Capital del estado de Sajonia, enamora por sus hermosos monumentos y su animadísima vida cultural.

¿Cuándo fue la primera vez  que oí hablar de Dresden? En un luminoso y animado restaurante de Berlín, en un húmedo callejón sin salida. Me encontraba examinando el menú cuando, de repente, tuve la incómoda sensación  de que alguien me observaba. Levanté la mirada y ví que al otro extremo de la angosta sala, en una solitaria mesa, una joven y robusta figura, con los cabellos más rubios que he visto en mi vida, reclamaba mi atención. Lo hizo al estilo mediterráneo, sorbiendo con ruidosa ostentación una enorme jarra de cerveza y guiñándome su ojo derecho. Un inquietante saludo y un gesto muy educado remataron seguidamente el saludo. Aquel era mi último día en Berlin, a la que había venido por cuestiones de trabajo, y yo acaba de conocer a Heinrich.

Nunca antes tuve una presentación tan “lujosa”. Heinrich era alto, rubio, fuerte como un toro, y de grandes y avispados ojos. Me olvidé del menú y le pedí al camarero una jarra de cerveza. Algo dentro de mí me decía que todos mis planes se iban al garete… Y acerté. Heinrich era natural de Dresden y me pidió que le acompañara. Me dijo que los periodistas de viajes siempre escribíamos de lo mismo, de Berlin, de Munich, de la selva negra…  “¡Pero Alemania ofrece más, mucho más”, me dijo. “ Y, sin duda, Dresden es una buena prueba de ello. Acompáñame y compruébalo tú misma”

Pregunté si me daba tiempo a terminarme la cerveza. “Las que quieras”, contestó.

LA FLORENCIA DEL ELBA

Así es conocida Dresden, para muchos la “ciudad más bella de Alemania”. La capital del estado de Sajonia ha reconstruido con mucho esfuerzo y tesón una ciudad que, en febrero de 1945, quedó prácticamente destruida por las bombas de los ejércitos aliados. Y es que durante las semanas previas al fin de la Segunda Guerra Mundial, Dresden se llenó de refugiados ante el avance del Ejército Rojo. Su población, pensó entonces que, gracias a  sus tradicionales conexiones con Gran Bretaña, la ciudad se salvaría del bombardeo. Convencidos de ello, el alto mando alemán, la dejó sin defensas aéreas, que se distribuyeron en otras ciudades del país. Fue así como en la noche del 13 al 14 de febrero, los bombardeos aliados, al encontrar poca resistencia, lanzaron un cruel ataque que destruyó el 75% de la ciudad.

Han pasado ya un montón de años y hoy Dresden muestra al viajero su viejo esplendor.

Sin embargo, de la antigua ciudad que conoció su época más gloriosa hace más de 500 años con los príncipes Wettin, apenas queda hoy un pálido reflejo.

Cierto es que generaciones de visitantes han descrito en términos extasiados los esplendores de Dresden y de sus monumentos: su residencia, edificada en la época del Renacimiento, con la célebre “Bóveda Verde”; sus palacios barrocos, construidos bajo el duque Augusto el Fuerte, que se convirtió en rey de Polonia; la terraza de Brühl, que Goethe llamaba el “balcón de Europa”, desde donde se descubría una vista inolvidable sobre la antigua y nueva ciudad, separada por el Elba y sus cuatro puentes.

Pese a la reconstrucción escrupulosa de los principales monumentos –sobre todo el Zwinger, cuya originalidad reside en la armonía única entre la arquitectura de Pöppelmann y las esculturas de Permoser-, Dresden merece la pena no sólo como ciudad-museo, sino como ciudad de museos (ver Guía del Viajero) ¡Y qué museos!

Acompañada por Heinrich, mi inseparable compañero y ahora fiel guía, empiezo mi visita a la ciudad por el Zwinger, un impresionante palacio concebido para fiestas y ceremonias de la corte. Convertido hoy en un gran complejo museístico, Zwinger fue construido por el arquitecto Matthäus  Pöppelmann (1662-1736) bajo las órdenes del rey de Sajonia Augusto el Fuerte, que subió al trono en 1694.

Hay muchos tesoros que visitar en Zwinger –la sala de armas, el salón matemático-físico, la sala de las porcelanas, la  de los antiguos maestros de la pintura…-,  así que lo mejor es tomarse la mañana con calma y disfrutar de lo que se abre ante tus ojos. Precisamente la fachada nordeste de la sala de los antiguos maestros de la pintura domina la Theaterplatz, una imponente plaza con alguna de las referencias históricas más notables de la ciudad. Aquí, claro, se levanta el maravilloso Teatro de la Ópera, donde ilustres nombres de la música (Brahms, Chaikovski, Strauss, etc)  estrenaron algunas de sus mejores obras.

