“París, riberas del Sena”, es el nombre del lugar que la Unesco decidió incluir en 1991 en su larga lista de Patrimonios de la Humanidad. Un río y una ciudad que a lo largo de la historia se ha convertido en una urbe indivisible ya que el Sena desde una de sus islas, la isla de Cité, ha visto el nacimiento y las continuas transformaciones de una capital mundialmente conocida de la misma forma que lo es el propio río.

El nacimiento del Sena aparece en el departamento de Côte-d’Or y desemboca en forma de estuario en la ciudad de Le Havre, en la bahía del Sena, después de haber bañado otras hermosas ciudades como Troyes, París o Ruan. Su recorrido es de 776 kilómetros y se abre paso a través de la naturaleza gala en forma de serpiente buscando en cada recoveco un paisaje más bello que el anterior.Gran parte del río es navegable para barcos pequeños mientras que los grandes llegan hasta Ruan. La capital de Francia se encuentra a mitad de camino entre el nacimiento de este río y su desembocadura, y es un buen punto de partida para recorrer las orillas del Sena en coche hasta el océano Atlántico.

Resulta fácil encontrar el camino del Sena desde el aeropuerto de París, Charles de Gaulle, y en la ruta a tomar existe un buen número de lugares de interés que forman parte de la historia, no solamente de Francia, sino de la universal. No podemos olvidar que las aguas del Sena han inspirado a numerosos artistas, entre ellos Victor Hugo que en su obra Los Miserables hace alusión a este río. También aparece el famoso bandoneonista Astor Piazzolla que le ha dedicado el tango “Río Sena”, aparte de los innumerables pintores que han dejado a la posteridad su visión particular de este río en sus lienzos.

En Giverny vivió Claude Monet. El jardin de su casa insipiró algunos de sus lienzos.

En Giverny vivió Claude Monet. El jardin de su casa insipiró algunos de sus lienzos.

Uno de estos artistas es Claude Monet que encontró en la pequeña localidad de Giverny su hogar desde 1883 hasta su muerte en 1926.

Giverny es una pequeña localidad con nombre de origen Celta, habitado desde el siglo II a.C. Sus habitantes se han dedicado desde tiempos remotos al cultivo de la vid, pero desde la llegada de Monet su popularidad se ha centrado sobre todo en la casa del pintor impresionista y los jardines que lo rodean.

Fotografía histórica de la familia de Claude Monet en su casa de Giverny

Fotografía histórica de la familia de Claude Monet en su casa de Giverny

El jardín sería el escenario de muchas de sus obras más trascendentes, como “Los Nenúfares”, “El estanque de las ninfas”, y “El puente japonés”, entre otras. Un entorno que recibe a decenas de miles de turistas todos los años donde pueden disfrutar del entorno natural que cuenta además con una pequeña Iglesia de estilo románico que está dedicada a Santa Radegunda, y del cementerio donde está enterrado el artista y parte de su familia.

Aquí vivíó Monet. Giverny

Aquí vivíó Monet. Giverny

No muy lejos de este lugar hay un viejo molino construido sobre el río Sena y reconvertido hoy en hotel con encanto. Se trata de Moulin de Conelles, un antiguo edificio del siglo XVIII que a lo largo de su historia ha adquirido fama y que hoy es un pequeño establecimiento hotelero con un excelente restaurante gourmet que es uno de los más destacados de la Alta Normandía y que está recomendado por la guía Michelin.
Una vez que habíamos descansado en Moulin de Conelles continuamos viaje camino de Rouen, la urbe que es conocida como “La ciudad de los cien campanarios”, y que se encuentra atravesada por el Sena.

Calles de Rouen

Calles de Rouen

Mercado callejero en Rouen

Mercado callejero en Rouen

Se trata sin duda de una de las joyas históricas de Francia ya que además esta ciudad ha vivido algunos de los acontecimientos más destacados del país con gran intensidad. La Catedral de Notre-Dame de Rouen, la Abadía se Saint-Quen, la Plaza del Viejo Mercado, el Gran Reloj… son tan solo unas pocas muestras de las joyas arquitectónicas que ofrece Rouen. Y no olvidemos que Juana de Arco está muy presente en este lugar. Porque fue aquí donde la heroína y santa fue quemada en la hoguera, y sus cenizas tiradas al Sena.

