Ankara, 11 de septiembre de 2007. Cae la tarde y la llamada del muecín convoca a los fieles a la oración. Estoy frente a la mezquita Arslanane, la más antigua de la ciudad. Construida sobre los cimientos de un templo romano, presenta unas proporciones colosales. No tengo dudas, es el lugar perfecto para mi encuentro con Faruk, el guía turístico.

“¿Mr. Pugés, verdad?

“Efectivamente. Tú debes ser Faruk,”

“Sí, soy Faruk Baylahktar. Ese joven que me acompaña es nuestro conductor. Se llama Yalsin Ruta”.

“Bien, Faruk. ¿Qué me sugieres? Tenemos por delante diez días y quiero visitar lo mejor del país”.

“No se preocupe, Mr. ¿Conoce Capadocia?”

“Pues no”.

“Descanse bien esta noche. Mañana temprano partiremos hacia este lugar. No se arrepentirá”.

En Capadocia, como en todo el país, los hombres no se separan nunca de su collar de cuentas

HACIA UN MUNDO IMPOSIBLE

A la mañana siguiente salimos de la ciudad para adentrarnos en la meseta anatólica que se va desvelando entre matices violáceos y la palidez indefinible de la arena. De repente, el paisaje se torna protagonista. Hemos llegado a la Capadocia. La luz de media mañana es cegadora pero ni así logra disimular el espectáculo que estoy contemplando. Me encuentro en un mundo perdido de enhiestos pináculos que se alzan con formas inverosímiles y tonalidades anaranjadas contra el cielo; montañas agujereadas, tanto que parecen gigantescos quesos gruyere. ¡Dios, cuánta belleza!

Una belleza nacida del dolor, dolor de la naturaleza y dolor del hombre, es la señal distintiva de la tierra de Capadocia. Un triángulo cuyos vértices son las ciudades de Nevsehir, Kayseri y Nigde delimita una zona que posee un paisaje fantástico, seguramente único en el mundo, forjado por la labor conjunta de hombres y volcanes. Los primeros han ido desapareciendo en el silencio de los siglos generación tras generación; los segundos, el Hasan Dagi y el Erciyas Dagi, todavía se yerguen orgullosos, uno frente al otro, ambos cubiertos de nieves perpetuas, como para someter a hibernación a la furia de fuego y cenizas que dio lugar a este altiplano de las maravillas.

Chimeneas de bruja, típico paisaje en Capadocia

“Ha sido la composición del terreno, hecho de blanda toba, por un parte, y de lava, basalto o piedra calcárea, por otra, lo que, al ofrecer diferentes grados de resistencia a la acción del viento, del agua o del hielo, ha ido modelando torres, pináculos y contrafuertes, recreando las olas del mar en los flancos de los relieves y levantando esa especie de “chimeneas de bruja” que se ven en el paisaje”, dice Faruk.

Visión de comjunto con las variedades geológicas que se dan en esta región

Llegamos a Derinkuyu, entre Nigde y Nevsehir. Aquí, en la lava, la comunidad rural excavó unos pozos subterráneos que se hundían uno o dos niveles por debajo del suelo.  A partir de estos modestos pozos surgió una de las más espectaculares sorpresas de Capadocia: una ciudad subterránea de entre 18 y 20 plantas, capaz de albergar hasta 10.000 personas. Fueran cuales fuesen las razones que llevaron a estos hombres a vivir lejos de la superficie seguramente estaban relacionadas con el miedo. Cristianos perseguidos por su fe, campesinos aterrorizados por las cada vez más numerosas incursiones árabes, etc.

“Pero Derinkuyu no está sola”, dice Faruk. “De hecho los arqueólogos han encontrado en los alrededores otras treinta ciudades subterráneas”.

“Pero, ¿cómo hacían para respirar?”.

“Por increíble que parezca, todas las ciudades presentan un genial sistema de ventilación que permite un constante recambio de aire”.

Caminando por estas maravillosas ciudades subterráneas uno queda perplejo. De hecho, además, estas ciudades estaban conectadas entre sí por medio de túneles. De este modo, en caso de ataque, sus habitantes habrían podido refugiarse en otra ciudad, cerrando las entradas a sus espaldas.

Ingenioso, ¿no creen?

Vivienda rupestre. Antiguamente aquí vivían, como podían, los eremitas cristianos

FANTÁSTICO MUNDO RUPESTRE

La Capadocia rupestre es algo realmente insólito. Un triángulo de tierra en el interior del otro triángulo que configura toda la región: Nevsehir, Avanos y Ürgüp son sus vértices. Y en el centro de este pequeño triángulo se encuentra Göreme, el valle más famoso de todos y, por ello, también el más frecuentado. Entre viñedos, surgen construcciones con cúpulas grisáceas donde se abren iglesias construidas en el siglo IV. Efectivamente, el furor constructivo comenzó en el año 313, cuando el emperador romano Constantino declaró la libertad de culto cristiano y once años después trasladó la capital imperial de Roma a Bizancio, hoy Estambul. Entonces las comunidades que se habían ocultado en las cuevas y el subsuelo de la Capadocia desde el siglo II salieron de su escondrijo, se multiplicaron y excavaron sin descanso hasta el siglo XIII más de mil templos. Su interior sorprende por su arquitectura y por su decoración: salas con columnas y frescos que reproducen la historia sagrada de los cristianos.

