Cuando estoy en Oriente siento debilidad por las viejas delicias de antaño. Para mí no hay mejor alojamiento que esta antigua y desconchada casa colonial en la que giran del techo perezosos ventiladores y cuyos mosquiteros arropan mi sueño como un tul encantado. Si tengo que coger un taxi, esquivo el práctico modelo japonés por una confortable antigüalla de cuatro ruedas de los tiempos de Raffles. Cualquier plato de haute cuisine local siempre será mejor que cualquier local pretendidamente occidental, en el que se sirve comida rápida pero letal. No sé por qué, pero se trata de un extraño instinto que despierta al salir de casa, diciéndome que el hombre tenía que ser más feliz cuando se movía con más lentitud y, quizá, con menos facilidades.
Es posiblemente por esto por lo que Phnom Penh, la capital de Camboya, me cautivó de inmediato tan sólo poner los pies en ella. De repente fue como si mi habitual predisposición al viaje encontrara justo el marco que necesitaba.

Instalé mi cuartel general en el vetusto Hotel Renakse, frente al Palacio Real, y pronto me convertí en un asiduo del Restaurant Chiang Mai y de su encantadora propietaria, Madame Nui. La señora leyó mis pensamientos como si lo hiciera a través de un papel de arroz, porque entre sus deliciosos platos de gambas fritas con lima y nueces, huevos de pato y sopa picante de cangrejo, me dijo misteriosamente:
– Usted quiere ir a Angkor Vat ¿verdad?-
-¿No es lo que quiere hacer todo el mundo que viene aquí?- le contesté tratando, debo confesarlo, de despistarla un poco.
Su sonrisa no se modificó ni un milímetro.
– Verá – añadió arrebatando de mi plato un rábano blanco- Sé que a usted le gusta tomarse las cosas con tiempo y hacerlo con comodidad. A la antigua, vamos. Dios sabe que hoy en día los caminos hacia Angkor no son seguros. Nada lo es fuera de la capital, de hecho -.

Monjes en Angkor. Para ellos, es un Universo en sí mismo

Monjes en Angkor. Para ellos, es un Universo en sí mismo

Y con mirada soñadora, como recordando tiempos mejores, continuó:
– Pero usted está trabajando para el bien del país y se merece el mejor trato -.
Como mi francés nunca ha sido muy bueno y además los trópicos siempre ablandan un poco mis células cerebrales, fingí que no había entendido bien. No obstante, la señora no se desanimó. Más bien me pareció que se enojaba, apuntándome con el rábano como si fuera un arma.
– Mire – continuó – la carretera hasta Angkor está en muy mal estado y los autobuses pueden ser fácilmente asaltados por bandidos, mientras que las barcas que remontan el Tonlé Sap van tan cargadas que a menudo se hunden. Recuerde que estamos en época de lluvias. El río está vraiment haute (verdaderamente alto) –

Los guardianes de Angkor Thom, las únicas esculturas carentes de sonrisa

Los guardianes de Angkor Thom, las únicas esculturas carentes de sonrisa

Pedí otra botella de Angkor Beer -¿no tiene gracia?- y me dispuse a darle a Madame Nui una muy mala noticia. Odio volar. No sólo odio volar sino todo lo que está relacionado con ello: aviones, reservas, puertas de embarque, azafatas… Soy de los que prefieren quedarse atrapados en tierra a salir despedido en una nave voladora que no me va para nada. Se lo dije como buenamente pude y entonces Madame Nui hizo la cosa más rara del mundo. Estalló en una carcajada. Y me dijo:
-¡Tengo para usted algo mucho mejor que eso!-.

EL PLACER DE LA LENTITUD

Aquella noche, medité sobre la oferta de la señora Nui. La propuesta de la astuta dama parecía además de segura, atractiva: remontar en una barca el río Tonlé Sap hasta la población de Siem Reap. Su hermana me acomodaría allí en su hotel. ¡Y me haría de cicerone en las mismísimas ruinas de Angkor! Todo un arreglo familiar.
Tres días más tarde estaba navegando hacia las ruinas más espectaculares de Asia en la lancha motora más vieja del mundo. La embarcación parecía una cerbatana de tan estrecha que era, y los tres huesudos camboyanos que la controlaban se pasaban hora tras hora tratando de descifrar cómo debía funcionar el motor. Avanzábamos a unos 6 km. por hora y cuando soplaba el viento en contra, el progreso era nulo. Ninguno de los falsos marineros hablaba una pizca de francés y dado que mi camboyano se resumía a decir ch’ngun (delicioso) y tlai na (muy caro), mis observaciones no eran realmente valiosas.