Rouen

Rouen

Nos encontramos a tan solo 90 kilómetrosdel estuario del Sena, pero antes merece la pena detenerse en la ciudad de Le Havre, uno de los puertos más destacados de Francia desde la antigüedad ya que comunicaba el océano Atlántico con el interior del país. Le Havre es Patrimonio de la Humanidad por  la Unesco desde 2005, en reconocimiento a la rápida reconstrucción de la ciudad después de la Segunda Guerra Mundial. Este trabajo se debe al famoso arquitecto de la época, Auguste Perret, conocido también como “el poeta del hormigón”. Se trata de una ciudad moderna, ya que la guerra no dejó casi nada en pié, pero al explorarla paseando por sus calles se aprecia que es toda una sensación.

Escultura moderna en la ciudad de Le Havre

Escultura moderna en la ciudad de Le Havre

Cuenta con una altísima iglesia, la de St. Joseph, que se eleva hacia el cielo a modo de rascacielos. La Avenue Foch, la Esplanade Jacques Tournant, o la Rue de París, son algunas de las zonas y calles a tener en cuenta a la hora de pasear por la ciudad de Auguste Perret. Pero Le Havre también ofrece una gastronomía magnífica, unas playas de ensueño y un entorno natural de gran belleza, sin olvidar todos los acontecimientos históricos que aquí tuvieron lugar.

Iglesia de St. Joseph, Le Havre

Iglesia de St. Joseph, Le Havre

En la otra orilla del Sena se encuentra Honfleur, unida a Le Havre gracias al Puente de Normandía inaugurado en 1995. Se trata de uno de los puentes atirantados más largos del mundo y considerado por muchos expertos como el corazón del impresionismo.

El gran puente de Normandía, una obra de ingeniería impresionanate

El gran puente de Normandía, una obra de ingeniería impresionanate

La historia de Honfleur se remonta al siglo XI y conserva el encanto de una pequeña localidad que ha sobrevivido todo tipo de atentados urbanísticos y arquitectónicos. En pié sigue su iglesia de Santa Catalina, del siglo XV, y una de las pocas con campanario construido que está separado del propio edificio religioso. Y ahí sigue todavía su pintoresco puerto repleto de tiendas y restaurantes, por el que no parece haber pasado el tiempo, desde que pintores como Monet, Jongkind y Courbet formaron la Escuela de Honfleur que luego contribuyó al nacimiento del Impresionismo.

Puerto de Honfleur

Puerto de Honfleur

Pasear por sus estrechas callejuelas y disfrutar del ambiente marítimo que se respira en la ciudad es todo un lujo en los tiempos de esta era moderna. Además la ciudad organiza un buen número de actividades culturales entre festivales de cine, música, arte y teatro.

La vida en Honfleur transcurre plácidamente en las terrazas de los bares que hay en el mismo puerto de la ciudad

La vida en Honfleur transcurre plácidamente en las terrazas de los bares que hay en el mismo puerto de la ciudad

Los mercados de productos típicos del campo de Normandía están en todas las ciudades y aldeas de la región

Los mercados de productos típicos del campo de Normandía están en todas las ciudades y aldeas de la región

No muy lejos e aquí, a tan solo 17 kilómetros por carretera siguiendo la costa hacia el sur, se encuentra la mundialmente conocida ciudad de Deauville. Y digo mundialmente, porque es ahí donde se celebra todos los años desde 1975 el Festival de Cine Americano, que atrae a las principales estrellas de Hollywood. Deauville ya era desde finales del siglo XIX un centro de veraneo para las familias acomodadas francesas y sobre todo de Paris, que está a tan solo tres horas en coche. Desde entonces, cuidando su entorno y añadiendo actividades culturales y de ocio a sus visitantes, la ciudad se ha convertido en uno de los centros turísticos más lujosos del norte de Francia. Hoy en día sus edificios antiguos, perfectamente restaurados, sus calles impecables, las tiendas de lujo y el casino, constituyen un entrono ideal para unas vacaciones de categoría. Y si a ello añadimos campos de golf, un hipódromo, y su legendaria playa que sirvió de escenario de una de las escenas más memorables de la película Un hombre y una Mujer, de Claude Lelouch.

Texto: Elisabeth Norell Pejner
Por Rafael Calvete