Panticosa Resort, donde se encuentra el balneario

La naturaleza es a veces así de sorprendente… ¡y caprichosa! En un circo glaciar cuya temperatura externa en invierno baja varios enteros los cero grados brotan de sus entrañas aguas mineromedicinales superiores a los 50. Es lo que ocurre en Panticosa, o mejor dicho en su balneario, un coqueto paraíso termal para los amantes de la relajación rodeado de una pared granítica con picos de más de 3.000 metros, situado en el pirineo aragonés, lindando con Francia.

Interior de las Termas de Tiberio, con su piscina central

Sus orígenes datan de la época romana, bajo el mando del emperador Tiberio (de ahí el nombre de una de sus cuatro fuentes, transformadas en las hoy modernas Termas de Tiberio), abuelo adoptivo de Calígula, que gobernó hasta el año 37 a. C. Pero la primera casa de baños, tal como se entiende hoy día, no se construyó hasta el siglo XVII. Fue el precedente de una actividad termal en constante aumento que tuvo su apogeo en el siglo XIX, con un capacidad para 1.500 personas, lo que situaba a Panticosa por delante de emblemáticos balnearios españoles como los de San Sebastián o Santander. Por aquí pasaron, entre otros personajes ilustres, el político Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República española; el general Primo de Rivera, el reputado hostelero Perico Chicote, los futbolistas Zarra, Iriondo y Panizo; el fílósofo y ensayista José Ortega y Gasset o el Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal.

En este mágico entorno natural, entre la belleza decimonónica de vetustos edificios de madera con más de un siglo de historia, resurge un nuevo concepto termal propio del siglo XXI, donde el agua y la luz se funden en una atmósfera de relax y rehabilitación: Las Termas de Tiberio, santo y seña del Panticosa Resort. Un modernísimo balneario de suaves y redondeadas formas en alabastro traslúcido, con el sello del prestigioso estudio de arquitectura Moneo-Brock, que le valió en 2009 el primer premio en la categoría ‘Spa Fitness’ de los Design Best of Year Awards que convoca anualmente la revista americana Interior Design.

Exterior de las Termas de Tiberio

Penetrar en las Termas de Tiberio, tras pasear por las inmediaciones del lago que mece a la entrada del circo glaciar y los vetustos baños de antaño, es como entrar en un túnel del tiempo que nos lleva del pasado al presente más futurista de la mano siempre –no debemos olvidarlo– de un mismo elemento en común que constituye su principal riqueza: sus aguas mineromedicinales. A partir de ahí nos hallamos inmersos en un majestuoso palacio de 8.500 m2 en el que destaca, a primera vista, su completo circuito termal: duchas, piscina central con chorros y jacuzzi; piscina exterior con vistas, chorros y camas de burbujas; y zona de saunas, finlandesa, Hamman y pediluvio. Complementando este circuito hay una selecta carta de tratamientos para todas las necesidades, entre los que destacan, como novedades, el masaje Ayurveda (con aromaterapia de Panticosa), el masaje de Pindas (con plantas y esencias del Pirineo), el Lomi-Lomi Thai (con cañas de bambú), la envoltura especial de belleza de yoghourt con Soja o la suavizante con drenaje de scrub de sal del Mar Muerto.

Panticosa, vista desde el telecabina que sube a las pistas

Tras mimar el cuerpo y relajar la mente, no viene mal un poco de ejercicio. Desde el propio balneario podemos practicar el senderismo subiendo hacia sus dos espectaculares miradores: El Pino y la Reina. Aunque hallándonos en plena temporada invernal es obligado aprovechar las posibilidades que nos da la nieve. Podemos hacerlo a través de dos estaciones. La más cercana al balneario, a solo 8 km, es Aramón-Panticosa, a la que se accede por el telecabina situado a los pies del pueblo. Son 35 km esquiables, con un total de 41 pistas señalizadas (7 verdes, 14 azules, 16 rojas y 4 negras). El forfait de 1 día cuesta 36.50 € (adultos) y 29 € (niños).

