Iniciamos la ruta por la que muchos consideran la carretera más bella de Europa. La Strada Statale 163, conocida familiarmente como el Nastro Azurro o Cinta Azul, suma poco más de una treintena de kilómetros, pero se basta y se sobra para merecer un viaje sólo por el placer de recorrerla al volante y a muy poca velocidad.
Desde la colina del Pausilippo a la península de Sorrento se despliega la hermosa curva de la bahía de Nápoles, realzada por el Vesubio.

Vista del Vesuvio

Vista del Vesuvio

Al bordear la costa, por el sur, hacia Amalfi, se pasa ante el más ilustre escaparate de Italia. Encorsetadas entre los montes, colgadas de sus vertiginosas cornisas, están Sorrento, Positano, Amalfi, Ravello, una visión inolvidable. Popularmente conocida como la costa Amalfitana, vista desde Oriente, es un enorme acantilado provocado por los montes Lattari que caen al vacío al divisar el mar Tirreno. A partir de aquí surge un paisaje vertical, dominado por precipicios de vértigo y algunos barrancos que quitan la respiración, tan solo suavizados por algunos limoneros y olivos colgados en las alturas, bosques de castaños y algún pequeño puerto natural.

Panorámica costa malfitana

Panorámica costa malfitana

Panorámica de Positano

Panorámica de Positano

Positano

Positano

Precisamente desde la Punta Della Campanella, en Sorrento, hasta Vietri Sur Mare, a las puertas de Salerno, discurre la carretera estatal 163, una vía de doble sentido muy estrecha, en la que apenas hay rectas y sí muchas curvas que serpentean por una cornisa de 30 kilómetros de longitud. Recorrerla es un delicioso paseo entre miradores que dan al mar, barrancos y precipicios.
A mediados del siglo XIX, la costa Amalfitana resurgió de sus cenizas, tras más de cuatro siglos de olvido. Su paisaje y sus baños de sol se incorporaron a una pequeña lista de lugares escogidos donde veraneba la jet-set europea: Niza, Baden Baden, Opatija, Biarritz… Artistas como Turner quedaron atrapados por su luz, el escritor D.H. Lawrence encontró aquí las musas para escribir el amante de lady Chatterley y el compositor Wagner soñó con las primeras notas de Parsifal. La lista de otros famosos que se enamoraron de la costa Amalfitna es interminable: Goethe, Richard Burton, Elisabeth Taylor, Bogart, Lauren Bacall…

Sorrento

Sorrento

La península verdeante de Sorrento es un remanso de paz: naranjas y limones forman una especie de tela puntillista realzando el verdor con sus colores cálidos y brillantes. La propia ciudad de Sorrento tiene un encanto antiguo. A diferencia de su gran vecina –la caótica Nápoles-, Sorrento destila seguridad y encanto por todos sus poros. Hay que pasear por sus estrechas calles, normalmente escalonadas, asomarse a los jardines que bordean el acantilado…

Puerto de Sorrento

Puerto de Sorrento

Sorrento

Sorrento

Sorrento

Sorrento

Calle tipica de Sorrento

Calle tipica de Sorrento

Más allá, hacia Amalfi, es preciso dominar el vértigo. Ya en la primera curva en que la carretera se cuelga del precipicio, se divisa un grupo de pequeños islotes. Son los Li Galli, según la leyenda, el hogar de las sirenas. Y más allá, desde la aspereza de las cornisas esculpidas por una espuma efervescente, desde lo alto de un mirador que domina una vertiginosa cornisa, se descubre Positano, pueblecito marino fundado antaño por los habitantes de Paestum y cuyas casas diseminadas entre las palmas, evocan un aspecto olvidado del modo de vida mediterráneo.