Angkor Wat

Angkor Wat

Por fortuna, en el muelle de Phnom Penh me había encontrado con un segundo e inesperado compañero.
Se llamaba Sean Embree y era profesor de inglés en Sandhurst. Tendría unos setenta años y viajaba para visitar todas las grandes civilizaciones de la Humanidad. Para mi deleite, llevaba dos años haciéndolo y decía:
– Aún no he recorrido ni una tercera parte de lo que quiero ver, pero a mi edad las prisas no tienen ningún sentido. Sólo volveré a Inglaterra para que me entierren -.
Era el turista ideal, una enciclopedia de carne y hueso. A las cinco, cuando parecía que la barca iba a zozobrar, sacó un fogoncillo de su petate y me invitó a tomar té.


Cruzando el lago de Tonlé Sap, el mayor cuerpo de agua dulce del Sudeste Asiático, el profesor y yo tuvimos tiempo más que suficiente para comparar nuestras respectivas notas sobre Angkor Vat. Desde el siglo IX hasta el XVI de nuestra era el pueblo jemer construye uno de los imperios más sofisticados de Asia, llamado Kambuja. Su capital fue Angkor, un prodigio arquitectónico en el corazón de la selva camboyana. La época de mayor esplendor coincide con el reinado del rey Jayavarman VII (1181-1219), que construyó la mayor parte de los templos e introdujo el budismo theravada. La religión de los jemer era una afortunada osmosis entre el hinduismo y el budismo tardío.
Cuando llegamos a Siem Reap, dos días después de haber zarpado, todos estábamos calados hasta los huesos y olíamos a pescado. Una mujer nos esperaba en el malecón con un cycle-rickshaw y un paraguas.

EXTASIS EN LA SELVA

La cena de aquella noche en el curioso Hotel Baray tenía para mí un aspecto familiar. El profesor me aseguró que el pescado servido a la parrilla era el mismo que había venido con nosotros.
-Y eso no es todo – me dijo como reservándose una sorpresa. Dió unas palmadas y pidió al camarero que nos trajeran una botella de Martell. Acto seguido apareció el vino francés y mi amigo me guiñó el ojo.
– Lo he visto también en la barca -, añadió.
La supuesta hermana, Madame Leng, iba vestida con un ajustado kimono chino e iluminó ella misma las velas del comedor mientras escuchábamos a Charles Aznavour. Yo creía estar soñando. Después del pastel de arroz, Madame Leng nos pasó la mano por la espalda exclamando:
-Y ahora, señores, es hora de acostarse. ¡Mañana les espera la mayor maravilla del mundo!-.

Esculturas que conforman los templos de Angkor, construidos entre los siglos IX y XIV

Esculturas que conforman los templos de Angkor, construidos entre los siglos IX y XIV

Y lo más probable es que nuestra anfitriona no andara desencaminada, porque lo que te espera a 7 km de Siem Reap realmente estremece. Durante la época de las lluvias, el verde intenso de la selva parece rivalizar con el delirio en piedra rojiza de la ciudad de Angkor. Con una longitud de 9 km. y otros tantos de anchura, el conjunto monumental alberga centenares de templos acompañados de sus respectivos estanques, signo de la cultura del agua que los creó. La contemplación de tan vasto e increíble legado lleva invariablemente al éxtasis.

Hay que presrvar los templos, si no la selva acabará con ellos

Hay que presrvar los templos, si no la selva acabará con ellos

A Angkor Thom, la ciudad propiamente dicha, la circunda una elevada muralla cuyas cinco puertas sobrecogen por su magnitud colosal. En el centro se alza el conocido Bayon, un enorme templo de 50 torres, pórticos, galerías y verandas o miradores profusamente adornadas con bajorrelieves. Las torres, todas ellas cuadrangulares, se adornan a cada lado con una enigmática cara de Buda. La famosa sonrisa de Angkor. Desde el punto de vista simbólico, Angkor Thom era para los jemer un microcosmos del Universo dividido en cuatro partes por los principales ejes. El templo del Bayon está situado en el centro exacto de los ejes y se levanta como el vínculo existente entre el cielo y la Tierra.

Espectacular imagen del Bayon, en el centro justo de Angkor

Espectacular imagen del Bayon, en el centro justo de Angkor

Estas esculturas decoran las paredes exteriores del Bayon

Estas esculturas decoran las paredes exteriores del Bayon

Angkor Wat, el monumento más grande del conjunto y también el mejor conservado, es una auténtica obra maestra. Formado por una pirámide rectangular de tres pisos, rodeada de un muro y un foso, sus paredes aparecen cubiertas de elaborados bajorrelieves con temas religiosos, históricos y mitológicos. Los bloques de piedra que se utilizaron para su construcción están tan bien encajados que no precisaron cemento. Su perfección en el diseño, proporciones, relieves y esculturas, lo convierten en uno de los monumentos más hermosos del mundo.
– Haber presenciado el amanecer entre las ruinas de Angkor es un privilegio y una experiencia que recordaré hasta mi muerte – me dijo el viejo profesor aquella noche.
Sentados en la veranda del hotel apurábamos nuestras copas de cognac, escuchando el misterioso parloteo de la selva a nuestro alrededor.

