Atraídos por la pasión y el misterio que envuelven a la mitología griega aterrizamos en el aeropuerto chipriota de Lárnaca. La tercera isla más grande del Mediterráneo, tras Sicilia y Cerdeña, nos acoge con el placentero aroma de las adelfas. El cielo, decorado con un millón de lucecitas, ofrece un espectáculo mágico y anuncia un día caluroso para mañana. Desde que hemos llegado el guía y el conductor nos esperan con la puerta abierta, pero permanecemos impasibles contemplando el escenario.

No existe mejor brújula que dejarse llevar por los sentimientos y vibraciones que uno siente en cada momento.

Anibal, el guía, nos invita a subir: “venga vamos, es aquí cerca”. Circulamos por la izquierda, el legado de la colonización británica se hace notar enseguida y Jaralampus, el chófer, nos deleita con su prosa hablada en la lengua de Shakespeare: “Chipre es un lugar de ilusión para los oteadores de aves, un paraíso para los arqueólogos y un sueño para los fotógrafos”. Mientras recorremos estas áridas tierras, le comento a Anibal con ironía que tan solo algún partido de fútbol o el festival de Eurovisión, eran las muestras de la existencia de esta entrañable isla. Con sonrisa de bonachón me responde vanagloriando su tierra: “no existen muchos países que presuman de tener una historia tan longeva como la nuestra, por estos dominios han pasado fenicios, egipcios, persas, helenos, romanos, venecianos, otomanos y británicos. Cada uno de ellos dejó su legado convirtiendo a Chipre en un enorme tapiz que se fue bordando lentamente con las mejores piezas de cada época. Tenemos pinturas prehistóricas, templos griegos, iglesias bizantinas, mezquitas turcas, villas romanas, tumbas reales y fortalezas venecianas”.

Hemos tenido suerte. La lección de historia por parte de Anibal nos hace suponer que en la Oficina de Turismo de Chipre han acertado de pleno con su elección. En realidad Anibal no nació en Chipre; es hondureño pero se casó con una chipriota a quien conoció en Rusia, en la Universidad. Desde hace más de 20 años vive en esta maravillosa isla del Mediterráneo y, escuchándole, no tenemos la menor duda que se siente chipriota hasta la médula.

Continuamos por la costa hacia Lárnaka, donde pasaremos la primera la noche. Las playas van dejando paso al terreno abrupto donde se forman impresionantes acantilados de piedra caliza. “Viajar por Chipre es adentrarse en el túnel del tiempo. Su historia está grabada en cada estrato de tierra, por donde quieras que excaves encontraréis algún resto importante”, concluye Anibal.

Lárnaka es importante por sus playas y por tres cosas más: el filósofo Zenón, Lázaro el resucitado y la tía de Mahoma. El primero de ellos era de aquí; Lázaro, después de resucitar, fue obispo de la ciudad y está enterrado en una iglesia gótica; la tía de Mahoma está sepultada en el monasterio del sultán Hala, junto a un hermoso lago salado que se evapora en verano, pero que en invierno da cobijo a los flamencos rusos. Los fantasmas de los tres recorren las calles de la ciudad, no lejos de la iglesia bizantina Angheloktisti, cuyo nombre significa “construida por los ángeles”. Impresionante síntesis de influencias, a orillas de este Mediterráneo cuya espuma vio surgir a Afrodita junto a la blanca roca de Páfos…

A lo largo de la historia la isla ha sido conocida por la abundancia de yacimientos minerales. Su nombre, Kypros, guarda relación con el cobre, cuya explotación le dio prosperidad económica durante un largo periodo. La mezcolanza cultural ha sido un detonante en la historia, como consecuencia se fundaron las primeras ciudades, Páfos y Kourion. Con trazos que todavía perduran imborrables, cada pueblo dejó las huellas de su paso, aunque la cultura griega es la que más ha permanecido hasta nuestros días. Buena culpa de ello la tuvo el rey Evágoras de Salamina introduciendo el alfabeto griego. Bajo el dominio otomano las iglesias católicas se convirtieron en mezquitas y asignaron a la iglesia ortodoxa la recaudación de los impuestos; los insolventes debían de ceder sus tierras a una iglesia que todavía conserva vastas propiedades. A finales del siglo XIX, Gran Bretaña interviene en la defensa del Imperio Otomano ante la invasión de los zares cobrándose como tributo la colonización de la isla.

