Imaginaros un país cuya geografía son los actos y el espíritu de sus dioses. Y donde todo es resultado del dolor de un gran enamorado. Una especie de telenovela divina. Esto es lo que al alba de los tiempos sucedió en India cuando el dios más imponente, Shiva, enviuda de su encantadora esposa Sati. Loco de pesar, Shiva vaga por la tierra bailando en solitaria danza, cargando sobre sus hombros el cuerpo de Sati. Lleno de compasión, Vishnu, el dios preservador, sigue al afligido bailarín y corta trozo a trozo el cuerpo de Sati para liberar a Shiva de su pesada carga. Los miembros de la diosa –la cabeza, los brazos, un pie o la lengua– van cayendo aquí y allá al azar, hasta un total de 51 trozos. Y lo que sucede es que, allí donde aterrizan, el poder de la diosa brota de la tierra con las múltiples propiedades de su cuerpo. Así, el viajero despistado que recorre la India puede no advertir que en Vrindavan sus pies están peinando los cabellos de Sati; que en Jalandhar es su pecho izquierdo lo que da fertilidad a esos campos tan verdes; o que son los dedos de los pies de la diosa lo que hace de Calcuta un lugar tan irresistiblemente humano.
Precisamente es en Calcuta donde me subo a un tren para ir al encuentro de la parte de la diosa que más me atrae: su ombligo.

Puri

Puri

No se trata sólo de que me apetezca muchísimo rascárselo a la desmembrada Sati, sino que mis amigos indios me han contado que es en esta parte del cuerpo donde se encuentra nuestra energía vital más importante: el dinamismo y la determinación. Algo que siempre necesito después de una temporada en Calcuta. En consecuencia, no resulta extraño que el lugar donde se halla el ombligo de Sati, la ciudad de Puri, en el Estado de Orissa, sea uno de los centros de peregrinación más sagrados del país. Y es aquí, en este Estado oriental tan exuberante y tropical, donde uno halla algunas de las manifestaciones artísticas y culturales más originales y fascinantes de todo el subcontinente indio. La riqueza de la lengua y la literatura Oriya es inconmensurable. La exquisita danza clásica Odissi siempre arrastra masas en los festivales donde se representa; y la arquitectura de sus muchos templos se considera de una belleza particularmente encantada y única.

En el expresso Howrah-Puri que me lleva hacia el sur, comparto comida y charla con muchas familias bengalíes que parlotean, tan excitadas como yo, ante la perspectiva de lo que nos aguarda. Orissa es, además, un destino vacacional muy querido por los indios. Sus ciudades son relativamente pequeñas y muy risueñas, el Trópico se desborda aquí en cientos de colores y fragancias que inundan un mundo mayoritariamente rural, y en las costas del golfo de Bengala, Orissa exhibe un rosario de playas auténticamente paradisíacas.

EN EL OMBLIGO DE LA DIOSA
En cuanto bajo del tren que entra resoplando a la estación de Puri, el comité que me recibe es un inmenso abrazo de aire pegajosamente salino, que ya no me abandonará. La atmósfera está cargada de electricidad, de emoción y buenos presagios, pues aquí no sólo podré curiosear en el ombligo de la diosa Sati, sino que la ciudad también es una de las moradas celestiales de los cuatro puntos cardinales.

Puri

Puri

Puri representa el este, la vía de la belleza y del Sol.
El punto alrededor del cual gira su vida social y religiosa es el gran templo de Jagannath. Consagrado a Jagat-natha, o Señor del Universo, una encarnación de Vishnu, el templo es uno de los más venerados de la India, y prueba de ello es que no pueden entrar los no hindúes, esa gente sin casta que se vanagloria de comer bistec de ternera y necesita papel para sus necesidades más básicas.

 

Templo de Jagannath

Templo de Jagannath

Por más que jure y perjure a los guardas de la puerta del León que no practico ambas aberraciones, todo resulta en vano. Me delata el color de mi piel y que no tenga ni idea de Oriya, una especie de cotorreo incomprensible, cuya escritura se asemeja a tallarines enrollados.

Las reglas del templo son tan estrictas que inclusive, en su tiempo, se prohibió el paso a la insigne Primer Ministro Indira Gandhi, por el simple hecho de no estar casada con un hindú. Pero de la misma forma que el templo destaca por no andarse con contemplaciones, resulta extremadamente popular entre los hindúes, pues es de los pocos que acepta todas las castas sin distinciones. Desde los pudorosos brahmines o sacerdotes, hasta los intocables curtidores (recuérdese, tratan con piel de vaca) y a los infortunados que limpian las letrinas.
Para paliar el hecho de que los turistas quedan excluidos, se permite que éstos admiren el templo desde la terraza de una biblioteca que se encuentra justo enfrente. Pero aun así uno no verá nada del interior. El magnífico complejo se levantó en 1198 y está rodeado por un par de murallas circundantes de 6 metros de altura. La torre cónica del templo es de 58 metros y está coronada por la rueda y la bandera de Vishnu, visibles incluso desde el mar. El templo tiene hasta 6.000 empleados ocupados en realizar las funciones y el complicado ritual que exige el cuidado de sus dioses. Se calcula que cerca de 20.000 personas viven del templo de Jagannath, y que los celadores más próximos al dios se dividen en 36 órdenes y 97 clases.