EL JUICIO DEL TIEMPO
Como todas las obras sublimes del hombre, Angkor es una creación cuyo mensaje va más allá de su propia y particular forma. El visitante necesita varios, de hecho muchos días, para conocerla porque su mensaje no se percibe de inmediato por medio de la contemplación, sino que éste se atrapa más que nada gracias a la “sensación”. Angkor es un escenario incomparable en el que podemos descubrir cómo funciona el tiempo, las Fuerzas de la Naturaleza, el ser humano, en definitiva, la vida. Todos los elementos están mágicamente presentes para que hagamos una valoración global de lo que somos, qué hacemos y hacia dónde vamos.
Posiblemente no hay en el mundo un monumento arquitectónico que haya sido tan maltratado a conciencia como Angkor. Desde el abandono definitivo de la ciudad en 1432, Angkor fue literalmente tragada por la selva que siempre la rodeó amenazante. A partir de entonces, los morterazos de la guerra, la enfermedad de la piedra, el ácido de los excrementos de los millones de murciélagos que la ocupan, el vandalismo sin freno de los cazadores y contrabandistas de antigüedades, y las mismas reconstrucciones mal de hechas de arqueólogos apresurados o necios, han ido dilapidando una creación que no representa otra cosa que el mismo mundo.

Monje budista orando en uno de los templos

Monje budista orando en uno de los templos

Y, sin embargo, Angkor perdura. Sobrevive tozuda y precariamente presente en este rincón de la selva, sin desafiar ni advertir nada a nadie, sino simplemente mirando de forma ensoñadora a quien quiera acercarse.
La sonrisa de esas caras que se esculpieron en las torres del Bayon, mirando en todas direcciones, se me aparecieron en sueños. Me desperté desorientado, creyendo que estaba en casa, cuando el tul que atrapa los mosquitos que cubría mi cama me llevó a la realidad.
Fuí a la habitación del profesor y comprobé que él también estaba despierto.
-Estoy pensando, me dijo, qué sucedería si no soy capaz de terminar este viaje como quiero. ¿Y sabes qué? Pues que, en realidad, no me importa-.
-¿Qué significan esas sonrisas en las caras del Bayon?- le pregunté algo ansioso.
-Representan el origen, la esencia de las cosas. Los jemer veían en ellas al rey omnipresente, un ser con frecuencia despiadado y cruel que tenía autoridad divina.

Y la grandeza de Angkor está precisamente en mostrar que más allá del horror y el sufrimiento humano, se hallan la gracia y la sabiduría eternas -.
Antes de volver a zarpar hacia Phnom Penh días más tarde, le prometí a Madame Leng que volvería.
-Señora – le dije -, estoy convencido de que la historia de Angkor es un espejo de todo y de todos nosotros -.
-Sí, sí-, me contestó con una mueca jocosa -la vida es increíble ¿no?-
Y de nuevo subimos a aquella barca para viajar como antaño: de forma lenta, muy, muy lenta…


CÓMO LLEGAR
Una buena fórmula es llegar a Bangkok. Bangkok. Ésta ofrece conexiones a Phnom Penh, la capital, y Siem Reap. Otra forma de llegar es en barco. El viaje entre Phnom Penh y Siem Reap por el río homónimo y el lago Tonlé Sap conduce a Angkor a través de la Camboya rural.

QUÉ SABER

Pasaporte en vigor y visado (se obtiene en la frontera o en el aeropuerto, dos fotos). Si viajas con agencia, ésta puede ocuparse de este trámite.

Climat tropical. La mejor época para viajar a Camboya  es de octubre a marzo.

Idioma. El jemer, pero el inglés se utiliza en todas las zonas turísticas.