Aníbal, en su monólogo, eleva el tono de su voz cuando con una mano en el corazón nombra la figura del Arzobispo Makarios. Su nombre está ligado a la dolorosa lucha por la República Independiente de Chipre. Y es que en el verano de 1974, los coroneles griegos instigaron un golpe de estado para virar el país hacia la enosis, la unión con Grecia. Chipe apenas tiene un millón de habitantes, de los cuales el 80 por ciento son griegos y tan sólo un 20 por ciento son turcos. Como reacción frente al golpe, y para proteger a la minoría musulmana, los militares turcos invadieron el norte de la isla. Desde entonces, un 37 por ciento de la isla está ocupado. Frente a la enosis voceada por los griegos se consumó la taksim o reparto reclamado por los turcos. Desde entonces la línea Atila separa el sector griego del turco, la misma línea que parte en dos la ciudad de Nicosia y desgarra su corazón. Aún hoy es aquí, en Chipre la encantada, asolada por múltiples terremotos, enrojecida por la sangre de las matanzas, en donde dos razas tratan de superar su antagonismo ancestral tras su común combate por la independencia.

Llegamos a Lárnaka y una vez finalizados los típicos trámites del hotel nos disponemos para salir a cenar. En la taberna del pequeño puerto, entre ecos de música griega, transcurre la vida tranquila de estas gentes entrañables y hospitalarias. Los ancianos todavía se resisten a desprenderse de los pantalones abombachados, entre largos sorbos de café negro mueven las fichas del backgammon. Aníbal, nombrando al camarero por su nombre, le pide mezé(mezcla).

Nunca imaginamos que al nombrar una palabra mágica tan corta nos llenarían la mesa con más de veinte platitos diferentes: humus, pulpo, ensaladas con yogur, caracoles, carnes, pescados… tampoco podían faltar las exquisitas hojas de parra rellenas ni tampoco el halloumi, queso de cabra a la parrilla. Toda una experiencia gastronómica en la que es preferible aflojarse el cinturón. De postre, nada mejor que una copa de vino commandaría, de color melaza y ligeramente dulce, es el vino más antiguo del mundo. Su origen se remonta a la época de las Cruzadas, en el castillo de Kolossi todavía se conservan los restos de la bodega donde se elaboraba este vino que endulzó el matrimonio de Ricardo Corazón de León con la reina Berengaria de Navarra.

HACIA EL CORAZÓN DE LA ISLA

Muchos atractivos turísticos ofrece Chipre, desde luego, pero sin duda uno de los más importantes son las playas del litoral. Las mejores están en el extremo oriental, muy cerca de la histórica Famagusta, hoy una ciudad fantasma en la zona ocupada.Agia Napa es el epicentro de esta Ribera que cada año recibe miles de turistas dispuestos a tostarse a un sol de justicia. El encantador monasterio medieval dedicado a “Nuestra Señora de los Bosques” permanece en medio del pueblo rodeado de altas murallas y dio origen a un pueblecito de pescadores que hoy ha quedado engullido por apartamentos, bares, restaurantes…

Aún quedan, sin embargo, rincones donde alejarse del bullicio, como cabo Greco, hoy preservado como parque natural. Aquí, la naturaleza es puro mediterráneo, con algarrobos, romero, tomillo y pájaros, muchos pájaros, no en vano esta zona es un lugar de paso en las rutas migratorias de aves europeas y asiáticas. Cabo Greco es el lugar ideal para bucear o hacer inmersiones, caracterizado por ensenadas escondidas, plataformas rocosas, escollos, grutas marinas (Sea Caves) y sugestivos panoramas.

Camino de Limassol por las rutas interiores de la isla, pequeños pueblos de montaña aparecen colgados de las laderas. La carretera se estrecha y serpentea las faldas de los cerros. Rodeadas de tejados rojizos las iglesias bizantinas acaparan nuestra atención. Con garbo y altanería un pelotón de mujeres uniformadas desfila por la vereda. Ataviadas con largos vestidos negros, botas altas y pañuelo a la cabeza, van camino de los olivares. Con aires de juventud intentan esconder su edad. “Aunque no lo parezca tengo más de ochenta años”, dice una de ellas. “Cada mañana vengo al campo a trabajar y por la tarde me entretengo haciendo encajes, en el pueblo de Léfkara”.