La playa de Puri es el mejor regalo que la ciudad ofrece todo el año, sin exclusiones de ningún tipo. Su larga extensión de arena blanca la comparten tanto turistas occidentales, que aquí mueven el ombligo a su antojo entre las olas, como los muchos peregrinos indios que realizan completamente vestidos sus abluciones porque para ellos el mar es otra manifestación divina. Hacia el este se encuentra un interesante pueblecito de pescadores, la mayoría procedentes de Andra Pradesh. Por una pequeña suma de dinero, muchos están encantados de compartir con el visitante sus capturas matutinas, lo que resulta un modo magnífico de presenciar la salida del “Astro Rey” sobre el inmenso océano.

EL SEÑOR DE LOS TRES MUNDOS
Aunque hace un calor que tumba de espaldas, abandono las brisas marinas de Puri para dirigirme a la capital de Orissa, Bhubaneswar. La noticia me ha pillado desprevenido, aunque no es el caso para la riada de indios que comparten conmigo el viaje, pues éstos parecen vivir con ese instinto primigenio que les dicta cuándo hay un festival. La ciudad está tomada al asalto por cientos de miles de peregrinos que han llegado para el festival de Asokashtemi. Siguiendo el más puro estilo Oriya, el festival celebra el traslado sobre grandes carros del dios Shiva, su hermano Balaram y su hermana Rukuni, desde el gran templo de Lingaraj al de Ramesvara. El venerado templo de Lingaraj está dedicado a Tribhuvaneswar o el “Señor de los Tres Mundos”, un nombre de Shiva que también se conoce con el de Bhubaneswar.

Templo de Lingaraj (Bhubaneswar)

Templo de Lingaraj (Bhubaneswar)

Su estructura presente data de 1090-1104, aunque algunas de sus partes tienen más de 1.400 años de antigüedad. Todo el complejo está rodeado por una alto muro que no hace otra cosa que aumentar mi curiosidad, pues de nuevo el templo tiene prohibida la entrada a los no hindúes. De esta forma, me quedo sin presenciar la ceremonia diaria en que se baña el bloque de granito que representa a Shiva, nada menos que con agua, leche y bhang (un licuado hecho con semillas de marihuana). Sin embargo, los británicos levantaron en su día una plataforma junto al muro norte, que aún hoy sirve de mirador para los empecinados turistas. Desde ella se puede admirar la gran torre de 40 metros del templo, con la profusión de esculturas y relieves esculpidos que caracteriza la arquitectura Oriya.

Bhubaneswar es conocida como la ciudad de los mil templos

Bhubaneswar es conocida como la ciudad de los mil templos

Cuatro días después de que los dioses hayan llegado a su nueva residencia se repite la misma procesión, pero a la inversa. La tradición es infalible; de este modo se ventilan los dioses una vez al año, se renueva la devoción y la gente lo pasa en grande. Al término del festival, los carros de madera se desmantelan y son utilizados para alimentar el fuego de las cocinas del templo.

EL TEMPLO DEL SOL
Ninguna visita a Orissa resulta completa a menos que uno visite su famoso templo del Sol en la localidad de Konark. Uno de los templos más fotografiados de la India, Konark se construyó a mediados del siglo XIII y es la cumbre de la exquisita arquitectura Oriya.

Templo del Sol, Konark

Templo del Sol, Konark

El templo está dedicado a Surya, el dios solar, que cada día cruza el cielo en su flamante carroza tirada por siete caballos blancos, cada uno representando los días de la semana. El templo al completo se concibió como un carro para el dios Surya. Alrededor de su base hay 24 ruedas gigantes esculpidas en piedra, mientras siete poderosos caballos arrastran el templo. Toda la inmensa estructura está cubierta de hermosas tallas, esculturas y bajorrelieves.

Destacan la sucesión de relieves en la base y las paredes del templo, que en el mejor estilo de Khajuraho, representan imágenes eróticas de parejas entrelazadas y solitarios exhibicionistas. A pesar de ser un lugar muy visitado, los grupos que vienen de Puri o Bhubaneswar sólo pasan unas horas y luego las inmediaciones del templo se hinchan de tal paz que puede escucharse el nostálgico chillido del pavo real en el bosque cercano.
Uno puede pasar tranquilamente una noche aquí y luego recorrer los escasos tres kilómetros que separan el templo de la playa.

