Para conocer bien Vietnam lo mejor es programarse un viaje desde Hanói y desplazarse lentamente de norte a sur. Es lo que se conoce como la Ruta de los Mandarines. Los viajeros más experimentados deben “perderse” por el valle de Sapa. Es el hogar de las comunidades tribales del norte del pais. En esta maraña verde, viven culturas adaptadas a un entorno exigente como pocos. (ver:  http://espirituviajero.com/valle-de-sapa-vietnam-el-magico-universo-de-los-duendes-de-las-brumas/

Efectivamente Hanói es la puerta de entrada. Con sus chalets a lo largo de avenidas orilladas de árboles, el centro de la ciudad recuerda a una pequeña y provinciana ciudad francesa. A primera vista, pocas cosas parecen haber cambiado desde finales del periodo colonial. Quizá lo que más sorprenda es la escasez de heridas físicas que muestran sus calles. De hecho casi todo el centro de la gran ciudad se ha restaurado y embellecido.

Muy cerca de Hanói  está la bahía de Halong. La belleza de este lugar bien merece dedicarle un reportaje en exclusiva (ver: http://espirituviajero.com/halong-bay-vietnam/

Nos acercamos a Hué, la última capital imperial. Recostada en un entorno privilegiado y bañada por las plácidas aguas del río de los Perfumes, es parada obligada. La antigua capital de Vietnam acoge las más exquisitas tumbas y pagodas de toda Indochina. Y es que Hué fue la población escogida en el siglo XIX por los emperadores Nguyen para levantar una ciudad prohibida a imagen (a menor escala) de la construida por los chinos en Beijing.

Aunque el gobierno de Ho Chi Minh puso fin a los días de gloria de Hué como capital imperial de Vietnam en 1945, muchas reliquias arquitectónicas y culturales de la época se han conservado. Este exclusivo dominio real se cobija entre las murallas de la Ciudad Imperial, donde los edificios más destacables (Palacio de la Suprema Armonía o el Templo de Mieu) sobrevivieron tanto a la primera guerra de Indochina como a la guerra de Vietnam.

30 kilómetros al sur de Hué, otra joya vietnamita: Hoi An. El trayecto es un escenario de arrozales donde chapotean los patos, sembrado de pueblos ocultos entre los árboles y los bambús, campesinos y búfalos que trabajan en el fecundo limo.

Hoi An es un viejo puerto comercial conocido por las decadentes casas de mercaderes y un puñado de pequeñas callejas junto a un río. Antaño fue un floreciente centro comercial que atraía a mercaderes de todo el mundo: portugueses, chinos, indios, holandeses y japoneses. Una sugerencia: pasear por las calles de Hoi An al amanecer, cuando regresan a puerto cientos de barquitas con sus capturas. Rápidamente se organiza un gran jolgorio, con las mujeres clasificando el pescado bajo un enjambre maravilloso de sombreros cónicos; y los hombres negociando precios…

La ruta termina en el auténtico sur, la antigua Conchinchina colonial. Aquí está Ho Chi Minh. No es, precisamente, una ciudad bonita. Los barrios de la antigua Saigón, con sus chalets sombreados, exhalan un cierto aire provinciano pero los inmuebles, tiendas, barracones y chabolas que han crecido a su alrededor carecen de armonía.

Lo cierto es que no hay ningún monumento digno de interés en esta ciudad nueva: el palacio ex presidencial se parece a una gran empresa, la catedral de ladrillo tiene aires de suburbio, y Cho Lon, la ciudad china, no es más que un babel de comercios y centenares de restaurantes.

TÚNELES PARA OLVIDAR UNA GUERRA

Sesenta kilómetros al noroeste de Ho Chi Minh, se encuentran los túneles de Cu Chi, que en su día fueron una pesadilla tanto para los americanos como para los vietnamitas.

Para los primeros porque se vieron sorprendidos en más de mil ocasiones por las súbitas apariciones y desapariciones de sus enemigos; para los segundos porque muchos días se vieron obligados a pasar días enteros dentro de estas claustrofóbicas galerías hasta que pasase el peligro.

Hoy, Cu Chi, más de 250 kilómetros de estrechos pasadizos y galerías, se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos de quienes visitan la región.

CÓMO IR

Qatar Airways propone vuelos a Vietnam desde Madrid y Barcelona. La compañía ofrece la posibilidad de volar a Vietnam este verano desde 710 euros ida y vuelta a Ho Chi Minh o 817 euros a Hanoi.

DE COMPRAS

Vietnam es un país barato y hay gran cantidad de productos que comprar: sombreros cónicos, artesanía típica, muebles de madera lacada… Aunque el regateo no es una costumbre vietnamita, la llegada de los turistas ha estimulado su implantación y ahora resulta casi inevitable negociar todo antes de comprar. Sin embrago, los vendedores no suelen rebajar mucho sus pretensiones, y si se hace un ademán de renunciar al objeto deseado, casi nunca te volverán a llamar para ofrecer un precio nuevo.

GASTRONOMÍA

La cocina vietnamita es exquisita, variada y muy saludable para el estómago. Tiene algunas aportaciones importadas: los chinos, por ejemplo, dejaron los palillos para comer; los franceses, sus crujientes baguettes de pan.

Aquí, como en todos los países de Indochina, la base de la alimentación es el arroz. Se come de mil maneras, pero está muy bueno. Lo mismo sucede con los rollitos de primavera. Pequeños y crujientes, nada tienen que ver con los chinos, pero son muy recomendables.

En la bahía de Halong se sirve un marisco excelente (el precio es ridículo: 2 dólares por una ración de gambas o cangrejo) Tanto en Bai Chay como en la vecina Hong Gay hay un buen número de restaurantes de pescado y puestos de venta ambulante.

Y, como postre, además de las frutas, no dejéis de probar los dulcísimos yogurts que se venden en diminutos tarritos con tapas de colores en los puestos callejeros.

MÁS INFORMACIÓN

www.vietnamtourist.com