LA UBICACIÓN DE OPORTO JUNTO A LA DESEMBOCADURA DEL DUERO Y SU OFERTA DE EXCELENTES VINOS SON LOS PLATOS FUERTES. AHORA, ADEMÁS, PRESUME DE UN LIFTING QUE VENÍA PIDIENDO A GRITOS DESDE HACE TIEMPO

Llueve sobre Oporto. Rafael, un periodista de Madrid con el que coincido en el viaje, me conduce hasta la librería Lello, en el centro histórico de la ciudad. Aquí, en este bello edificio de estilo neogótico, nos resguardamos de la lluvia. El lugar es realmente acogedor; así que me instalo en una de las mesas del pequeño bar, en el piso de arriba, y pido un café. Mientras, leo un artículo de Enrique Vila-Matas publicado en “El País”, que cuelga en una de las paredes de la librería.

El escritor barcelonés describe su amor por Oporto, una ciudad de aire colonial que se cae a pedazos y que, sin embargo, resulta seductora y fascinante. Recostada sobre la ribera derecha del Duero, la segunda ciudad de Portugal tiene muchas cosas que contar.

BREVE RECORRIDO HISTÓRICO
La desembocadura del río Duero fue utilizada desde muy antiguo como refugio natural por las embarcaciones que navegaban a lo largo de la costa. Durante el Imperio Romano, el asentamiento fue llamado “Cale” y más tarde “Portus Cale”, de donde derivaría el nombre actual del país: Portugal. Oporto participó activamente en las grandes navegaciones promovidas por Enrique el Navegante y, a partir del siglo XVIII, el comercio del vino fue clave para el desarrollo de la región.

En 1996, el centro histórico fue reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad, un reconocimiento que ha servido para conservar la arquitectura de las viejas calles. Sin embargo, también es cierto que todavía hay muchas casas en ruinas que necesitan algo más que una sencilla restauración. Esa es la razón por la que mantiene ese clima de ciudad antigua que la convierte en un lugar peculiar. O quizá ésta es sólo una impresión que asalta al visitante y le hace caminar despacio, sin ninguna prisa.

UNA CIUDAD QUE VIVE DESPACIO
Oporto es un lugar de aquellos que entra primero por los ojos y, después, se hace un sitio en la conciencia, ocupando un hueco del que difícilmente ninguna otra ciudad podrá desbancarla. Cuando se llega aquí y se descubre el barrio de antiguos pescadores de Ribeira, con el puente de Don Luis I, enseguida se percibe que la ciudad guarda entre sus calles y casas desvencijadas algo muy especial; no sólo una parte de la historia de Portugal, sino también el encanto de una manera de vivir sosegada y tranquila en la que el visitante se siente involucrado.

Después de pasar un buen rato en la librería, salgo a dar una vuelta por la ciudad. El cielo se ha abierto, y el día es primaveral y soleado. Muy cerca se encuentra laiglesia y la torre de los Clérigos que, con una altura de setenta y seis metros, es un punto de referencia para sus habitantes y turistas, como también lo fue para quienes navegaban por el Duero. En esta parte de la ciudad hay tiendas curiosas, repletas de objetos antiguos, frutas y verduras, bacalao colgado en las puertas…

Oporto respira a su propio ritmo, lejos de las prisas de otros lugares.
Paseo por el centro de la ciudad hasta llegar a la plaza de Batalha, junto a laiglesia de San Idelfonso. Me adentro por Santa Caterina y me detengo frente alCafé Imperial, uno de los lugares que Vila-Matas menciona en el escrito que acabo de leer en la librería Lello. Es media tarde y el bar está lleno. Delante de mí, un señor de unos sesenta años escribe con aire ausente; de vez en cuando levanta la mirada que se pierde como vacía por entre los asientos del bar, y de inmediato regresa a su libreta.

Sí, en Oporto todavía es posible ver gente que escribe en los bares, como también lo es encontrar bacalaos que cuelgan de las paredes de las tiendas o ciudadanos que caminan sólo por el placer de caminar y vagar sin rumbo entre las calles.
Al salir del Café Imperial subo hasta , la catedral. A un centenar de metros de la entrada principal, hay un mirador desde donde se disfruta de una excelente vista de Oporto. El color rojizo de los tejados y la silueta del palacio de la Bolsa parecen mirar al Duero, ese río que transcurre con parsimonia contagiado por el ritmo de la ciudad.

