No es fácil imaginar el horror en estas callejuelas tan bonitas, pero hay que hacerlo: Sighisoara fue la cuna y el principado de Vlad Tepes, el mismo que inspiró el personaje de Drácula, y allí reinó el terror. Esta apacible y bella ciudadela medieval de Transilvania sostiene sin esfuerzo (y casi con alegría) el peso de su leyenda. Así que uno puede sucumbir a su belleza y simplemente caminar por sus calles empedradas, o dejarse llevar por el gran reclamo turístico en que, sin querer, la convirtió Bram Stocker cuando imaginó su novela.

La vieja ciudad desde el mirador de la Torre del Reloj

La vieja ciudad desde el mirador de la Torre del Reloj

Para el que llega aquí virgen de historias sanguinarias, Sighisoara bien podría ser un paraíso medieval. Su casco histórico, uno de los pocos que todavía están habitados, mantiene intacta casi toda su estructura. Así que deambular por las calles mínimas de esta ciudad tan germana, emplazada en un país tan latino, rodeada de eslavos en el extremo oriental de Europa, es toda una experiencia.

Con sólo atravesar la muralla que rodea a la ciudad íntegramente, el mundo empieza a parecer otro.


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En la antigua ciudad, abrigada por ese muro compacto de casi un kilómetro, conviven la historia y la leyenda. Nueve de las catorce torres de defensa originales todavía se conservan, y vale la pena recorrerlas para encontrar en ellas los vestigios de lo que fue la vida en otros tiempos: cada una lleva el nombre del gremio artesano que se ocupaba de su mantenimiento cuando la ciudad era rica gracias al comercio con Moldavia y Valaquia.

Entrada a la ciudadela

Entrada a la ciudadela

Ésta es, sobre todo, una ciudad que ha sido grande por los gremios, que la gobernaron durante dos siglos y le dieron buena parte de esa esencia que aún hoy tiene. Por supuesto, no han sido quienes la hicieron tan famosa como inmortal: de eso se ha ocupado un antiguo príncipe, capaz de servir de musa a un Bram Stocker sediento de leyendas de sangre.

Cuando en 1413 nació Vlad Tepes, ninguno de sus coetáneos imaginó cuánta sangre podía arrancarles, no con cuánta crueldad lo haría.

El casco antiguo es una gran aldea de calles empedradas y casas que transportan a la Edad media.

El casco antiguo es una gran aldea de calles empedradas y casas que transportan a la Edad media.

Pero mucho menos pensaron que sus métodos de tortura y muerte (sobre todo, el empalamiento) acabarían haciéndolo famoso. Bram Stocker cogió su historia, le añadió un poco de vampirismo (quizás inspirado por algunas costumbres de la época, como la de beber la sangre de los enemigos), e hizo un personaje, Drácula, que a estas alturas, en Sighisoara, casi se confunde con Vlad. Lo curioso es que la imagen de Vlad Tepes aparece en casa esquina: es el mejor reclamo turístico de la ciudad, y sus habitantes parecen encantados de tenerla entre ellos. Aquí, el terror forma parte del folclore local.

LEYENDA Y REALIDAD

Aunque el escritor irlandés nunca anduvo por aquí está claro que su imaginación era bastante precisa. Frente a la plaza de la ciudadela se encuentra el monumento más famoso (no el más interesante) de Sighisoara: la casa donde, dicen, nació el verdadero Vlad Tepes. Rodeada de tiendas de artesanos y viejos anticuarios, es punto de encuentro de una ruta macabra que también puede incluir el museo dedicado a los distintos tipos de tortura que ha habido en la historia, y que se emplaza en un antiguo calabozo donde esperaban su destino los condenados a muerte. La antigua casa de los Tepes es hoy una residencia humilde devenida en restaurante.  Allí hay que probar, para exorcizar temores, la “tapa del conde”, carne cocida rebosante de salsa roja que deja la sonrisa como si uno hubiera hincado el diente en algún cuello cercano.