Una colonia de burros relincha a la entrada de Léfkara. El pueblo es un laberinto de callejuelas donde las casas de piedra esconden patios floridos. Sentadas junto a las puertas azuladas, las encajeras demuestran a los turistas su primorosa destreza bordando los encajes, conocidos como “lefkaritika”. Una artesanía que ha dado fama mundial al pueblo. Se dice que durante la época veneciana, Leonardo da Vinci visitó Léfkara y compró un mantel bordado para el altar de la Catedral de Milán. Hoy en día la réplica del supuesto bordado se ha convertido en uno de los reclamos turísticos de los pueblos chipriotas.

Mujer bordando (Léfkara) Típica calle de Léfkara

EN EL VALLE DE TROODOS
Chipre es tierra de contrastes, donde el suave oleaje del mar pronto se olvida mientras ascendemos entre profundos valles que llevan a la Sierra de Troodos. Y es que la montaña forma parte de la armonía chipriota. En las primeras cuestas, las hojas densas de los bananeros alternan con los surcos regulares de las viñas. Al pasar, los pueblos ofrecen el espectáculo de ristras de chorizos secándose al sol. Luego, al ascender por los apretados tramos por los que suben burros y cabras, se cambia de estación cada cuarto de hora. Los álamos blancos que jalonan el lecho de un arroyo pronto son reemplazados por olivos y almendros. El matiz de las colinas pasa del beige al gris, al azul, al verde. La tierra es blanqueada, mientras que la carretera se eleva por encima de un torrente donde las encinas forman manchas salvajes.

Nos encontramos en el corazón de la isla, donde el punto más alto es el monte Olimpo con sus 2134 m. Salpicado de fascinantes pueblecitos, algunos con sus calles empedradas de cantos rodados y una arquitectura tradicional bien conservada, los montes Troodos ofrecen vistas panorámicas impagables.

El valle de Troodos, declarado Patrimonio de la Humanidad, custodia, también, alguno de los mejores frescos bizantinos del mundo, repartidos por distintas iglesias (Agios Nikolaos tis Stegis (en Kakopetria), Metamorfosis tou Sotiros (en Palaichori)… ) y monasterios de los siglos XII al XVI (Machairas, Kykkos…) Me atrevo a decir que hoy en día es lo más selecto del país.
Machairas, 40 kilómetros al sur de Lefkosia a través de los pueblos de Deftera y Pera, fue fundado por dos monjes en 1148 que encontraron un icono de la Virgen María en una cueva cercana al monasterio. Hoy día está habitado por 27 monjes que siguen votos tan estrictos como los del Monte Athos en Grecia.

 

Monje del monasterio de Machairas Detalle del interior de la iglesia del monasterio de Machairas

El renovado monasterio de Kykkos, por su parte, rodeado de pinos y huertos, es el símbolo de la iglesia ortodoxa griega. Situado a 20 kilómetros al oeste del pueblo de Pedoulas, es el más famoso y más rico monasterio de Chipre. Fundado en 1100 y dedicado igualmente a la Virgen María, posee un icono atribuible a san Lucas. Cuenta Aníbal que aquí, en este monasterio, el primer presidente de Chipre, el Arzobispo Makarios III, sirvió como novicio y por su propio deseo fue enterrado en Throni, a poco más de 3 kilómetros del monasterio y cerca de su pueblo natal de Panagia.

A los pueblos de esta región se los conoce como Krassokorió (pueblos del vino). El cultivo de la vid en estas tierras tan secas da como fruto unos caldos con cuerpo y de alta graduación. Durante la vendimia, viejos camiones bajan tambaleándose con su pesada carga hacia las bodegas de Limassol. Tal es el peligro que las señales advierten: “cuidado, carretera resbaladiza por el mosto”.

