Digámoslo sin tapujos: la idea de recorrer por unos días el área desértica de wadi rum es una experiencia única, ineludible de cualquier viaje por Jordania. Incluso todos aquellos que ya han visitado la “joya de la corona”, Petra, se sienten embrujados desde el mismo momento en que penetran en la larga avenida de gigantes pétreos de wadi rum.
Efectivamente, la experiencia demuestra que sumergirse en un mundo tan peculiar como el desierto no deja a nadie indiferente. Es evidente que esta fascinación es ambivalente: puede ser negativa o positiva. Algunos difícilmente soportan sentirse desprotegidos frente a una extensión desnudada y sienten un malestar mezclado con un temor difuso. Pero la mayor parte de los que descubren el desierto se quedan, ante todo, atónitos ante su grandiosa belleza.
En el wadi rum, cuando la oscuridad aún no lo ha invadido todo y el sol permanece todavía en el horizonte, todo está inmerso en un camafeo de grises. Luego, bruscamente, como tocados por una varita mágica, aparecen los naranjas y se destacan las formas. Esta magia es algo cotidiano, sucede todos los días.
La pregunta del millón de dólares es siempre la misma: ¿por qué nos fascinan estos lugares incómodos, que hacen que la precariedad de la vida humana sea tan evidente? ¿Por qué sentimos este deseo tan paradójico de volver una y otra vez?
La zona de wadi rum, famosa en el extranjero a principios del siglo XX gracias a las hazañas de T.E. Lawrence (Lawrence de Arabia), no ha perdido ni un ápice de su encanto y majestuosidad.
El desierto de wadi rum es, en realidad, un gran valle de apenas dos kilómetros de ancho que se extiende de norte a sur unos 125 kilómetros., muy cerca ya de la frontera con Arabia Saudí, en el sur de Jordania. A primera vista su seducción se encuentra en sus extraordinarias formaciones geológicas. Es como una gran avenida cuyos límites lo forman dos imponentes murallas de piedra –yebels-, en algunos tramos con casi 800 metros de altura. Las murallas de esta gran avenida están salpicadas de pequeñas cavidades abiertas porque han sufrido los embates de la erosión a lo largo de cincuenta millones de años y se han transformado en blanda arenisca.
Además de ese magnífico escenario natural –muchos lo conocen como el “valle de la Luna”-, lo que también llama mucho la atención de los viajeros es la particularidad de modificar su color con los cambios de luz. Y así es.
En realidad, la sensación que se tiene cuando se pone el pie en el desierto es la de estar a punto de iniciar un viaje hacia el interior de uno mismo. Lo normal es que uno proyecte sus propias fantasías en este espacio sobrecogedor. Cuesta admitir la inmensa soledad de este maravilloso paraje y entonces lo poblamos de animales prehistóricos, de gigantescas serpientes… incluso, y por qué no, de los ejércitos que en su día capitaneó Lawrence de Arabia. Cualquier cosa antes de admitir su silencio, el vacío que lo rodea…
El wadi rum, dueño de arenas cobrizas y de un eco maravilloso que rebota en cada recoveco que horada sus rocas pardas, fue, efectivamente, el rincón preferido del mítico aventurero, que lo describió como “enorme, resonante, divino”.
Id a su encuentro. La experiencia no os defraudará.
Textos y Fotos: Maria José Sunyer

El campamento está perfectamente acondicionado para recibir a los viajeros. En la foto, preparando carne a la brasa
GUÍA DEL VIAJERO
CÓMO LLEGAR
Royal Jordanian (www.rj.com) ofrece vuelos directos desde Madrid (miércoles, sábados y domingo) y desde Barcelona (jueves y domingo).
Una vez en Jordania debe alquilarse un automóvil. El país es seguro y las carreteras están en muy buen estado.
Al llegar a la aldea de Rum, en el mismo Centro de Visitantes es posible contactar con guías y programar excursiones a los puntos más interesantes del desierto. Lo normal es contratar dos o tres días de excursión, lo que permite pasar dos noches durmiendo con tiendas a la luz de las estrellas. Aquí no hay lujo, pero la experiencia de vivir alguna noche en pleno desierto merece la pena.
QUÉ HAY QUE SABER
Formalidades de entrada. Los españoles sólo necesitamos el pasaporte y un visado que se obtiene en el mismo aeropuerto.
Moneda. La moneda oficial es el dinar jordano. Pueden cambiarse euros en los principales bancos, oficinas de cambio y en la mayoría de hoteles.
LO QUE NO DEBES PERDERTE
La mayoría de los puntos de interés, paisajes más espectaculares y formaciones rocosas más dignas están lejos de la aldea de Rum.
A continuación sugerimos los lugares que se cubren en coches todoterreno (pueden alquilarse en el mismo Centro de Visitantes de Rum):
Cañón de Barrah. A no más de 15 kilómetros de Rum. Son apenas cinco kilómetros pero vale la pena recorrerlo a pie.
Casa de Lawrence. No son más que un montón de piedras que, se dice, forman parte de la antigua vivienda de Lawrence. Increíbles vistas del desierto. A 10 kilómetros de Rum.
Yebel Faishiyya. A 10 kilómetros de Rum. Aquí se encuentran las más importantes inscripciones grabadas en la roca por los nabateos.
Las dunas. Todo el desierto está salpicado de espectaculares dunas rojizas pero resulta espectacular la visión de éstas en Yebel Umm Ulaydiyya.
DÓNDE COMER
En Rum hay dos pequeños restaurantes, sencillos, que ofrecen comida típica jordana. También en el mismo albergue gubernamental es posible disfrutar de un buffet bastante generoso y, con suerte, hasta encontrar cerveza.










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