QUÉ VER
LOS DIEZ TEMPLOS JEMER
Hay al menos cincuenta construcciones monumentales y una miríada de santuarios, ciudadelas y monasterios erigidos durante los siglos de esplendor del imperio jemer. Pero cuando menos una selección de los templos que hay que visitar a toda costa es obligatorio hacerla:
ANGKOR WAT. Situado a seis kilómetros de Siem Reap y circundado por un gran recinto amurallado, es el complejo más majestuoso y célebre, si bien es cierto que su silueta aparece en la bandera nacional camboyana y que ha sido utilizado como escenario en películas como “Lord Jim” (con Peter O’Toole) y “Apocalypse Now”, la obra maestra de Francis Ford Coppola. Templo dedicado al poderoso dios Vishnú y mausoleo del rey Suryavarman II, está cubierto de una serie de bajorrelieves que se inspiran en la mitología hindú y jemer.
Uno de los lugares más espectaculares del complejo es la avenida de más de 350 metros que une la puerta Occidental con las galerías y con las cinco torres centrales (que representan las cimas del Monte Meru, una especie de Monte Olimpo del hinduismo). La constante presencia de monjes budistas explica su discreto estado de conservación. Es recomendable visitarla por la tarde.
ANGKOR THOM. Encajonado entre dos grandes reservas de agua, es un monumental conjunto de templos, una especie de ciudad real construída entre los siglos XI y XIII, con cinco puertas de acceso y unas avenidas flanqueadas por una serie de gigantescas figuras alegóricas. Síntesis de la arquitectura hinduista y budista ocupa una superficie de nueve kilómetros cuadrados y una circunferencia de doce kilómetros.
BAYON. En el centro de Angkor Tom, es probablemente el templo más grandioso. El lugar está dominado por la figura del «señor del mundo», el denominado Buda rey. El conjunto resulta verdaderamente impresionante: una serie de rostros gigantescos han sido reproducidos sobre unas cincuenta torres (la más alta de las cuales mide cuarenta y dos metros), cada una de las cuales está orientada hacia uno de los cuatro puntos cardinales. Son bellísimos los bajorrelieves que representan las guerras libradas contra los pueblos chams, episodios del Mahabharata (el más extenso poema épico de la literatura india) y diversas escenas cotidianas de la vida rural en la Camboya del siglo XII. Es el último gran templo construído en Angkor, y por desgracia, se encuentra en un estado de conservación que deja mucho que desear.
ROYAL PALACE-ELEPHANTS TERRACE. Es una parte espectacularmente escenográfica de Angkor. Se puede acceder a ella desde el Este, a través de una terraza de 350 metros enmarcada por una serie de esculturas que representan leones y garudas (un pájaro mitológico a lomos del cual viaja el dios Vishnú), y por varias hileras de gigantes y elefantes de caza. El palacio real fue mandado construír por tres reyes jemer, entre el siglo IX y el XIII.
BAPHUON. Monumento piramidal a mitad de camino entre Bayon y el Royal Palace, fue erigido el año 1605 y ha sido literalmente recubierto por la vegetación. Está dedicado al dios Shiva.
PREAHKAHN. Se trata de un pequeño complejo, situado ligeramente al Norte de Bayon, completamente invadido y estropeado por la vegetación salvaje y erróneamente magnificado por los turistas.
NEAKPEAN. Se remonta a finales del siglo XII y está situado en un islote, en el centro de un lago artificial actualmente seco. Este pequeño templo está decorado con figuras de animales mitológicos.
TA KEO. Situado al Este de Angkor Tom, este impresionante templo de montaña es un santuario piramidal de varias plantas, circundado por cinco torres. Se remonta al siglo XI y está dedicado al dios Shiva.
TA PROHM. El templo fue erigido por mandato de Jayavarman VII. Era un antiguo monasterio, pero actualmente, Ta Prohm está bastante deteriorado y ha sido completamente invadido por la jungla.
BANTEAYSREI. Construído completamente con piedra arenisca de color rosa, y conocido popularmente como «el templo de las mujeres”, está cubierto de esculturas diminutas, pequeñas columnas, balaustradas y bajorrelieves.

DÓNDE DORMIR
En Siem Reap. Angkor Village. Es un bello hotel estilo francés formado por pequeños bungalós muy confortables alrededor de un majestuoso jardín. (Por 70 dólares). Hotel de la Paix (Sivutha Boulevard). Es uno de los hoteles más lujosos y mejor conocidos de la ciudad. Con una piscina y spa extraordinarios. La comida de su restaurante también es muy buena. (Email: info@hoteldelapaixangkor.com). La Résidence d´Angkor. Se trata de un frondoso paraíso en pleno corazón de la ciudad, junto al río. Se extiende a lo largo de un jardín amurallado con árboles y su acceso es a través de un puente que atraviesa un estanque de flores de loto. La impresión general es de una amplia mansión privada con relajantes y frondosos jardines. Las habitaciones son muy amplias y con maravillosas vistas a la piscina y al río.
www.residencedangkor.com/web/pang

DÓNDE COMER
La cocina Camboya se parece a la tailandesa, pero menos especiada. Se acompaña de una sopa o samla, y entre los productos más comunes están las verduras, el arroz, los fideos y el pescado.
En Siem Reap. Restaurante Angkor Borey (Achasvar St, junto al canal). Ofrece especialidades típicas del país a buen precio

MÁS INFORMACIÓN

www.angkorwat.org