Tokali Kilise, la catedral rupestre de Goreme. Se remonta al siglo X, igual que sus pinturas al fresco

Como hormigas atareadas en un hormiguero, los turistas entran y salen, trepan y curiosean por el interior de las iglesias y de los conventos. Siempre es igual, sobre todo en julio y agosto. Estos valles tan solo recobran la paz durante los meses de invierno.

“Los desplegables de las agencias de viajes prometen algo que es verdad”, se afaña en decirme Faruk.  Y es verdad, por una vez, las fotografías publicitarias se quedan cortas ante el paisaje real que tengo ante mi. Valles, rocas, pináculos y declives del cálido color de la toba, están acribillados por toda clase de aberturas.

Poblado horadado en la misma montaña. Son viviendas del siglo X

“Las comunidades monásticas vivieron en esta región, rezando, trabajando y excavando continuamente en la toba para construir iglesias cada vez más bellas y mejor decoradas”, dice Faruk.

“¿Cuánto tiempo estuvieron aquí los monjes?

“Según los estudiosos, siete siglos”.

Habiendo correteado arriba y abajo los últimos días por la región de Göreme, creía haber visto ya todo el repertorio de formaciones fantásticas creadas por la naturaleza a lo largo del tiempo. Pero me equivocaba. En la carretera hacia Zelve, la Capadocia aún me reservaba un nuevo y extraordinario espectáculo.

Uchisar, con su fantástico poblado rupestre labrado en la roca

En un amplio valle lleno de viñedos se levanta un impresionante ejército de gigantes de piedra. “Son las famosas chimeneas de bruja”, dice Faruk. Parecen hongos de dimensiones gigantescas, aislados o en grupo, que te hacen sentir tan insignificante como Alicia en el País de las Maravillas. También en estos contenedores naturales ha vivido el hombre, consiguiendo excavar en su interior habitaciones, hornacinas, columnas y escaleras para viviendas que en ocasiones tienen hasta tres plantas.

El fuego, el viento y el agua ha creado formaciones fantásticas en la naturaleza

He dedicado bastante tiempo a la visita de este pequeño triángulo de civilizaciones rupestres, pero no he podido verlo todo. Hay otras aldeas y poblados, demasiados para mi disponibilidad. Además, lo que uno siente al recorrer los senderos de esta región es que todavía hay muchas cosas por excavar, descubrir y estudiar. Se necesitarían muchas y bien dotadas misiones arqueológicas para poder establecer un mapa completo de los muchos poblados rupestres y colmar las muchas lagunas que todavía existen en el conocimiento de su historia.

Mientras tanto, no hay duda que lo mejor que uno puede llevarse de aquí es el recuerdo de este paisaje en la mente y en los ojos.

El aspecto lunar de Capadocia es particularmente evidente en aquellos lugares en lo que la erosión produce unos relieves que parecen las olas de un mar petrificado

 

Texto y Fotos: Oriol Pugés

 

CÓMO IR

Con Turkish Airlines (www.turkishairlines.com) se llega a Estambul. Entonces, llegar a Capadocia es sencillo. Desde Estambul, diversas compañías ofrecen vuelos internos a Kaysery o Nevsehir, el corazón de la región.

QUÉ SABER

Formalidades de entrada. Pasaporte y visado.Puede tramitarse en el mismo aeropuerto de Estambul. Precio: alrededor de 10 euros.

Clima. En invierno hace frío. De hecho nieva a menudo. En verano, mucho calor y además está lleno de turistas. Una buena época para ir a Capadocia es en semana santa.

DÓNDE DORMIR

Capadocia es una de las regiones más turísticas de Turquía. Por lo tanto la infraestructura hotelera es amplia y apta a todos los bolsillos. Una buena opción es el hotel  Alaturca (www.alaturcagoreme.com) Un oasis de calma en medio de la ciudad de Goreme. Las habitaciones están muy bien cuidadas y son espaciosas. Además disponen de una terraza maravillosa y un buen restaurante con magníficas vistas de la ciudad.

Más auténtico es Kebelek Suites Hotel (www.kebelekhotel.com) Hotel boutique excavado en la piedra milenaria. Aquí no hay lujos, sólo pequeñas cuevas que sí están preparadas para recibir al viajero más exigente. Vale la pena.

DÓNDE COMER

Para comer, nada como el Dibek Café, en Goreme. Se trata de un restaurante típico excavado en la roca que ofrece platos típicos de Capadocia.

Más información: www.pasionturca.net