LA RUTA ARQUEOLÓGICA
Abandonamos el valle de Troodos y enfilamos nuestra ruta hacia el sur, hacia la ciudad grecorromana de Kourion. Fue una de las joyas del Imperio Romano de Oriente hasta que, en el siglo IV, fue destruída por un terremoto. Se trata de uno de los más espectaculares yacimientos arqueológicos de la isla, en la que se siguen descubriendo nuevos tesoros. Al pasear por las vías empedradas de esta antigua ciudad, llaman la atención el gran anfiteatro del siglo II a C., las numerosas termas y palacios, y el templo dedicado a Apolo. Desde las escalinatas del anfiteatro, la vista es espectacular. Y es que las ruinas de la antigua ciudad están enclavadas en lo alto de una colina. Tan solo un verde prado separa el coliseo de las olas del mar.

Muy cerca de aquí hay una nueva parada obligada, Kolossi, el castillo de los Caballeros de San Juan, rodeado de viñas. Excelente ejemplo de arquitectura militar, fue originalmente construido en el siglo XIII. Hoy, sin embargo, Kolossi se reduce a una torre cuadrada de piedra dorada de tres pisos, aislada en pleno campo, en compañía de algunos árboles y un bosque de mimosas. Entre otras actividades, los Hospitalarios se entregaron aquí al cultivo de la vid y a la producción de un famoso vino. Éste sigue llevando el nombre de commadaría, en recuerdo de la comandancia de cuarenta pueblos que los monjes controlaban entorno a Limassol, en la actualidad la segunda ciudad de la isla.

 Exterior castillo de Kolossi Interior castillo de Kolossi

El sol se perdió en el horizonte azul, las luces iluminan el puerto de Páfos que celosamente custodia el castillo. En Páfos es donde la atmósfera recuerda más a Grecia. El campesino, con traje tradicional, que vaga por las tabernas después del mercado, parece haber salido directamente de un grabado de las guerras de la Independencia helénica.
Emulando a los turistas, un pelícano se pasea por el muelle en busca de sustento. La ciudad es un museo al aire libre donde sus mosaicos hablan de mitos y leyendas. El más famoso se encuentra en la Casa de Dionysos, en el que el dios del vino aparece en compañía de su ebrio cortejo.

Castillo de Páfos Mosaico en la casa de Dionysos (Páfos)

En realidad Páfos tiene dos caras. La moderna y bulliciosa, con su hermoso puerto lleno de hoteles y restaurantes, y la misteriosa y antigua, fundada en 320 a.C. El sitio arqueológico de Kato Pafos es Patrimonio de la Humanidad por su ágora (la plaza principal), sus villas romanas, la muralla, el teatro griego y el anfiteatro romano.

A un tiro de piedra de Páfos, la carretera lleva al último punto de nuestro viaje, Pétra tou Romíou (roca de Afrodita). Mientras el sol se esconde en el horizonte las siluetas de las rocas se van perfilando. No estamos solos contemplando el crepúsculo. Una pareja de enamorados se embelesa mientras se juran promesas de amor eterno. Giorgios y Svelika, atraídos por los poemas de Homero, han venido desde Rusia para que la diosa Afrodita los acoja con los tentáculos del amor. Al lado de esta roca, entre las espumas de un mar sosegado, emergió la diosa de cuerpo de marfil y belleza singular. Lejos del Olimpo, se instaló en esta tierra a la que contagió con su encanto y convirtió la isla de Chipre en el reino de Afrodita.

Guia del viajero:

CÓMO IR
Ryanair vuela directamente a Chipre dos veces por semana desde Girona. El vuelo tiene una duración de unas 4 horas. www.ryanair.com