Pero yo he querido terminar mi visita a Orissa con unos lánguidos días junto al lago Chilika, al sur de Puri. De unos 70 kilómetros de largo y unos 15 de ancho, el lago está separado del mar por una larga barrera de arena. Lo que realmente atrapa aquí es la vida apacible de pescadores y campesinos, que se benefician de la fácil pesca y la riqueza tropical de sus campos de caña y mango.
Pasar unos días con ellos, disfrutando de la más simple vida rural india, es todo un regalo para los sentidos. Aquí, el hechizo del trópico y esa tranquila disposición de ánimo de su gente, es el contrapunto perfecto al derroche de energía y devoción que hemos visto en las ciudades sagradas. Con la estela dorada de su carro celestial, Surya bendice puntualmente estas costas cada mañana, antes que ningún otro punto del país. Entonces comprendo como nunca antes que esta tierra es, sin duda, la vía de la belleza y el sol, y que en el ombligo de la diosa yo he encontrado el alma de la India.

Texto: Félix Roig
Fotos: Jordi Llorens

CÓMO IR
Primero habrá que llegar a Calcuta y desde allí a Bhubaneswar, capital de Orissa. Otra alternativa son los expressos Howrah-Chennai o Howrah-Puri, que enlazan Calcuta con Bhubaneswar y Puri en 7 y 11 horas respectivamente.

QUÉ HAY QUE SABER
Formalidades de entrada. Es necesario el pasaporte en regla y un visado de turista, tramitable en una semana, que se obtiene en la Embajada de la India en Madrid.
Cuándo ir. La mejor época para visitar Orissa es de octubre a febrero, cuando las temperaturas raramente exceden los 30ºC. Marzo y abril son los meses más calurosos del año, hasta la llegada del monzón que suele descargar todo el verano, de junio a septiembre, y contribuye a refrescar el ambiente durante el multitudinario festival de Rath Yatra, en Puri.
Idioma. El oficial del estado es el Oriya. Se habla inglés en todos los centros turísticos.

QUÉ VER
Puri. Esta ciudad costera es uno de los cuatro dhams o moradas celestiales de los cuatro puntos cardinales de la India, así como uno de los 51 Shakti Pithas de la diosa Sati, de ahí su extrema santidad. La vida religiosa de la ciudad gira en torno a su templo de Jagannath y el famoso festival de Rath Yatra que tiene lugar cada verano. El templo de Jagannath, del siglo XII, es conocido por aceptar a todos los hindúes sin distinción de castas. La ciudad tiene un buen número de templos, pero como es común en Orissa, tienen prohibida la entrada a los no hindúes.
La otra gran atracción de Puri es su enorme playa de arena blanca, siendo el mejor trecho el que se encuentra pasado el pueblo de pescadores. No se aleje nunca de la orilla, ya que las corrientes subterráneas son aquí muy fuertes.

Bhubaneswar. Capital del estado y conocida por su gran número de templos, el más importante es el de Lingaraj (siglos XII-XIII), dedicado al dios Shiva, siendo su complejo una de las mejores muestras de la exquisita arquitectura Oriya, aunque los no hindúes tienen prohibida la entrada. Sin embargo, los amantes de templos se encuentran en el lugar adecuado. Si quiere ver con detalle los ornamentados relieves, tallas y esculturas propias de la arquitectura local, visite los templos de Vaital, el complejo de Parsurameswar, del siglo VII y uno de los más importantes de Orissa, el templo de Mukteswar con su mezcla de relieves hindúes, budistas y jainistas, y los bellos templos de Raj Rani y Brahmeswar. Todos ellos pueden ser visitados tras previa donación.
El Museo Estatal posee una colección de arte religioso y tribal.

Konark. También conocida como Konarak, esta pequeña población tiene uno de los templos más famosos de la India, el Templo del Sol. Construido en el siglo XIII, toda la estructura representa a Surya, el dios Sol, con 24 ruedas gigantes esculpidas en la piedra y siete imponentes caballos. Alrededor de la base del templo se encuentran elaborados relieves eróticos en la mejor tradición de Khajuraho. A tres km del templo, la playa de Konark es una de las mejores del estado.

Otros puntos de interés. Un par de kilómetros al sur de Bhubaneswar se encuentran las interesantes cuevas de Udayagiri y Khandagari, algunas de ellas bellamente ornamentadas por ascetas jaínes durante el siglo I a.C.

El lago Chilika es la superficie salada más grande de India y durante el invierno recibe la mayor congregación de aves acuáticas del subcontinente indio.

GASTRONOMÍA
Dado que es un Estado marcadamente hindú, la gastronomía local es básicamente vegetariana, con todas las famosas variedades indias de currys, masalas y biryanis o arroces. También se puede comer excelente pescado y marisco, especialmente en la costa.

QUÉ COMPRAR
Orissa es conocida por su amplia y fascinante artesanía. Aunque en Puri y Bhubaneswar hay buenas tiendas, la mejor elección es acercarse a los pueblos donde uno encontrará la mejor oferta calidad-precio. A 10 km de Puri, Raghurajpur es famoso sus preciosas patachitra, pinturas de colores naturales sobre telas de algodón. A 23 km de Puri, el pequeño pueblo de Pipli es conocido por sus apliques artesanales que se usan para las sombrillas de los templos y telas murales. En las regiones tribales del interior se pueden comprar muy buenos tejidos.

MÁS INFORMACIÓN

www.embassyindia.es/

www.incredibleindia.org/