Positano

Positano

Hoy, es uno de los balnearios más famosos del mundo. Tras ser el puerto de referencia de la República Amalfitana en la Edad Media, desapareció de la historia hasta mediados del siglo XX, en que resurge con fuerza gracias a los “nuevos” ricos y presumidos italianos que se dedican a tomar el sol con mujeres “top ten”, y a las parejas que vienen de USA para celebrar su Luna de Miel. Aquí no faltan modelos, ni futbolistas, ni estrellas del cine…
En ruta hacia Amalfi, dos paradas técnicas: La Gruta de la Esmeralda y Marina de Praia. La gruta mide 60 metros de alto por 30 de ancho y se lega en un ascensor o a través de una larga escalera. Descubierta en 1932, está llena de estalactitas y la luz se filtra dando al agua un extraordinario color verde. Marina di Praia, efectivamente, merece también un alto en el camino. Se trata de uno de los rincones más bellos de la “costiera”, con una coqueta playa encajonada entre los acantilados.
Finalmente llegamos a Amalfi. La antigua rival de Pisa y Venecia, escala la colina con sus casas de fachadas lechosas.

Amalfi

Amalfi

Amalfi

Amalfi

Una pequeña ciudad blanca, ciertamente, pero que fue la primera república marítima de Italia (ver recuadro). A la vista de la minúscula ciudad actual, constreñida entre los farallones que la circundan y el mar, me pregunto cómo es posible que esta ciudad tuviera hace más de mil años 100.000 habitantes y fuera la reina del Mediterráneo. En Amalfi, destacan el centro histórico medieval, la catedral, con su reliquia más venerada: el cuerpo incorrupto de san Andrés.

Catedral de Amalfi

Catedral de Amalfi

Más allá de Amalfi, en dirección a Salerno, la Gran Cornisa no deja de retorcerse en mil curvas, a alturas vertiginosas, dejando entrever pequeños golfos aislados donde se recogen comunidades cuyo total de habitantes y de barcas oscila entre 20 y 40. La montaña y el mar se enfrentan aquí en una especie de combate homérico, simbolizado por un rocoso islote (el mencionado Li Galli) que, en tiempos de Ulises, según la Odisea, estaba poblado de sirenas. Más allá, una carretera sube hasta Ravello, un sitio tranquilo, de reposo, buscado por los estetas de todo el mundo. En el siglo X se convirtió en sede episcopal, y en el siglo XII los pisanos la devastaron por su fidelidad a Amalfi.

Ravello

Ravello

Ravello (Villa Rufolo)

Ravello (Villa Rufolo)

Ravello ofrece a los visitantes una hermosa catedral del siglo XI. Sin embargo, lo verdaderamente popular en la ciudad son sus villas, en concreto Villa Rufolo y Villa Cimbrone. En Rufolo, propiedad de un rico escocés, se hospedó Wagner. Cimbrone, creada por un extravagante lord inglés, imita un palacio árabe y desde su jardín de fantasía se obtiene una de las mejores panorámicas de la costa.

Como la mayoría de pueblos que bordean la costa, Ravello es un lugar para pasear entre sus callecitas y plazas sin coches, entre fachadas y mansiones… Y para saborear la propia cocina napolitana que también es uno de los grandes atractivos del viaje. Conviene empezar con una poderosa mozzarella y seguir después con un buen plato de pasta: linguine o paccheri, con marisco, almejas, mejillones, o simplemente saboreando la pizza más tradicional y purista del mundo o los spaghettis con albaca fresca y perfumada.
Y es que esta tierra feraz ofrece alimentos frescos, deliciosos: limones de Sorrento, mozzarella de búfala, tomates del Vesuvio…
Así es la costa Amalfitana, un encuentro de historia solemne y actualidad insolente, y de la combinación de ambos nace uno de los sitios más interesantes y hermosos de Europa. Llegar no es difícil, lo duro es irse.

