La calle del Rey Faisal. El hotel Cliff. El Jordan Bar. La Mezquita de al-Hussein, el souq Sukr… Durante un par de extraordinarios años, todos estos nombres resonaban en mis oídos y me eran tan familiares como el mismo aire que respiraba. Se preguntarán por qué. Pues porque en el Próximo Oriente tenía mi casa, mi escuela y ese magnífico territorio que nunca me cansé de explorar, y al que puedo volver ahora mismo, con los ojos cerrados, recorriendo una y otra vez las calles de Amman, curvilíneas como serpientes hundiéndose entre sus diez grandes colinas.
Para mí fue una época excepcional e irrepetible. Estudiaba árabe en un instituto de Abur Mani en Damasco, simplemente porque creía que era la lengua más rica y flexible que existía en el mundo, y porque vivíamos en un mundo convulsionado y vibrante que te hacía sentir despierto, embriagado, abocado a las insólitas aventuras que producía el vivir diario.

Amán

Amán

Los árabes dicen que cada hombre cree que sus méritos son gacelas, y nosotros lo llevábamos a la práctica a fondo. Nos apasionaban los momentos de intenso estudio, descifrando el jeroglífico de su lengua e historia, pero en cuanto se presentaba un alto o receso, no dudábamos en dar un salto al exterior y lanzarnos a experimentar aquello que habíamos aprendido. Nos encantaban los legendarios misterios de nuestra ciudad, y nos reconocíamos en el espíritu barroco y emprendedor de los sirios, pero respirábamos aliviados al saber que en Jordania contábamos con nuestra principal aliada. Nuestras escapadas eran constantes. Ya fuera en los idílicos meses invernales o en la canícula de verano, bajábamos alegremente hacia el sur a cruzar la frontera, como aquél que busca la comodidad que no encuentra entre sus correligionarios. La capital jordana de Amman representaba en cierta forma la libertad, y la vocación decididamente occidental del país de “nuestro pequeño rey”, un alivio a la indigestión dogmática que uno podía padecer en Siria. Más tarde Jordania acabó por convertirse en ese puente que unía el ardor semita de la vieja es-Sham con la sensualidad azul y africana de Egipto, y en ese camino al que nosotros llamábamos “sembrado de rosas”, acabamos por encontrar el mágico equilibrio entre ambas cosas. La llave de la sabiduría que se halla a medio camino entre la imaginación y la audacia.

Restos romanos en la vieja ciudad de Amán

Restos romanos en la vieja ciudad de Amán

EL MUNDO CLÁSICO DE JERASH
En consecuencia nunca he dudado al asegurar que pocos países son tan agradecidos como Jordania para dedicarle una intensa y fructífera visita. En el reino del desierto nos encontramos con que, en un territorio relativamente reducido, el pasado que más incide en nuestro presente se nos ofrece generoso en prácticamente cada población, camino y piedra. Aquí la historia parece que se concentra y se amplifica ante nuestros ojos, para hacer suya la máxima de que no es necesario ir demasiado lejos para disfrutar de un sinfín de testimonios que incidieron en algunos de los acontecimientos más importantes de la Humanidad. Con una historia de asentamientos humanos permanentes que se remonta a unos 1.000 años atrás, el número de centros históricos y arqueológicos que inundan el país son más que suficientes para saciar plenamente incluso al más ávido amante del pasado.

Jerash, plaza oval

Jerash, plaza oval

La amplia gama de sorpresas que nos aguardan en el Reino Hachemita de Jordania van desde el inmortal valle del Jordán, habitado ya de forma continua 5.000 años antes de que llegaran los romanos, pasando por los magníficos vestigios que dejaron las sofisticadas civilizaciones de griegos, romanos y bizantinos, hasta la presencia más contemporánea de árabes, cruzados y turcos otomanos, sin olvidar la aún misteriosa –pero excepcional– cultura de la civilización de los nabateos, habitantes del desierto pero artífices de una ciudad tan increíble como Petra.
Puesto que la forma más convencional de llegar a Jordania es volando hasta Amman, recomiendo que, dada la ubicación de la capital, uno explore el país de norte a sur. La sensación de bajar por la King’s Highway atravesando sus deliciosos valles -mil veces preferible a la alternativa del Desert Highway-, acelerará nuestro espíritu y nos orientará de forma adecuada. Pero si uno quiere iniciar su visita simplemente a lo grande, lo más acertado es que para empezar se dirija a la ciudad de Jerash. Alquilar un vehículo es una tentación, más cuando de esta forma podremos paladear cada hora y rincón a nuestro antojo.