Llevamos varias horas paseando por el casco antiguo. Cansada, le indico a Heinrich que ha llegado el momento de reponer fuerzas. Accede amablemente a mis anhelos. Al poco rato entramos en una típica taberna donde me obliga a pedir las clásicas salchichas alemanas. ¡Delicioso menú, sin duda! Una buena y fresca cerveza y de nuevo nos ponemos en marcha. Ahora nos dirigimos  al cercano y magnífico Schloss, donde los gobernantes de Sajonia residieron hasta 1918. Unida al palacio por un puente que permitía a la familia real asistir a misa sin cruzar la calle, está la Hofkirche, la iglesia donde Augusto el Fuerte se convirtió al catolicismo. Me dice Heinrich que la construcción en 1739 de esta iglesia católica en una ciudad mayoritariamente protestante provocó auténticos delirios.

El puente se entrega en la Brühlsche Terrasse, el privilegiado mirador bautizado románticamente como “el balcón de Europa”. Aquí solía darse cita lo mejor de la villa cuando era jardín privado del conde Brühl. Esto sucedía en el siglo XVIII; hoy son los ciudadanos de la ciudad, y los viajeros, quienes no nos cansamos de contemplar desde él el espectáculo que ofrecen la ciudad y el valle del Elba.

EN LA CIUDAD NUEVA

Neustadt (Ciudad Nueva), construida en el siglo XVIII, quedó menos afectada que la Altstadt durante los bombardeos de 1945.  La verdad es que con sus tiendas, terrazas, cafés y restaurantes al aire libre ofrece un aspecto muy animado.

Probablemente, el monumento más espectacular aquí sea el Palacio Japonés, así llamado por la cóncava forma de su tejado. En la actualidad, el palacio alberga dos interesantes museos de etnografía y prehistoria.

El viaje está llegando a su fin. Cuando veo el palacio me ahoga la felicidad. Creo haber descubierto una ciudad que, fuera de los tópicos, tiene mucho que ofrecer. Es como un museo al aire libre, mucho más que una página de la historia. Son muchos volúmenes, una auténtica lección para el viajero atento y sensible…

Me despido de Heinrich, mi fiel anfitrión. Decidimos reencontrarnos de nuevo el año que viene. En la misma taberna de Berlín. El mismo día. ¿A dónde me llevará…?

Por Angeles Mas


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GUÍA DEL VIAJERO

CÓMO IR

Lufthansa (www.lufthansa.com) tiene varios vuelos semanales desde Madrid y Barcelona, con escala en Frankfurt o Munich. También se puede volar hasta Berlin, que está a apenas dos horas de viaje en tren.

QUÉ NO DEBES PERDERTE

Dresden destaca por la cantidad e importancia de sus museos. De visita obligada son la Galería Moderna, la llamada Bóveda Verde (www.skd.museum) , la Colección de escultura y el gabinete de Numismática, en el Albertinum, y la Galería de Pintura, en el Palacio Zwinger, con valiosas obras de Rafael, Rembrandt, Durero, y otras grandes maestros.

Las exposiciones actuales en las galerías que hay dispersas por la ciudad se encuentran en www.dresden.de/ausstellungskalender

Tampoco hay que olvidarse de la iglesia Frauenkirche. La iglesia vuelve a dominar, como primera obra barroca del nuevo milenio, la silueta de Dresden. No sólo enriquece la vida religiosa de la ciudad con numerosos servicios religiosos, sino que también  es un centro importante de la escena musical de la ciudad  donde regularmente tiene lugar conciertos   (www.frauenkirche-dresden.de)

DÓNDE DORMIR

Hay muchos y buenos hoteles en la ciudad. En www.dresden.de/tourismus se ofrece amplia información y gestiona reservas.

Sin embargo, una buena elección es el Hotel INNSIDE by Meliá Dresden. Es un hotel de diseño de 4 estrellas muy bien situado en el centro del casco antiguo. Ofrece spa gratuito y habitaciones elegantes de estilo contemporáneo.

DÓNDE COMER

Restaurante Kastenmeiers

Kurländer Palais

Tzschirnerplatz 3-5

www.kastenmeiers.de

MÁS INFORMACIÓN

www.dresden-tourist.de

www.germany.travel