RIBEIRA Y VILA NOVA DE GAIA 
Después, al atardecer, bajo hasta Ribeira, el barrio portuario donde hay varios bares y restaurantes. Las barcas que transportan a visitantes a lo largo del río, descansan a esta hora, amarradas al muelle. Al otro lado del Duero se ven las casas de Vila Nova de Gaia, donde se encuentran las bodegas en las que envejece el famoso vino de Oporto. Pero Vila Nova de Gaia, eso que quede claro, no es Oporto. El río divide a ambas ciudades (Oporto al norte, Vila Nova al sur) y entre ellas se encuentra el puente de Don Luis, una estructura de metal construida por Seyrig, colaborador de Gustave Eiffel.

Paseo por el muelle arriba y abajo, mientras el río cambia de color con la puesta de sol. Por último, cruzo el puente hasta Gaia. A lo largo de toda la orilla fondean los rabelos, las embarcaciones con las que antiguamente se transportaban los barriles de vino río abajo. Hoy las bodegas de la zona los mantienen como atractivo turístico, para mostrar los orígenes de su actividad.

El paisaje es inmenso, con el contraste de los colores en las fachadas de Oporto y el tono dorado balanceándose en las aguas del río. Camino a lo largo de los muelles de Gaia, mientras la tarde se va esfumando. Parejas de enamorados se sientan en los bancos frente al río y los pájaros anuncian el crepúsculo.

Fernando Pessoa, el peculiar escritor portugués, escribió en El libro del desasosiego: “La niña sabe que la muñeca no es real, y la trata como real hasta llorarla y disgustarse cuando se rompe”. A mi me pasa un poco lo mismo con Oporto. Por más que la ciudad se esté transformando, no puedo desprenderme de ese sabor rancio que mejora con el tiempo. El Oporto tranquilo y algo poético sobrevive en mi recuerdo, aunque me ocurra como a esa niña de la que habla Pessoa.

Guia del viajero:

CÓMO LLEGAR

Ryan Air (www.ryanair.com) ofrece vuelos directos desde Madrid y Barcelona a Oporto.

QUÉ VER

Bodegas de Vila Nova de Gaia. Aquí envejecen los vinos de Oporto. Son recomendables la visita a las bodegas Ferreira y Ramos Pinto y las instalaciones de la bodega Taylor.

Catedral. Templo monumental de varios estilos, sobre una antigua fortaleza.

Tiendas tradicionales. Conservan su aspecto asntiguo. Destacan  a Perola do Bolhao, La Casa Oriental, A Perola da Guiné, el Café Majestic y la librería Lello.

Torre de los Clérigos. Atalaya símbolo de la ciudad, es una de las obras cumbre de Nasoni.Ofrece maravillosas vistas de la ciudad y el Duero.

Barrios de Barredo y La Ribeira. Barrios populares que ocupan la colina y los muelles del Duero, con casas de voladizos revestidas de azulejos donde se tiende la ropa a secar en los balcones.

Estación de Sao Bento. Su vestíbulo es un ejemplo de la azulejería portuguesa.

El Duero y sus puentes. Agradable paseo por el tramo final de este río. Cruzado por tres interesantes puentes, uno de ellos (María Pina), es obra de Eiffel.

Convento de Nossa Senhora da Serra do Pilar. Situado en Vila Nova de Gaia, con un claustro de estilo renacentista. Ofrece una de las mejores vistas de Oporto.

Iglesia de Sao Francisco y Santa Clara. De estilo barroco, con interiores revestidos de maderas talladas y pintadas en oro.

Mercados. Son populares los de Bolhao y Ribeira.

DÓNDE DORMIR

Palacio do Freixo (Pousada). Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca en Portugal. Se trata de dos edificios separados pero relacionados entre sí: el palacio, donde se encuentran el restaurante, el bars, los salones…); y la antigua fábrica de harinas Harmonia, donde están las habitaciones con vistas al Duero.

DÓNDE COMER

Chez Lapin (rua dos Canasatreitos). Acogedor restaurante en el puerto. Especialidades portuguesas.

Chez Dino (plaza de Massarelos). Especialistas en bacalao y perdiz en época de caza.

Si quiere comer a tiempo que escucha fados puede acudir a la Casa das Mariquinas, al lado de la catedral, o al local Mal Cocinhao, en Ribeira.

MÁS INFORMACIÓN 

www.visitportugal.com

Fotografo:

Oriol Puges

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