
¿Qué siento cada vez que regreso a Delhi? Que estoy en el centro del mundo, créanme. Sólo unos pocos días son necesarios para que esto suceda. Una analogía bien fácil les aclarará esta sensación. India es como una hiedra. La cultura más rica y multiforme del mundo se te agarra fuertemente al cuerpo y ya no te suelta.
Sus acróbatas ramificaciones, la música, el olor del curry y el incienso, el tañer de campanas de los templos, las películas de Bollywood, los trazos del astrólogo y el adivino, y el trueno que precede al monzón, se te enroscan por todas partes y pronto vibras con ellas. Nunca me ha sucedido en otra parte. India late dentro de ti y el resto del mundo desaparece por completo.
Delhi suele ser la raíz de esta planta tan hipnótica. Hay otras ciudades más risueñas o hermosas, pero amigos, sólo existe una urbe como ésta. Sus atributos son esquivos, pero ahí están los testimonios de su apabullante historia para atraparlos. Se la conoce como la ciudad de los “djinns”, porque la capital de la India es como un hechizo, un salón de múltiples espejos donde cada uno es un geniecillo que muestra una realidad distinta.
Delhi es inmensa y la primera vez que llegas a ella te noquea literalmente, en más de un sentido. Sus quince millones de habitantes viven en uno de los climas más extremos del subcontinente indio. Quien ha pasado aquí los tórridos meses anteriores al monzón, es muy probable que no lo olvide en su vida. Los inviernos son gélidos y desapacibles. La vasta planicie indogangética en la que se encuentra la ciudad hace a la vez de horno y refrigerador, sin término medio. Entonces, ¿a qué genio se le ocurrió levantarla aquí?
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| La calle comercial de Old Delhi es un abigarrado bazar | Figuras de deidades hindúes ilustran los principales monumentos |
Echemos un vistazo al mapa. Delhi se sitúa en la ruta norteña que une ambos extremos –oriente y occidente– de esta enorme península que es India. Por ende, comunica los territorios vecinos que siempre codiciaron sus riquezas: Asia central y el sudeste asiático. Su ubicación es periférica con respecto al resto del país, pero dado que la tendencia de las conquistas siempre fue de oeste a este, Delhi se convirtió pronto en la puerta y el símbolo de las tierras de Indostán. Quienes tomaban la ciudad, se consideraban dueños y señores de estos dominios. Lo hicieron muchos –la historia registra ocho dinastías– y todos dejaron su sello y su propia ciudad.
Delhi no ha sido siempre la capital de India, pero su importancia se ha mantenido a lo largo de dieciocho siglos. Cuando los británicos trasladaron la capital de su imperio de Calcuta a Delhi en el año 1911, muchas fueron las voces que se opusieron. Un detallado escrutinio descubrió que la mayor parte de poblaciones del subcontinente tenían algo en común. Una puerta que señalizaba el camino hacia esa lejana ciudad del norte: la gran e inmemorial Delhi.
CORTE DE LOS MOGOLES
Descubrir Delhi es todo un reto. Para empezar, hay que aliarse con un buen mapa. La mayoría de visitantes mochileros se amontona en Paharganj, los grupos organizados pernoctan en lujosos hoteles de los suburbios del sur, y una minoría más afortunada lo hace en esa esfera radial que es Connaught place. Si se encuentra en uno de estos tres puntos, no pierda el tiempo en ellos. Diríjase de inmediato hacia el norte, a la ciudad vieja, la Old Delhi. En el espacio que comprende la Jamia Masjid, el Fuerte Rojo y el abigarrado Chadni Chowk o el mercado de la plata, se halla la antigua ciudad de los mogoles. Es la séptima en la lista de dinastías que controlaron el norte de la India y gran parte del país en los siglos XVI y XVII.
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| Coloridos mercados y templos hindúes se suceden por la ciudad | Las vacas pasean como diosas por las calles de Delhi |
La fama universal de los mogoles se debe a que su quinto emperador, Shah Jahan, levantó el impar Taj Mahal en Agra. Llamó a su ciudad Shahjanabad, y en ella ordenó construir algunos de los edificios más bellos de Asia. La Jamia Masjid es la mezquita más grande de la India, con un patio que puede albergar hasta 25.000 personas. El Fuerte Rojo posee la estructura racional típica de las residencias imperiales mogoles. Pabellones, salas y palacios se suceden entre jardines, mostrando la delicada arquitectura en la que vivía la corte más refinada y poderosa del mundo. La pequeña Moti Masjid, de mármol, y la sala de las Audiencias, son las dos perlas del complejo.