 

Recuadro:

AMALFIla primera república marítima de Italia
A principios del siglo VI, la costa Amalfitana formaba parte del imperio bizantino de Justiniano, quien convirtió el pequeño pueblo de pescadores, Amalfi, en sede de un episcopado. En aquellos tiempos, y hasta el siglo IX, todo el Mezzogirono italiano devino en un gran campo de batalla entre bizantinos, sarracenos, normandos y algunos pueblos bárbaros que habían cruzado los Alpes tras la caída de Roma. Cada uno de ellos intentó hacer aliados en la región. Amalfi quedó alineada en la zona bizantina. En torno al año 840, con un imperio bizantino en decadencia, Amalfi se transformó en una ciudad-estado prácticamente independiente. Los amalfitanos crearon entonces una república regida por dos magistrados que se hicieron llamar, dux, y crearon una nueva manera de organizarse que sentó cátedra en Italia: las repúblicas marineras que luego imitaron Génova, Pisa y Venecia.
La ciudad vivió entonces su periodo de mayor esplendor. La República Amalfitana se extendió por las zonas vecinas de Positano, Ravello y toda la pequeña línea de costa del mar Tirreno ubicada entre Sorrento y Salerno.
Sin embargo, esta independencia política se vio truncada por primera vez en 1073, cuando los normandos ocuparon la ciudad. Cincuenta años después, Amalfi sufrió un nuevo ataque de otro rey normando, Rogelio II, procedente de Sicilia. La ciudad volvió a ser saqueada en 1135 y 1137 por una revival que había surgido con fuerza en el norte de Italia: la República de Pisa. La supervivencia política era imposible. Por si todo estos fuera poco, un fuerte maremoto, a mediados del siglo XIV, se llevó media ciudad y desaparecieron edificios emblemáticos como el palacio ducal, astilleros y fortificaciones. El golpe de gracia lo asestó la famosa epidemia de peste que asoló Europa en 1348 y que en Amalfi se llevó por delante a gran parte de su población.
Entre los licores más exquisitos, destaca el famoso limoncello, una infusión en alcohol puro de las cáscaras de los jugosos limones.

CÓMO IR
Vueling conecta directamente Barcelona y Nápoles. Una vez allí lo mejor es alquilar un coche para llegar las hasta la costa amalfitana. Ravello está a poco más de una hora.

QUÉ SABER
Formalidades de entrada. Sólo es necesario el documento nacional de Identidad.

QUÉ VER
Sorrento. Carece de playas y monumentos pero es una ciudad muy agradable.
En Positano es imposible aparcar si no es en uno de los aparcamientos, y hay que dejar el coche en la carretera un kilómetro antes de llegar. El pueblo empieza en lo alto de la montaña y desciende por la ladera en calles estrechas y escaleras hasta la playa.
Tras Positano aparece Amalfi que posee una de las catedrales más bonitas de Italia, dominando una pequeña plaza. En su interior se halla el claustro del Paraíso, de influencia árabe, así como la basílica del Crucifijo, la catedral primitiva, con frescos medievales. Al norte de Amalfi, un paseo conduce al llamado Valle de los Molinos, donde viejos molinos son hoy algunas de las más viejas fábricas de papel.
Ravello, encima de Amalfi, a unos pocos kilómetros siguiendo una sinuosa carretera, es una belleza medieval de iglesias, villas nobiliarias y jardines exóticos. Destacan Villa Rufolo y Villa Cimbrone. En la primera se hospedó Wagner. La segunda, imita un palacio árabe, y sus jardines, con templos clásicos, cuentan con vistas espectaculares sobre la costa Amalfitana.

DÓNDE DORMIR
Hotel Luna Convento **** (Via Pantaleone Comité, 33. Amalfi) Es un antiguo convento del 1200 completamente restaurado. www.lunahotel.it
Il San Pietro di Positano (Via Laurito, 2. Positano). Todo un lujo, con unas grandes habitaciones que tienen unas vistas al mar de escándalo. Es miembro de la asociación Relais & Chateaux. www.ilsanpietro.it

DÓNDE COMER
Il Buco (2ª rampa Marina Piccola, 5. Sorrento). Es el mejor restaurante de Sorrento, con una estrella Michelin.

MÁS INFORMACIÓN
www.regione.campania.it
www.amalficoast.com

www.enit.it

www.italia.it