de Madrid, ya en la provincia  Soria, aparece el Cañón del Río Lobos. Es éste un enclave singular. Hasta que no estás en él cuesta sospechar su existencia. Y es que, observando a tu alrededor, nada permite imaginar semejante agitación pétrea. El cañón, de más de 10.000 hectáreas, fue declarado Parque Natural por su inigualable flora y fauna y se formó gracias a la intensa erosión fluvial del río Lobos. Aquí campan a sus anchas el buitre leonado, el alimoche, el águila real, el halcón peregrino… En cuanto a la flora destaca la vegetación en la ribera de chopos, sauces, sabinas, pinos y encinas.

 

Sabinas, pinos y enebros jalonan la ruta

 

Si hoy me encuenro aquí es porque quiero disfrutar de este bello entorno, donde la naturaleza se ha esmerado en modelar una serie de fenónemos que atraen especialmente a quienes somos amantes de la vida al aire libre. Aquí a los urbanitas se les ha perdido muy poco.

 

 

Considerado uno de los conjuntos paisajísticos más interesantes desde el punto de vista morfológico, en sus rocas hay testimonios de hace más de cien millones de años de historia geológica, en tanto que un subsuelo inundado de acuíferos talla belleza y misterios en estalactitas y estalagmitas. Simas, torcas y cuevas se asoman a la superficie, al tiempo que voces aficionadas al espeleobuceo lo describen como uno de los lugares más atractivos de Europa. Pero si la naturaleza ha jugado bien su papel, también es una interesante escapada para los aficionados al arte: permite, entre otros,  visitar la iglesia románica de San Bartolomé y los tesoros artísticos que se acumulan en las cercanas ciudades de Ucero, Calatañazor y de El Burgo de Osma, por ejemplo.

Precisamente al Cañón del Río Lobos se accede desde Ucero, un pequeño pueblo al pie de una loma convertido en guardián del cañón. Ucero se beneficia seguramete de la llegada de tanto turista, pero consigue mantener su silueta parada en el tiempo. El Centro de Interpretación del  parque es el punto de partida de las excursiones que pueden hacerse.

 

La escapada es perfecta para disfrutarla en familia

 

Para conocer una parte del cañón me decido por la Senda de las Gullurías, que arranca de la propia Ucero. Una sugerencia: antes de empezar a caminar hay que darse un paseo por la villa medieval y subir a su castillo, que rezuma historia y misterios.  Recordemos: estamos en tierras de la Orden del Temple y los templarios eran buenos constructores.

 

El castillo domina la villa de Ucero

 

Inmersa ya en el corazón de este paisaje cárstico me encuentro en un laberinto de cuevas, torcas y simas de distintos niveles, donde lo esotérico, la leyenda y la magia están presentes y a ratos me erizan la  piel. No es nada extraño -reflexiono-  que los templarios escogieran este lugar para edificar la ermita románica de San Bartolomé. Este templo, memoria de aquellos monjes guerreros, encierra llamativas coincidencias geográficas, claves iniciáticas, símbolos numéricos, mandalas alquimistas, fascinaciones esotéricas… y destila una extraña densidad en medio de un enclave prodigioso, en el que parecen respirarse con inusual presencia las cosas del cielo y de la tierra.

 

Ermita de San Bartolomé

 

POR LA SENDA DE LAS GULLURÍAS

La ruta comienza en la Casa del Parque, a 500 metros de Ucero.  Pronto me encuentro en un mundo de paz y silencio. Un mundo de agua y piedra. Un mundo donde las paredes calizas erosionadas por el río durante millones de años componen unas formas llamativas, siluetas que pueden resultar amenzadoras o acogedoras y que me acompañan por un camino de naturaleza pura, donde sólo soy capaz de oir el murmullo del agua y el vuelo de las rapaces.

 

 

Este sendero perfectamente acondicionado permite observar las diferentes formaciones vegetales del parque natural. En su recorrido (dependiendo del ritmo que trazemos son poco más de 4 horas, 8 kilómetros), se pasa por el Mirador de las Gullurías, que ofrece un escenario bellísimo de sierras, oteros, montañas, peñas, cuevas… y a sus pies hay sabinas, pinos, enebros, encinas… Hay que hacer un alto y escuchar el canto de las aves. Quiero sentirme protagonista en este escenario encantado.

 

 

Pero hay que seguir y pronto se llega a una gran explanada donde, a la izquierda, está la ermita de San Bartolomé, y, a la derecha, la Cueva Grande.

 

Cueva Grande es una gigantesca gruta que se abre en la roca, junto a la ermita de San Bartolomé

 

Llegados a este punto, lo normal es que uno se sienta totalmente hechizado. La ermita, de la primera mitad del siglo XIII, es de transición románico-gótica.  El templo es fascinante y el entorno donde se ubica y que la protege contribuye a realzar el aura de misterio que siempre la ha envuelto. A la izquierda de la ermita está El Balconcillo, donde se asentaron los hombres de la Edad de Bronce. Testimonio de su paso por esta tierra son las pinturas rupestres que se mantienen en la colosal Cueva Grande. 

 

El Balconcillo, asentamiento humano de la Edad de Bronce

 

Aquí doy por finalizada la ruta. Regreso a Ucero. Otro día volveré con la idea de acercarme a Calatañazor y El Burgo de Osma.

Fotos de Alvaro Arriba

 

 

CÓMO IR. Hay que llegar a Ucero, puerta de entrada del Cañón. Ucero, en la provincia de Soria, está a 200 kilómetros de Madrid.

QUÉ SABER. Hay varias propuestas de rutas. La Senda de las Gullurías es simplemente una de ellas. La dificultad es baja y la duración de cuatro horas, dependiendo lógicamente del ritmo.

QUÉ COMER Y DÓNDE. Toda la zona ofrece muy buena gastronomía castellana, con carnes de cordero, cochinillo y productos de la matanza del cerdo. No hay que olvidar las alubias y las morcillas al estilo de El Burgo. Muy buena repostería. Restaurante El Balcón del Cañón (Ucero)

DÓNDE DORMIR. Posada de los Templarios (Ucero).