Old Delhi es mi zona favorita de la ciudad por razones que van más allá de su arquitectura. En sus palacios y havelis, la élite de la ciudad recitaba a Mir, Zauq y Ghalib, practicaba el arte de la caligrafía, recibía a sufíes y filósofos, y comía los mejores dulces de la India mientras contemplaba los movimientos de las bailarinas nautch. De ello hoy apenas queda una sombra, pero sigue siendo el mejor regalo de la metrópolis.

Siempre siento una punzada de excitación cuando entro por la Turkman Gate a la ciudad medieval, un lugar que te transporta en el tiempo. Sorprende encontrarse en el corazón de la India musulmana y lo inalterable de muchas cosas. Los mendigos siguen acuclillándose frente a los comedores para su ración diaria de lentejas, los niños hacen volar cometas, y en el Haji Tea Post todavía se come la célebre repostería de Delhi. Uno queda atrapado en la mirada de bellezas centroasiáticas, entre burkas y chadores mal colocados, y aún se oyen las voces del aguador y el matarife en el caótico ir y venir de cycle-rickshaws.
La ciudad vieja está repleta de grandes curiosidades. Frente al Fuerte Rojo se alza el templo de Digambar. Pertenece a la religión jainista, fundada por Mahavira el siglo VI a C. Sus seguidores hacen honor a su estricto pacifismo con el adyacente y peculiar hospital para pájaros, con ambulancia incluida, el único de la ciudad.
Delhi fue una ciudad básicamente musulmana hasta la partición del subcontinente en 1947. Fruto de ella nació Pakistán, un hogar para todos los musulmanes de la India. El inmenso éxodo y el intercambio de población que se produjo –el mayor de la historia moderna–, hizo que mientras la élite musulmana se desplazaba al país vecino, una avalancha de hindúes y sijs llegaran a la ciudad.

Delhi pasó de 900.000 habitantes a tener unas dimensiones como la mitad de Londres. Los recién llegados procedían en su mayoría del Punjab, quienes cambiaron radicalmente el carácter de la metrópolis. Cuando hoy coja un taxi en Delhi, lo más probable es que su conductor sea punjabí y sij. Los seguidores de esta religión, que llevan el prescrito turbante, son la comunidad más visible del Delhi actual. Abiertos y laboriosos, los sijs activaron una ciudad que había languidecido durante siglos, aunque su condición de nuevos ricos sea la mofa de las castas más refinadas.
CAPITAL IMPERIAL
Cuando la capital del imperio pasó de Calcuta a Delhi, levantaron otra ciudad al sur, que pasó a llamarse Nueva Delhi. Los planes fueron tan ambiciosos como extravagante su resultado. Diseñada en forma de parrilla, con anchas avenidas y bulevares, la nueva ciudad contaba con todos los requisitos de una capital imperial: la avenida ceremonial más grande del mundo, el arco triunfal de la India Gate –símbolo capitalino– y una residencia para el virrey de dimensiones faraónicas, hoy domicilio oficial del presidente de la India. La arrogancia imperial del conjunto resulta de dudoso gusto, pero los británicos tuvieron el acierto de dejarnos una inmensa área ajardinada que se agradece.
Con frecuencia he visto cientos de macacos desplazarse entre los edificios ministeriales de la zona, prueba de que la India eterna siempre se impone a sus conquistadores. Dos testimonios igualmente tradicionales del país se encuentran a poca distancia de Connaught place, el centro comercial y turístico. Uno es el sorprendente observatorio que levantó el marajá Jai Singh II de Jaipur en 1710, elJantar Mantar. Esta surrealista colección de estructuras color salmón servía a los astrónomos de la época para determinar la altitud y posición del sol y otros cuerpos celestiales, así como la hora en varios lugares del mundo.
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| Santón por las calles de Delhi | La torre del Qutab Minar (siglo XIII) |
El otro es el Birla Mandir, uno de los pocos templos hindúes de relieve que hay en Delhi. Religión primigenia y mayoritaria de la India, los orígenes del hinduismo son tan oscuros como los de la propia ciudad; pero todo el mundo coincide en que el primer asentamiento humano, Indraprashta, se encuentra bajo lo que se llama elPurana Qila. Éste es un impresionante fuerte del siglo XVI, que cuenta con masivas murallas, una mezquita y una hermosa torre.