Jerash

Jerash

Situada en las fértiles y onduladas colinas de Gilead, entre hectáreas de olivos e higueras, bosques de viejos pinos y campos de trigo, Jerash no solamente se encuentra en uno de los parajes más encantadores del Próximo Oriente, sino que su ciudad romana resulta una de las mejor conservadas, más espectaculares y más fáciles de explorar en todo el Oriente Medio.
Aunque se puede recorrer en un par de horas, si de verdad quiere hacerle justicia dedíquele un día entero, llegando a primera hora de la mañana para encontrarnos ya saciados de belleza cuando aparezca la barahúnda del mediodía.

Jerash refleja la expansión que consiguó la ciudad bajo el hábil mandato de Trajano (s-I, d.C.)

Jerash refleja la expansión que consiguó la ciudad bajo el hábil mandato de Trajano (s-I, d.C.)

La antigua Gerasa fue fundada en el período del 170-160 a.C, desarrollándose en torno al templo dedicado a Zeus y la colina que hay enfrente. Hoy en día queda poco visible de este período helénico, pero fue en esta época cuando surgió la original idea de la Decápolis. El término Decápolis significa “diez ciudades” en griego, y durante la época en que Alejandro Magno consolidaba su poder en Oriente Medio, un grupo de diez ciudades importantes de la región -bastiones de la cultura griega urbana en una zona de población rural semita-, empezaron a relacionarse entre sí, creando una liga formal de cooperación, aunque no se sabe hasta qué punto esto se hizo efectivo.

Paseo por el Cardo de Jerash

Paseo por el Cardo de Jerash

Aunque algunas fuentes nos dicen que la Decápolis era meramente una forma de referirse al área geográfica del norte de Transjordania, lo que sí es cierto es que las ciudades de esta liga (que también incluía Damasco y Filadelfia, antigua Amman), compartían una historia y cultura comunes.
Gerasa y sus vecinos de la Decápolis fueron “liberados” por los romanos durante el mandato de Pompeyo, en el año 63 a.C. Durante el s.I d.C. la ciudad conoció un crecimiento y una prosperidad sin precedentes, diseñando el plano básico de la misma como la conocemos hoy en día: un eje de columnas que se extiende de norte a sur, atravesado por dos calles laterales; un templo dedicado a Zeus frente a la plaza Oval, la expansión del templo de Artemisa y la construcción de su gran teatro al sur.

Uno de los tres grandes teatros de Jerash

Uno de los tres grandes teatros de Jerash

El emperador Trajano la convirtió en un importante nudo viario de la provincia, y Adriano acabó por hacer de ella el centro casi absoluto del Imperio Romano, pues pasaba los inviernos en la ciudad. Ello dió paso a la edad de oro de Jerash, que entre los siglos II y III llegó a contar con 25.000 habitantes. De este período de esplendor son testimonio los tres teatros, la plaza Oval -conocida por tener el diseño urbano romano más impresionante del mundo-, el bulevar principal flanqueado por columnas llamado el “Cardo”, la impresionante estructura del Tetrakionion, la exuberante fuente dedicada a las ninfas o Nymphaeum, y el recinto del templo de Artemisa.