Formigal desde su estación de esquí

La otra estación, a 20 km del balneario en dirección a Francia, es Aramón-Formigal, el dominio esquiable más grande de España, con 137 km repartidos en tres áreas conectadas por un servicio gratuito de autobuses: Sextas (1.500 m), Anayet (1.740 m.) y Portalet (1.750 m.). Ofrece 93 pistas señalizadas (7 verdes, 18 azules, 33 rojas y 39 negras) además de snowpark, un circuito para trineos de perros huskies y otro para motos de nieve, y una pista iluminada para esquí nocturno. El forfait de 1 día cuesta 42 € (adultos) y 33.50 (niños).

Esquiadores en Formigal, área de Sextas

Pero no todo en el Valle de Tena empieza y acaba en el termalismo o el esquí. El valle, en sí mismo, ofrece una amena ruta por sus pequeños pueblos que podemos iniciar en Sallent de Gállego, su ‘joya’ rural. Situada a 1.305 m, reposa al norte del pantano de Lanuza, agazapada bajo la impresionante mole de piedra de Peña Foratata (2.295 m). Al entrar, tras pasar por un aseado parque, se llega a la plaza del Mentidero, donde está la Oficina de Turismo. A continuación aparece el ayuntamiento, hermanado con el frecuentado Casino, donde las tertulias de café se amenizan con partidas de cartas y dominó. Ambos son la antesala de la mayor de las plazas, Valle de Tena, presidida por una gran fuente de arco romano y un rocódromo. Pegado a este, la calle Bozocarro confluye en el templo gótico de la Asunción (siglo XVI), con su nave con bóveda de crucería, ábside poligonal y retablo mayor renacentista-plateresco. Muy cerca está el Puente Viejo (s. XVI), que cruza el cauce del Aguas Limpias, afluente del Gállego. Un rótulo nos muestra el camino forestal que lleva en 15 minutos de cómoda ruta hasta el mirador de San Mamés, con una generosa panorámica del pantano de Lanuza. Los más osados pueden atreverse por otro camino algo más largo –media hora– que cruza el barrando de Pondiellos y dos puentes. Pero la recompensa es inmejorable: contemplar la cascada El Salto mientras realizamos un reparador pic-nic.

Dejamos Sallent de Gállego por el margen izquierdo del pantano de Lanuza al que da nombre un pueblo ‘fantasma’, pues quedó desertizado a raíz de la construcción del embalse, pero ha empezado a recobrar vida y construir nuevas casas gracias en parte al Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur, que se celebra en la segunda quincena de julio en su anfiteatro de piedra y que en 2012 llega a su 21 edición. Desde Lanuza se puede visitar el mirador del Frondón.
Siguiendo la ruta de este pantano cruzamos el mismo y conectamos de nuevo con la A-136 dirección sur. Cruzamos Escarilla, villa turística partida en dos por la carretera, para abordar el segundo –y mayor– pantano, el de Búbal. Al igual que el anterior, podemos hacerlo por dos caminos. El más agreste –pero también el más bello– se sigue por el margen izquierdo, siguiendo el desvío de Panticosa, y pasa por Pueyo de Jaca, aldea casi residencial donde destaca la iglesia de San Miguel, del siglo XVI, y el Palacete de la Viñaza, para iniciar el camino de ascenso hasta el más vertiginoso mirador del valle, El Muro, en Hoz de Jaca. Una ‘jaula’ verde que nos permite levitar sobre el pantano de Búbal, contemplándolo en toda su grandeza. El pueblo, a 1.270 m, tiene una iglesia barroca, Santos Reyes (siglo XVII) y un puente a la salida por el que pasaba el Camino de Santiago francés.

Mirador de Hoz de Jaca, sobre el pantano de Bubal

Si continuamos rodeando el pantano cruzaremos el dique que retiene sus aguas por Bubal, otro coqueto conjunto de casas. Completando la ruta circular visitamos otros dos pueblos con encanto. El primero es Piedrafita de Jaca, cerca del cual está La Cuniacha, parque faunístico de los Pirineos. Un circuito a pie de dos horas bien señalizado permite recorrer este bosque de 30 hectáreas y contemplar una decena de especies animales como el lince ibérico, la cabra montesa, lobos, corzos o bisontes y una veintena de especies botánicas, como olmos, robles, hayas o abedules. El otro pueblo, pocos kilómetros al norte, es Tramacastilla, con otro notable mirador, el de la Cruceta. En verano es punto de partida de un tren turístico de montaña que recorre en dos horas y media un ibón (lago), el barranco de Lana Mayor, peña Telera, el parque de la Cuniacha y el puente de Corgol.