CONQUISTARLA ES PERDERLA
La tumba del emperador mogol Humayun (1556) es uno de los monumentos más bellos de Delhi. Se trata de un magnífico mausoleo con cúpula que marca el inicio de lo que se llama South Delhi. Desde la Partición, la ciudad no ha cesado de extenderse hacia el sur, engullendo otras ciudades históricas que antaño se encontraban perdidas en el yermo. Ir a su encuentro equivale a desvelar unos dos mil años de historia. El esquema básico que nos transporta a este torbellino de siglos y dinastías sigue siendo el de mausoleos.

Las tumbas de Lodi Garden pertenecen a los sultanes de las dinastías Sayyid y Lodi (s. XV) y fueron el prototipo de la maestría arquitectónica que más tarde consiguieron los mogoles. En el otro extremo de esta evolución está la cercana tumba de Safdarjang, primer ministro del emperador Ahmed Shah. De mediados del siglo XVIII, ejemplifica la decadencia de la dinastía mogol. Glorioso e impresionante es el complejo arquitectónico más famoso de Delhi: Qutab Minar. Data del inicio del dominio musulmán en la India (s. XIII) y su principal atractivo es, sin duda, su minarete. Fueron necesarios tres sultanes para levantar esta torre de 73 metros de altura y 15 de diámetro en su base, hecho de piedra arenisca y mármol. La primera mezquita de la India –Quwwat-ul-Islam–, una escuela y más tumbas completan el complejo.
Pocos turistas visitan Tughlaqabad, lo que es un grave error. Las monumentales murallas de esta ciudad encierran la ciudadela y el fuerte que levantó el sultán Tughlaq en el siglo XIV. La desolación que se respira hoy es fruto de una profecía. Tughlaq riñó con el gran santo sufí de la época, Nizamuddin, y éste pronosticó que su ciudad acabaría habitada sólo por pastores. Así que quien vea por las inmediaciones algún rebaño de ovejas, que no se sorprenda. Quizás por ello, otro de mis rincones favoritos de Delhi es el pequeño templo hindú que hay junto al río Jamuna, a los pies del Purana Qila. Muchas tardes me dejo caer allí para charlar con sus sadhus, ascetas hindúes que viven desnudos, como muestra de agradecimiento a la caridad de quienes les visitan. Siempre suelo preguntarles lo mismo: “¿Dónde está Indraprashta?”, la primera y mítica ciudad de la que ya hablaba el Mahabharata hace nada menos que tres mil años.
Los ascetas se limitan a sonreír y asentir con la cabeza, y yo creo que comprendo. Delhi es historia, pero por más brillante que fueran las ambiciones de sus protagonistas, sus geniecillos se ocuparon de que algún día acabaran. Como dijo uno de sus conquistadores: “Lo peor de tomar Delhi es saber que pronto la perderás.”
Aunque para mí es el centro del mundo, saber que jamás será mía, la hace todavía más valiosa y atractiva. Tal vez por ello siempre regreso. Les invito a que hagan la prueba y verán.
CÓMO IR
No hay vuelos directos desde España. La mejor opción es el excelente vuelo que ofrece British Airways, con una salida diaria desde Madrid y Barcelona, vía Londres, hasta Delhi. Precio: desde 720 e más tasas. Información y reservas:
Tel. 902 111 333 – www.ba.com.
QUÉ SE DEBE SABER
Formalidades de entrada. Es necesario el pasaporte en regla y un visado de turista, que se tramita en una semana en la Embajada de la India, en Madrid (avda. Pío XII, 30-32. Tel. 913 450 265).
Cuándo ir. La mejor temporada para visitar Delhi es de octubre a febrero, cuando el clima es más suave, si bien las noches son frías. De marzo a mayo, las temperaturas alcanzan los 40º y la canícula es extrema. Recuerde que las lluvias del monzón descargan de junio a septiembre, aliviando el calor, aunque sean intermitentes.
Idioma. La lengua oficial de la India es el hindi. El inglés sigue siendo el idioma administrativo, muy arraigado en los servicios y centros turísticos.
Precauciones sanitarias. Se imponen las vacunas de la hepatitis A y B, tifus, tétanos, polio y cólera. La profilaxis de la malaria no es obligatoria, pero sí válida. Es muy importante no beber agua que no esté embotellada y evitar comer fruta pelada.
QUÉ VER
Te detallamos los principales monumentos de la capital india, según la típica división de la ciudad que sigue el reportaje: Old Delhi, New Delhi y South Delhi.