Templo de Artemisa, en Jerash

Templo de Artemisa, en Jerash

MISTERIOS BÍBLICOS EN TIERRA SANTA
Desde la pequeña y encantadora población de Salt, podemos seguir hacia el sudoeste e ir al encuentro del “Wadi Kharrar”, un pequeño valle que antecede al del río Jordán, y en el que recientes trabajos de excavación han permitido descubrir valiosos hallazgos que confirman el hecho de que aquí tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes del Cristianismo. Los vestigios descubiertos –entre ellos restos de varias iglesias, pilas bautismales, y un gran arco de entrada– indican que éste era el lugar donde se levantaba Betania, una antigua ciudad mencionada en las páginas del Evangelio de San Juan, como el emplazamiento donde Juan el Bautista bautizaba a sus penitentes, y donde se supone que hizo lo propio con Jesucristo.

Monasterio en los alrededores del Monte Nebo

Monasterio en los alrededores del Monte Nebo

Las dos márgenes del río Jordán han atraído a peregrinos desde el siglo IV, (los palestinos reivindican que el bautismo de Jesús tuvo lugar cerca de Jericó), pero a raíz la guerra de 1967, cuando el río se convirtió en una línea internacional de alto el fuego, resultaba imposible visitarlo desde el margen oriental, es decir, el jordano. Sin embargo después del tratado de paz con Israel de 1998, se ha vuelto a permitir a los turistas que bajen al río para conmemorar el bautismo de Jesús, reinstaurando el ritual bautismal de los devotos y, gracias a las nuevas instalaciones levantadas, permitirnos a todos los que allí acudimos que nos recreemos en los infinitos y apasionantes misterios bíblicos.

Río Jordán

Río Jordán

Restos de los baustizos practicados por Jesús

Restos de los baustizos practicados por san Juan

A quien no tenga suficiente con esto, se le ofrece una maravillosa oportunidad de seguir con más conjeturas bíblicas en el muy cercano Monte Nebo. En realidad se trata de una serie de picos agrupados que reciben un nombre colectivo, pero al Monte Nebo se le considera el lugar de mayor relevancia bíblica de toda Jordania y uno de los más significativos para judíos, cristianos y musulmanes. Después de conducir al pueblo israelita por el desierto durante 40 años, Moisés divisó desde esta privilegiada atalaya la Tierra Prometida que había sido la causa de tantos de sus desvelos. Desafortunadamente, el profeta no pudo ver su sueño convertido en realidad, pues moriría en estas montañas, y sería su sucesor, Josué, quien llevaría a los israelitas hasta Canaán.

Monte Nebo

Monte Nebo

Según la tradición judía y cristiana, la tumba de Moisés debería encontrarse en algún lugar del Monte Nebo, aunque los musulmanes prefieren creer que su cuerpo fue llevado a través del Jordán, para depositarlo en una tumba que aún hoy se visita en la carretera que une Jericó con Jerusalén. Y a pesar de que las hipótesis se disparan cuando nos damos cuenta de que en el Monte Nebo no hay, de momento, el más mínimo rastro de restos terrenales, la vista desde el monte es tan imponente y el ascenso tan espectacular, que sus parajes están por fuerza impregnados de santidad.
Del lado oriental del Monte Nebo y siguiendo por la carretera comarcal que se dirige hacia el sur, encontramos otra pequeña joya del reino jordano: la ciudad de Madaba. Mencionada ya en el Antiguo Testamento y conocida sobre todo por los numerosos mosaicos bizantinos que se conservan en sus iglesias y museos, la principal atracción de esta acogedora y pequeña capital provincial es un fabuloso mapa mosaico bizantino que representa la Tierra Santa, en el interior de la iglesia ortodoxa griega de San Jorge.

Mosaico bizantino de Madaba

Mosaico bizantino de Madaba

Realizado en la segunda mitad del s.VI, el mosaico representa todo Oriente Medio y es único en el mundo, tanto por su tamaño (el original medía 16 m. de largo por 6 de anchura), como por el hecho de utilizar la perspectiva oblicua para las ciudades y pueblos –como si se viese desde un plano aéreo que se desplaza hacia el oeste–, mientras que los edificios están representados en estilo tridimensional. Aunque contiene algunas imprecisiones, se puede decir que la obra es cartográficamente correcta.
Aunque la mayoría de visitantes no van más allá de la Iglesia de San Jorge (más de un millar de turistas en temporada alta), en Madaba abundan mosaicos más completos que el del mapa y la mayoría de ellos bastante más bellos, como los que pueden contemplarse en la Iglesia de los Apóstoles, el Museo de Madaba y en la área conocida como el Parque Arqueológico.

