Texto y foto: Carlos Sánchez Pereyra / fotouropa y www.espirituviajero.com

 

El Mediterráneo suele tener espacios comunes. La historia, los paisajes e incluso el sonido de los insectos anunciando el fuerte calor son de cierta forma una constante de la costa sur europea.
Y si se mira de forma rápida al Adriático se podría pensar en que las cosas son iguales, sin embargo hay algo distinto aquí: la gente tiene una mezcla de etnias del este más extremo europeo con otras venidas del sur ruso; los viñedos y los olivares no se presentan de forma tan común, pero cuando lo hacen se inclinan por hacerlo en aquellos paisajes que seguramente quedarán perfectos en una postal y la historia, es cierto, hay mucho de Roma como en todo el Mediterráneo, pero hay otras muchas dosis de historias de otomanos y eslavos. Y los insectos, bueno, ellos siempre son los mismos, siempre están ahí para anunciar que se viene otro día de altas temperaturas. Croacia podría ser Mediterránea, pero es más bien ella misma.
Eso si, las playas invitan de igual manera a desear estar en ellas y no moverse más durante algunos días, vegetar en ellas y olvidar el mundo. Pero tierra adentro, en las montañas, en los ríos y en las islas, los alrededores Split, la segunda ciudad más grande de Croacia, insisten en que hay vida más allá de una cómoda tumbona. Por lo pronto esta guía te sugiere que hay siete ideas para aventurarse por esta costa de Dalmacia.

Ve a una playa
Una vez que aterrices en Split, alquila un coche (por 15€ al día) y viaja 90 kilómetros al sur de la costa hasta llegar a Makarska uno de los centros de veraneo más atractivos de este país. La ciudad está dividida en dos momentos: uno destinado a ser playa con hoteles, y otro a ser puerto y contar con la parte antigua de la ciudad, donde es recomendable dormir para disfrutar de la verdadera atmósfera de esta ciudad.

Aunque esta guía intenta que no te quedes quieto, disfruta de las aguas turquesas bajo la sombra de los pinos pero deja tiempo para caminar temprano por el puerto, cuando los pescadores venden todo lo encontrado durante la noche. Y no olvides dar un largo espacio para descubrir el breve casco antiguo donde los griegos, romanos, otomanos, venecianos y Habsburgos han dejado algunas huellas importantes.

Ve a lo más alto
A estas alturas del viaje ya te habrás percatado que el paisaje de la ciudad se compone básicamente de dos elementos. Por un lado el mar y por otro una muralla natural que solo entiende de grandes tamaños. La idea es que subas a lo más alto de ese muro.

Se trata de Biokovo, una masa de montaña que acompaña a los paisajes de de la Riviera de Makarska durante 30 kilómetros. Se puede ir andando desde la propia ciudad en un camino casi vertical pensado para pulmones que puedan resistir unas 6 horas de camino. Lo ideal es llegar a los 1762 metros de altura con que cuenta el pico de San Jorge (Sv Jure) aunque si te va bien una altura un poco menor, hay otros ocho sitios con más de 1000 metros sobre el nivel del mar para que puedas disfrutar de las vistas del propio parque natural y de la costa. Pero también existe una salida de emergencia para quienes no tengan pulmones intensos o no puedan subir a pie por alguna otra circunstancia: se puede subir a las alturas de Biokovo en aquel coche que habéis alquilado en Split. Así de fácil.

Come (y bebe) bien
A pocos kilómetros de Biokovo se encuentra en un mismo grupo de antiguas casas, un museo dedicado al General Tito, apartamentos para turistas, una cava con producción propia de vino, piscinas, alquiler de bicicletas y propuestas para ir de excursiones con la idea de recoger uvas, fresas o pasear entre campos de cultivo. Y si la lista aún no te parece larga, también hay un restaurante donde podrás probar la Peka croata.

Para llegar a este micro universo lo primero que habrá que hacer es trasladarse al poblado de Vrgorac. En algún momento del recorrido aparecerá la autopista en pleno paisaje, algo que podrá desilusionar a muchos. Pero no hay que perder la fe, ya que inmediatamente la pequeña carretera por la que irás circulando se sumerge entre campos de cultivos y casas de campesinos, y una vez que tengas la sensación de estar perdido en un pequeño laberinto rural, aparecerá el destino buscado: Ethno Village Kokorici.

