La cita es en amplio bar con vistas al mar del Hotel Oceana, en Kingston. Un portentoso edificio con suelos de mármol y barrocos apliques de oro por todas partes. Los hoteles de lujo me ponen nervioso, pero ahora mismo un vasazo de ron “Appelton White” me está echando un cable. “Ligero, suave y añejo –reza su publicidad- es una mezcla que mantiene un inigualable sabor sutil y un aroma delicado”. Sin duda a mi me está manteniendo, sino de un humor muy sutil, sí en perfecta y firme disposición.

Me encuentro en la capital de Jamaica con el fin de escribir este reportaje sobre la isla. Y, me digo a mí mismo: “Por una vez , este reportaje sobre Jamaica va a prescindir de tópicos”.
Entre el océano de tópicos que amenizan nuestras vidas, no hay ningunos más facilones que los que plagan el Caribe. Playas de arena blanca, juergas a base de ron, a ritmo de reggae o salsa, competiciones para conseguir un bronceado perfecto, barbacoas al amanecer o la pesca del merlín para Hemingways de barrigas llenas de cerveza y pieles achicharradas.

Tienda de café

Tienda de café

Es como si todo el Caribe se tratara de una fiesta imperecedera y algo boba, en la que los nativos son meros comparsas (muy graciosas, eso sí) para nuestro deleite, y que sólo se acaba cuando nos depositan en el avión de regreso, con una espantosa resaca y una atroz indigestión de marisco.

Recolector de café

Recolector de café

Por supuesto, para quienes lo visitan, ciertos aspectos del Caribe son realmente así. Pero si nos atrevemos a correr la cortina que cubre nuestra dulce ignorancia, veremos que el Caribe tiene muy poco del adjetivo que se le otorga con mayor asiduidad: indolente. Me alegro de refrendar esta teoría en Jamaica, porque es precisamente aquí donde el alma del auténtico Caribe bulle y se expresa con toda su intensidad. Así es como descubrimos el carácter tan a menudo trágico de su historia, las turbulentas relaciones interraciales, el lento camino para descubrir su identidad. Y sin embargo, el resultado es que Jamaica ha creado una de las culturas más ricas y exportables del Hemisferio Occidental.

Y si no, díganme quién no se ha embriagado alguna vez con la voz hipnótica de Bob Marley, o ha deseado olvidarse de la ducha diaria por un trenzado de pelo a lo rasta, o suplir nuestra manía con el café por un ron matutino.
El carácter de Kingston, capital de Jamaica, corrobora mejor que nada esta ambivalencia típica del Caribe. Ni las guías ni los turoperadores recomiendan su visita. La ciudad es caótica, descuidada. Pero posee un enorme poder de atracción para la población de la isla y es aquí donde uno mide mejor que en ninguna otra parte el pulso de la misma. Cada año cientos de jóvenes llegan del campo para probar fortuna en una ciudad que se desborda. En las zonas más deprimidas, como Trench Town, fue donde Bob Marley perfeccionó un estilo de música que en los años 70 y 80 embriagaría a todo el mundo: el reggae.

Aquí nació la doctrina rasta, la más heterodoxa de las creencias que han surgido del Caribe. Una mezcla insólita de africanismo, culto al último emperador etíope Haile Selassie, alucinantes lecturas de la Biblia y contemplación propiciada por el consumo del ganja o marihuana.
El movimiento rasta, de la mano del reggae, fue un auténtico bombazo cultural que rompió fronteras.

Por primera vez en la historia del Caribe, el ideal tan jamaicano de “vive y deja vivir” inspiró a miles de jóvenes de todo el mundo. Hoy, Kingston aglutina la oferta cultural más fresca del Caribe: teatro, danza, pintura mural, galerías, y por supuesto música, compiten a menudo en formas populares y callejeras por mostrar el resuelto espíritu innovador de la isla.

PERVERSIONES PIRATAS Y CAFÉ
Dejando a un lado las floridas proclamas de Colón al llegar a la isla en 1494, que la describió como “la más bella que había visto jamás”, el puerto de Kingston, en realidad una bahía, ofrece vistas espectaculares. Ello despierta nuestro apetito histórico. Los españoles llevaron a la práctica su manía de someter a los nativos a trabajos forzosos y en pocos años en jamaica no quedaba ni un indio arawak. Para paliar este desliz, en 1517 empezaron a traer esclavos de África, costumbre colonial que acabó creando una población de descendencia africana. Tras descubrir que la isla no tenía oro, los españoles se olvidaron de ella, facilitando la aparición de los ingleses, que la anexionaron en 1670.

Port Royal

Port Royal

Durante años los ingleses habían hostigado los galeones españoles, financiando y apoyando el pillaje de piratas y corsarios. Éstos acabaron por asentarse al final de la península de arena que resguarda el puerto de Kingston, convirtiendo el fondeadero de Port Royal en la mayor guarida de piratas de todo el Caribe.
Resulta fascinante, hoy, pasearse por su tranquila playa imaginando toda suerte de perversiones piratas. Henry Morgan no sólo fue el bucanero más famoso del lugar, sino que acabó siendo gobernador de la isla. Los abusos y desmadres de Port Royal terminaron bajo el agua. En 1692 un maremoto lo arrasó por completo.
Como contrapartida al calor pegajoso de Port Royal, el vergel lluvioso de las Blue Mountains es una excursión irresistible.