EL LUGAR MÁS BAJO DEL PLANETA
Desde Madaba hay que dar un pequeño rodeo por la localidad de Adasiyya, un poco más al norte, para ir al encuentro del lugar más insólito del país y, en cierta forma, del mundo entero: el Mar Muerto. A pesar de su nombre, este mar sin vida es, en realidad, un gran lago que, al estar situado a 400 m. por debajo del nivel del mar, posee el récord de tratarse del punto más bajo del planeta. Forma parte del Gran Valle del Rift, esa magnífica depresión geológica que se extiende desde Turquía al África oriental, y debe su nombre a la singular y extrema salinidad de sus aguas, que impide cualquier tipo de vida marina. Si el agua del mar tiene aproximadamente de un 3 a un 4% de sal, la del Mar Muerto contiene más del 30%.

Mar Muerto

Mar Muerto

Fruto de todo esto es su conocido e insólito poder de flotación, ya que la alta salinidad consigue que el agua sea tan densa que resulte del todo imposible sumergirse en ella.
Sin una sombra donde guarecerse del agobiante calor, en un paraje tan desierto como secas y corrosivamente saladas son sus playas, el Mar Muerto nos depara la experiencia más surrealista que se pueda imaginar. Quienes entran en el agua se convierten automáticamente en corchos vivientes –no podrán tocar el fondo ni nadar–, y sin embargo evidenciarán inmediatamente cualquier corte o herida que tengan en la piel. La continua evaporación del agua (una media de millones de litros al día), contribuye a crear una espesa neblina ambiental que ahoga casi cualquier sonido, y que además filtra los rayos ultravioletas, lo que produce el verdadero milagro de que uno pueda broncearse sin necesidad de quemarse.

El Mar Muerto tiene tal densidad de sal que es imposible hundirse

El Mar Muerto tiene tal densidad de sal que es imposible hundirse

En más de una ocasión llegué a pensar que el Mar Muerto había sido uno de los lugares más desaprovechados de la Historia. Si hoy día uno debe visitarlo casi a la fuerza por el acceso de Swaymeh, ya que se trata del único lugar con duchas de agua caliente (el agua fría no sirve para sacarse de encima la incómoda capa de sal sobre la piel), y que cuenta con una creciente infraestructura, a menudo me preguntaba qué hubiera ocurrido si en la Antigüedad algún profeta, un visionario o un inspirado se hubiera lanzado de cabeza a las aguas del Mar Muerto. Con seguridad el efecto rebote hubiera propiciado más de una insólita profecía, o en todo caso algún bello mito de consecuencias ciertamente imprevisibles. Pero si se dio el caso –y estoy seguro de que sí– no nos han quedado pruebas feacientes, y con ello la Humanidad se ha privado de una historia más en su larguísimo y fascinante inventario.
Pero si se animan y finalmente deciden visitar esta parte del mundo, comprobarán con qué facilidad sus sentidos se convierten en gacelas, y como éstas les permitirán descubrir muchas otras sorpresas. Prácticamente en cada población, camino y piedra del reino de Jordania.

QUÉ SE DEBE SABER
Clima.
La mejor época para visitar Jordania es durante la primavera o el otoño, cuando las temperaturas son moderadas y los días cálidos pero agradables. Idioma. La lengua oficial del país es el árabe, aunque el inglés está lo suficientemente arraigado como para no tener problemas en ciudades, áreas turísticas y de la administración.
Precauciones sanitarias. No es obligatorio ningún tipo de vacuna.
Cómo desplazarse. En autobús: es el medio más usual de desplazarse de una ciudad a otra. Casi siempre son microbuses de 15 ó 18 plazas.
En taxi: son compartidos, y se les llama services.
Coche de alquiler: La mayoría de los anteriores servicios no cubren las rutas turísticas, por lo que es mejor alquilar un automóvil durante una parte de su estancia en este bello país.