En Old Delhi
El emperador Sha Jahan levantó aquí su nueva capital de Shahjanabad en el siglo XVII, construyendo algunos de los edificios más emblemáticos de la India musulmana. De la antigua muralla con 14 puertas, sólo queda una parte entre las puertas de Delhi y Turkman.
Fuerte Rojo. Conocido como Lal Qela, la construcción de este masivo fuerte a cargo de Sha Jahan tuvo lugar de 1639 a 1648. Sus murallas con almenas se extienden a lo largo de dos kilómetros y forman un octágono irregular. La residencia imperial que alberga posee el diseño clásico de los complejos mogoles. Entre sus pabellones y palacios destacan la Sala de Audiencias Públicas, la de Audiencias Privadas, los Baños Reales, la mezquita de Moti Masjid, la residencia del harén y la del emperador.
Jamia Masjid. Maravilla de la arquitectura mogol, es la mezquita más grande de la India, con capacidad para albergar hasta 25.000 personas. Su construcción duró seis años (1650-1656) y se necesitaron cinco mil albañiles para levantarla. Su nombre hace referencia al viernes, día de oración pública de la comunidad. En la época de Sha Jahan acomodaba a toda la población. Destacan las tres grandes cúpulas flanqueadas por dos esbeltos minaretes.
Chandni Chowk. Colorido bazar en la calle principal de Old Delhi. Su nombre significa la “plaza de la plata”, si bien están a la venta todos los productos imaginables. En calles adyacentes se encuentran los mercados de Kari Baoli, dedicado a los especias; Gadodia Market, mercado al mayor, y Sadar Bazaar, para artículos del hogar. Aquí puede realizar sus compras a los precios más asequibles. No se trata de un bazar turístico, así que aplíquese al regateo.
En New Delhi
Después de trasladarse la capital de Calcuta a Delhi, en 1911, la postrera gran ciudad imperial del mundo fue inaugurada con toda pompa en 1931. Combina la arquitectura ampulosa del momento con influencias locales del siglo XVII. Su diseño en parrilla de grandes avenidas se extendió desde la metrópolis de Shah Jahan hasta los restos de las otras Delhi anteriores, ubicadas al sur. Sus partes más significativas son Connaught Place, actual centro comercial y turístico de la ciudad; Rajpath, la avenida ceremonial más grande del mundo; el arco triunfal de la India Gate, y el grandioso palacio de Rashtrapati Bhavan, residencia oficial del presidente de la India.
Jantar Mantar. Esta extraña colección de estructuras color salmón es uno de los observatorios levantados por el marajá Jai Singh II de Jaipur en 1710. Con sus portentosos instrumentos se determinaba la posición y altitud del Sol y otros cuerpos celestes, así como la hora en diversas partes del mundo.
Birla Mandir. Este templo de estilo Orissa, también llamado Lakshmi Narayan, fue financiado por el industrial BD Birla en 1938. Está dedicado a Vishnu, el dios preservador, y a Lakshmi, la diosa de la prosperidad y la buena suerte.
Purana Qila. Su nombre significa fuerte viejo y fue levantado por el emperador Humayun y el gobernador afgano, Sher Shah, que le usurpó el trono durante unos años. Tiene unas imponentes murallas y tres grandes puertas. En la torre octogonal del interior, Humayun encontró la muerte al caer por sus escaleras. La mezquita de Sher Shah es el mejor ejemplo de arquitectura Lodi de Delhi, combinando elementos hindúes y musulmanes. Se cree que debajo del fuerte se encuentra el asentamiento de la mítica ciudad de Indraprashta.
En South Delhi
Tumba de Humayun. Construida a mediados del siglo XVI por la viuda del emperador Humayun, es el primer ejemplo relevante de la arquitectura mogol en la India y uno de los más bellos monumentos de la ciudad. Su diseño, de planta cuadrangular, con grandes arcos, una enorme cúpula y jardines con canales de agua a su alrededor, fue el precursor del impar Taj Mahal en Agra.
Lodi Garden. El principal atractivo de esta zona ajardinada son las tumbas de los sultanes de las dinastías Sayyid y Lodi –punjabis y afganos respectivamente–, ambas del siglo XV. Estos mausoleos son el inicio de un estilo arquitectónico que más tarde los mogoles desarrollarían hasta la perfección.
Tumba de Safdarjang. Construida en 1753-1754 por el nawab de Avhad para su padre Safdarjang, durante el reinado del emperador Ahmed Shah. Es el último ejemplo de mausoleo con jardín de los mogoles. Su falta de equilibrio y la desmesurada cúpula denotan el período de decadencia de la dinastía.