Parque animal de La Cuniacha, en Piedrafita

De salida al valle, un desvió a la izquierda nos advierte de dos nuevos puntos de interés: un dolmen, a un kilómetro, y la ermita de Santa Elena, a la que se asciende por un zigzagueante camino de media hora. La caminata vale la pena, tanto por la ermita en sí, del s. XVIII, lugar de peregrinación de una popular romería que tiene lugar en junio, como por la panorámica. Y llegamos a Biescas, a solo 875 m de altitud y partida en dos por el río Gállego. En su orilla derecha, en sentido ascendente, se asienta el barrio de San Salvador, que acoge la plaza del ayuntamiento, la calle Mayor, bellas mansiones como Sebastián y Miguel Juan hasta la escalinata por la que se sube a la iglesia, con un balcón-terraza que ofrece la mejor vista del pueblo. En la otra orilla está el barrio de San Pedro, con la parroquia del mismo nombre y una antigua abadía. Biescas, puerta de entrada al valle nos sirve de broche de oro a este periplo por un rincón del pirineo aragonés bendecido por sus aguas, sus benditas aguas termales.

Texto y fotos: Manel Antolí

CÓMO LLEGAR

En coche, desde Catalunya, tomar en Lleida la N-330 (o la A-22) hasta Huesca y continuar por la N-330 hasta Sabiñánigo. Seguir por la N-260 hasta Biescas y tomar luego la A-136 que lleva a los distintos pueblos del valle y al balneario.

DÓNDE DORMIR

Hotel Continental. En el Panticosa Resort, a 8 km del pueblo. Un moderno 4* con la firma de Moneo, dividido en dos edificios conectados por una pasarela acristalada elevada que conecta también con las Termas de Tiberio. Dispone de 250 habitaciones de moderna decoración y dos restaurantes: La Brasería, de cocina aragonesa tradicional, y el Continental, tipo bufet. Tel. 974.487.161, 902.252.522 y www.panticosa.com

Hotel Bocalé. En Sallent de Gállego, a la entrada del pueblo. Un acogedor y familiar hotel rural con estilo chalet de montaña. Dispone de 21 habitaciones repartidas en tres plantas, la superior abuhardillada. A destacar su área termal romana, en el sótano, con baño turco de vapor, terma fría de manantial y piscina climatizada. Tel. 974.488.555 y www.bocale.com

DÓNDE COMER

La Ripera. En Panticosa. c/Campanero, s/n. Cocina aragonesa tradicional, con carnes a la brasa, pescado y marisco. A destacar sus sabrosas migas. Menú: 20 € (bebidas aparte) Tel. 974.487.095 y 687.731.759. www.laripera.com
Casa Martón. En Sallent de Gállego. Plaza Valle de Tena s/n. Típico asador con cocina casera en la que destacan sus carnes a la brasa, paté y verduras naturales. Tel. 974.488.251.

LAS VISITAS

Estaciones de esquí: Aramón-Panticosa (974.487.248) y Aramón-Formigal (974.490.000) y 902.112.022 www.aramon.com
Parque Faunístico ‘La Cuniacha’. En Piedrafita de Jaca. Abierto todo el año. Horario: 09.00 a 18.00 (y hasta las 20.00 los fines de semana a partir de abril) Precios: 13,50 € (adultos) y 10.50 € (niños de 5-12 años) Tel. 902.363.029 y www.lacuniacha.com

MÁS INFORMACIÓN

Turismo Valle de Tena: En Formigal. Tel. 974.490.196 y www.valledetena.com
Turismo de Panticosa: 974.487.016
Turismo de Formigal: 974.490.196
Turismo Sallent de Gállego: 974.488.005