Blue Mountains

Blue Mountains

Las Blue Mountains poseen la montaña más alta de la isla con 2.256 m de altura, el jardín botánico más antiguo de la isla, un parque nacional y un santuario para pájaros. La sinuosa carretera pasa por viejas plantaciones, pueblos adormecidos, haciendas con mansiones victorianas y espectaculares paisajes que nos llevan a un mundo onírico de humedales.

Blue Mountains

Blue Mountains

Aquí se produce uno de los rones más aristocráticos del mundo: el “Old Jamaica”. Asimismo la riqueza del subsuelo y las óptimas condiciones climáticas, favorecen el cultivo del mejor café del mundo. Introducido en 1728, el café es una de las mayores fuentes de riqueza de Jamaica.

Cuando la carretera nos devuelve a la costa, intuyo que vamos hacia lo mejor de Jamaica.

EL PRECIO DEL PARAÍSO
Toda la costa norte del condado de Surrey, moldeada por la actividad volcánica de la isla, ofrece los escenarios más accidentados de Jamaica. Port Antonio es el corazón de la región, cuyo puerto, según los visitantes han definido, es el más hermoso de la Tierra, el lugar perfecto para huir de las playas turísticas de Ocho Ríos y Montego Bay.

Port Antonio

Port Antonio

Port Antonio

Port Antonio

Parece imposible que la tranquila Port Antonio fuera en su día la capital mundial del plátano. Los plátanos fueron traídos por los españoles desde las islas Canarias en 1516. Se dice que durante su época de mayor auge en los años 20, Port Antonio superaba en tráfico a Liverpool.
Aunque todavía numerosas, las plantaciones de plátanos despiertan hoy en día poca expectación. Sin embargo, el antiguo sistema de transporte de plátanos por medio de balsas de caña de bambú, ha generado el mayor atractivo turístico de la zona. Balsas de 10 metros llevan a los turistas en un curioso rafting fluvial por el último tramo del río Grande, el más largo de Jamaica.

Rafting en Río Grande

Rafting en Río Grande

Una excursión de más peso es la que nos lleva a Moore Town, la capital de los esclavos o maroons que antaño huyeron de las plantaciones para refugiarse en estas montañas. Los maroons jugaron un papel importante en la historia de Jamaica. No sólo preservaron sus raíces africanas sino que bien armados y organizados gozaron durante siglos de total independencia, atacando a apoyando los intereses británicos según su conveniencia.
Apenas tres horas de coche separan Port Antonio del jolgorio de Ocho Ríos.

Ocho Ríos

Ocho Ríos

Ocho Ríos debe su primacía entre los grandes centros turísticos caribeños a la cantidad de cruceros que acoge. La mayor atracción del lugar , además de su playa, son las cascadas del río Dunn. Es costumbre que los turistas realicen una escalada por estas hermosas cascadas, con un guía a la cabeza, en encadenada procesión simiesca.

Cascadas río Dunn

Cascadas río Dunn

La carretera B11conduce hacia los exuberantes paisajes del interior y a poblaciones impregnadas de sabor isleño como Philadelphia y Alexandria. Cerca de ésta está el pueblo donde nació Bob Marley –Nine Miles- y donde está la tumba del músico.
Todavía más turística es Montego Bay, segunda ciudad de Jamaica y la realidad más opuesta que se pueda imaginar a Kingston. Pero quien no opte por privarse del espectáculo que supone el turismo de masas junto a quienes viven para servirles, que no dude en irse lo antes posible a Negril. Famosa por su idílica playa de 11 kilómetros de largo, en Negril la población local y los visitantes se mezclan con una feliz armonía única en Jamaica.

Playa de Negril

Playa de Negril

Más que en ninguna otra parte de la isla, Negril tiene cabida para todos los gustos y bolsillos. Dejando aparte el gancho que proporciona el retozar en su playa, aquí incluso alguien como yo puede librarse de sus prejuicios y dedicarse a la máxima jamaicana de “vive y deja vivir”.
La mayor garantía de que Jamaica aún tiene su legendaria magia.

DÓNDE DORMIR
Tres buenas opciones son:
Riu Palace Tropical Bay, en Negril (www.riu.com)
Greco Resort, en Montego Bay (www.elgrecojamaica.com)
Jamaica Inn, en Ocho Ríos (www.jamaicainn.com)

QUÉ COMER Y DÓNDE
El plato más típico es el jerk, una salsa muy picante que acompaña al pollo o al cerdo. También destacan la cabra al curry, diferentes platos a base de camarón, atún y langosta. Arroz, frijoles y bananas asadas se sirven de acompañamiento. La cerveza típica es la Red Stripe y los combinados llevan siempre ron del país.
Un buen lugar donde probar estas delicias es el Kubaya (Negril Beach). Cenas amenizadas con música. www.kubaya.com
También el Robinson Crusoe, en Negril. En el restaurante del hotel Footprints on the Sand.

VISITAS IMPRESCINDIBLES
Es interesante acercarse al Jablum Coffee. En Mavis Bank, pequeño pueblo rural de las Montañas Azules, cerca de Kingston. Una de las más prestigiosas factorías de las Blue Mountains, donde se cosecha en mejor café del mundo. www.jablumcoffee.com
Aunque si le gusta el ron, nada como Appleton Estate, en St. Isabel, en el valle del Nassau, al sur de Montego Bay. Es la destileria de ron más antigua de la isla (1749). www.appletonestate.com

MÁS INFORMACIÓN
www.visitjamaica.com