Museo Nacional. Uno de los mejores museos del país. Recoge colecciones de todos los períodos artísticos del subcontinente indio, la civilización del valle del Indo, Maurya, Vijayanagar, Gandhara, Gupta y Mogol, con infinidad de bronces, esculturas, terracotas, miniaturas, manuscritos y artefactos.
Hauz Khas/Siri. Hoy queda poco de la segunda ciudad de Delhi, llamada Siri. Su principal estructura, además de una “madrasa”, es la austera tumba con cúpula de Feroz Shah (1351-1388), de la dinastía Tughlaq, situada en la zona ajardinada de Hauz Khas.
Complejo de Qutab Minar. Los edificios de este complejo datan del inicio del período musulmán en la India (siglo XIII) y son una muestra de la arquitectura afgana de la época. El más soberbio es la ornamentada Torre de la Victoria o Qutab Minar, un minarete de piedra arenisca y mármol de 73 metros de altura y 15 de diámetro en su base, uno de los mayores del mundo. Igualmente impresionante es la mezquita de Quwwat-ul-Islam, la primera del país, con una subyugante mezcla de elementos hindúes e islámicos. Otras construcciones interesantes son la tumba de Iltutmish y el Imam Zamin, una madrasa y el arco de Alai Darwaza.
Tughlaqabad. Esta extensa ciudad amurallada y su fuerte fueron levantados por el sultán Ghiyas-ud-din Tughlaq en el siglo XIII. Se trata de la mejor muestra de arquitectura defensiva de esta dinastía. Fuera de las murallas, en el centro de lo que fuera un lago artificial, se halla la tumba del mismo sultán.
DÓNDE DORMIR
Delhi cuenta con una variada gama de hoteles del más alto nivel. Recomendamos:
Imperial Hotel. Janpath. Elegante y céntrico hotel de estilo colonial; toda una institución en la ciudad.
Hotel Le Meridien. Janpath. Lujoso hotel con piscina, restaurantes y cafetería abierta las 24 horas.
Hotel Oberoi New Delhi. Mathura Road. Centro de negocios, agencia de viajes y servicios de despacho.
Hotel Maurya Sheraton. Sardar Patel Marg. Alto nivel de confort con dos excelentes restaurantes, piscina climatizada y una discoteca.
Hyatt Regency. Bhikaji Cama Place. Hotel con centro de fitness, elegante centro comercial y varios restaurantes.
Ashok Hotel. Chanakyapuri. Ofrece una amplia variedad de servicios para los clientes: restaurantes, discotecas, oficina de correos, banco y recitales de música.
GASTRONOMÍA
La gastronomía regional de Dehi es heredera de la rica cocina mogol típica del norte de la India, conocida como mughlai. Es muy parecida a la cocina de Asia central y el Próximo Oriente. Se basa en un uso generoso de las especias, aunque no tanto del chile, y suele prepararse al tandoori o en hornos de barro. Como toda cocina musulmana, hace uso frecuente de carnes, –pollo y cordero–, si bien la ternera es tabú, como en el resto del país.
Sus grandes especialidades son el pollo tandoori; el biryani, un arroz sazonado con especias y frutos secos que lleva carne o verduras; pulao, otra variedad de arroz especiado con legumbres y normalmente acompañado de cordero; rogan josh o cordero con curry; gushtaba, unas bolas de carne preparadas con yogurt; y el pollo makhanwala, cocinado con mantequilla.
Imprescindible probar la repostería de Delhi, considerada como una de las mejores de la India: kulfi o dulces de pistacho; ras gullas dulces de leche sazonados con cardamomo; y barfi preparados en coco, chocolate o almendra, son sus principales delicias, una auténtica tentación para el paladar.
QUÉ COMPRAR
Delhi es excelente para ir de compras, ya que ofrece artículos de todas las regiones de la India. Sus conocidos bazares tienen de todo y de gran calidad: alfombras de Cachemira, joyas de los más variados diseños, ropa confeccionada a mano, prendas de seda, artículos de piel –de búfalo o cordero-, objetos de cobre y latón, instrumentos musicales tradicionales como el sitar, perfumes y esencias, incienso, especias, té de Assam y Darjeeling, piezas de madera de sándalo y palo de rosa, antigüedades… Por último, recuerde que el regateo va implícito en toda compra, excepto en los emporios del gobierno, donde los precios son fijos.
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