QUÉ SE DEBE SABER

Formalidades de entrada. Los ciudadanos de la Unión Europea necesitan pasaporte en vigor. No es necesario el visado ni tampoco ningún certificado de vacunación. Si se quiere visitar la parte turco-chipriota, el reglamento vigente permite una excursión de dos días. El único punto de acceso es la “línea Atila”, que divide la isla en dos partes, se encuentra cerca del Hotel Ledra Palace de Nicosia.
Cuándo ir. Cualquier época del año es una buena excusa para ir a Chipre. El clima es mediterráneo árido, con veranos secos y calurosos e inviernos suaves con lluvias moderadas. La Sierra de Troodos, gracias a su apreciada meteorología, es un atractivo para los turistas, ya que cuando aprieta el calor se convierte en un fresco refugio y cuando nieva se puede esquiar en las tres estaciones que alberga el monte Olimpo.
Idioma: El primer idioma en la isla es el griego. El inglés, como consecuencia del legado de la colonización británica, es ampliamente hablado y continúa siendo la segunda lengua oficial de Chipre.
Diferencia horaria: En Chipre se aplica el horario centroeuropeo más una hora. Dicha diferencia horaria se mantiene asimismo en verano, ya que en Chipre también se cambia la hora siguiendo la normativa internacional.
Cómo moverse: Los autobuses de largo recorrido cubren el trayecto entre las principales ciudades y poblaciones con un amplio horario. En Nicosia, el transporte urbano se hace en autobuses de color amarillo. El servicio del taxi compartido es una opción interesante por su relación calidad-precio, tiene siete plazas y se puede pedir por teléfono. Numerosas empresas turísticas organizan circuitos por la isla a bordo de modernos autobuses. También las agencias de alquiler de coches están muy extendidas por el país. Hay que recordar que se conduce por el lado izquierdo de la carretera. Las gasolineras están equipadas con surtidores automáticos las 24 horas.
Visita a los lugares de culto: en las iglesias y monasterios ortodoxos, los visitantes deben respetar las tradiciones eclesiásticas y evitar llevar pantalones cortos y prendas sin mangas.

QUÉ SE DEBE VER
EN LÁRNAKA
Iglesia de Ágios Lázaros, atractiva por su sencillez, fue fundada por el emperador León IV tras el descubrimiento de un sarcófago de piedra con el nombre de Lázaro.
Tekké de Hala Sultan, al otro lado del lago se encuentra rodeada de palmeras, esta pintoresca mezquita donde reposan los restos mortales de Umm Haram, tía del profeta Mahoma. Esta circunstancia la convierte en lugar de peregrinación para los musulmanes.
Iglesia de Angelóktisti, situada en Kíti a 12 Km de Lárnaca. Alberga uno de los más bellos mosaicos de la isla, data del siglo VI y representa a los arcángeles Miguel y Gabriel.
Monasterio de Stavrovoúni, traducido como “montaña de la cruz”, en la cima está enclavado el monasterio más antiguo de Chipre. Desde aquí la vista es espectacular. Un grupo de monjes custodia el templo siguiendo una estricta vida monástica. Está prohibida la entrada a las mujeres.

EN LIMASSOL
Kourion, las ruinas de la antigua ciudad romana de Curium están repartidas en tres yacimientos enclavados en una colina. El teatro es lo más destacado, desde su situación se domina el mar Mediterráneo. En verano tienen lugar conciertos y representaciones teatrales. En la Casa de Eustolios se conservan mosaicos del siglo V. El Imperio Romano desarrolló su arquitectura en esta ciudad, el templo Apolo Hylates era el centro de culto al dios romano.
Petra tou Romíou, es el legendario lugar donde nació Afrodita. Según el poeta Homero Afrodita era la “chipriota”; la diosa que emergió entre las espumas del mar en Pétra tou Romíou (piedra de Afrodita). La pedregosa playa con grandes rocas es el escenario ideal para contemplar el crepúsculo.
Lago salado de Akrotíri, durante primavera y otoño numerosas aves migratorias eligen este lugar para realizar una prolongada escala. Alrededor de 10.000 flamencos transforman el lago en un asombroso reflejo rosado.

EN PÁFOS
La ciudad de Páfos es un museo al aire libre donde se salvaguardan los mosaicos mejor conservados del mundo pertenecientes al siglo III. La UNESCO declaró a la ciudad como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
La Casa de Dionysos, conserva importantes mosaicos en los que aparece reiteradas veces el dios del vino.
Las Tumbas de los Reyes, impresionante yacimiento del período toloméico en el que se encontraron cien tumbas excavadas en la roca tras una fachada de columnas dóricas.
Península de Ákamas, al oeste de Páfos se encuentran estas playas solitarias, gargantas, acantilados y bosques que conforman el primer Parque Nacional de la isla. Entre mayo y agosto las tortugas acuden a estas playas para efectuar el desove.

