Grandes bosques, lagos de ensueño, cascadas inmensas… Y las ballenas.. Cuatro buenas excusas para descubrir los encantos de la provincia más extensa de Canadá.

Canadá es uno de aquellos viajes que uno siempre tiene en la mente. En mi caso, ha sido un reto desde que descubrí lo maravilloso que es viajar. En el caso que nos ocupa, existe un Canadá francés que ha logrado un fascinante maridaje entre la propia cultura francesa y la exuberancia paisajística a las que nos tiene acostumbrados el norte de América. Es el Quebec, un territorio de gran belleza.

 

Yo estuve el año pasado por estas fechas, aprovechando unos días de vacaciones. Y recorrí algunos de los puntos más bellos de la región. Enumerarlos todos es tarea harto difícil, pero hay cuatro razones que se me antojan ineludibles para visitar la región y que por sí solos merecen el viaje.

1-La ciudad de Quebec.

Por el río San Lorenzo llegó en 1535 Jaques Cartier. 50 años más tarde, Samuel de Champlain, el fundador de la ciudad, estableció en este pequeño enclave el primer puesto europeo de Canadá. Quebec fue francesa hasta 1759. Las huellas de esta presencia, que se prolongó durante más de 300 años, es más que evidente por toda la ciudad. En Quebec, todo huele a Francia…

Castillo de Frontenac. Domina desde una colina el conjunto del casco antiguo

Castillo de Frontenac. Domina desde una colina el conjunto del casco antiguo

Caminando por el paseo Dufferin, una avenida de más de 650 metros de largo flnaqueda por viejos cañones, se llega al gran icono de la capital: el castillo de Frontenac. No te lo pierdas. Inspirado en los viejos castillos del Loira, en sus habitaciones se han alojado algunos ilustres personajes de la historia. Tras tomarse un café  y un típico crosisant “francés” en el bar-resturante del castillo, hay que descender al casco viejo de la ciudad. Es muy bello y está siempre muy animado.

Casco viejo (Quebec)

Casco viejo (Quebec)

La siguiente visita ineludible es el puerto. Aquí se halla la comercial calle del Petit Champlain, con edificios que nos recuerdan a la Bretaña francesa. Ya para finalizar, uno no puede irse de Quebec sin entrar en la catedral de Notre Dame. Aquí están enterrados el conde de Fontenac, quien fue gobernador colonial en el siglo XVII, y una ilustre lista de obispos de Quebec.

Más información: www.ville.quebec.qc.ca

 

Puerto de Quebec. Al fondo, destaca la torre del castillo de Frontenac

Puerto de Quebec. Al fondo, destaca la torre del castillo de Frontenac

2-Cascadas de Montmorency.

Están muy cerca de Quebec, a apenas 15 minutos en coche. Con una caída de más 80 metros de altura, es un espectáculo alucinante. Impresionan su visión y el gran estruendo que provoca  en su caída. El río Montmorency, que hasta entonces discurre con placidez, se desploma abruptaente sobre las aguas del río San Lorenzo. Un teleférico te acercará hasta lo más alto. Prepara la cámara fotográfica!!!
Más información: www.sepaq.com/ct/pcm/fr

3-Parque Nacional de La Mauricie.

Quebec da mucho más de sí, es cierto. Pero si por algo es conocido Canadá es por su exuberancia paisajística. Y para comprobarlo nada mejor que dirigir nuestros pasos hacia La Mauricie. Claro que el primer gran parque que se puede visitar al norte de la capital es el Jaques Cartier, un magnífico anticipo de las bellezas naturales que nos iremos tropezando en nuestra ruta. Pero a mí el que me ha robado el corazón es el Parque Nacional de La Mauricie. A poco más de 200 kilómetros de la ciudad, se extiende desde el norte del río San Lorenzo. Lo más aconsejable es hacer una ruta en kayak.

 

P.N. La Mauricie. Este inmenso parque abarca profundos lagos

P.N. La Mauricie. Este inmenso parque abarca profundos lagos

4- Ballenas en Saguenay.

El encuentro de las aguas del estuario más grande del mundo con las del fiordo de más longitud del este de Canadá da lugar a fenómenos excepcionales que favorecen una increíble diversidad biológica. El Parque Marino de Saguenay-Saint-Laurent alberga no menos de 13 especies diferentes de mamíferos marinos, entre los que destacan la ballena azul -un gigante que puede superar los 25 metros- y la ballena jorobada. Algunas especies están en peligro de extinción por lo que los científicos intentan ser especialmente vigilantes y han puesto en marcha acciones de protección y salvaguarda como la Allience Eco Baleine, en el año 2011. Desde entonces, los profesionales de este entorno evitan, por ejemplo, acercarse demasiado a las ballenas para interferir lo menos posible en el hábitat y la vida de estos gigantes del mar.

En el Parque Marítimo de Saguenay vive de forma habitual una colonia de más de mil ejemplares de ballenas

 

Por Angels Mas

CÓMO IR Y MOVERSE

Air Transat (www.airtransat.es) ofrece vuelos directos a Montreal desde Barcelona (viernes, sábados y domingos) y Madrid (lunes) de abril a octubre. La compañía canadiense ofrece también vuelos directos a Toronto desde ambas ciudades.
Los pasajeros pueden elegir viajar en clase club o en clase turista. Para aquellos que viajen en clase turista y deseen mejorar su experiencia a bordo, la compañía dispone del nuevo servicio Option Plus que proporciona mayor confort.
Tel. 800 300407 o 902 104 941.

CUÁNDO IR

Para ver ballenas, de mayo a octubre.

DORMIR EN LOS ÁRBOLES

Las cabañas sobre los árboles hacen soñar a más de uno. Pues eso es lo que nos encontramos con esta propuesta, alojamientos en pleno bosque pero con vistas al fiordo de Saguenay. El desayuno y la cena se sirven ‘a domicilio’. Una dirección a tener en cuenta para los amantes del eco-turismo y para unas vacaciones diferentes y en plena naturaleza. www.quebecmaritime.ca/canopeelit

MÁS INFORMACIÓN

www.bonjourquebec.com/es