Siendo una guía para no estarse quieto se debería recomendar subir y bajar en bicicleta, recoger fresas y caminar por las montañas de los alrededores, pero aquel Peka, ese estupendo plato de carnes y verduras cocinadas a altas temperaturas durante más de tres horas, servido en una mesa donde además hay quesos y embutidos de la región y todo ello acompañado por los vinos de gran nivel creados por Dario Gaspar -un vecino del propio pueblo-, obligan a pensar que la aventura puede esperar.

Rema
Si has comido Peka, deja esta recomendación para el día siguiente. Tendrás que estar ligero porque te esperan tres horas de camino a base de seguir las instrucciones del jefe del grupo: “and one and two and….stop, and one and two, stop”. Cada “one” es que debes temar y lo mismo sucede con cada “two”. Y así hasta que te enteres que tienes unos músculos que deberías trabajar más.

Se trata de mover brazos, hacer fuerza con todo el cuerpo y mucha actividad para la vista ya que será ella la que más disfrutará de los paisajes mientras se realiza rafting en el cañón del río Cetina. Las aguas tienen niveles entre 1 y 3, así que aquello de ir con hijos puede ser una buena opción. La compañía de rafting Pinta recomienda llevar ropa ligera, ganas de trabajar en equipo y olvidar aquello de cargar con cámara: su dron hará el trabajo por ti (incluso mejor). Y si tu estómago pide más Peka recompénsalo al final del trayecto en Radmanove Mlinice, un antiguo molino convertido en restaurante.

Vuela
Mismo cañón, mismo río y las mismas pocas posibilidades de dejar al cuerpo quieto. Solo que ahora habrá que agarrarse bien del equipo, dejar atrás la comodidad de la tierra firme y viajar por el aire a 65 kilómetros por hora a través de 150 metros de los cables que conforman la tirolina que ha instalado la compañía Zipline.

Pero no son 150 metros solamente, ese es uno de los varios trayectos que conforman esta ruta que te hace llegar desde lo alto de la montaña hasta el propio nivel del río Cetina. ¿Los metros a los que queda el suelo en pleno vuelo? Más que los suficientes para tener vistas completas de todo el cañón.

Visita al drágon
Desde Omis, donde desemboca el río Cetina, hay pocos kilómetros para llegar de nuevo a Split. Además cualquier idea de tiempo tiene poco que hacer aquí ya que la carretera serpentea entre las montañas y el mar, obligando a no mirar el reloj y si las panorámicas.

Una vez que llegues a la gran ciudad tendrás que subir el coche a un ferry para desembarcar en la isla de Brac y dirigirte al otro lado para llegar al pequeño poblado de Murvica, donde Zoran Kojdic te estará esperando para comenzar una caminata de una hora por una cuesta a la que le gusta desgastar el cuerpo quitándole aire y provocándole calor.

Pero Zoran sabe muy bien cómo llevarte al dragón. Bueno, a la Cueva del Dragón, donde hay un relieve con este animal y por el que todos creen que la cueva se llama así, pero al parecer este trabajo labrado en la piedra está ahí por el nombre de la cueva, habitada por monjes desde la Edad Media, aunque algunos dicen que desde hace mucho tiempo antes. Todo es confuso, no hay datos concretos, solo hay conjeturas que algunos investigadores han trabajado durante los últimos años. Pero no importa que ahora no entiendas nada ya que mientras recuperas el aire en plena cuesta, bajo una sombra y con vistas impresionantes al Mar Adriático, Zora irá envolviéndote en la historia de esta cueva. Llegarás a ella y entenderás porqué has venido hasta aquí.
Contacta a Zoran Kojdic +385 915149787 / zoran.kojdic@st.t-com-hr

Sé turista
Habrá que desandar el camino anterior hasta llegar nuevamente a Split. Dejar el coche en algún lugar y convertirse en un peatón con la idea de entrar al Palacio de Diocleciano, un sitio que se encuentra en la ciudad desde el siglo III. Se trata del último reducto de la Roma pagana, donde Diocleciano, una vez que abdicó como emperador, se retiró a este palacio que él mismo ordenara construir para ello.

Desde 1979 es un edificio que forma parte del Patrimonio de la Humanidad, pero más que un propio edificio o palacio, se trata de una pequeña ciudad amurallada que llego a albergar hasta 9000 personas. Han pasado mil setecientos años por estos muros y ahora tal vez tenga frente a ti más turistas por día que los habitantes que tuvo, pero vale la pena pasear entre estos muros milenarios y encontrar la paz que Diocleciano tuvo en su última etapa de vida y entender porque sembraba repollos mientras el imperio romano sufría una gran crisis. Ahora si, puedes ir a aquellas playas dálmatas.

MÁS INFORMACIÓN: visitacroaciablog.es