EN TROODOS
La Sierra de Troodos alberga a las nueves iglesias bizantinas catalogadas por la UNESCO debido al exquisito arte de sus iconos y frescos. Su arquitectura las convierte en lo más selecto del país. También las abadías salpican estas montañas, los Monasterios de Kykkos y de Machairas son de los más importantes. El desarrollo turístico también ha llegado hasta los pueblos que parecen anclados en el tiempo. Ómodos es un ejemplo de ello, pero pese a todo ha sabido conservar su encanto. En estos pueblos de Troodos se elaboran unos vinos con cuerpo y alta graduación.
Léfkara, al sureste de Troodos se encuentra este pueblo de fama mundial gracias a sus bordados. Un museo explica la tradición artesana de sus gentes.

DÓNDE DORMIR
La oferta de alojamiento es muy amplia, existen hoteles de todas las categorías, desde los más grandes y lujosos hasta los más sencillos. En los pueblos del interior, el turismo rural es un sector que cada día gana más adeptos debido al encanto y el confort de sus casas. También hay albergues juveniles en las principales ciudades y camping en la costa. Si se desea viajar en los meses de verano conviene hacer la reserva con tiempo debido a la gran influencia de turistas.
Lordos Beach Hotel (Lárnaka). Es una buena opción. Se trata de un hotel cuatro estrellas. Está muy bien situado y las habitaciones, aunque no muy espaciosas, son suficientes y cómodas. El restaurante ofrece cocina típica chipriota e internacional. (www.lordos.com.cy/)
Rodon Mount Hotel and Resort (Agros). Completamente renovado. En la actualidad dispone de 123 habitaciones dobles y 15 suites familiares de cuatro camas. Situado en el pintoresco pueblo de Agros ofrece unas vistas maravillosas. Dispone de piscina, gimnasio, sauna y un espacio para los más pequeños. Desde el mismo hotel se alquilan bicicletas para recorrer los alrededores. www.rodonhotel.com
Almyra Hotel (Pafos). Se trata, sin duda, de uno de los mejores hoteles de la isla. La estancia en este hotel está concebida para que el viajero se sienta como en su propia casa. Amplios jardines, gran piscina, gimnasio, habitaciones amplias y con terrazas con maravillosas vista al mar mediterráneo. www.thanoshotels.com/

QUÉ COMER
La gastronomía chipriota se basa en platos griegos, turcos, armenios y libaneses. Una buena forma de probar todos los platos de una vez es pidiendo mezé (mezcla). Toda una experiencia gastronómica en la que se recomienda afrontar con apetito. Consiste en una sucesión de más de veinte platitos diferentes, tales como la tzantziki, (ensalada a base de yogur, pepino y menta), la koupepia (hojas de parra rellenas con arroz y piñones), el halloúmi (queso de cabra a la parrilla) y el humus (puré de garbanzos con pescado) entre otros. Pese a ser una isla el consumo de carne es superior al de pescado. Chipre es famosa por sus cítricos y por los plátanos de Ákamas. Los platos de verdura tradicionales son unos guisos muy deliciosos, ello es debido a la alta calidad de los productos que se cultivan en el sur de la isla.
Chipre goza de una larga tradición vinícola, tanto es así que en la isla se sigue elaborando el vino más antiguo del mundo. Ligeramente dulce y de color melaza, el origen del vino commandaría se remonta a la época de las Cruzadas. En los pueblos y monasterios de la Sierra de Troodos se continúan elaborando vinos de manera artesanal. En la ciudad de Limassol se asienta la moderna industria vinícola de Chipre que en septiembre organiza un festival donde se consagran diez noches al culto del vino.

QUÉ COMPRAR
En Chipre se pueden adquirir una gran variedad de productos artesanales entre los que destacan los bordados, la cerámica y los trabajos en plata y cobre. Uno de los sitios más recomendables para comprarlos está en Nicosia, en el Centro de Artesanía de Chipre (Avenida Athalassas 186). Aquí se encuentran los talleres de tejedores, ceramistas y tallistas. En los monasterios se pueden comprar iconos pintados por los monjes. En el pueblo de Ómodos se puede visitar alguna bodega y comprar un vino tinto con cuerpo. Léfkara es el pueblo de los bordados, desde que Leonardo Da Vinci adquirió aquí un mantel bordado para la catedral de Milán, miles de turistas han seguido su ejemplo.

MÁS INFORMACIÓN                                                                    

www.cyprustourism.org

 

Fotografo:

Oriol Puges

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