QUÉ SE DEBE VER
Jerash

Ciudad semítica sucesivamente refundada por griegos (perteneció a la liga de la Decápolis) y romanos, alcanzó su período de máximo esplendor entre los siglos I y III d.C., y durante el mandato de los emperadores romanos Trajano y Adriano, a quienes se deben sus más importantes monumentos. Ocupada por los árabes, la ciudad fue abandonada el s. XIII. Lo más significativo del conjunto arqueológico es el arco de Adriano, el hipódromo, el teatro Sur, el templo de Zeus, el ágora, el Nymphaeum, el templo de Artemisa, la plaza Oval y el bulevard de las columnas (“el Cardo”).
Festival de Cultura y Arte de Jerash, muy famoso, se celebra anualmente de finales de julio a primeros de agosto.
Para más información llamar al teléfono: 06-567 5199.

Betania
En el Wadi Kharrar se halla el emplazamiento de una antigua iglesia que, se cree, marcaba la ubicación de Betania, antigua ciudad mencionada en el Evangelio de San Juan como el lugar donde Juan Bautista bautizó a Jesucristo. Con los nuevos hallazgos de restos de varias iglesias, pilas y piscinas bautismales, céramica y monedas, el país está promocionando las nuevas instalaciones ubicadas en la zona con motivo de la celebración del milenio.

Monte Nebo
El Monte Nebo es el lugar de más relevancia bíblica de toda Jordania y uno de los de más significación para cristianos, judíos y musulmanes. Después de conducir al pueblo israelita por el desierto durante 40 años, Moisés divisó desde él la anhelada Tierra Prometida que Dios le había prohibido pisar.
El monumento en memoria de Moisés, los restos de una basílica y un monasterio se suman a la espectacular vista que ofrece el emplazamiento.

Madaba
Madaba es conocida por los numerosos mosaicos bizantinos que se conservan en sus iglesias y museos. El impresionante mapa-mosaico de Oriente Medio (del siglo VI) en la iglesia ortodoxa griega de San Jorge es su principal atracción.

Mar muerto
A 400 m. por debajo del nivel del mar, este lago cercado de tierra conocido como el Mar Muerto, posee una salinidad extrema y única en sus aguas (un 30%) que impide cualquier tipo de vida en ella y provoca un fenómeno extremado de evaporación y flotación, lo cual impide que uno pueda hundirse o nadar en él. Otra de sus atracciones es cubrirse el cuerpo con el caliente y sulfúrico barro negro de sus orillas, que al secarse al sol proporciona un efecto suavizante y relajante en la piel.

GASTRONOMÍA
La comida jordana se distingue por ofrecer una enorme variedad de entrantes o mezze entre los que se cuentan los típicos hummus (pasta fría de garbanzos hervidos), fuul (puré de judías), o labneh (pastas con queso) hasta el kibbeh (una pasta de sémola con cebolla gratinada y cordero picado) o el warag aynab (hojas de vid rellenas de arroz, hortalizas y verduras). Los platos principales son casi todos de carne, como la especialidad beduina del mensaf (cordero con arroz), o las palestinas del musakhan (pollo al vapor) o el magloobeh (pollo con arroz).
El invernadero natural del Valle del Jordán produce deliciosas frutas y verduras todo el año.

ARTESANÍA
Los mercados de Jordania no son excesivamente atractivos, pero el gobierno está haciendo auténticos esfuerzos para revivir la artesanía local.
Los artículos más apreciados son los enseres domésticos –como servicios de café o té–, los tejidos, las joyas, la cerámica, objetos de madera y metal, así como las famosas alfombras tejidas por las mujeres de la tribu Bani Hamida.

INFORMACIÓN

sp.visitjordan.com/