Pinturas y otros muchos objetos relacionados con el cruel príncipe Vlad Tepes invaden los puestos callejeros

Pinturas y otros muchos objetos relacionados con el cruel príncipe Vlad Tepes invaden los puestos callejeros

Sin embargo, Drácula y compañía no lo son todo aquí. Un país de historia tan intrincada, esbozado en el mapa a base de invasiones y tratados, tiene unas ciudades que son su fiel reflejo. En Sighisoara se cuentan historias de cuando sus antiguos habitantes vencían batallas. Y también se habla del terremoto de 1646 que, aunque demoledor, no pudo apoderarse del delicado trazado arquitectonico que aún conserva la ciudad. En medio de esas calles laberínticas se erigió, 30 años después, la Torre del Reloj. Hoy, además de ser uno delos monumentos más importantes, es el mejor mirador de la zona. En su carillón, cada día, siete figuras de madera se asoman puntuales para recordar que la medianoche, la hora de los vampiros, ha llegado.

Al lado de la Torre está el monasterio de Sighisoara donde, según las costumbres de las iglesias evangélicas en Transilvania, cuelgan magníficas alfombras orientales, antiguas ofrendas de los mercaderes que regresaban de Anatolia y símbolo de victorias inflingidas a los otomanos.

Torre del Reloj

Torre del Reloj

Pero todavía queda mucho más para disfrutar en esta ciudad a la que, con justicia, la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad. A pocos metros de la plaza Central aparece el palacio del Ayuntamiento, uno de los edificios más pintorescos del casco histórico. Aquí lo importante no es tanto su antigüedad (1878), sino una mezcla de estilos neoclásicos y neogóticos adorable. Desde este punto queda un último esfuerzo: subir los 175 escalones (la escalera de los escolares) con su cobertura de listones de madera y pensada para combatir la pereza invernal, y llegar hasta la iglesia de la Colina. Los frescos de 1488 y las losas sepulcrales son todo un espectáculo. Y para quien tenga más ganas de leyendas sanguinarias, siempre quedará seguir caminando, por la noche, a través de las calles estrechas, oscuras y plagadas de pasadizos, imaginando a un Drácula que acecha a la vuelta de la esquina.

Por Gonzalo Azumendi

CÓMO IR

Primero hay que volar a Bucarest. Una vez en la capital. lo mejor es alquilar un automóvil y desplazarnos a nuestro libre albedrío.

QUÉ HAY QUE SABER

Formalidades de entrada. Pasaporte.

Cuándo ir. Primavera y verano son las mejores épocas.

Moneda. El leu (lei en plural) Un euro equivale a 33.000 lei.

DÓNDE DORMIR

Algunos hoteles suelen estar bastante anticuados pero son limpios y ofrecen un buen servicio, un buen desayuno y precios económicos. Sugerimos:

Pension an Schneiderturm:

http://www.tripadvisor.es/Hotel_Review-g311309-d1315655-Reviews-Pension_am_Schneiderturm-Sighisoara_Mures_County_Central_Romania_Transylvania.html

Hotel Binder Bubi:

http://www.tripadvisor.es/Hotel_Review-g311309-d1827737-Reviews-Hotel_Binder_Bubi-Sighisoara_Mures_County_Central_Romania_Transylvania.html

Hotel Fronius Residence:

http://www.tripadvisor.es/Hotel_Review-g311309-d1501675-Reviews-Fronius_Residence-Sighisoara_Mures_County_Central_Romania_Transylvania.html

QUÉ COMER

La cocina rumana es muy variada, elaborada con productos naturales. Predominan los platos de carne, las verduras y las sopas. Un buen menú con vino difícilmente supera los 8 euros.

Especialidades típicas. Hay que probar la mamagliga, una masa de maíz cocida, asada o frita. Se sirve como acompañamiento o, a veces, como plato principal, junto con una crema de queso. También destacan los mitite, salchichas asadas y condimentadas con hierbas aromáticas; el sarmale, carne picada envuelta en hojas de col; y las páprikas, un guiso de carne y pollo con cebolla a la crema.

QUÉ SE DEBE VER

Sighisoara es una de las ciudades más bellas de Rumanía, con un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad. Desde el mirador de la Torre del Reloj se obtiene una vista magnífica de la ciudad. También vale la pena visitar la casa natal de Vlad Tepes, Drácula, hoy convertida en restaurante; las murallas y sus nueve torres, cada una dedicada a un gremio; y la iglesia evangélica.

MÁS INFORMACIÓN

www.rumaniatour.com